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viernes 25 de junio de 2010

Museo Fortabat

El Louvre de Puerto Madero

Amalia Lacroze de Fortabat convirtió en un hito porteño el edificio que contiene sus obras de arte. Con una generosidad que aún el país debe agradecerle, la empresaria creó en Puerto Madero un espacio que -sobre un diseño de Rafael Viñoly- contiene lo mejor de la creación plástica del mundo, haciendo foco en la Argentina.


Algo más de dos años atrás, la apertura del edificio de Puerto Madero se retrasó porque Amalita Fortabat decidió modificar el diseño del interior y cambiar paneles de vidrio y pisos.
La estructura (6800 metros cuadrados cubiertos), de dos subsuelos y dos pisos por sobre el nivel de la calle -en la entrada está el espacio de la librería en el que es posible comprar el catálogo de lujo de la colección, la guía y tarjetas, la cafetería y el auditorio-, ha sido dividido por secciones. El segundo subsuelo fue dedicado al arte internacional, al "espíritu del modernismo", a la pintura figurativa y a la obra de Antonio Berni.
En el primer subsuelo están la "sala familiar" -con los retratos de la saga Fortabat- y el espacio del paisaje, del siglo XIX al XX.
La gran sala del primer piso fue organizada en torno a la abstracción y a las nuevas tendencias de la figuración, y en el segundo piso se ven las obras de Raúl Soldi y algunos objetos antiguos de la colección.
Probablemente la exhibición más llamativa sea la del segundo subsuelo, en el que se han reunido las obras de Alma-Tadema, de los dos Brueghel, Dalí, Greuze, Klimt, Calmettes, Turner, Chagall, Roberto Matta, Miró, Rodin y Warhol, entre otros.

UN LUGAR UNICO
Finalmente desde octubre de 2008 la colección de arte de Amalia Lacroze de Fortabat está en su solo lugar, en Puerto Madero, en un edificio diseñado por el arquitecto uruguayo Rafael Viñoly. Han terminado las especulaciones y las pinturas, más algunos objetos exquisitos, demuestran el grupo ecléctico de la empresaria, y una vez más su generosidad, ya que esa colección de arte -a través de la fundación que lleva su nombre- es de todos,
De ahora en más ese conjunto de arte de valor inestimable testimoniará la precisión del gusto de una mujer que ha vivido rodeada de belleza.
En las últimas semanas, una cuadrilla de pintores terminó de emprolijar la fachada del edificio de hormigón, acero y vidrio, ubicado en uno de los accesos a Puerto Madero, con una vista espléndida hacia el río y a las torres Fortabat y Bouchard Plaza (en la que tiene su cuartel general Eduardo Costantini, otro de los grandes coleccionistas argentinos).
La Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat -así se lee en lo alto de la entrada- se ve en el edificio diseñado por Rafael Viñoly, radicado en Nueva York y autor del Forum de Tokio, el Centro Financiero de El Cairo y la Biblioteca de Chicago.

CURVAS Y LUCES
Las costillas curvas de acero que forman el techo del edificio se levantan desde el nivel del piso, donde se apoyan en bisagras especialmente diseñadas, y terminan quince metros más arriba donde se apoyan sobre una pieza de hormigón rectangular que va a lo largo del edificio.
La entrada de luz dentro de las galerías se controla por un sistema de quince paneles de parasoles montados sobre el exterior de la bóveda de vidrio. Cada panel consta de una serie de hojas que ponen de manifiesto la estructura de aluminio interna, el revestimiento de aluminio externo y los soportes hechos a medida y montados sobre almohadillas rodantes para lograr el desplazamiento deseado a lo largo del arco.
Los parasoles, controlados por computadoras, se pueden posicionar automáticamente para abrir la galería al cielo o cerrar gradualmente para evitar el sol directo o obtener diferentes condiciones de iluminación por medio de control manual. Durante las horas de la noche, los parasoles están completamente abiertos

PARA COMPARTIR
Pero no hay ningún espacio sin interés en el edificio que proyectó Rafael Viñoly, cada pieza se nota que fue elegida por su belleza y también por su calidad, hecho que comunica un estado de plenitud que el edificio se encarga de potenciar. Para esta primera muestra se seleccionaron doscientas treinta obras de un total que se calcula supera las mil.
Ha seguido Amalia Lacroze de Fortabat la tendencia de los grandes coleccionistas argentinos -que se dejaron guiar por el placer de la vista y no por valores prosaicos-, como Isaac Fernández Blanco, Antonio Santamarina, Enrique Larreta, los González Garaño o Eduardo Costantini, quien también, contra viento y marea, logró el museo propio.
En el barrio de Puerto Madero, que crece incesantemente, la Colección de Arte de Amalia Lacroze de Fortabat, ha creado un polo cultural necesario en una ciudad que aún pena por su Museo de Arte Moderno y que hace años perdió su museo -nacional- de arte oriental.
La Colección Fortabat se encuentra en Olga Cossettini 141 y se la puede visitar de martes a domingos de 12 a 21, lunes cerrado. La entrada general es de 15 pesos y de 8 pesos para estudiantes, docentes y jubilados. Las visitas guiadas se pueden realizar, sin reserva, de martes a domingos, a las 15 y a las 17. Mientras que las visitas guiadas para grupos en español o inglés, se deben solicitar al teléfono 4.310.6600 o al mail: visitas@colecciónfortabat.org.ar.


Pagina 12, 14 de Junio de 2010

El Pato

El juego del pato celebra cuatro siglos

Se jugó por primera vez en el país el 10 de mayo de 1610 y a pesar de sucesivas prohibiciones llegó a nosotros


La Nacion, 12 de junio de 2010



A solicitud del gobernador Hernandarias, a mediados de abril de 1608, llegaron al Río de la Plata ocho jesuitas que a los pocos días continuaron viaje hasta Córdoba. Sin embargo, no pasaron dos meses cuando los hijos de Ignacio de Loyola se establecieron en Buenos Aires. Cuando don Juan de Garay repartió los solares reservó para sí la manzana ocupada actualmente por el Banco de la Nación Argentina (Rivadavia, Bartolomé Mitre, Reconquista y 25 de Mayo) y el lote mejor ubicado para el adelantado don Juan Torres de Vera y Aragón. Ese solar estaba delimitado por las calles Balcarce, Defensa, Hipólito Yrigoyen y Rivadavia, por lo que la plaza mayor sólo estaba dispuesta a ser la ubicada frente a la Catedral y el Cabildo. En 1608 como el predio no lo había ocupado su beneficiario, el gobernador y los cabildantes se lo otorgaron a los padres de la Compañía de Jesús. En la mitad del solar construyeron una casita de adobe y paja, y poco tiempo después una capilla provisoria con los mismos elementos, como eran todas las casas y aun los templos de la modesta ciudad.

El templo fue puesto bajo la advocación de Nuestra Señora de Loreto, pero en marzo de 1610 llegó a Buenos Aires la novedad de que el papa Pablo V había beatificado a San Ignacio de Loyola el 27 de julio del año anterior.

La elevación a los altares del fundador de los padres jesuitas dio motivo a solemnes celebraciones, que encabezó y promovió el gobernador don Diego María Negrón, quien mandó ocho días antes enarbolar sobre la iglesia las banderas y los estandartes de la ciudad y sus navíos; a la vez que repiques de campanas tres veces al día, los que eran correspondidos por los de la iglesia mayor y los conventos, resonando en los intervalos el estruendo de seis piezas de artillería, además de música. No faltaron fuegos de artificio, una encamisada (en la milicia antigua especie de mojiganga que se ejecutaba de noche con hachas, para diversión o muestra de regocijo) a la que no desdeñaron entrar el gobernador Negrón y su antecesor Hernandarias.

Los oficios religiosos fueron con toda la solemnidad litúrgica y al día siguiente comentó el padre Lozano: "Como si faltase regocijo, dispuso el Cabildo que se corriesen toros en la Plaza Mayor y a este juego siguió el de cañas, que jugaron sesenta personas, la mitad vestidos con libreas a la española, y la otra mitad disfrazados y pintados como indios, en caballos sin sillas, pero con singular destreza, que con haber mantenido el juego más de dos horas, ni cayó alguno, ni sucedió algún desmán. Concluyeron con una escaramuza muy para vista, y acercándose todos en gran orden delante de nuestra Iglesia, los que habían jugado en disfraz de indios, corrieron también allí algunos patos, causando admiración a todos ver, así a los jinetes, como a los caballos, que parecían incansables, aunque aquellos corrían con gran incomodidad".

El testimonio corresponde, en realidad, al sacerdote jesuita Diego de Torres, quien lo informó el 16 de junio de 1610. Lamentablemente el documento no se encuentra, pero fue rescatado hace más de dos siglos por su hermano en la religión, Pedro Lozano.

Esta es la primera corrida de patos documentada celebrada el 10 de mayo de 1610 en la ciudad de Buenos Aires y en nuestro territorio, por lo que nuestro deporte nacional celebra sus cuatro siglos.

A pesar de bandos, decretos y leyes prohibiéndolo, ha llegado a nosotros y Bartolomé Mitre mismo, que sin duda lo vio jugar cuando su padre lo envió a la estancia de don Gervasio Rosas, a conocer las tareas de campo, le dedicó unos versos titulados "El Pato, Cuadro de Costumbres".


Roberto L. Elissalde

Argentinita Vélez

El adiós a una figura de la revista

Vivió su apogeo artístico en la década de 1950


La Nacion, 16 de junio de 2010


Con la muerte de Argentinita Vélez, la revista porteña perdió a una de las figuras de mayor atracción y convocatoria durante los años 50. Con atributos como "un rostro bonito, un cuerpo atractivo, cierta simpatía", LA NACION comentó a mediados de septiembre de 1978 un espectáculo de café concert en el que Vélez recordaba aquel tiempo de apogeo y recorría toda su trayectoria.

Nacida en La Plata como Estela Luisa Lorenzi, llegó a convertirse en una atractiva vedette después de lucirse como primera bailarina en la compañía encabezada por Miguel de Molina. Así, la revista fue la culminación de un camino artístico que atravesó sucesivas etapas en el burlesque, el varieté y el music hall. Vélez pasó por todas ellas, viajando desde la suave picardía y el humor ingenuo de los primeros tiempos hasta la audacia de los escenarios revisteriles, en los que sacaba provecho de su físico escultural. Lo mismo hizo a lo largo de una extensa carrera internacional en clubes nocturnos y hoteles de varias capitales europeas, además de actuar en el legendario Tropicana Club, de La Habana.

Participó en cinco películas. Entre ellas Buenas noches, Buenos Aires , en la que compartió con Hugo del Carril una versión del tango "Ahora te llaman Lulú", y Funes, un gran amor , casi un homenaje en vida. Sus restos serán sepultados hoy, a las 9.30, en el Panteón de Actores de la Chacarita.

Plaza Lavalle

Plaza Lavalle: las dos caras que dejó el Bicentenario

Sólo aparece remozado el sector frente al Teatro Colón; en otra franja hay homeless y falta luz



La Nacion, 10 de junio de 2010



Las dos caras de la plaza Lavalle, frente al Teatro Colón, quedaron al descubierto después de los festejos por el Bicentenario, hace dos semanas.

El gobierno porteño realizó una serie de obras de remodelación de uno de los tres módulos que componen este espacio situado frente al ingreso del reabierto coliseo porteño.

Allí, colocó rejas en todo el perímetro, sembró césped nuevo y desalojó, mediante el pago de un subsidio, a varias familias que se habían instalado hacía meses en uno de los márgenes de ese sector.

Incluso, un guardián de plaza, Ramón Cardozo, es hoy el encargado de velar por la limpieza del espacio verde y de mantener el orden. "El cambio es impresionante... y no lo digo yo, lo dice el vecino", afirmó Cardozo durante una recorrida de LA NACION.

Sin embargo, los otros dos módulos que componen esta plaza emblemática de la ciudad muestran un aspecto bastante desolador. Salvo por la revalorización, con los aportes del Banco Galicia, de la fuente ubicada frente al Instituto Libre de Segunda Enseñanza (ILSE), el resto remite al "Hueco de Zamudio", tal como se conoció a esa zona hacia fines del siglo XVIII.

A la manzana de la plaza situada sobre la avenida Córdoba, entre Libertad, Talcahuano y Viamonte, los bríos del Bicentenario, al parecer, nunca llegaron. Allí, grupos de indigentes -ya históricos según algunos vecinos- siguen habitando el lugar; también falta el césped, las esculturas están descuidadas, la iluminación prácticamente no existe y, sobre todo, llama la atención el contraste con la manzana central de la plaza.

"De noche, el que cruza por esta parte de la plaza está loco; te piden peaje y es una boca de lobo", dijo Marta, una vecina de Tribunales que lleva allí a pasear a su perro. "La plaza sigue estando tomada y, si bien cambió la del medio, el resto está igual", agregó la vecina.

