miércoles, 25 de abril de 2018

Tráfico de fauna silvestre: Argentina es una "zona roja", pero admiten que no hay un plan oficial para combatirlo


Advierten que el país es un área de alta actividad, tanto para el traslado como para la captación de especies.
En las últimas dos semanas se secuestraron 700 aves del baúl de un auto en Zárate y 219 serpientes exóticas en un departamento de Once. Pero es sólo una muestra de algo más grande: una red mundial de tráfico ilegal de fauna silvestre (animales vivos, cueros, pieles, plumas, carne, cuernos) que, según INTERPOL, recauda entre 7 y 23 mil millones de dólares anuales. En la que Argentina termina siendo una "zona roja", no sólo para el traslado, sino también para la captación de especies.
La Unión Europea (UE) ya propuso un plan de acción. La ONU definió los objetivos para el Desarrollo Sostenible. Los expertos y las ONG vienen dando alertas para que el tema sea tratado como un delito complejo tan grave y redituable como el narcotráfico, la trata de personas y el tráfico de armas. En Argentina, no hay estadísticas, diagnóstico ni plan para combatirlo. A su vez, en el mapa mundial, la biodiversidad local resulta más que tentadora para el tráfico.
El propio Diego Moreno, Secretario de Política Ambiental del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, admite que "a pesar de que el tráfico de fauna es uno de los más importantes a nivel mundial, acá no es tratado a ese nivel” y asegura que "no existen diagnósticos ni estadísticas oficiales sobre las zonas de extracción, tránsito y comercialización".
Por un lado, el secretario destaca que en 2017 las acciones del Ministerio se intensificaron: hubo 21 allanamientos, 100 verificaciones, 12 infracciones, 132 actas, 25 denuncias elevadas a la UFIMA, 300 informes judiciales, capacitación para 1.400 agentes, 378 animales vivos y 178 productos decomisados. Por el otro, admite que todavía se trata de un delito excarcelable. Al día de hoy, no hay una sola persona condenada. Pagan fianza y se van.
Estudios preliminares no oficiales revelados por el Ministerio a Clarín indican que Argentina es generadora de tráfico, triangulación y demanda de especímenes silvestres. El ingreso se produce por las fronteras de Bolivia, Paraguay, Brasil y Chile. Las rutas nacionales más utilizadas son las N° 9, 11, 14 y 34. Las provinciales, aún no están muy bien identificadas. Pero, ¿hacia dónde se dirigen?
El destino más habitual es la Unión Europea: España, Italia, Malta y países del medio oriente. De acuerdo a la información extraída de los procedimientos policiales, los cuellos de botella se dan en Buenos Aires, Rosario, Mendoza y Córdoba. También hay tránsito hacia ciudades más pequeñas y exportación por tierra, barco o avión.
Moreno registra que no hay una estructura ni una inteligencia armada para combatir el tráfico y que "se detectan ilícitos en la medida en que se interfiere en el transporte, pero hasta ahora no tenemos una política para investigarlos a fondo". Ahora bien, ¿qué es lo que nos hace tan atractivos?
La diversidad y belleza de las especies que vienen del Noroeste y el Noreste del país incentivan al mascotismo y el coleccionismo. Las más buscadas son el cardenal común y el amarillo, federal, tucán, rey del bosque, loro hablador, urraca paraguaya, reptiles, tortugas, monos, felinos, ciervos, mamíferos marinos y edentados. Pero no se sabe con precisión el valor ecológico de cada especie en su ambiente, porque no hay estudios al respecto.
Caza, captura, tenencia, crianza, transporte, comercio, exhibición y manufactura son algunas de las opciones de explotación. “Las redes son una gran plataforma de venta y es muy difícil localizar geográficamente al vendedor”, afirma Marina Giacchino, bióloga de la Fundación Azara.
Esta ORG recibe tres consultas por día de personas arrepentidas. "Una vez me llamaron para decirme que habían comprado una zarigüella porque el hijo vio La Era de Hielo y quiso una". Por eso, dice Marina, "lo más importante es la educación para bajar la demanda".
Por su parte, Hernán Ibáñez, asesor de Azara y experto en tráfico de fauna, considera que el tema “debe ser considerado crimen organizado y tratado como un delito complejo para cambiar la perspectiva y que no se nos sigan yendo nuestras especies”.
Moreno reconoce que falta “logística de control e infraestructura para la rehabilitación de especies rescatadas”. Cuando se le pregunta por el futuro, destaca que hay que trabajar en “vínculos institucionales más sólidos, una logística de control y una ley de fauna que aborde el tema dentro de una reforma del código penal”.
Mito vs. realidad
La mitad de los animales vivos que provienen de decomisos, no se logran reinsertar en la naturaleza. "Muchos mueren en seguida porque llegan en condiciones de deshidratación y hacinamiento”, comenta la bióloga Marina Giacchino. Y dice que los mamíferos y aves rapaces que provienen del mascotismo pierden sus habilidades de caza. Además, explica, “cuando un animal silvestre se convierte en mascota, se impronta”. Esto significa que pierden temor al ser humano y lo reconocen como un par. La situación empeora porque, una vez reinsertados en su hábitat, se acercan a los cazadores y vuelven a ser capturados.
Dónde denunciar
www.ambiente.gob.ar faunadenuncias@ambiente.gov.ar (011) 4348-8560 / 8559 Fax.: (011) 4348 8534
Amenaza mundial
El Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA) estima que hasta un 25% de todas las especies del bosque tropical húmedo podrían desaparecer para el año 2020 y que, debido a la rapidez con que se está produciendo la destrucción del hábitat natural, hacia el mismo año podrían extinguirse un 5% de todas las especies conocidas.

