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martes 28 de diciembre de 2010
Quinquela, de La Boca a Recoleta
Quinquela, de La Boca a Recoleta
La imagen ocupa más superficie que alguno de los tantos departamentos que hay en la Ciudad: mide siete metros de alto por nueve de ancho. Es decir: 63 metros cuadrados. Y aunque está en un lugar público es casi desconocida para propios y extraños que, como diría la porteñísima Eladia Blázquez, cada día gastan en Buenos Aires las suelas, los miedos y el traje. Fue concebida bajo el título “Construcción de desagües” y es otro de los importantes trabajos que el gran Benito Quinquela Martín (1890-1977) legó al patrimonio cultural de los argentinos.
Ubicada en un marco digno de a su magnitud (el descanso de una monumental escalera del hall principal del edificio de Marcelo T. de Alvear 1840) fue pintada en 1937 aplicando óleo a pincel sobre diecisiete paneles de un aglomerado celulósico que luego fueron unidos sobre un soporte rígido.
En ese trabajo, el brillante artista que nació, vivió y murió en el barrio de La Boca, quiso rendir un homenaje a aquellos obreros que con su esforzada tarea construían los desagües de la Ciudad, una obra clave en la sanidad de cualquier lugar del mundo. Entonces, con su ojo acostumbrado a ver y reflejar con claridad el esfuerzo de los trabajadores, Quinquela Martín volvió a poner en imágenes algo tan valioso como es la cultura del trabajo.
Actualmente, el edificio pertenece al Poder Judicial de la Nación, donde funcionan distintos juzgados. Pero detrás tiene mucha historia. Destacándose en una de las ochavas del cruce de Marcelo Torcuato de Alvear con la avenida Callao, fue residencia de esa figura del radicalismo y ex presidente de la República entre 1922 y 1928. Dicen que aquella residencia monumental, acorde con la prosapia de su dueño, sirvió para albergar a grandes personalidades internacionales que fueron recibidas allí por Alvear y su esposa Regina Paccini, una artista que, entre otras obras, fue la promotora de la creación de la Casa del Teatro.
Después, el edificio pasó a Obras Sanitarias de la Nación, que instaló allí sus oficinas centrales. Inclusive, el escudo ornamental de esa empresa puede verse aún en su fachada principal. La privatización, que se produjo en 1993, hizo que recién en 2006 aquella espectacular residencia volviera a quedar bajo la órbita pública. En ese momento, la obra de Quinquela Martín mostraba un deterioro alarmante, máxime tratándose de un bien único e irremplazable. Entonces, un acuerdo entre AySA (la empresa continuadora y heredera de Obras Sanitarias), el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y el Poder Judicial permitió la restauración.
Ahora, “Construcción de desagües” luce como lo hacía en sus mejores tiempos y está a disposición de la mirada de todos aquellos que tengan ganas de pararse al pie de esa gran escalera de mármol y deleitarse descubriendo cada detalle de los esfuerzos que muestra.
Será una manera de descubrir un eslabón más de las cosas de la Secreta Buenos Aires. Esas que están a la vista y que no solemos ver, como suele pasar con los murales que los artistas Juan Carlos Castagnino, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa, Lino Enea Spilimbergo y Manuel Colmeiro hicieron en la cúpula central de las Galerías Pacífico, en Florida y la avenida Córdoba. El tema de esos trabajos es “El hombre y los elementos”. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
CLarin, 12 de Diciembre de 2010
La imagen ocupa más superficie que alguno de los tantos departamentos que hay en la Ciudad: mide siete metros de alto por nueve de ancho. Es decir: 63 metros cuadrados. Y aunque está en un lugar público es casi desconocida para propios y extraños que, como diría la porteñísima Eladia Blázquez, cada día gastan en Buenos Aires las suelas, los miedos y el traje. Fue concebida bajo el título “Construcción de desagües” y es otro de los importantes trabajos que el gran Benito Quinquela Martín (1890-1977) legó al patrimonio cultural de los argentinos.
Ubicada en un marco digno de a su magnitud (el descanso de una monumental escalera del hall principal del edificio de Marcelo T. de Alvear 1840) fue pintada en 1937 aplicando óleo a pincel sobre diecisiete paneles de un aglomerado celulósico que luego fueron unidos sobre un soporte rígido.
En ese trabajo, el brillante artista que nació, vivió y murió en el barrio de La Boca, quiso rendir un homenaje a aquellos obreros que con su esforzada tarea construían los desagües de la Ciudad, una obra clave en la sanidad de cualquier lugar del mundo. Entonces, con su ojo acostumbrado a ver y reflejar con claridad el esfuerzo de los trabajadores, Quinquela Martín volvió a poner en imágenes algo tan valioso como es la cultura del trabajo.