Desde hace años, este espacio público es escenario de una disputa bastante extraña entre grupos de indigentes, la policía, vecinos y gente que trabaja por la zona. Es una especie de "laboratorio" de la problemática social, en tres actos, frente a los Tribunales, el Colón y el Teatro Cervantes.

"Acá se arregló la parte del frente del Colón para que los invitados no vieran la realidad: esto es tierra de nadie", dijo José Araujo, que trabaja en una oficina sobre Talcahuano.

"Estamos en la calle porque no nos dan nada, amigo; yo no robo ni hago ninguna...", gritaba Juan Emanuel a un policía de la comisaría 3a. que acudió al lugar tras una llamada al 911. Según el cabo de la Policía Federal, que pidió que su nombre no fuera citado, los episodios se reiteran: "Nos llegan un montón de llamadas al 911 denunciando que unos limpiavidrios quisieron arrebatarle algo a alguien pero, cuando nos presentamos en el lugar, el denunciante ya no está".

Tensión
La escena ocurría bajo un añoso ombú que ha sido testigo de situaciones de tensión similares casi diariamente. "Hay un montón de gente que limpia vidrios y nos vienen a buscar a nosotros. A mí me pegaron por nada", se quejaba Juan Emanuel, que, junto con unas diez personas sin techo, vive en esa parte de la plaza Lavalle. "Estos están buscando un subsidio como los que estaban viviendo en la parte central", dijo por lo bajo el agente de la Federal en referencia a los homeless .

El recorrido de LA NACION continuó por el otro extremo: el módulo delimitado por Viamonte, Libertad, Talcahuano y Lavalle. Esa parte de la plaza está situada frente al Palacio de Tribunales y es conocida por los puestos que desde hace más de 40 años venden libros.

"La mejora se hizo frente al Colón para que quedara lindo en la reinauguración, pero sigue viviendo gente y en esta parte de la plaza no se hizo nada", dijo Diana, propietaria de uno de esos puestos.

"Hace 40 años que yo trabajo acá y siempre fue igual; la gente se instala a vivir porque, según me comentaron, recibe más solidaridad que en otros lugares", añadió Diana con cierta perplejidad.

La plaza Lavalle no es una más de la ciudad. Representa un lugar histórico donde se desarrollaron muchos capítulos de la historia bicentenaria de la Argentina. Además, cuenta con árboles de gran antigüedad como, por ejemplo, el centenario E rythrina falcata ("árbol jujeño"), plantado en 1878 por Torcuato de Alvear, entre varios enormes ombúes.

"Hoy apenas se notan y es una pena", opinó Diana, la librera.


Franco Varise

La Plata: Nuevo Shopping

La Plata tendrá su primer shopping

Invertirán $ 120 millones para levantar un centro comercial en el predio donde hoy funciona Walmart


La Nacion, 10 de junio de 2010



La Plata se prepara para tener su primer shopping center. La desarrolladora Asset Land avanza con un proyecto para levantar un centro comercial en el mismo predio donde funciona un hipermercado de la cadena Walmart, en uno de los accesos a la capital bonaerense. Asset Land ya presentó el proyecto que demandará una inversión de $ 140 millones ante las autoridades platenses y en la firma aseguran que la apertura del shopping servirá para reactivar la actividad comercial en la ciudad.

"La Plata es la última gran ciudad de la Argentina que no tiene un shopping center, aunque también apuntamos a captar el público regional. Hoy hay muchos vecinos de ciudades y localidades aledañas, como Berisso o Chascomús, que cuando necesitan visitar un shopping tienen que trasladarse hasta la Capital o Avellaneda", explicaron en Asset Land. El shopping platense reunirá 110 locales, patio de comidas y ocho salas de cine, y su construcción demandará quince meses.

El proyecto de Asset Land se suma al que impulsa el fondo de inversión Pegasus (dueño de Musimundo, Freddo y Farmacity) en el kilómetro 36 del ramal Pilar de la Panamericana, a la altura de la localidad de Tortuguitas.

En este caso, la obra ya está en marcha y su apertura está programada para la próxima primavera. El shopping, bautizado con el nombre de Tortugas Open Mall, contará con más de 160 locales, un hipermercado (de Coto), un homecenter (Sodimac), ocho salas de cine (operadas por Cinemark) y más de 3000 cocheras, con una inversión total que superará los US$ 120 millones. Entre las marcas confirmadas se encuentran Falabella, Zara, Cheeky, Nike, Rapsodia, Vitamina y Frávega.

En la Capital Federal el proyecto más importante en marcha es la reconversión del complejo de Village Cines (en Recoleta) en un shopping center. Detrás de este emprendimiento se encuentra el fondo de inversión CarVal, del grupo norteamericano Cargill, que se alzó con el predio hace dos años. La intención de los nuevos dueños del complejo es reabrir el complejo antes de fin de año, sumándoles a las salas de cine más de 90 locales, con una orientación muy marcada hacia el público femenino. La inversión en el proyecto ascenderá a US$ 85 millones.

Integración
Sin cruzar la avenida General Paz, el grupo IRSA, a través de su división de shopping centers Alto Palermo Centros Comerciales, sigue a la espera de la aprobación de las autoridades municipales para la instalación de un complejo en el barrio de Caballito.

El plan tiene una demora de diez años a la espera del cambio en la zonificación del terreno que pertenecía a Ferrocarriles Argentinos y que está pegado a la cancha de Ferro. El shopping tendrá cuatro pisos de altura y en IRSA confían en que su apertura favorecerá la integración entre el norte y el sur de las vías del ferrocarril Sarmiento, en el barrio de Caballito.

A la lista de proyectos en marcha, además hay que sumar la ampliación del San Justo Shopping, que sumará en las próximas semanas 23 locales con una superficie de 6000 metros cuadrados y una inversión de US$ 12 millones. El centro comercial pertenece a la firma Continental Urbana, controlada por el empresario Issel Kiperszmid, y fue inaugurado a fines del año pasado.

Alfredo Sainz

Casa Economica

Una casa eficiente y sustentable, en Puerto Madero

Se puede visitar desde hoy; la construcción se autoabastece y gasta menos de lo que genera



La Nacion, 9 de junio de 2010



Una casa que genera la energía que consume. Aunque suena ideal es posible. Hoy comenzará oficialmente la exposición de un prototipo realizado en la Universidad de Darmstadt, Alemania, que conjuga diseño, energías alternativas y eficiencia energética.

Se trata de una casa alimentada con energía solar diseñada por estudiantes, que ganó el premio de la Agencia Estadounidense de Energía al superar diez categorías: arquitectura, ingeniería, comunicación, aplicaciones, viabilidad comercial, confort, suministro de agua caliente, iluminación, balance energético y exterior.

"En esta casa, que se autoabastece, lo que se consume es inferior a lo que se genera", explica Ornella Nitardi, de la Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana.

Mientras recorre la instalación muestra las enormes baterías que almacenan la energía que reciben los paneles fotovoltaicos colocados en el techo, en una de las paredes y en los postigones de las ventanas. En total son 25 metros cuadrados de elementos que reciben la luz solar y se transforman en energía, que luego es convertida para ser utilizada en 110 V.

"Las laminillas de las ventanas, además de servir para la generación de energía, regulan la luz del día y garantizan la privacidad del habitante. Su contribución en la generación es, aproximadamente, del 25 por ciento", agrega Nitardi.

En el prototipo, que podrá visitarse hasta el martes 22, de 9 a 19, en Azucena Villaflor y Juana Manuela Gorriti, en el Dique 3 de Puerto Madero, también pueden verse los distintos tipos de aislamientos posibles para las construcciones.

"Este prototipo pone un acento en la eficiencia energética. Es importante observar que los elementos con los que se construyen vigas o paredes están en la Argentina. Incluso pueden adaptarse construcciones para hacer un uso racional", sostiene Nitardi.

Aislantes
Hay cuatro modelos de pared con distintos elementos que hacen las veces de aislantes para evitar que ingrese el calor o el frío del exterior y, a la vez, que se mantenga la temperatura en el interior sin tener que recurrir al acondicionador de aire, uno de los electrodomésticos que más energía consumen.

La heladera y la cafetera que están en exhibición en la cocina están catalogadas como de alta eficiencia energética (van desde la A, que indica máxima eficiencia, hasta la G y figuran en todos los artefactos eléctricos).

Las ventanas, de gran tamaño, ya que permiten el acceso de la luz solar, tienen tres vidrios que son aislantes.

La Casa Alemana ( www.lacasaalemana.com ) recorrerá 13 ciudades latinoamericanas, mostrando las tecnologías alemanas para la construcción de viviendas y abastecimiento energético mediante el aprovechamiento de la energía solar. Las visitas a la casa en Buenos Aires estarán guiadas por dos de los alumnos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UBA premiados a fines del año pasado por sus trabajos en arquitectura sustentable, Matías Méndez y Damián Parodi.

En la Argentina la producción de energías renovables en la matriz energética alcanza apenas el ocho por ciento.



Laura Rocha

Nueva Terminal en Pto Madero

Puerto Madero, con una terminal para 8 líneas de colectivos

En pocos días más funcionará en un predio a la altura de Córdoba, donde el tránsito es caótico


La Nacion, 8 de junio de 2010



En pocos días más mudarán la improvisada terminal de ocho líneas de colectivos que hoy funciona en la plazoleta del Tango, frente al Luna Park, a un predio situado en la esquina de la avenida Madero y Cecilia Grierson, donde empieza el barrio Puerto Madero, una zona con congestionamientos de tránsito casi constantes.

Esta disposición, que lleva adelante el gobierno nacional con la aprobación del de la ciudad, responde a la remodelación que se está haciendo en el edificio del Correo Central (a cargo del Ministerio de Planificación de la Nación) y en el área circundante. La finalización de esas obras estaba prevista para los festejos del Bicentenario, pero demandarían otros dos años.

Por esa razón, en los próximos días las líneas de colectivo 105, 74, 159, 146, 109, 180, 140 y 99 tendrán como parada la estación de Madero y Grierson (continuación de la avenida Córdoba), donde se construyó una plataforma para pasajeros que está protegida con un techo y que también contará con baños para los choferes, bancos y luminarias. El predio también está cercado, lo que evitará que los pasajeros se crucen entre los colectivos; sólo podrán ingresar por el andén habilitado.

Según indicaron fuentes de la Secretaría de Transporte de la Nación, el traslado sería de manera transitoria, pero los funcionarios tampoco supieron precisar si, una vez finalizadas las obras en el Correo Central, los ómnibus regresarán a la Plazoleta del Tango.

LA NACION quiso dialogar con autoridades de los gobiernos nacional y de la ciudad, pero ningún funcionario quiso referirse de manera "oficial" al tema.


Un funcionario de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), a cargo de la operatividad de esta nueva terminal, dijo que las obras están casi terminadas. Especificó que los colectivos arribarán desde el Sur por la avenida Eduardo Madero, tomarán una pequeña diagonal -que hoy sirve para girar hacia Córdoba- hasta Grierson, e ingresarán por allí para ocupar las paradas establecidas. Sólo permanecerán en el lugar unos pocos minutos, para luego salir por otro portón situado también sobre Grierson.

Esta disposición podría ocasionar importantes congestionamientos en el tránsito, pues la zona ya está saturada de vehículos -es paso obligado de los camiones que van y vienen del puerto- y por allí deberán pasar numerosos colectivos y pasajeros.


Silencio sugestivo
Tampoco los funcionarios del Ministerio de Desarrollo Urbano porteño quisieron hablar de la nueva terminal. Ante la inquietud de conocer detalles, voceros de esa área indicaron que se trata de un tema que le correspondía a la CNRT. En definitiva, idas y venidas que signan la falta de entendimiento que hoy impera entre ambos gobiernos.

Según pudo saber LA NACION, la ciudad se ocupó de la construcción de las rampas de acceso y de la colocación de algunas luminarias, mientras que toda la obra estuvo a cargo del gobierno nacional. Anoche no se había informado sobre el presupuesto que se destinó para la obra.

Fuentes del sector empresarial de las líneas de colectivos afectadas a este cambio indicaron a LA NACION que la intención es trasladar la operatoria de espera de los ómnibus que finalizan su recorrido en la Plazoleta del Tango, y luego retoman el circuito. Las compañías aceptaron en buenos términos mudarse a su nueva morada, según se indicó.

La próxima terminal está en una zona de grandes edificios de oficinas (conocida como Catalinas) y limita con Puerto Madero, en el sector de la llegada de los barcos de Buquebus. Consultadas las autoridades de la Corporación Antiguo Puerto Madero sobre si estaban o no de acuerdo con la instalación de paradas de colectivos en ese sector, tampoco quisieron opinar sobre el tema. Acaso la gran incógnita sobre qué consecuencias traerá esta mudanza de colectivos a la zona haya determinado el sugestivo silencio.