Johanna Chiefo
Diario Clarín
Sábado, 24 de febrero de 2018





Advierten que el pingüino rey deberá exiliarse para evitar su extinción


Un estudio advirtió que el 70% de la población podría desaparecer hacia fines de siglo
Frente al cambio climático que les aleja su alimento, hasta el 70% de los pingüinos rey podrían desaparecer hacia fines de siglo, advierte un estudio publicado este lunes.
Actualmente, existen 1,6 millones de parejas de pingüinos rey (Aptenodytes patagonicus), que son un poco más pequeños que los emperadores, al medir menos de un metro. Viven sobre todo en las islas subantárticas Crozet, Kerguelen y Príncipe Eduardo, en Tierra del Fuego, así como en las Malvinas.


Para poner el huevo que la hembra y el macho incuban de forma alternada durante más de 50 días, esta ave sin alas necesita una playa, un mar sin hielo y una fuente de alimentos abundante y cercana para llevar la comida a su bebé durante más de un año.
Pero el cambio climático está empujando hacia el sur, lejos de las colonias, las reservas de peces y pulpos con las que se alimentan, según el estudio publicado por la revista Nature Climate Change.
Así sus viajes en busca de comida serán cada vez más largos, amenazando la supervivencia de los pequeños y los adultos que permanecen con ellos, a no ser que la especie se instale en otras islas.
"Si no se toma ninguna medida para parar o limitar el calentamiento (...) la especie podría desaparecer en un futuro próximo", resumen a la AFP los tres principales autores del estudio, Robin Cristofari, Céline Le Bohec y Emiliano Trucchi.
Y si se diera el peor de los casos presagiados por el grupo de expertos de la ONU sobre el clima (IPCC), "el 70% de los 1,6 millones de parejas reproductoras seguramente se exiliarán de forma brusca o desaparecerán antes de fines de siglo", según el estudio.


En la hipótesis climática más optimista del IPCC, incluso el 45% de la población de pingüinos rey estaría amenazada, según los investigadores.
La especie logró no obstante sobrevivir a otros grandes cambios medioambientales, el último hace 20.000 años. Por ello, "parecen capaces de explorar eficazmente el océano Austral para localizar los mejores refugios", según Trucchi, de la universidad italiana de Ferrara.
Los expertos citan por ejemplo la posibilidad de que se exilien más al sur, por ejemplo, en la isla Bouvet.
Pero en las ocasiones anteriores, los pingüinos habían dispuesto de más tiempo para efectuar este exilio forzado, comparado con el ritmo actual del cambio climático.
"La competencia por los lugares para anidar y alimentarse será ardua, sobre todo con otras especies como el pingüino barbijo, el papúa o el adelaida, sin contar la actividad pesquera" en la zona, comentó Le Bohec.
Además, el pingüino rey no será seguramente el único en hacer frente al dilema de permanecer en su colonia para reproducirse con el riesgo de morir de hambre o partir sin garantías.
"En el océano Austral, las aves marinas, entre ellas muchas especies de pingüinos -incluso todas- así como algunos mamíferos marinos (como el león marino subantártico) podrían hacer frente al mismo dilema", subrayaron los autores del estudio.