Por la Plazoleta del Tango pasan hoy miles de pasajeros por día, ya que también hacen transbordo en la estación cabecera Leandro N. Alem, de la línea B del subterráneo.

Cambios. Mudarán la cabecera de ocho líneas de colectivos que hoy funcionan en la Plazoleta del Tango, frente al Luna Park, a un predio situado en la esquina de las avenidas Madero y Grierson (Córdoba).

Cuáles son. Se trasladarán las líneas de colectivos 105, 74, 159, 146, 109, 180, 140 y 99.



Pablo Tomino

jueves 24 de junio de 2010

Teatro San Martin

Los 50 años del Teatro San Martín


La Nacion, 1 de junio de 2010


El Teatro San Martín cumple medio siglo de vida. La importancia de su acción en la agenda cultural de Buenos Aires, la calidad de su programación, las valiosas series de afiches de autor que deleitaron al público y el hecho único de haber sido la puerta de acceso para muchos argentinos al teatro con mayúsculas se merecían un festejo más a tono con la circunstancia.

Pero en el medio se cruzó "la fiesta inolvidable" de Andrés von Buch y el centimetraje mediático estuvo consagrado a pegarle duro al empresario por organizar su cumpleaños en un lugar público y pagar por ello, algo que sucede con bastante frecuencia en el Templo de Luxor del Museo Metropolitano de Nueva York, Mauritius de La Haya, y en tantos otros museos y teatros del mundo.

Pocas semanas después, se supo que el festejo orientalista permitió aggiornar la tecnología del teatro inaugurado 50 años atrás en un edificio magnífico, sin dudas el mejor proyecto salido del estudio de Mario Roberto Alvarez .

El calendario también le jugó una mala pasada al San Martín porque los fastos del Bicentenario obligaron a centrar esfuerzos en el Colón que debía reabrir, sí o sí, el 25 de mayo de 2010. Históricamente, el teatro lírico se lleva la mayor tajada del presupuesto que la ciudad destina a cultura y de esto sabe Kive Staiff.

Entre tanto festín, dejó su puesto tras 30 años de una gestión forjada con más dignidad que plata. Seguramente merecía retirarse con laureles y no envuelto en un escandalete mediático. Antes de la función benéfica en la que se repuso Carmina Burana, Eva Soldati, presidenta de la Fundación del San Martín, explicó qué se había hecho con el dinero de cada donante.

Dijo también que el teatro padece las consecuencias del bajo presupuesto, que no hará negocio con la taquilla y que sus cuerpos estables son el semillero de talentos del país. Pero no todo está perdido para hacer de esta celebración una oportunidad. Como dice el premiado arquitecto Fabio Grementieri, acostumbrado a remar contra la corriente, ojalá se cumpla la lógica y sea el propio estudio Alvarez el que haga la puesta al día.


Alicia De Arteaga

Cuesta de Miranda

La Cuesta de Miranda

Murallas de fuego
Crónica de un paseo desde La Rioja capital hasta Villa Unión, pasando por los gigantescos paredones rojos de Los Colorados, la ciudad de Chilecito y la antigua estación abandonada del cable carril minero La Mejicana. Un recorrido en el que sobresale la espectacular Cuesta de Miranda, flanqueada por profundos valles y desfiladeros.

La Cuesta de Miranda en su máximo esplendor, con la tierra roja, las montañas verdes y el cielo azul.


Por Julián Varsavsky



Partimos desde la ciudad de La Rioja y, al costado de la RN 38, un altar con decenas de estandartes rojos en honor al Gauchito Gil –ese Robin Hood correntino decapitado en el siglo XIX– queda atrás como presagiando el color que más tarde se impondrá por unanimidad en el paisaje. Avanzamos hacia el sur, en paralelo a la Precordillera de los Andes, por la RN 38 hasta Patquía, donde tomamos la RN 74 con rumbo noroeste. Ahora la gran cadena de montañas se nos aparece de frente y parece atraer al vehículo con un fuerte magnetismo. Enseguida se perfila la formación Los Colorados, con sus montañas de un intenso rojo cercano al carmesí. El contraste del rojo con el verde de otras montañas y el celeste de un cielo límpido son un buen resumen del casi siempre árido pero muy colorido paisaje riojano.
“Si te sorprende este paisaje, imaginate lo que es esto en invierno después de una nevada, cuando se suma el color blanco de la nieve acumulándose sobre los cardones como un gorrito”, comenta el guía, que a pesar de los años que lleva haciendo este trayecto asegura disfrutarlo como la primera vez. Mientras tanto, de a poco nos acercamos a Los Colorados, que de lejos se asemejan a las murallas de una ciudad medieval. Y el agua de las recientes lluvias acentúa el color intenso de la arcilla, encendida como fuego rojo con los rayos solares del mediodía.
Al dejar atrás Los Colorados se levanta de repente la inmensidad del cerro Famatina y sus nieves eternas, que producen una explosión blanquecina en las cumbres nevadas. La paleta del invisible pintor de los paisajes riojanos colorea ahora el terreno con un suave color rosa junto a la ruta, donde crecen el retamo, la jarilla, el chañar y el algarrobo. Por la ventanilla van desfilando antiguas estaciones abandonadas del Ferrocarril General Belgrano, hombres a caballo, casas con horno de barro y los pueblos de Vichigasta y Nonogasta. Allí la RN 74 se termina en el cruce con la RN 40, donde se puede doblar a la izquierda para recorrer la Cuesta de Miranda, o seguir de largo por la misma 40 hacia el norte rumbo a Chilecito. Lo recomendable es tomar esta segunda opción y dejar la Cuesta de Miranda para después. En Chilecito se puede almorzar, y luego visitar los restos de un antiguo cable carril.
UNA MINA DE ORO A principios del siglo XX se vivió en Chilecito una “fiebre del oro” cuyo testimonio emblemático es un cable carril abandonado con nueve estaciones, la primera de ellas en las afueras de la ciudad. El costoso sistema fue construido en 1905 por una compañía inglesa y representó una obra de ingeniería muy avanzada para la época, que trasladaba el oro y la plata en bruto extraídos en lo alto del Cordón del Famatina. Por entonces recorría 35 kilómetros, en los que ascendía 3510 metros, y tenía 262 torres.
Hoy en día, en la Estación Número 1 se pueden ver las sofisticadas y ya obsoletas estructuras de hierro con los mecanismos y motores oxidados que ponían en funcionamiento el cable carril para subir y bajar las 650 vagonetas, que transportaban 250 kilos de mineral cada una. El cable carril funcionó hasta 1920, cuando se cerró la mina. En la antigua estación se visita también el Museo de la Minería, un edificio con líneas coloniales que alberga libros, documentos iconográficos, planos, herramientas, vestimenta, antiquísimos aparatos telefónicos, cuadernos y un centenar de fotografías que atestiguan la vida de los obreros que trabajaron en el lugar, algunos de los cuales dejaron su vida en las profundidades de la montaña.
Por momentos, la Cuesta de Miranda es un angosto camino encerrado entre paredones rojos.
SUBIENDO LA CUESTA A media tarde se puede abandonar Chilecito para desandar una parte del camino ya recorrido por la RN 40 hasta Nonogasta, doblando por esa misma ruta hacia el oeste rumbo a la Cuesta de Miranda, que comienza a 11 kilómetros del cruce. Si bien no está asfaltada, se encuentra en muy buen estado y se puede transitar con auto común (son apenas 10 kilómetros). Una vez adentrados en la cuesta comenzamos a subir bordeando el río Miranda, a medida que aparecen los primeros cardones con brazos de candelabro. El paisaje recupera su verdor gracias al río, y en ciertos lugares crecen altos álamos, sauces y nogales.
En varios puntos de la Cuesta de Miranda detenemos el auto para tomar unas fotos, envueltos en el aroma de la jarilla. Al frente se despliega un gran valle de sólo dos colores: el verde y el rojo, que reaparecen con su máxima intensidad. A esta altura, los cactus ya forman multitud y parecen un ejército bajando del cerro en caótica formación. Y al fondo de una profunda quebrada, el río se pierde caracoleando en la lejanía.
El paseo sube y baja según los caprichos del relieve, y cada tanto aparecen algunos terrones derrumbados sobre la ruta, mientras el camino se funde en el rojo arcilloso de la montaña. Junto a la ruta aparece, sobre un pequeño cerro colorado, otro altar pagano, esta vez dedicado a la Difunta Correa. Un detalle que agrega misterio al desolado paraje, a la vez que un cartel advierte: “Si no creés, no subás”.
Los precipicios ya superan los 200 metros de altura y el paisaje enrojece al máximo. Finalmente arribamos a un mirador llamado “Bordo atravesado”, a 2020 metros sobre el nivel del mar, el punto más alto de la cuesta y donde se acaba el asfalto por un trecho de 10 kilómetros. Aquí surgen dos alternativas para seguir viaje. Una es continuar por la RN 40 un total de 57 kilómetros hasta Villa Unión, para usar esa ciudad como base para visitar destinos como el Parque Nacional Talampaya, el Parque Provincial Ischigualasto en San Juan, el Parque Provincial El Chiflón y la Reserva Natural Laguna Brava. La otra alternativa es ir a dormir a Chilecito y valerse de esta ciudad como base para hacer excursiones en 4x4 a las minas de metales preciosos abandonadas en la zona, llamadas El Oro y la Mejicana.
En nuestro caso, dimos la vuelta en U en el punto más alto de la cuesta para regresar a La Rioja capital. Y a la hora de viaje, el conductor nos lanzó una pregunta sin darnos tiempo a arriesgar la respuesta: “¿Vieron qué silenciosamente se desliza el auto? Ya casi hemos desandado la cuesta completa a una velocidad de 80 km/h, y todavía no he encendido el motor”

Pagina 12, 23 de mayo de 2010

Humahuaca a Iruya

Travesía de Humahuaca a Iruya

Cornisas norteñas

En el límite caprichoso de Salta con Jujuy, un temerario recorrido por un camino de cornisas desemboca en Iruya, una delicia de pueblo detenido en el tiempo. A miles de metros de altura, siguiendo el cauce del río Colanzulí, se descubren los colores de los cerros y un modo de vida tradicional y sin prisas.