Fuente: AFP
Diario Clarín
Lunes, 26 de febrero de 2018

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El relleno del Ceamse está por colapsar y la Ciudad apuesta al reciclaje


 El Ceamse estudia la incineración como una opción.
En Buenos Aires, la palabra incineración remite a nubes de hollín y a la quema de Parque Patricios. O a los incineradores que había en cada edificio hasta 1976, cuando se adoptaron los rellenos sanitarios. Algo muy lejano al modelo europeo, donde hoy es una forma de obtener energía de la basura.
En el área metropolitana de Buenos Aires viven 15.839.000 personas que, según la Ceamse, tiran 18.500 toneladas de basura por día, el 96% de las cuales se entierran. Cada 11 días se llena una superficie equivalente a un estadio de fútbol repleto desde el campo de juego hasta la última grada. A este ritmo, para 2030 eso ocurrirá cada 8 días.
"Hay que tomar conciencia de que tenemos un problema. Si no se reacciona, en cinco años vamos a tener una nueva crisis ambiental porque se agotó la capacidad receptiva de los rellenos", sostiene el presidente de la Ceamse, Gustavo Coria. Pero no define si se estudia incorporar ese sistema. Sugestivamente, el gerente de Nuevas Tecnologías y Control Ambiental del organismo, Marcelo Rosso, opina que Viena es la ciudad del mundo donde la gestión de residuos se resuelve con mayor eficiencia. Y en Viena, los incineran. "Estamos explorando todo tipo de opciones y no hay una decisión tomada -relativiza Coria-. Queremos abrir un debate y que participen los intendentes de todos los municipios", dice.
El consenso es clave, porque si se opta por quemar la basura habrá que modificar la ley de Basura Cero de la Ciudad. Esta norma prohíbe "la combustión en cualquiera de sus formas de residuos sólidos urbanos con o sin recuperación de energía".
Sólo en Capital viven 2.891.000 personas. El 73% de las 6.760 toneladas de basura que tiran por día recibe algún tratamiento. Entre los materiales que se recuperan de esos desechos y los que rescatan los cartoneros, se reutiliza la mitad. Las 2.999 toneladas restantes se entierran.
"A diferencia de lo que vimos en las tres ciudades europeas que visitamos, que tuvieron un fuerte aumento del reciclado posterior a la implementación de los rellenos y de las plantas de termovalorización, en Buenos Aires estamos recorriendo el camino inverso. Apostamos al reciclaje", sostiene Renzo Morosi, el subsecretario de Higiene Urbana porteño. Y da cifras: cada día, los 5.324 recuperadores urbanos rescatan 530 toneladas de materiales de la basura. Los cartoneros informales aportan 900 más. En la planta de áridos se recuperan 2.500. Y los 166 puntos verdes reciben otras 5,7 toneladas.
Por otra parte, desde hace un año en Villa Soldati funciona unaplanta de Tratamiento Mecánico Biológico (MBT por sus siglas en inglés) dedicada en forma exclusiva a residuos secos. En una hora puede recuperar 10 toneladas de desechos. Implementar más de este tipo de plantas es otra de las opciones que analiza el Ceamse para reducir la cantidad de basura que se entierra.

Nora Sánchez
Diario Clarín
Sábado, 03 de marzo de 2018


jueves, 22 de marzo de 2018

Basura electrónica, el problema que gana peso con la cultura del descarte



Cada argentino produce 7 kilos de residuos electrónicos por año, la tercera peor cifra de la región. Un proyecto de ley pasaría a los productores la gestión de los desechos.
Cuando se tira mucho, la frazada suele quedar corta en otra parte. Algo así pasa con la tecnología: mientras la humanidad goza los premios de sus inéditas y permanentes conquistas, en las orillas, en los basurales, aparatos, pedazos de aparatos y aparatitos se apilan en lo que ya son auténticas montañas de chatarra que para las autoridades resultan ingobernables.
En Argentina, los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE) representan 300.000 toneladas por año: son 7 kilos por habitante, tan malo como el promedio mundial, que suma más de 40 millones de toneladas. Somos los terceros que peor estamos en América Latina, luego de Brasil y México. Para ver la magnitud, un auto pesa una tonelada y un cachito.
¿Por qué estos residuos ganan ahora más atención? Expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio ambiente compartieron un informe de 2015, donde aclaran que, al lado de otro tipo de desechos, los RAEE son “de los pocos flujos de residuos que, en términos per cápita, están en constante aumento”.
Quizás nada sería tan terrible si tuviéramos un norte: si hoy, en un caluroso día del siglo XXI, supiéramos qué hacer con la bolsita que dejaremos silenciosamente tirada junto a algún contenedor de basura. Tiene la tostadora vieja y un mouse roto. Como si ese fuera su lugar en el mundo.
Destino parecido le toca a los monitores de computadora o televisores tipo “cajón” que agonizan en los descansos de escalera de los edificios.