Primera visión de Iruya. Un telón de montañas para la iglesia de cúpula celeste en el centro del pueblo.
Por Guido Piotrkowski
El chofer del sufrido ómnibus que recorre el trayecto Humahuaca-Iruya masca una enorme bola de coca. “Coquita”, aconsejan los lugareños con una bolsita siempre a mano, aunque ellos no la necesiten por estar aclimatados. Es un rito, una sana costumbre por estos pagos, y un buen paliativo para el mal de altura, que no da tregua al viajero llegado desde las tierras planas.
CAMINO AL CIELO El vehículo se zarandea, atraviesa arroyos desbordados por la crecida y trepa lentamente un sinuoso camino de cornisa, bien cuesta arriba, hasta alcanzar los 4 mil metros de altura en el Abra del Cóndor, el límite entre Salta y Jujuy, a mitad de camino de Iruya. En medio de la niebla reinante, y un tanto mareados de tanto movimiento, nos detenemos en el punto panorámico. Buen momento para estirar las piernas, tomar unas fotografías anecdóticas y chequear que el equipaje, que va amarrado en el techo, siga en su lugar.
A casi dos horas del comienzo del viaje, sólo resta el descenso: son unos 1200 metros repartidos en veinte kilómetros, hasta llegar a los 2800 metros sobre el nivel del mar en los que se encuentra el destino final. Cada una de las curvas mete miedo. Da la sensación de que en cualquier momento se puede caer al vacío, pero el conductor ha hecho este viaje una y mil veces y se lo ve muy seguro en cada maniobra, de frente al precipicio, aunque a veces parezca medio adormecido al espiarlo de reojo por el retrovisor.
La desolación perfecta del paisaje andino y sus quebradas es interrumpida de a ratos por unas pocas casas de adobe, habitadas por pastores del siglo XXI que viven como si el tiempo no hubiera pasado. Llamas, ovejas y cabras pastan perdidas por ahí, y andan a paso lento junto a los niños de caras curtidas que sonríen tímidamente ante el paso del ómnibus desvencijado.
Una soledad abrumadora y un paisaje fantástico, aun con lluvia y niebla, a la vera del río Colanzulí, que acompaña con su cauce el periplo hasta Iruya.
POSTAL ANDINA Al acercarse, saltan a la vista una iglesia de cúpula celeste y unas letras gigantes, pintadas sobre la montaña, que dicen “Iruya”. El trazado del camino termina, literalmente, en la entrada del pueblo, a 320 kilómetros de la ciudad de Salta. Desde allí sólo resta caminar por sus callejuelas y alrededores, o subirse a una mula para descubrir otros parajes un tanto más alejados, pequeñas villas de otros tiempos como San Isidro, San Juan o Rodeo Colorado.
La fundación de Iruya data de 1753, el mismo año en que fue levantada la Iglesia de San Roque y Nuestra Señora del Rosario, una construcción típica de la Quebrada de Humahuaca y la Puna. A lo largo del tiempo, el santuario original fue refaccionado en varias oportunidades, y entre los cambios más significativos se nota el reemplazo del techo de paja y barro –característico de la zona– por uno de zinc. El piso de adobe también fue sustituido, y en la década del ‘80 se construyó un nuevo altar. En la puerta, unos pocos artesanos aguardan con paciencia de montaña la llegada del turista.
Los kollas, habitantes originarios, ya estaban asentados un siglo antes de la llegada del conquistador. Y el trueque, así como en aquella época, sigue siendo moneda de cambio para muchos de los habitantes de este enclave de unos 5 mil habitantes que “parece estar colgado de las montañas”, según dicen por aquí.
No lleva mucho tiempo recorrer el pueblo. Se puede ir y volver en el día desde Humahuaca: el tiempo que tarda el micro en retornar es suficiente para darse una vuelta, y decir que uno estuvo en Iruya. Pero se pierde la posibilidad de disfrutar del verdadero espíritu del lugar, el contacto con la naturaleza, la paz y la calma reinantes, el diálogo –a veces difícil, pero no imposible– con su gente, y la posibilidad de andar y andar, porque la consigna aquí es caminar.
La desolación del paisaje andino y sus quebradas, desde el mirador cercano.
Quienes llegan con ansias de pasar unos días deben saber que no hay grandes lujos, aunque últimamente se han abierto un par de nuevos emprendimientos acordes con el crecimiento y la exigencia del nuevo turismo que va llegando. Sin embargo, sí existen varias hosterías simples donde alojarse y algunos comedores familiares para degustar exquisiteces típicas: empanadas, locro, tamales, guiso de quinoa o de carne de llama.
SENDEROS CON ALTURA Para comenzar, lo más entretenido resulta perderse entre las cuestas angostas y empedradas del pueblo, sus casas de adobe y construcciones coloniales. En la plaza, que está situada detrás de la iglesia y no de frente como es costumbre, los niños corretean y juegan al fútbol, indiferentes al ir y venir de algunos visitantes. La situación era distinta una década atrás, cuando eran muy pocos los que se atrevían a llegar hasta aquí. Pero en los últimos años Iruya se fue haciendo más popular, sobre todo entre los mochileros. Hoy en día nadie se extraña al escuchar un idioma extranjero, y una gran cantidad de sus habitantes, que en general se dedicaban a la agricultura y ganadería, se volcaron a trabajar con el turismo.
Para acceder al mirador, enclavado en lo alto del pueblo y protegido por una enorme cruz, hay que animarse a una caminata corta y simple, pero empinada. Es el lugar más lejano al que se puede llegar si se decide volver a Humahuaca inmediatamente. Y como todo mirador que se precie, tiene una hermosa vista panorámica del paisaje de los alrededores.
El pueblo se extiende al otro lado del río. El “lado b” de Iruya es diferente, más autóctono. No hay construcciones coloniales, ni restaurantes. Hay sólo un hospedaje y es raro toparse con turistas. Las cholas les esquivan a las fotos, y a los niños les encanta salir en una instantánea.
En la cuesta donde esta porción del pueblo se acaba, comienza un bello camino, perfecto para observar Iruya desde lo alto, por encima de las nubes. Los cerros al otro lado despliegan una paleta de colores típica de estas tierras norteñas, famosas por el Cerro de Siete Colores, al que nada hay que envidiarle por aquí.
De todos los pueblos de la zona, San Isidro es el más cercano a Iruya. En este paraje al que se llega en unas tres horas de caminata se pueden visitar las casas de los artesanos que trabajan tejidos e hilados. Si bien es posible realizar el recorrido por cuenta propia, se depende en gran medida del clima: si llueve mucho no se puede acceder debido a la crecida del río, que imposibilita el paso. Quienes quieran llegar más lejos, atravesando algunas ruinas y terrazas de cultivo, apreciando el vuelo del cóndor y durmiendo en casas de familia de las comunidades de Nazareno, San Juan o Rodeo Colorado, deben contratar los servicios de un guía o baqueano del lugar. Estas travesías duran de dos a cuatro días, y en su mayoría requieren de un buen estado físico.
No es fácil, entonces, llegar a Iruya. El camino es áspero y asusta por momentos. Por otra parte, no hay “grandes” atracciones ni comodidades. Pero es justamente aquí donde radica su belleza indómita, en la simpleza de este pueblo camino al cieloz

Pagina 12, 23 de mayo de 2010

Personalidades Varias

Pasaron por el Colón

Enrico Caruso. El tenor italiano actuó en el Colón en 1915. Permaneció tres meses en Buenos Aires y cantó cinco óperas.

María Callas. La diva actuó en la sala en 1949, cuando aún no era una figura conocida. Cantó en la ópera Turandot.

Arturo Toscanini. El maestro italiano dirigió en el Colón en 1912, 1940 y 1941.

Luciano Pavarotti. El recordado tenor debutó en la sala en 1987, con La Boheme. Siempre recordó con cariño su paso por el teatro, y destacó la perfecta acústica de la sala.

Rudolf Nureyev. En 1971, el bailarín montó una versión de El Cascanueces.

Plácido Domingo. El tenor español debutó en el Colón en 1972, con "La forza del destino", de Verdi.

Maya Plisétskaya. La genial bailarina rusa debutó en el Colón en 1975, y desde entonces se presentó en varias oportunidades.

Richard Strauss. Tuvo a su cargo la temporada de 1922.

Teresa Berganza. La mezzosoprano española actuó varias veces en la sala. Actualmente se encuentra de visita en Buenos Aires, y estuvo ayer recorriendo las obras de restauración de la sala.


Clarin, 24 de Mayo de 2010

Trenes: Boleto Electronico

El Sarmiento y el Mitre ya tienen su boleto electrónico

Por la demora con el sistema del Gobierno nacional. Es para los ramales de Once-Moreno y Retiro-Tigre, que llevan 13 millones de personas por mes. La nueva tarjeta también se puede utilizar en seis líneas de colectivos. El SUBE recién estaría a fin de año.


Daniel Gutman



Frente a las demoras del Gobierno Nacional para ampliar el boleto electrónico, dos de las ramales ferroviarios que más personas transportan en la zona metropolitana ya pusieron en marcha un sistema propio, al que también se adhieren seis líneas de colectivos. Un ramal es el de Once a Moreno, del Sarmiento, y el otro, el Retiro-Tigre, del Mitre, que juntos llevan más de 13 millones de pasajeros por mes, de acuerdo a los números proporcionados a Clarín por TBA, que es la empresa concesionaria. El sistema permite evitar la utilización de monedas que, si bien se consiguen con menos dificultad que en otros tiempos, siguen siendo un problema para quienes viajan permanentemente en transporte público.

Durante mayo, en el Sarmiento y el Mitre ya fueron repartidas más de 50.000 tarjetas "Única", de la empresa Ticketrans. Según TBA serán compatibles con el Sistema Unico de Boleto Electrónico (SUBE), la iniciativa de la Secretaría de Transporte de la Nación que, según se viene prometiendo, permitirá viajar en cualquier colectivo, tren o subte de la Ciudad y el Conurbano con una sola tarjeta.

Ahora se anuncia que antes de fin de año el SUBE funcionará a pleno, ya que se habrán entregado alrededor de 4.500.000 tarjetas. En febrero de 2009, la presidenta Cristina Kirchner anunció que el SUBE funcionaría en 90 días. Posteriormente se puso en marcha de apuro, pocos días antes de la elección legislativa del 28 de junio, con el reparto de apenas 50.000 tarjetas, aptas para ser utilizadas sólo en el subte, dos ramales de trenes y seis líneas de colectivos.

La tarjeta Única fue implementada en los ramales Once-Moreno y Retiro-Tigre, porque son los únicos que tienen molinetes electrónicos de los que opera TBA. El plástico, de color rojo, se entrega gratis, aunque los pasajeros que la quieran deben realizar una carga inicial mínima de dos pesos.

Se trata de una tarjeta inteligente que, cuando una persona ingresa el andén y la pasa por el lector, descuenta el monto de la tarifa más alta posible. Así, por ejemplo, si un pasajero toma el tren en Once, se le cobra la tarifa hasta Moreno. Si el pasajero se baja en Haedo, cuando deja el andén debe pasar nuevamente la tarjeta por el lector y entonces el sistema le devuelve la diferencia correspondiente con el boleto hasta Moreno.

Según aseguró a este diario Gustavo Zeni, de la firma Ticketrans, no es necesario que uno tenga cargado el dinero de la tarifa máxima para viajar, ya que la tarjeta permite operar en descubierto. Basta con tener el monto de la tarifa mínima y, en ese caso, uno puede quedar con saldo negativo, que es cubierto cuando haga la recarga siguiente. Eso sí: a quienes retiran la tarjeta se le toma el nombre y número de documento, de manera de controlar si no se habían llevado ya una y, en ese caso, si no tienen un saldo negativo. Y la segunda tarjeta, se cobra cinco pesos, informó Zeni.

La tarjeta Única también puede utilizarse para viajar sin monedas en seis líneas de colectivos pertenecientes a la empresa Ecotrans, que recorren la zona Oeste del Conurbano y por lo tanto se conectan con el ferrocarril Sarmiento: 253, 321, 322, 317, 503 y 635.

La Única, sin embargo, no es compatible con Monedero –otro de los varios sistemas vigentes–, de Metrovías, que puede usarse en los subtes y el Premetro y en ferrocarril Urquiza. También hay un sistema de boleto electrónico en el ferrocarril Belgrano Norte, además de algunos otros en líneas de colectivos, como las que tiene en sus líneas el grupo Plaza o la empresa La Perlita, cuyos colectivos cubren los partidos de Merlo y Moreno.
"La idea surge por la necesidad imperiosa de montar un sistema alternativo a las monedas. Una persona que viene a la Ciudad a trabajar desde el Conurbano necesita no menos de seis pesos en monedas por día. Ya teníamos abonos semanales, quincenales y mensuales. Pero no podíamos seguir esperando", dijo el vocero de TBA, Gustavo Gago.


Clarin, 22 de Mayo de 2010

Bicentenario

En busca de un nuevo imaginario

1910 fue la celebración de la capitalidad inaugurada en el Ochenta; 2010 nos enfrenta a un ajuste de cuentas con la autonomía decidida 15 años atrás


La Nacion, 23 de mayo de 2010


Las transformaciones de la ciudad suelen darse en una temporalidad larga, casi siempre desplazada de los hechos políticos: por eso la historia urbana tiende a ser reacia a las grandes fechas. Hay, sin embargo, dos buenas razones para pensar a Buenos Aires en relación con el Bicentenario. La primera es que el 25 de mayo de 1810 fue una fecha porteña y, especialmente, que por entonces tomó forma un imaginario duradero de la ciudad, ya insinuado en el clima de epopeya ante las invasiones inglesas: la idea de que la ciudad tenía asignado un "destino rector" en la región y le aguardaba un futuro de grandeza. La segunda razón tiene que ver con la propia lógica urbana de las celebraciones, ya que los aniversarios tienen la capacidad de condensar problemáticas de larga duración y darles forma en obras y monumentos que operan, a su vez, sobre la definición futura de la ciudad.

Así como la Buenos Aires de 1810 legó un programa ideológico, la de 1910, para demostrar que lo había cumplido, puso en escena el dispositivo político-urbano más ambicioso que se haya desplegado en esta ciudad. Y por eso también, es tan inútil como inevitable trazar comparaciones desde el mirador de un Bicentenario que no ha convocado a la imaginación urbana. Inútil, porque el conglomerado regional de trece millones de personas al que hoy llamamos Buenos Aires no tiene nada que ver con la metrópoli de poco más de un millón que celebró 1910 ni, menos que menos, con la capital provinciana de alrededor de cuarenta mil habitantes que en un rincón alejado del mundo colonial inició sin saberlo un proceso revolucionario; inevitable, porque al mismo tiempo el sentido de aquellas fechas no puede dejar de irradiar sobre la Buenos Aires actual -y por eso los aniversarios suponen balances y "juicios del siglo".