O tantos objetos que se ven en los rellenos sanitarios: agendas electrónicas, pagers, las fugacespalm, videocaseteras, cámaras de video y de fotografía con rollo de película. Algunos de estos artículos volverán reivindicando un protagonismo “vintage”.
Por cierto, sería cómico tener un censo de los argentinos que un día desecharon su preciada bandeja giradiscos y hoy son los grandes arrepentidos del mes.
Entonces empieza la distribución de culpas: cada vez se fabrican artículos electrónicos más berretas y por eso hay que tirarlos seguido. O, cada vez la gente es más consumista y quiere todo último modelo.
“Ni una cosa ni la otra; están las dos”, aclara Rodrigo Ramele, docente de la carrera de Ingeniería Informática del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y experto en celulares y enobsolescencia programada. El último es un concepto clave:se refiere a la planificación (deliberada, desde ya) del fabricante sobre la vida útil que tendrá su producto.
Claro que, para disminuir la montaña de chatarra en los basurales, nada es tan simple como añorar las viejas heladeras Siam.
“Siempre hay una probabilidad de que cierto producto tenga una falla destructiva, es una curva exponencial negativa. A medida que pasa el tiempo, la probabilidad de que el producto falle es igual a ‘uno’, o sea que inevitablemente va a ocurrir”, describe Ramele.
El tema es que “los productos electrónicos tradicionales estaban hechos con materiales de muy buena calidad, por lo que esa curva de probabilidad alta era lejana en el tiempo. De hecho, para ciertos productos necesitás que la probabilidad de falla baje mucho; entonces apelás a la ‘redundancia’, o sea, tener dos o tres elementos iguales, contemplando que uno sin dudas va a fallar. En la industria aérea es clarísimo por el riesgo, pero obviamente no vas a tener dos licuadoras en tu cocina”.
“En cierto momento (sigue Ramele) hubo un radical cambio de paradigma: la llegada de lo digital, con el componente del software, que cambió por completo las reglas del juego”.
“Más allá de la calidad del material, ahora necesitás productos que hablen el mismo idioma, con un protocolo compartido. Y como el mejoramiento permanente es esencial a lo digital, surge la necesidad de tener todo actualizado. Esto puede implicar que el hardware, el soporte, deje de ser compatible con la actualización de software. Y si no podés actualizarlo, el producto queda afuera de ese lenguaje común, se deteriora la experiencia del usuario y vienen los problemas de seguridad”, apunta.
¿Pero por qué es esencial ese mejoramiento constante? ¿No puede frenarse? Suele decirse que “la tecnología avanza”, como si anduviera sola. Así está planteado en la llamada “ley de Moore”. Lejos de la popular “ley de Murphy”, que suele enunciarse con una sensibildad popular casi esotérica, la de Moore expresa un pronóstico certero y comprobable.
Es fácil. En los años 60, Gordon Moore percibió un patrón incipiente y afirmó que cada dos años se duplicaría el número de transistores en los microprocesadores. Pero Ramele aclara algo clave: “A Moore se le atribuye el éxito del avance de la tecnología… lo que no es tan popular es que, más allá de lo que él percibió, su afirmación fue una pauta de desarrollo para los fabricantes, funcionó como un plan, y se volvió una profecía autocumplida”. Entonces, como nadie supera el ritmo de la duplicación bianual, no se pierde el lenguaje común entre los desarrolladores.
Puesto así parece inevitable que la tecnología demande recambios de productos. Viviana Ambrosi, directora de Medio Ambiente de la Universidad Nacional de La Plata y del programa E-Basura, del Laboratorio de Investigación en Nuevas Tecnologías Informáticas (LINTI) propone “reflexionar sobre el hecho de queestamos inmersos en una sociedad de consumo. Podría fabricarse para toda la vida, pero no se hace porque a las empresas no les resulta rentable, los gobiernos no controlan, los ciudadanos no exigen y no se educa como se debiera". "Pero además, cabe preguntarse: si yo tuviera algo que va a durar toda la vida, ¿lo mantendría o lo desecharía?”
Como el programa que dirige recibe equipos informáticos que reciclan y donan a otras personas, Ambrosi separa ‘residuo’, es decir “todo lo que podemos reaprovechar”, de ‘basura’, “lo que ya no sirve para nada”. Remarca que el concepto “vida útil se refiere al producto, pero también un artículo electrónico puede dejar de ser funcional para su dueño y, sin embargo, volverse útil para otra persona”.
Para Alejandro Anderlic, director de Asuntos Coporativos, Externos y Legales de Microsoft Argentina, “en este momento de la historia, la tecnología sólo nos trae buenas noticias”. En su opinión, “si bien es un hecho que el consumismo hace que las cosas se vuelvan obsoletas antes de tiempo y se descarten, hay muchas iniciativas de reciclaje de hardware de parte de las empresas”.
La estrella, sin embargo, es la nube, se entusiasma Anderlic: “Una pyme que usa la nube puede reducir sus emisiones de carbono en un 90%. Ese porcentaje baja en una compañía más grande, pero igual es importante. Desde 2012 nosotros somos neutros en emisiones de carbono, y para 2018 tenemos la meta de reducir un 50% la energía no renovable que usamos, a nivel global”.
En esa línea se expresaron desde Whirlpool: cuentan con programas centrados en el ahorro de recursos y en la reducción de gases de efecto invernadero. “Entre 2015 y 2016 se reutilizaron 165.000 metros cúbicos de energía, lo que equivale al consumo diario de un millón de habitantes”.
Tirso Gómez Brumana, director de Asuntos Corporativos de BGH subraya que “hoy la tecnología avanza tan rápido que es ese propio desarrollo el que impulsa el recambio en el consumidor”.
Para él, “hace 50 años era muy costoso acceder a un producto nuevo; quizás era más económico repararlo. Hoy ya no. Ante la necesidad de recambio, el consumidor prefiere invertir un poco más para contar con mayor tecnología. Es que ahí encuentra un ahorro energético”.
Ya está en marcha el borrador de un proyecto de ley que pondrá la gestión de los RAEE en la espalda de los fabricantes e importadores. Las empresas consultadas no se muestran refractarias. “Habrá que ver qué se propone”, resume su posición. Y aseguran un firme compromiso ambiental.
El tema es repartir la llamada “mochila ecológica”: el costo ambiental que conlleva la producción, el uso y el posterior desecho de cualquier producto. Todo parece mejor que el ninguneo del problema. Como dicen los expertos, es un inmenso iceberg.