1910 se pensó como una puesta a prueba de la ciudad: la certidumbre de que la valoración del siglo de vida independiente recaía sobre Buenos Aires produjo una espiral de propuestas urbanas y de reflexiones que dialogaron críticamente entre sí, abriendo una de las estaciones más ricas de la cultura urbana local. Aunque no fue tanto el siglo lo que se ponderaba, sino la treintena cumplida por el programa modernizador del Ochenta, que había marcado un año cero para la ciudad-capital. La federalización de Buenos Aires fue tanto una de las piezas maestras del nuevo ciclo nacional como la razón del extraordinario desarrollo urbano: la afluencia de recursos como resultado de una triple concentración, de la población, de los negocios, del poder. Eso explica la magnificencia de una celebración que quiso ver en la Capital la vidriera de la Nación: planes urbanos, reformas efectivas de la ciudad, exposiciones internacionales, monumentos alegóricos. Además, recién hacia 1910 parecía materializarse la ciudad del Ochenta, tomando forma eso que se ha dado en llamar la "ciudad burguesa", pero que con la misma justicia podría llamarse la "ciudad estatal", ya que su carácter específico surge de la combinación de una serie pública y otra privada de edificios monumentales y ámbitos urbanos que encuentran sus centros neurálgicos respectivos en Plaza Congreso y Plaza San Martín, desde donde se iniciaba el despliegue de la ciudad aristocrática hacia el norte.

Experimentación urbana, política y cultural

Un balance urbano del Centenario muestra que la celebración consagró simbólicamente ese eje norte de desarrollo diferencial de la ciudad: todas las disposiciones festivas fueron alineadas entre la Plaza San Martín y Palermo, con distintos efectos en la renovación del área -un ejemplo elocuente es el de Palermo Chico, que se levantó sobre el trazado de la Exposición Industrial del Centenario como primer barrio recortado de la trama homogénea, materializando en el plano la distinción social a la que aspiraban sus moradores. Pero lo más llamativo de 1910, visto a la distancia de un siglo, no es tanto aquel esplendor de capital de un imperio inexistente (como alguna vez se la llamó), sino una serie de procesos urbanos más estructurales que estaban activados en el curso de la primera expansión metropolitana.

Mencionemos dos de sus agentes protagónicos: una tradición de reformismo público, que veía la acción estatal como compensación frente a las inequidades del mercado urbano -de allí la larga serie de intervenciones reparadoras en el sur (parques, infraestructuras, viviendas) y la existencia de un plano público para todo el territorio mayormente vacío de la Capital, que prometía un marco equitativo para su expansión futura-, y un dinamismo social que en las tres primeras décadas del siglo resignificó esa voluntad pública logrando que los nuevos barrios populares que surgían (esa primera periferia que se formaba entre Palermo y Patricios) no se convirtieran en mero depósito de los sectores populares, sino en un territorio de experimentación urbana, política y cultural, dotando a la expansión de una triple tensión: hacia afuera en el territorio, hacia adentro en la sociedad y hacia adelante en el tiempo. Así se produjo tal inversión de las jerarquías urbanas y sociales que, entre 1910 y 1930, el margen se volvió centro, hasta tal punto que los dos productos emblemáticos de la ciudad, el tango y el fútbol, nacieron de la vitalidad de esos barrios populares, e incluso la vanguardia más elitista (verbigracia Borges) buscó en ellos la arcilla con que moldear la paradójica identidad de una Buenos Aires que se reinventaba cada día. La expansión popular reestructuró el sentido global de la ciudad, impidiendo la constitución de fronteras internas, y produjo, en las condiciones más arduas -crecimiento explosivo de una población que llegó a tener más del 50% de extranjeros-, una integración metropolitana que ya nunca se volvió a repetir.

En efecto, la segunda expansión -de la década del treinta a la del setenta- ya no funcionó como territorio de experimentación, sino apenas de reproducción de condiciones sociourbanas cada vez más desfavorables, erigiendo una frontera más que jurisdiccional entre la ciudad-capital y el Gran Buenos Aires; la extensión radial de algunas redes de infraestructura y transporte, y la preservación de la atracción del centro como vértice de la pirámide urbana, replicado en escala en los centros suburbanos, mantuvieron, de todos modos, la ficción modernista de un continuo metropolitano. Pero si a partir de la década de 1970 la tensión expansiva ya estaba exhausta, las transformaciones de las dos últimas décadas han hecho estallar en mil pedazos cualquier ficción cohesiva. Y la figura del estallido no es mala para dar cuenta de esta nueva ciudad archipiélago que multiplica las fronteras y las fracturas, de modo que el contraste entre el barrio cerrado y la villa miseria establece apenas los extremos más escandalosos de un funcionamiento sociourbano que se desagrega en diferentes velocidades, conformando una multiplicidad de circuitos que se intersectan de modos diversos, pero ya no permiten imaginar un continuo ciudadano.

Tal el escenario metropolitano en este 25 de mayo. Pero quisiera subrayar una constante, que si no ilustra sobre la ausencia de iniciativas urbanas para el Bicentenario, al menos sí sobre la falta de balances: aquella intensidad del debate público sobre la ciudad, que en las primeras décadas del siglo XX canalizó la fuerza integradora de la expansión haciendo que las figuraciones urbanas se convirtieran en el corazón de todo programa político-cultural; aquella disposición colectiva a pensar y transformar la ciudad desde su periferia, jamás se volvió a dar. Y aunque las situaciones son inconmensurables, un tema que no debería faltar a la hora del juicio de este siglo es la pérdida de la más reciente chance que hubo para recuperarla. Me refiero al proceso de autonomía de la ciudad-capital, que convoca además a la tentación de la simetría: ya que si 1910 fue la celebración de la capitalidad inaugurada en el Ochenta, 2010 nos enfrenta a un ajuste de cuentas con el fracaso de la autonomía decidida quince años atrás.

Porque la autonomía de la ciudad de Buenos Aires no debía significar apenas la consagración de la soberanía de los habitantes, sino que llevaba implícita una doble potencialidad: la de constituir una esfera política local en condiciones de entender los problemas urbanos como parte decisiva de los problemas de la sociedad -habilitando un espacio público de debate de largo aliento sobre ellos- y la de crear un actor colectivo en condiciones de impulsar una agenda reformista para el conjunto del territorio metropolitano. Lejos de ello, la autonomía no ha hecho más que contribuir con la fragmentación y el ensimismamiento, sin mejorar la calidad de la vida cívica ni de las representaciones sobre la metrópoli (que oscilan en picos destemplados: el regodeo de imaginarla como gran capital cultural del sur suele tocarse en la opinión pública con las visiones apocalípticas de la inseguridad y el caos). ¿En qué sector de la política o la sociedad -fuera de reducidos ámbitos especializados- se discuten los efectos de las "torres country", el crecimiento de las villas y los asentamientos, las relaciones de las políticas urbanas y habitacionales con los problemas de la inclusión social o la seguridad, las necesidades de una concepción regional de la metrópoli, las funciones de la ciudad de Buenos Aires en el país? Hay, sí, un nuevo actor -sorpresivo para las tradiciones urbanas locales- que ha intervenido con decisión impulsando las únicas dos notas optimistas en este panorama metropolitano del Bicentenario: la Justicia, que ha terciado en cuestiones tan medulares como el saneamiento del Riachuelo y la urbanización de la Villa 31, dos de los desafíos en los que Buenos Aires define su futuro.


Adrián Gorelik

miércoles 23 de junio de 2010

Acta de 1810

EN EL MUSEO HISTORICO NACIONAL

Exhiben por primera vez el acta del Cabildo de 1810

Estuvieron perdidos durante años. Pero reaparecieron en el momento indicado. Ayer, en el comienzo de los festejos del Bicentenario, se mostró por primera vez el acta de convocatoria al Cabildo Abierto de 1810 y los petitorios populares que exigían la formación de una nueva junta de Gobierno.

Los documentos forman parte de la muestra Huellas de la Revolución, que desde hoy se puede ver en el Museo Histórico Nacional. Permanecieron ocultos en los pasillos de la burocracia hasta que fueron encontrados en el propio Museo. Expertos en conservación los recuperaron para que puedan ser exhibidos. Ahora integran una sala acondicionada especialmente. En cada hoja, aparecen firmas célebres: Cornelio Saavedra, Domingo French y Juan José Castelli aparecen entre otros vecinos

Quizás el documento más importante es el petitorio popular que 409 vecinos de Buenos Aires entregaron en el Cabildo -por entonces el máximo órgano político-- exigiendo la formación de una nueva Junta de Gobierno. Mientras tanto, afuera del edificio, ocurría la famosa postal de mayo: una multitud apoyaba el petitorio. Fue por la presión de estos vecinos que el Cabildo terminó aceptando las condiciones y así se formó la Primera Junta. Otra de las piezas que se exhiben es la cigarrera de Mariano Moreno, secretario -junto a Juan José Paso-- de aquella Primera Junta.

También puede verse una de las 450 invitaciones que se cursaron para participar del Cabildo Abierto y los documentos que exigen el alejamiento del Virrey Cisneros.

La muestra, inaugurada ayer por el secretario de Cultura de la Nación, Jorge Coscia, también incluye la bandera de Macha. Se trata de la bandera mas antigua que se conserva y que, se supone, perteneció al Ejército Auxiliar del Alto Perú que comandaba Manuel Belgrano.


Clarin, 22 de Mayo de 2010

martes 15 de junio de 2010

Bicentenario

"Tocados por la manía de la independencia"


Por Miguel Ángel De Marco
La Nacion, 23 de mayo de 2010


El 2 de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se enfrentó a los veteranos mamelucos franceses frente al Palacio Real y en sus proximidades, y les provocó contundentes pérdidas. Las mujeres usaron sus tijeras y los hombres sus navajas. El pueblo se alzaba contra el rey José I, impuesto por el invasor, mientras Fernando VII, tras abandonar cobardemente su patria para ponerse en manos de Napoleón, gozaba de un cómodo exilio en Valencais. Esa misma tarde, en las cercanías de la capital, un manifiesto escrito por otras manos pero firmado por los alcaldes de Móstoles llamaba a la resistencia a los españoles. Las tropas del emperador, al mando de Joaquín Murat, quebraron la resistencia de los oficiales del Cuartel de la Montaña y fusilaron a centenares de vecinos en la Moncloa. Si faltaran documentos escritos, bastarían los dramáticos lienzos de Goya para reflejar aquellos cruciales momentos.

Toda España se levantó contra el extranjero y, para armar la resistencia, constituyó un sistema de juntas provinciales y locales, unificadas, si esa expresión puede resultar valedera para el indomeñable localismo peninsular, por un órgano central. Mientras militares y pueblo enfrentaban a las tropas más disciplinadas de su tiempo y les infligían la derrota de Bailén, las noticias de lo ocurrido llegaban en lentos veleros a los distintos puntos del imperio, y despertaban el dormido anhelo de independencia de los americanos. Como diría Cornelio Saavedra en los días de mayo de 1810, "la breva estaba madura".

Los criollos y no pocos españoles del Nuevo Mundo querían sacudirse el yugo de los borbones que aplicaban un insufrible sistema centralista que repercutía en casi todos los actos de la vida pública y privada de los habitantes. Tal efervescencia había sido advertida por ministros lúcidos, como el célebre conde de Aranda, que a fines del siglo XVIII pretendió crear especies de reinos autónomos ligados a la metrópoli pero atentos a las conveniencias de respectivas realidades locales.Los reyes y sus favoritos ajustaron una y otra vez el incómodo yugo.

Si bien las personas letradas conocían y apreciaban a los autores del Siglo de las Luces y estaban al tanto de los fundamentos de la revolución de las colonias norteamericanas de 1776, como de los sucesos de la Francia republicana que destronó a Luis XVIII, la mayoría tenía motivos más concretos y cotidianos para el descontento. El absolutismo borbónico dejaba poco espacio a sus deseos de participar en el gobierno y en la vida económica.

En 1806,una expedición militar británica, cuyo objeto era abrir nuevos mercados para los excedentes de la Revolución Industrial y coadyuvar a los propósitos independentistas de los americanos residentes en Inglaterra encabezados por Miranda, fue expulsada por el pueblo de Buenos Aires tras pocos meses de dominio; un segundo intento, luego de hacer pie en Montevideo, resultó frustrado por los recién formados cuerpos de milicias de criollos y españoles. El vigor y entusiasmo de los vecinos en armas advirtió a éstos de su propia fuerza. Fueron los nuevos jefes, oficiales y soldados, que hasta hacía poco habían sido empleados, comerciantes, dependientes y peones rurales, quienes desalojaron del poder al virrey español Sobre Monte y pusieron en su lugar al héroe de la Reconquista, Santiago de Liniers.

Objetivos revolucionarios

Destronado Fernando VII y alzada España contra el invasor francés, casi todo el Imperio español quiso la independencia, y adoptó el sistema de juntas como paso intermedio para alcanzar ese objetivo.

A pocos días de producirse los sucesos que culminaron con el establecimiento del primer gobierno patrio, el comandante del Apostadero Naval de Montevideo, José María de Salazar, que como muchos otros altos funcionarios españoles no se engañó sobre los verdaderos objetivos de los revolucionarios, advirtió a sus superiores metropolitanos: "Todo está dislocado, el mal es muy grande y los remedios deben ser prontos y activos. No hay un cuerpo que no esté contagiado, y corrompidas sus costumbres religiosas y morales". E insistía: "Milicia, clero secular y regular, cabildos eclesiásticos y seculares, todos lo están más o menos y todos están también tocados de la manía de la independencia, y creyendo ver en ella todas sus felicidades, hasta el sexo femenil participa de esta locura. La maldita filosofía moderna, el trato con una multitud de extranjeros introducidos en estos países en estos últimos tiempos: ingleses, americanos, portugueses, y peores que éstos, franceses, italianos y genoveses [sic], esta es la verdadera peste de estos dominios que si no se extermina acabará de perderlos".

El autor es miembro de la Academia Nacional de la Historia

Cines

Los cines de antes presentan batalla

Un libro, reclamos de vecinos, una película y un proyecto legislativo reivindican a viejas salas


La Nacion, 9 de mayo de 2010




Durante mucho tiempo, ir al cine fue una cosa seria. No solamente porque la gente solía prepararse con sus mejores galas para un gran acontecimiento (lo era, en verdad), sino porque los lugares donde se proyectaban las películas eran verdaderos templos, portentos arquitectónicos que empezaban a hacer volar la imaginación de los espectadores mucho antes de ingresar a la sala.

Algunos murales por allí, otros grupos escultóricos por allá; techos corredizos para dejar pasar la brisa fresca de las noches veraniegas; ciertos cielos rasos finamente pintados por artistas hablaban de una magnificencia buscada para asombrar y para dar digno marco a la maravilla tecnológica con la que se despidió el siglo XIX.

El cine nació en 1895 en Francia gracias a la inventiva de los hermanos Louis y Auguste Lumière y menos de un año más tarde la Argentina fue uno de los primeros países interesados en traer el atractivo artificio a nuestra tierra.

Así como el circo criollo fue cuna del teatro argentino, hay que agregar que, combinado con la actuación de artistas y trapecistas, los primeros cortos cinematográficos se vieron en esas carpas inefables, también en algunas tiendas y en teatros como el Odeón. En 1897, Eugenio Py dirigió el cortometraje precursor local ( La bandera argentina ) y en 1915 Nobleza gaucha se convirtió en el primer gran éxito nacional. Apenas dos años más tarde, El apó stol, que era una sátira sobre Hipólito Yrigoyen, fue el primer dibujo animado de la historia.

Toda esta intensidad tan marcada y temprana por el que pronto llamarían "séptimo arte" será suntuosamente arropada aquí, en palacetes especialmente construidos para cobijar a la entonces nueva alhaja de la creatividad humana. No había ciudad ni barrio porteño que no ostentara con orgullo su cine con hambre de futuro promisorio.

Con los años, familias enteras se pasarían el día en las funciones "en continuado"; chicos y chicas entrarían a ver una película como amigos y saldrían como novios; los del secundario se ratearían del cole para ir a ver films subidos de tono. Las amigas irían a ver "cintas" (como se solía decir) de amor y los hombres, "vistas" de cowboys.

Un mundo idílico, con acto vivo incluido, maní con chocolate, operadores de proyectores con un amor y entrega por ese oficio como el entrañable Alfredo, que componía Philippe Noiret en Cinema Paradiso , y pesados telones que se corrían hacia los dos costados o hacia arriba completaban esa atmósfera de ensueño, de agradable rito compartido, que disfrutaron varias generaciones de argentinos.


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El deterioro no fue de un día para el otro. Si bien hubo variadas y concurrentes causas, la aparición de la TV en 1951 marcó el comienzo del ocaso, acentuado notablemente con la aparición de más canales a partir de 1960. El más cómodo y barato consumo doméstico de imágenes en movimiento empezó a retraer espectadores de las salas. El segundo golpazo llegó con el cable y la posibilidad de ver películas más recientes y no las antediluvianas que emitía la TV abierta. Entrados los 80, con la aparición de los videoclubes, poder ver cine en casa en cualquier momento significó otro serruchazo para los cines tradicionales. Ya en este siglo, la imparable proliferación de DVD legales y "truchos" (incluso de películas no estrenadas), la alternativa de bajar películas directamente de Internet o de ver fragmentos en YouTube y la proliferación de home theater s y de plasmas retrajeron todavía más público de los cines.


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Fueron cerrando en silencio, sin prisa pero sin pausa, en el interior y en los barrios de la Capital. Después, la mortandad de salas avanzó hacia el centro.

Algunas se convirtieron en estacionamientos; otras, en iglesias de pastores estridentes; también se transfiguraron en bingos y a no pocas se las abandonó tras una tapia a la espera de un futuro mejor.

En Cines de Buenos Aires, p atrimonio del siglo XX (Editorial Publicaciones Especializadas, Buenos Aires, 2010), las arquitectas Marta García Falcó y Patricia Méndez logran un valiosísimo trabajo de documentación gráfica de 300 cines que existieron entre 1896 y 2010. Subrayan allí que hubo "una arquitectura que, cuando no demolida totalmente, ha sido muchas veces jibarizada para aumentar fraccionadamente espacios de microcines que actúen a escala del inversor aunque pierdan los valores espaciales y la calidad de la propuesta original".

En efecto, en paralelo a la desaparición de salas, se dio la división de las grandes en otras más pequeñas.

La calle Lavalle sufrió un proceso peculiar: de las aglomeraciones a las salidas de los cines, pasó a ser habitada por personajes extraños. También, así como llegaron los cines a los shoppings en los 90, luego se fueron retirando de esos centros comerciales. De los siete cines que había en las inmediaciones de Santa Fe y Callao sólo quedaron dos que languidecen y el Village Recoleta cerró sus puertas para reabrir pronto con menos salas y más locales.

El nefasto pochoclo salvó el negocio de los exhibidores (a costa de sumar molestias a los que pretenden ver cine en paz; los celulares también fastidian, ¡y cómo!) y ni se diga el regreso triunfal del 3D. "En lo que va del año -apunta David Saragusti, de Cinemark-, estamos un 15-18% arriba. Desde Avatar , el 1° de enero de este año, fuimos siempre para arriba, comparando con los últimos tres o cuatro."


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En los últimos tiempos ha empezado a sobrevenir una mayor conciencia ciudadana para defender algunos edificios emblemáticos que se estaban viniendo abajo: dentro de pocos días reabrirá como centro cultural el viejo cine Unión (Independencia al 2800), que data de 1933, y donde funciona la Unión Ferroviaria. En la Legislatura porteña la diputada de la Coalición Cívica Diana Maffia acaba de presentar un proyecto para declarar sitio histórico el cine teatro Pueyrredón y evitar así que se sumen nuevas desnaturalizaciones tras el cierre, en junio de 2009, de la agencia hípica que allí funcionaba. "La ley N° 1029 -dice en sus considerandos- se ocupa especialmente de preservar las salascinematográficas

que constituyen un valor cultural para la ciudad y la ley 1227 otorga el marco legal de protección a estos sitios, que son parte de la historia de nuestra ciudad".

En Mataderos, los vecinos luchan para que reabra El Plata. Hace un par de semanas, hubo un festival para que no se demuela el Aconcagua, de Villa Urquiza. En la zona norte se quemó el Bristol y se cerró el Astro. El Instituto de Cine, por su parte, abrirá mañana en San Juan su Espacio Incaa N° 31.

Con la misma temática, el 27 de mayo se estrenará la película documental Cine, dioses y billetes , de Lucas Brunetto, que revisita viejos espacios con algunos personajes emblemáticos de los años de gloria de las salas de cine.

"De las salas existentes en la década de 1940, más del 50 por ciento fue demolido o transformado para otros usos", advierten en Cines de Buenos Aires... las arquitectas Falcó y Méndez.

Ahora, por suerte, crece la convicción social de que esos lugares deben ser preservados de alguna manera por su condición de ser reservorios de la memoria colectiva de tiempos mejores que todavía, si queremos, estamos en condiciones de recuperar.


Pablo Sirvén

Piramide de Mayo

Comenzaron a restaurar la histórica Pirámide de Mayo

El primer monumento patrio de la Ciudad se creó en 1811. Erigido para celebrar el primer aniversario de la Revolución de Mayo, tuvo varias transformaciones. Y hasta ayer estaba deteriorado y con pintadas. Un restaurador se ofreció a recuperarlo sin cobrar.


Nora Sánchez


Fue el primer monumento patrio de la ciudad de Buenos Aires, erigido para celebrar el primer aniversario de la Revolución de Mayo, en 1811. No llegaron a terminarlo para el 25 de mayo, pero ese día lo inauguraron igual. Los trabajos, a cargo del maestro de obras Francisco Cañete, continuaron por varios días más. Y ayer, el arquitecto José Mastrángelo inició una nueva carrera contra el tiempo: restaurar la Pirámide de Mayo para que recupere su mejor forma para el día del Bicentenario. Ya montaron los andamios, que hoy serán cubiertos por una media sombra para que los operarios empiecen la obra. Esperan finalizarla en diez días.

"El capitalismo mata!", protesta un graffiti negro sobre el deslucido blanco de la Pirámide. En algunos sectores, faltan pedazos enteros de revoque. Mientras, el relieve de los escudos que decoran el monumento quedó opacado por decenas de manos de pintura.

A Mastrángelo, hijo, nieto y bisnieto de "frentistas de estilo", lo apenaba ver así al monumento. Y decidió ofrecerle al Ministerio de Espacio Público de la Ciudad restaurarlo en forma gratuita, aportando tanto los materiales como la mano de obra. Los andamios también fueron prestados gratis, en este caso por la firma Casati.

"La Pirámide depende del Gobierno de la Nación -explicó ayer el ministro Diego Santilli, que fue a ver el inicio de los trabajos-. Ante el ofrecimiento de Mastrángelo, nosotros nos ocupamos de solicitarle la autorización a la Nación para la obra, que la dio en tiempo récord, así como de tramitar todo el resto de los permisos necesarios para intervenir un Monumento Histórico Nacional. Y el arquitecto, que es un especialista en la materia, va a poner su arte y se hará cargo del costo de la obra".

La Pirámide a restaurar no es la original, un pequeño obelisco de 13 metros de altura hecho en adobe cocido y coronado por un globo. En 1856, el pintor y arquitecto Prilidiano Pueyrredón la rehizo más grande, encerrando a la primitiva entre ladrillos y argamasa. Fue entonces que en la parte superior le pusieron una estatua representando a la Libertad, realizada por el escultor francés Joseph Dubourdieu. El monumento pasó a tener sus 18,76 metros actuales. También le incorporaron cuatro figuras de tierra cocida, que en 1873 fueron reemplazadas por otras de mármol que hoy decoran la plazoleta de San Francisco, en Defensa y Alsina. El último cambio fue en 1912, cuando la Pirámide fue trasladada 63,17 metros, desde la que alguna vez fue la Plaza de la Victoria, frente al Cabildo, hasta su ubicación actual.

"La Pirámide no tiene problemas estructurales, pero sí degradación de la superficie -detalla Mastrángelo-. Además está cubierta por una cantidad de pintura exagerada, porque es continuamente agredida con graffitis y la forma más rápida de taparlos es pintar encima".

El arquitecto afirma que la recuperación de la Pirámide requerirá varios pasos. Primero la someterán a un hidrolavado a presión controlada, para limpiarla. Después la someterán a calor para poder retirar las distintas capas de pintura e ir devolviéndole su forma a los escudos. El paso siguiente será hacer un cateo para analizar si hay filtraciones o fisuras en la construcción, que serán rellenados con un producto especial. Y tras la restauración de los enlucidos o revoques y su nivelación, procederán a pintarla.

"Originalmente, la Pirámide estaba pintada a la cal -cuenta Mastrángelo-. Nosotros vamos a usar pintura a la caseína, que tiene el mismo color pero no se le desprende polvillo como a la cal. Y como terminación, vamos a ponerle un anti-graffiti que nos donaron los laboratorios Vart, que servirá para proteger la restauración. Además, ante nuevos graffitis, bastará con volver a colocar este producto para eliminarlos".

El reloj empezó a correr. Un equipo de seis personas encabezado por Mastrángelo trabajará diez horas por día para terminar la restauración el 20 de mayo. Justo para el festejo por los dos siglos de la Revolución que la Pirámide conmemora desde hace 199 años, en el corazón de la Plaza de Mayo.


Clarin, 12 de Mayo de 2010

Seguridad e Higiene

Trabajar más de la cuenta trae mayores problemas cardíacos

Agregar tres horas a la carga laboral diaria de ocho, incrementa en un 60% el riesgo de tener una enfermedad del corazón, según un estudio a 6000 personas en Londres

La Nacion, 11 de mayo de 2010


Un total de 6014 funcionarios londinenses de entre 39 y 61 años, que sumaron 4262 hombres y 1752 mujeres, sin patología cardiaca fueron seguidos durante 11 años de media, hasta 2002-2004 como parte de un amplio estudio bautizado Whitehall II.