Irene Hartmann
Diario Clarín
Domingo, 18 de febrero de 2018



En el Ártico, un hotel de Snøhetta que produce su propia energía


Ubicado al pie de un glaciar, el hotel impulsará el turismo sustentable, con una mínima huella ambiental.  
Autor de edificios tan relevantes como la Biblioteca de Alejandría, la Ópera de Oslo y el Pabellón del Memorial del 11 de Septiembre en Manhattan, el estudio noruego Snøhettava por más. Acaba de anunciar la construcción de un hotel sustentable en el Círculo Polar Ártico, que no sólo reduce su consumo de energía en un 85 % en comparación con un hotel moderno, sino que además, producirá su propia energía.
El hotel, llamado Svart, fue desarrollado para la empresa de turismo Arctic Adventure, con la colaboración de Asplan Viak ySkanska, y estará ubicado al borde de un fiordo, al pie delglaciar Svartisen. El nombre "Svart" (negro y también azul, en noruego antiguo) es un homenaje al hielo profundo del glaciar.
Snøhetta afirma que Svart Hotel está diseñado según el estándar de construcción "Powerhouse", un sistema desarrollado por Snøhetta y un grupo de colaboradores que se utiliza para describir los edificios de "energía positiva", productores de energía que, en el transcurso de 60 años, generarán más energía renovable que la cantidad total de energía que se requeriría para mantener su funcionamiento diario, y para construir, producir materiales y demoler el edificio.
"Construir en un ambiente tan valioso supone algunas obligaciones claras en términos de preservar la belleza natural y la fauna y flora del sitio. Para nosotros fue importante diseñar un edificio sostenible, que dejara una huella ambiental mínima. La construcción de un hotel de energía positiva y de bajo impacto es un factor esencial para crear un destino turístico sostenible que respete las características únicas del sitio; las raras especies de plantas, las aguas limpias y el hielo azul del glaciar Svartisen", afirma el socio fundador de Snøhetta, Kjetil Trædal Thorsen.
El volumen circular de Svart se extiende desde la costa, al pie de la montaña Almlifjellet y hacia las aguas cristalinas del fiordoHolandsfjorden. La forma circular proporciona una vista panorámica del fiordo y potencia la experiencia de convivencia con la naturaleza.
La construcción está inspirada en la arquitectura local, ya que remeda el "fiskehjell" (estructura de madera en forma de A para el secado de pescado) y el "rorbue" (un tipo tradicional de casa de temporada utilizada por los pescadores). La referencia del "rorbue" se traduce en la estructura de soporte del hotel, construida a partir de postes de madera resistentes a la intemperie que se extienden varios metros debajo de la superficie del fiordo. Los postes aseguran la mínima huella sobre el sitio y le dan al edificio una apariencia casi transparente.
Los postes del hotel funcionan como un malecón de madera para que los visitantes paseen en el verano. En el invierno, el paseo marítimo se puede utilizar para guardar barcos y kayaks, lo que reduce la necesidad de garajes y depósitos. La altura de la estructura también permite que los remeros circulen bajo la estructura del hotel.
Para optimizar la cosecha de energía, los arquitectos han llevado a cabo un mapeo exhaustivo de cómo se comporta la radiación solar en relación con el contexto montañoso durante todo el año. El resultado del estudio ha sido una premisa de importancia para el diseño circular del hotel, y tanto las habitaciones como los restaurantes y las terrazas están ubicados estratégicamente para explotar la energía del sol. El techo del hotel está revestido conpaneles solares producidos con energía hidroeléctrica limpia que reduce aún más la huella de carbono.
Las terrazas aisladas ofrecen una sombra en la fachada del hotel a la vez que garantizan la privacidad. Las fachadas protegen contra la insolación en el verano cuando el sol está alto en el cielo, eliminando la necesidad de enfriamiento artificial. Durante los meses de invierno, cuando el sol está bajo, los grandes ventanalespermiten un máximo de insolación para explotar la energía térmica natural.
Único en su tipo debido a su ubicación, la inauguración del Svart hotel está prevista para 2021.

Diario Clarín

Jueves, 15 de febrero de 2018 

El señor de los árboles de Parque Avellaneda: con troncos muertos, crea obras de arte



Es José Desseno, quien arrancó en los años 70. Ahora trabaja en la escultura "Equidad", en la Plaza Olivera del barrio.
Cada atardecer, José Desseno (Buenos Aires, 1940) va a trabajar a la Plaza Domingo Olivera, de Parque Avellaneda, sobre eltronco de un árbol muerto.
Es que allí crea Equidad, una escultura que donará a ese espacio del barrio de toda su vida.
"Pasaron unos dos años desde que ese árbol murió hasta que comencé la obra, en 2017", cuenta Desseno a Clarín. "Espero que para fin de mes esté terminada, aunque nunca me pongo plazos", agrega.


No es la primera vez que Desseno, quien es además ingeniero industrial, recupera un árbol de esta manera. Ya esculpió decenas. Les dio una vida nueva, como una pieza de arte. Una vida, afirma, "perdurable".
-Empecé en 1974 en el Parque Avellaneda. La primera escultura que hice se llama Despertar (Eucaliptus colorado) y fue expuesta en el Museo Nacional de Bellas Artes.
-¿Qué lo impulsa?
-​En general, el destino de esos árboles es ser relleno de terrenos. Sin embargo, se pueden transformar en mucho más. Por eso, cuando encuentro algún "árbol víctima", trato de restablecer cierta continuidad con la naturaleza. Mis obras siempre tienen un motivo que se ajusta a la exaltación de la vida.
-¿Algo más lo inspira?
-Todo lo que observo y nada en particular. Es decir, la inspiración surge repentinamente. Por ejemplo, para hacer Ágape, que está también en la Plaza Olivera, estuve cuatro años observando el árbol con el que trabajé.
Ágape fue creada con un cedro del Himalaya. Había sido arrancado por una tormenta en 2010 y ahí quedó hasta 2016, cuando Desseno lo "rescató".
El escultor conoce bien el lugar. Es su cantera. Y un amor de la infancia. "Parque Avellaneda fue el parque de mi niñez. Compré una casa en el barrio en 1972, primero como taller, pero a partir de 2005 se transformó en mi vivienda definitiva", señala.
Y no sólo le regala arte a ese espacio. En 1998 creó un Concurso Nacional de Escultura en Madera. "Fue realizado por primera vez en la Ciudad por un pedido del entonces director del Parque Avellaneda, Enrique Esperanza. Me propuso hacerlo con los árboles que necesariamente iban a ser retirados". Después, Desseno también organizó otros certámenes. "Se hicieron mientras el Gobierno los auspició. Si aparece nuevamente un sponsor se pueden retomar", dice.
Hay obras de Desseno en el exterior, en colecciones privadas locales y, claro, en su casa. Ya en 1972 obtuvo una mención del Salón Nacional. Pero fue en 1989 cuando empezó a lucirse por los trabajos al aire libre, en el segundo Concurso Nacional de Escultura en Madera, en Resistencia, Chaco, donde luego expuso varias veces más.
La madera no es el único material que usa. Su obra Fuga y Misterio (1992), por ejemplo, es una talla directa en piedra Mar del Plata, donada a esa ciudad.
​Pero la madera de los troncos desechados es, sin dudas, la que mejor sintetiza la búsqueda de este "señor de los árboles". La semilla de su arte.