Durante los 11,2 años de seguimiento, 369 de entre ellos han muerto de una enfermedad del corazón o han tenido un accidente cardiaco no mortal o una angina de pecho.

"Las relaciones entre las largas horas de trabajo y las enfermedades cardio-vasculares es independiente de un conjunto de factores de riesgo medidos al inicio del estudio, como el tabaco, el sobrepeso o una tasa elevada de colesterol", precisó Marianna Virtanen, que dirigió el estudio del Finnish Institute of Occupational Health, en Helsinki y de la University College of London, en un comunicado.

Quienes trabajan más que la norma suelen ser hombres, más jóvenes que la media del grupo, que ocupan puestos de responsabilidad más altos. Si la relación entre la horas adicionales de trabajo y las enfermedades cardio-vasculares parece clara, la causa no lo es tanto, según los autores.

Presentismo enfermizo. Una pista podría ser que el trabajo adicional podría afectar el metabolismo o tapar los estados depresivos, de ansiedad o de falta de sueño. El "presentismo enfermizo" por el que, a inversa del ausentismo, los empleados vienen a trabajar incluso enfermos, ignorando los síntomas y sin consultar a un médico, podría igualmente estar en causa.

Sin embargo, las personas a las que les gusta su trabajo y tienen tendencia a trabajar más simplemente por el placer, podrían tener un riesgo menor de enfermedad cardiaca.

Marianna Virtanen avanza varias pistas, como costumbres de vida nefastas y factores de riesgo más extendidos entre las personas que trabajan en exceso. "Otra posibilidad es que el estrés crónico (a menudo asociado a las largas horas de trabajo) afecte negativamente el organismo", añade, a la vez que pide investigaciones adicionales.

Feria de Mataderos

Feria de Mataderos, un mercado a cielo abierto

Todos los domingos, ese barrio es una fiesta, con artesanías, folklore, cosas ricas y carreras de sortijas; accedé al video


La Nacion, 7 de mayo de 2010



El desfile de gauchos con todas las letras, luciendo sus ponchos, rastras, pañuelos al cuello y botas de cuero, es incesante. Algo poco creíble en cualquier barrio porteño, menos en Mataderos.

Es que cada domingo y feriado, la Feria de Mataderos convoca a estos hombres de a caballo y a cientos de artesanos que despliegan sus productos, música y habilidades en ese pintoresco mercado a cielo abierto.

La propuesta es amplia: desde artesanías tan variadas como la geografía de nuestro país y shows de música folklórica en vivo hasta jineteadas y corridas de sortijas.

Declarada de interés nacional por la Subsecretaría de Cultura de la Nación, nada de lo auténticamente nacional falta en la Feria de las Artesanías y Tradiciones Populares Argentinas, que nació en 1986 para difundir lo nuestro y depende del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde entonces y cada vez con más fuerza, el barrio se transforma ese día de la semana. La primera señal, si no se llega temprano por la mañana, es la imposibilidad de estacionar a menos de 150 metros de los puestos. Pero vale la pena.

De unos pocos a 450 locales

Sara Vinocur es la creadora y coordinadora de la feria. Una visionaria que desembarcó con este proyecto cuando en esa zona sólo había unos pocos locales.

"Tenemos un promedio de 450 puestos con artesanías de todo el país. Pero también hay productos de Bolivia, Perú, Paraguay. Cuchi Leguizamón inauguró nuestro escenario (Antonio Tormo), donde además Soledad hizo pie por primera vez en la Ciudad de Buenos Aires.

"Además, todos los domingos organizamos homenajes, talleres gratuitos y exposiciones, y celebramos fiestas regionales y nacionales, como la del 25 de Mayo, nuestro máximo encuentro."

Video: feria de Mataderos

La fiesta de la Pachamama, el Día Internacional del Folklore, el Carnaval Salteño, el Carnaval de NOA y de Oruro (Bolivia), la elección de la Flor del Pago y el Día de la Tradición le dan al lugar un tono de celebración permanente.

Un entorno singular

Todo transcurre junto al viejo Mercado Nacional de Hacienda (1890), en el cruce de la Avenida de los Corrales y Lisandro de la Torre.

Un edificio muy pintoresco, de paredes rosa pálido, declarado monumento histórico, con una torre central, un reloj de estilo inglés, un mirador y una recova, de las pocas que quedan en la ciudad.

En la misma construcción funciona el Museo Criollo de los Corrales, que amerita una visita.

Los stands se distribuyen junto a la recova, en unas dos cuadras, y en su mayoría son atendidos por sus propios dueños. Es el caso de Marcelo Margolis y su esposa, Silvina, con presencia en el lugar desde hace nueve años, a puro carpincho.

"Aquí viene gente de campo que nos pide piezas a medida, desde chalecos, camperas y cinturones hasta aperos para el caballo. Y los turistas, claro, que quedan fascinados con la feria", explica Marcelo, que empezó a trabajar con cueros hace 25 años. "Hace mucho me ganaba la vida con camperas negras, tipo rock duro. Pero hace mucho me pasé a lo campestre", agrega sonriente.

La gran afluencia de gente (alrededor de 15.000 personas por domingo) por momentos complica el paseo entre los puestos.

Pero vale la pena armarse de paciencia, porque hay para todos los gustos: ponchos de lana de oveja, hilados de Catamarca, a mano y con diseños tradicionales; suéteres y bufandas de llama.

Para los que piensan en la casa, floreros, jarros, cacerolas y cacharros de todo tipo en barro. Los wichis, entre otros grupos originarios, tienen su puesto lleno de piezas talladas en palo santo. Para los músicos, hay guitarras y bombos de Santiago del Estero, construidos en ceibo y aros de quebracho blanco.

No faltan, claro, las típicas bombachas de campo, la platería y los discos de arado, tan usados ahora como plancha para la cocina. Eso sí, aquí no se ven productos industrializados ni revendedores, sino artesanos auténticos, que echan mano a sus productos.


Sabores propios

Las parrillas apoyadas en el piso, con su arsenal de carnes y achuras humeantes, llaman la atención de los extranjeros, que piden una y otra vez la foto del asador, cuchillo en mano. Hay varios locales de comida al paso y funcionan a destajo, al compás de choripanes, sándwiches de vacío y otros cortes.

Los que prefieren un alto más distendido deben pensar en algunos de los restaurantes ubicados debajo de la recova, muy lejos del servicio premium, pero con grandes valores. Las mesas son simples, la mayoría con sillas de plástico y sin mantel. Pero nadie se queja, porque todo hace al folklore del lugar. "Me encanta así, no esperaba otra cosa. Bien autóctono, con mucha tradición", dice Patricia Ongaro, turista colombiana entusiasmada con el asado que le acaban de servir.

Sin embargo, la propuesta gastronómica es más que carne y achuras a la parrilla; hay empanadas salteñas, locro, humita en chala y quesillos con cayote o nueces, uno de los postres más elegidos.

Una zamba y van...

La programación artística, de las 13 al cierre, incluye grupos folklóricos en vivo, artistas que buscan su lugar en la escena nacional y consagrados como Víctor Heredia, Antonio Tormo, Eduardo Falú, Ramona Galarza y Chango Spasiuk, entre muchos otros. La cita es en la plaza seca, junto al Monumento al Resero, ícono del lugar.

Eso sí, apenas comienzan los acordes, surge el baile espontáneo entre los visitantes que se le animan a chacareras y zambas, mientras las palmas se enrojecen y los pañuelos no paran de surcar el aire.

A las 14.30 y por unas dos horas y media, buena parte de la atención se dirige a un extremo del paseo. Es el turno de las carreras de sortijas (también hay domas y jineteadas), a cargo de cinco agrupaciones tradicionalistas.

La prueba se realiza en los adoquines de la Avenida de los Corrales, en un tramo de poco más de 100 metros, donde antes se arroja arena para evitar accidentes.

De a uno o de a dos, los gauchos cabalgan derecho y a todo tranco hacia el arco, parados en los estribos y con el brazo en alto para enganchar la sortija con el puntero. Entonces sí, el campo, con todo su atractivo, se adueña definitivamente de este rincón porteño.

De compras

Adornos, floreros, pavas, jarros y cacerolas en barro, de $ 3 a $ 180. En carpincho, gorra ($120), chaleco ($450), cinturón ($55), dependiendo de las medidas. Los anillos de alpaca enchapados en plata, desde $10. Alpargatas de cuero, $50. Los sombreros de algodón, $90; de cuero, más de $200. Bombos construidos en ceibo, con aros de quebracho blanco, $330. Ponchos norteños, desde $500, suéteres, $160, y bufandas de lana, desde $100.

Al paso y al plato

En los locales al paso, pasteles, $2; empanadas salteñas, $3,50; choripán, $7. Los restaurantes de la recova ofrecen un plato de locro, $12; humita en chala, $12; empanadas, $3,75; de postre, quesillos con cayote o con nueces, $10; panqueques de dulce de leche, $5.

Estrenan trabajos

A todas luces, el ex edificio del Mercado Nacional de Hacienda necesita una restauración profunda. El gobierno porteño tiene un proyecto integral de puesta en valor de este inmueble, muy esperado por vecinos y puesteros, que ya dio sus primeros pasos. A fines del mes pasado se inauguraron las obras de mejoras en la plaza y alrededores, hoy con nuevos asfaltos, iluminación, bancos y parquización, entre otros trabajos.

Por el Bicentenario

Como festejo por los 200 años de la Patria, la feria recibirá este año 2010 a muchos artistas de renombre: Antonio Tarragó Ros, Coqui Sosa, Las Voces Blancas y Peteco Carabajal, entre muchos otros. También se realizarán exposiciones, conferencias, un mural en los paredones del Mercado Nacional de Hacienda y un video sobre la historia del mercado.

Datos útiles
Dónde: Avenida de los Corrales y Lisandro de la Torre, Mataderos.
Horario: de 11 a 20, en invierno.
Entrada: gratuita.
Informes, por el 4342-9629 o 4323-9400 (interno 2830), de lunes a viernes; domingos, 4687-5602.


Julio Céliz

viernes 11 de junio de 2010

Siete dias de Historia

Siete días que cambiaron nuestra historia

La Nacion, 23 de mayo de 2010

Saavedra
Sábado 19 de mayo

Tras la caída de la Junta de Sevilla, Saavedra y Belgrano se reúnen con el alcalde de primer voto Juan José de Lezica y Castelli con el síndico procurador, Julián de Leiva, para pedir cita con el virrey y transmitirle la decisión de realizar un Cabildo Abierto.

Domingo 20 de mayo
Lezica transmitió el pedido al virrey Cisneros, quien antes de tomar una decisión citó a los jefes militares. Estos le solicitaron la cesación en el mando del virreinato, y ante la falta de apoyo Cisneros aceptó la propuesta. Se decidió un Cabildo Abierto para el día 22.

Lunes 21 de mayo
Descreído de que Cisneros cumpliera, un grupo de hombres armados, entre ellos Domingo French y Antonio Beruti, ocupó la Plaza de la Victoria. La gente se dispersó ante la intervención de Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, y se entregaron invitaciones para el día siguiente.

Martes 22 de mayo
En el Cabildo Abierto hubo dos posiciones enfrentadas: una consideraba que la situación debía mantenerse sin cambios, respaldando a Cisneros, y la otra sostenía que debía formarse una junta de gobierno en su reemplazo. Se resolvió destituir al virrey por 155 votos contra 69.

Miércoles 23 de mayo
Tras la finalización del Cabildo Abierto se colocaron, en diversos puntos de la ciudad, avisos que informaban sobre la creación de la Junta y la convocatoria a diputados de las provincias, y llamaban a abstenerse de intentar acciones contrarias al orden público.

Jueves 24 de mayo
Se forma la nueva Junta y se nombra presidente y comandante en armas a Cisneros, junto con vocales locales. Cuando la noticia trascendió la Plaza fue invadida. Esta permanencia de Cisneros en el poder fue vista como una burla a la voluntad del Cabildo Abierto.

Viernes 25 de mayo
Una multitud comenzó a reunirse en la Plaza. Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de una Junta de gobierno. Sin apoyo militar, Cisneros abandonó el poder y se conformó la Primera Junta.

El Yaguareté de Parque Chacabuco

La obra que estuvo 21 años perdida
La quitó Cacciatore; ayer se reinstaló


La Nacion, 1 de agosto de 2001



Veintiún años después de haber sido removida del lugar, la escultura Yaguareté fue ayer reinstalada en el Parque Chacabuco.

Tras deambular por el zoológico y los depósitos de la Dirección de Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad de Buenos Aires, la felina figura esculpida en 1935 por el artista Emilio Sarniguet fue recuperada y emplazada en lo que constituyó el último acto oficial del secretario de Medio Ambiente y Recursos Sustentables de la Ciudad, Norberto La Porta, que hoy le dejará el cargo a su sucesor, Eduardo Enrique Ricciuti, actual subsecretario del área.

La obra parecía perdida desde que el ex intendente porteño Osvaldo Cacciatore la removió, en 1980, año en el que empezó la construcción de la Autopista 25 de Mayo. La traza en cuestión le recortó espacio al parque y, de paso, extirpó del paseo la escultura.

Desde su salida del parque Chacabuco, el Yaguareté fue trasladado al Zoológico de la Ciudad, donde se quedó hasta que el Zoofue privatizado, a comienzos de la década del 90.

Luego fue enviada a la Dirección de Monumentos y Obras de Arte, donde se la dejó abandonada en algún depósito.

Finalmente, el año último fue rescatada entre esculturas archivadas.

Se la restauró y, una vez que se construyó el basamento, de casi 3000 kilos, se tomó la determinación de devolver la obra a su emplazamiento original.

Ayer, entonces, durante un acto oficial presidido por el secretario de Medio Ambiente, se la reinstaló en la entrada principal del paseo, en la avenida Asamblea y Emilio Mitre.

Veintiún años después, el Yaguareté volvió a su lugar original.

lunes 7 de junio de 2010

77 Obras Recuperadas

Recuperan 77 obras de arte robadas a un coleccionista


Habían sido robadas por una banda muy profesional. El botín incluía cuadros de Soldi, Berni, Butler y Spilimbergo. Lo hallaron en un galpón de Moreno, luego de una investigación de más de 6 meses.


Todo empezó en noviembre del año pasado. Un grupo comando -integrado por seis ladrones muy profesionales- entró a una fastuosa mansión que ocupa una manzana en Pilar. Los dueños no estaban y los asaltantes dominaron al personal de servicio y lo encerraron en una habitación. Luego, durante ocho horas, se dedicaron a saquear la casa: en dos camionetas se llevaron 82 obras de arte de autores consagrados, valuadas en casi cuatro millones de dólares.

Del hecho no se supo nada hasta ayer, cuando después de más de seis meses de investigación, cuatro personas fueron detenidas y 77 de esas obras fueron recuperadas en un galpón de Moreno. Los cuadros no estaban asegurados.

"Esta ha sido la recuperación de arte robado más importante en la historia del país", aseguró el comisario inspector Mario Bourrette, de Interpol. Las pinturas pertenecen al coleccionista Omar Joaquín Mantovani, un reconocido médico nutricionista (entre sus pacientes está Diego Armando Maradona).

Los ladrones robaron 31 cuadros de Antonio Berni, 11 de Raúl Soldi, dos de Spilimbergo (uno llamado "Joven" y valuado en 100 mil dólares), tres de Jorge El Arco, tres de Antonio Alice, dos de Reynaldo Giudici, dos de Horacio Butler, dos de Miguel Victorica, y uno de Emilio Centurión, entre otros.

De la casa de Mantovani se robaron, además, 75 mil dólares, 3.500 euros y 25 mil pesos en efectivo, esculturas de bronce, porcelanas, un cáliz de oro, un vestido de obispo con hilos de oro y varias figuras religiosas.

"Esta banda estaba dividida en tres células. Una hizo la inteligencia previa en la casa de Pilar. La segunda dio el golpe y se llevó las obras. La última era la encargada de venderlas. Los detenidos son los entregadores. El resto está identificado y con el correr de los días van a empezar a ser apresados", le contó a Clarín una fuente de Interpol.

El lunes 30 de noviembre a las 21.30, seis ladrones entraron a la mansión de Mantovani, que tiene una superficie de 5.000 metros cuadrados y cuatro entradas. En un sector de la residencia funciona un museo privado de unos 800 metros cuadrados.

"Durante más de 60 años mi familia acumuló obras de arte, fundamentalmente pinturas de artistas plásticos argentinos y porcelana europeas, de Francia y Australia. Con el correr del tiempo, mi madre construyó un museo privado", contó Mantovani a los investigadores judiciales.

Los ladrones, que no eran violentos, encerraron a los empleados del lugar y se dedicaron a sacar todas las obras de la casa, sin despreciar joyas ni dinero. Según el relato de uno de los empleados, un integrante de la banda parecía saber mucho de arte por la manera en que se refería a los cuadros.

Los asaltantes trabajaron con mucha tranquilidad. Cargaron dos camionetas con el botín y a las 5.30 del 1° de diciembre se fueron. "La banda contaba con información muy precisa. Sabía que el dueño de casa no estaba y cuántos empleados había en el lugar ese día y a esa hora", aseguraron fuentes del caso.

El robo no se dio a conocer. Enseguida, Interpol y la DDI de Pilar se pusieron a trabajar en el caso. Durante meses hicieron escuchas telefónicas y seguimientos.

Hasta que la semana pasada, en siete allanamientos realizados en Moreno, Pontevedra y Luján, pudieron detener a tres hombres y una mujer. Dos de los apresados -padre e hijo- son dueños de una joyería y tienen un excelente pasar económico.

Eduardo Ludueña, abogado de Mantovani. dijo a la agencia Télam que el tercer hombre que cayó había sido chofer del médico.

Ayer, con los datos aportados por los detenidos, la Policía llegó a un galpón ubicado en colectora de Acceso Oeste (mano a provincia) y Perú, en Moreno. El lugar había sido alquilado especialmente para guardar el botín. Todavía faltan recuperar cinco obras que, según los investigadores, habrían sido vendidas.

"La banda tenía la intención de vender las obras, pero al parecer no pudieron. Comercializar estas obras es difícil porque fueron denunciadas ante Interpol, que en su página de Internet sube cada una de las imágenes de las pinturas robadas", explicó a Clarín el subcomisario Marcelo El Haibe, jefe de la sección de Patrimonio Cultural de Interpol.


Leonardo de Corso
Revista Ñ, 16 de mayo de 2010

Problemas del 1910...

En 1910 ya preocupaban los mismos problemas que hoy


Se pensaba cómo descongestionar el tránsito en el Centro, ampliar el transporte público o limpiar el contaminado Riachuelo. También, construir viviendas sociales o vincular mejor la Ciudad con el río.


Por: Pablo Novillo



La llegada del Bicentenario plantea en muchos la necesidad de pensar qué país y qué ciudad queremos para los próximos cien años. Por eso, sirve recordar qué pensaban los hombres y mujeres de 1910 para cien años después, cómo imaginaban que sería puntualmente la Buenos Aires de hoy. Y pese a las innegables diferencias históricas, bien se podría sostener que, así como hubo muchos progresos, varios problemas que se diagnosticaron hace cien años siguen, lamentablemente, presentes en la actualidad. La necesidad de descongestionar el tránsito en el Centro, de ampliar la red de transportes públicos, encontrar soluciones habitacionales para los más pobres, combatir la contaminación del Riachuelo y vincular a la ciudad con un Río de la Plata al que se siempre se le dio la espalda ... ¿no son acaso temas de la agenda de hoy? También lo estaban en la del Centenario.

Ahora, ¿cómo era la Buenos Aires de 1910? Por lo pronto, grande. Gracias a la inmigración, para la época del Centenario la ciudad tenía una población que ya rondaba el 1,5 millón de habitantes. Estaba entre las ocho ciudades más pobladas del Mundo. La Reina del Plata tenía un centro, desde San Telmo hasta Palermo aproximadamente, densamente poblado. Si bien menos de la mitad del territorio estaba urbanizado, ya estaban en proceso de formación los actuales barrios del sur y el oeste, de la mano de acciones estatales y privadas de loteo de terrenos y construcción de viviendas que los obreros, maestros, empleados y otros miembros de lo que hoy sería una clase media podían comprar en cómodas cuotas.

El crecimiento desde el centro hacia los barrios era posible gracias a un elemento crucial: una enorme y densa red de tranvías, que permitía comunicar el centro con los sectores más alejados, en viajes que tardaban no mucho más que lo que se puede tardar hoy (obviamente, porque había menos tránsito).

Pero acaso el rasgo más distintivo de la época era la idea del progreso infinito e inevitable. Andrés Borthagaray, director ejecutivo del Consejo de Planeamiento Estratégico de la Ciudad señaló: "el punto más destacable de cómo se pensaba Buenos Aires hace 100 años, el que quizás más sorprende hoy en día, es la visión de futuro, la anticipación. A los primeros cambios en la infraestructura, cuando pasó de ser "la Gran Aldea" a la gran capital del Sur, le siguió una transformación urbana más completa".

El país tenía una economía agroexportadora integrada al mundo, y la Ciudad, con su "puerto en la puerta", era la conexión con la modernidad. Pero, ¿qué era la modernidad? Margarita Gutman, arquitecta y autora del libro "Buenos Aires, el poder de la anticipación. Imágenes itinerantes del futuro metropolitano en torno al Centenario", de próxima aparición, contó: "Existían dos modelos. Los arquitectos, ingenieros e intelectuales pensaban que Buenos Aires debía seguir el ejemplo de París, con sus amplias avenidas, parques y edificios con altura regulada. Pero en las revistas de la época, como Caras y Caretas o El Hogar, la idea del futuro estaba asociada a Nueva York. Se pensaba que Buenos Aires sería una ciudad de rascacielos, con autopistas y transportes que circularían en vías en distintos niveles, y hasta creían que los aviones iban a ser un medio de transporte intraurbano, cotidiano".

Entre estas ideas de modernidad se pensaba en abrir grandes avenidas y diagonales, que además de embellecer la ciudad solucionaran uno de los problemas que ya se sentían: la congestión del tránsito en el centro. Si bien la zona conflictiva eran los alrededores de la Plaza de Mayo, y hoy el área congestionada es mucho mayor, ya por entonces pensaban que algo había que hacer.

También se confiaba en los transportes públicos, pero desarrollados y mejorados. No en vano en 1909 se otorgó la concesión para la construcción de tres líneas de subte. Así, entre 1911 y 1913 construyeron los primeros seis kilómetros de la línea A. La Primera Guerra Mundial y la crisis del '30 frenaron el desarrollo, que recién se pudo completar a mediados del siglo XX. Hoy, los porteños siguen esperando, entre promesas y demoras, que se expanda la red.

De igual manera que se sigue esperando que se eliminen los pasos a nivel. El ingeniero Juan Pablo Martínez, especialista en transporte, explicó: "Para la época del Centenario ya se empezaba a considerar que a medida que la ciudad se siguiera expandiendo, las barreras de los trenes en los pasos a nivel iban a trabar el tránsito. Así se empezaron a pensar las obras que se hicieron algunos años después, como la construcción de viaductos en lo que ahora son los ferrocarriles Mitre, San Martín y Roca, y también el soterramiento del Sarmiento, que actualmente sigue trunco" (ver "El Sarmiento").

Con la misma anticipación, para 1915 se concreta la electrificación del ferrocarril Mitre. Hoy, algunos trenes urbanos, como el que va a La Plata, siguen sin ser eléctricos.

Otro tema crucial, en esa Buenos Aires de conventillos hacinados, era encontrar una solución que permitiera a los trabajadores de menores recursos acceder a sus viviendas. Cualquier parecido con los actuales problemas de urbanización de las villas no parece ser casualidad. Salvo que entonces había más acciones concretas: acaso gracias a que desde la época del Centenario ya se venía hablando del problema, en 1915 el diputado Juan Cafferata presentó el proyecto de ley para crear un plan de construcción de casas baratas, por el cual luego se construyeron los barrios Emilio Mitre, Varela, Segurola y otros. Hoy, por ejemplo, la Nación y la Ciudad siguen discutiendo qué hacer con una villa 31 que desde 2001 duplicó su población.

También la necesidad de vincular a la Ciudad con el río estaba entre los temas a solucionar. Alicia Novick, doctora en Historia de la arquitectura, comentó que "para la época se hablaba de construir una amplia avenida en la Costanera, y también de abrir la Plaza de Mayo para conectarla con el río".

Y si hablamos de problemas que parecen eternos, no podía faltar un clásico: el Riachuelo. "Ya para 1810, un decreto de la Primera Junta proponía discutir la podredumbre del río Matanzas, donde se volcaban los residuos de los saladeros. En 1910 se seguía pensando cómo solucionar la contaminación, y por ejemplo se propuso la rectificación del río, que se hizo entre 1910 y 1920. También pensaban que iba a ser necesario mejorar la conectividad de la ciudad con el territorio bonaerense construyendo puentes sobre el Riachuelo. Así, en la década del 30 se hicieron los de La Noria, Alsina, Victorino de la Plaza y otros", explicó el historiador Eduardo Lázzari. Ahora, cien años después, aún está pendiente la construcción del puente Roca-Patricios. w

Dos modelos para 2010, hace cien años. Arriba, la Ciudad proyectada como París, con amplias avenidas, parques y edificios con altura regulada. A la derecha, rascacielos, autopistas y transportes en niveles, según un dibujo de la revista P.B.T, y con Nueva York como modelo.


Clarin, 25 de Abril de 2010

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Paula Iglesias
Bibliotecaria