Judith Savloff
Diario Clarín
Miércoles, 13 de febrero de 2018






martes, 20 de marzo de 2018

Cómo será el nuevo Gran Museo que Egipto quiere sumar a sus postales


Todavía en construcción, el nuevo edificio está a dos kilómetros de las pirámides de Giza.
Un arqueólogo despliega alrededor suyo varios potes con piedras muy pequeñas. Son de cuatro colores. Al lado, una fotografía como modelo para rearmar un collar de diseño intrincado. Sin perder la sonrisa, el especialista cuenta que cada intento por reensamblar correctamente el accesorio le demora entre tres y cuatro semanas. Sin fortuna, aún no logró reproducir con fidelidad total el diseño original y ya perdió la cuenta del número de pruebas. Pero lo sigue intentando.
El collar es apenas uno de los cientos de tesoros descubiertos en la tumba de Tutankamón, en 1922, que son tratados en el Centro de Restauración del Gran Museo Egipcio, una mole en plena construcción en un predio de 50 hectáreas, a sólo dos kilómetros de las emblemáticas pirámides de Giza.
En medio de un océano de tierra y arena removida, con todos los tonos de ocre que uno pueda imaginar, 500 obreros trabajan a destajo. La intención del gobierno es que el GEM, según la sigla en inglés, se convierta en la nueva postal de El Cairo. También en un símbolo de la reconstrucción turística del país, de la búsqueda de equilibrio entre el legado del pasado y la modernidad.
La obra fue iniciada en 2002, en otra vida para el pueblo egipcio, y la entrada ya es custodiada por la legendaria estatua de Ramsés II y sus 3.200 años de pie. La pieza fue trasladada hace una década y espera la inauguración del GEM protegida con telas especiales del contacto con el aire y los microorganismos. El edificio, prometen, estará en funcionamiento a finales de este año. “Va a ser un foro donde las culturas se encuentren”, dice a Viajes el jefe del proyecto, Tarek Tawfik.
Si todo sale bien, cuando el nuevo museo abra sus puertas mostrará cerca de 1.500 piezas del tesoro de Tutankamón. Por primera vez, el 100 por ciento de los elementos hallados en su tumba será exhibido, en un espacio de 7.000 metros cuadrados. Las piezas ya se están moviendo del museo en Tahrir, en pleno centro de El Cairo, a la planicie de Giza. Hasta ahora, sólo se mostraba un tercio de la colección. El magnetismo del faraón más famoso es tal que Tawfik tiene en claro que cuando la máscara funeraria de Tutankamón, la pieza favorita de los turistas, viaje de su sala en el piso 2 del viejo museo al GEM, ya no habrá otra alternativa más que mantener el nuevo sitio abierto los siete días de la semana.
La apuesta es grande. Egipto espera 5 millones de visitantes para el primer año del Gran Museo, aunque la infraestructura está planeada para sostener hasta 8 millones. Con vista privilegiada a las pirámides de Keops y Kefrén, tendrá un hotel boutique en su parte posterior, ocho restaurantes y un centro comercial. La idea es que con apenas entrar al edificio el visitante se tope con 87 estatuas y estructuras arquitectónicas del antiguo Egipto.
A la espera de la fase 1 de la apertura, decenas de arqueólogos egipcios trabajan en la restauración de las piezas. Por pasillos zigzagueantes, entre máquinas excavadoras, los laboratorios ya están en pleno funcionamiento acondicionando desde piezas decorativas del tamaño de un dedo hasta la ropa interior del “faraón niño”, un triángulo de lino de medio metro que iba a vestir a Tutankamón en su siguiente vida. Y desde el collar de diseño elusivo hasta un carro con ruedas altas como una persona.
En la fase 2 se van a abrir otros 27 mil metros cuadrados con 54 mil piezas, en 2022, pero quizás antes. Y en una fase 3 allí se exhibirá la segunda barca solar del faraón Kheops, desenterrada hace apenas siete años. El recorrido del GEM será exhaustivo: irá desde el reino antiguo de los faraones hasta el período grecorromano.
“La mayoría de las colecciones en el mundo se concentran mayormente en el arte y la arquitectura del antiguo Egipto. Este museo va a dar una visión sobre el modo de pensar, las creencias religiosas, que tuvieron gran influencia en las piezas fantásticas. Es toda una forma nueva de descubrir Egipto”, dice Tawfik.
¿Y el viejo museo? Según el jefe del proyecto, va “a respirar de nuevo”. Sin Tutankamón, muchas de las otras piezas arqueológicas van a permanecer ahí en Tahrir, en el centro de El Cairo, donde la abundancia hoy conspira contra el modo de apreciar algunas bellezas, y van a tener más espacio.
Para Tawfik, pura ganancia en el modo de percibir el incontable tesoro arqueológico de la región: “La gente está muy excitada y curiosa. Cuando en la revolución hubo críticas a muchos proyectos en el país, nunca se pusieron en contra de este plan, a pesar de que era muy caro. Lo que muestra que está muy arraigado en los egipcios que la historia es muy importante. Y espero que sea un nuevo punto de referencia en el país”.

Guillermo Dos Santos Coelho
Diario Clarín
Martes, 27 de febrero de 2018