Actualmente, el edificio pertenece al Poder Judicial de la Nación, donde funcionan distintos juzgados. Pero detrás tiene mucha historia. Destacándose en una de las ochavas del cruce de Marcelo Torcuato de Alvear con la avenida Callao, fue residencia de esa figura del radicalismo y ex presidente de la República entre 1922 y 1928. Dicen que aquella residencia monumental, acorde con la prosapia de su dueño, sirvió para albergar a grandes personalidades internacionales que fueron recibidas allí por Alvear y su esposa Regina Paccini, una artista que, entre otras obras, fue la promotora de la creación de la Casa del Teatro.
Después, el edificio pasó a Obras Sanitarias de la Nación, que instaló allí sus oficinas centrales. Inclusive, el escudo ornamental de esa empresa puede verse aún en su fachada principal. La privatización, que se produjo en 1993, hizo que recién en 2006 aquella espectacular residencia volviera a quedar bajo la órbita pública. En ese momento, la obra de Quinquela Martín mostraba un deterioro alarmante, máxime tratándose de un bien único e irremplazable. Entonces, un acuerdo entre AySA (la empresa continuadora y heredera de Obras Sanitarias), el Ministerio de Economía y Finanzas Públicas y el Poder Judicial permitió la restauración.
Ahora, “Construcción de desagües” luce como lo hacía en sus mejores tiempos y está a disposición de la mirada de todos aquellos que tengan ganas de pararse al pie de esa gran escalera de mármol y deleitarse descubriendo cada detalle de los esfuerzos que muestra.
Será una manera de descubrir un eslabón más de las cosas de la Secreta Buenos Aires. Esas que están a la vista y que no solemos ver, como suele pasar con los murales que los artistas Juan Carlos Castagnino, Antonio Berni, Demetrio Urruchúa, Lino Enea Spilimbergo y Manuel Colmeiro hicieron en la cúpula central de las Galerías Pacífico, en Florida y la avenida Córdoba. El tema de esos trabajos es “El hombre y los elementos”. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
CLarin, 12 de Diciembre de 2010
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Arte,
Barrio de La Boca,
Barrio de Recoleta
Nueva sede del Hospital Italiano
Nuevo edificio ecológico para el tradicional Hospital Italiano
El Hospital Italiano, que acaba de cumplir 157 años, inauguró ayer un nuevo edificio central que se suma así a la sede tradicional de Almagro. La flamante construcción, con ocho niveles y 15 mil m2 de superficie cubierta, fue totalmente desarrollado bajo la premisa de sustentabilidad edilicia, que lo hace amigable con el medioambiente . Ubicado sobre la entrada de Perón 4190, el flamante sector dispone de una nueva central de emergencias y más espacio para Terapia Intensiva, que ahora tendrá más consultorios y tecnología de avanzada. Para acompañar esos cambios, también se incorporaron angiógrafos, tomógrafos, mamógrafos y ecógrafos digitales para las diferentes áreas del hospital.
El nuevo edificio ya está funcionando y se comunica con las otras estructuras a través de varios puentes. La obra nació con el objetivo de mejorar la calidad de atención en las más de 2,5 millones de consultas ambulatorias que se reciben por año, y brindar servicios médicos de alta complejidad. Y con ese objetivo no sólo se separaron las áreas públicas de las técnicas, sino que también se ubicó a cada una de las áreas en plantas propias, con salas más modernas, más amplias y mejor equipadas.
Como gran novedad, el nuevo edificio se destaca por ser ecoeficiente , es decir que el proyecto contempló materiales y tecnologías pensados para cuidar el entorno y permitir el ahorro de energía, tanto desde la etapa de construcción como en el armado de la infraestructura. El armado de hormigón, por ejemplo, utilizó planchuelas metálicas y de goma. Además, se recurrió al riego en forma constante para no levantar polvo y proteger las zonas aledañas al hospital. También se trabajó con el uso responsable de la energía. Y se incrementó un 35% la capacidad del hospital en el área de cuidados intensivos, que pasó de tener 28 a 38 camas disponibles.
Las obras se extendieron durante 17 meses y no afectaron la atención de pacientes. A su vez, el costo total de la intervención ascendió a 117 millones de pesos, y se prevén otros 40 millones de pesos más para equipar otros quirófanos y áreas específicas. Durante el acto de inauguración, el presidente de la institución, Franco Livini, recordó “a aquellos italianos que iniciaron el crecimiento del hospital, estableciendo como meta la asistencia, la investigación y la docencia”. Y el embajador Guido La Tella sostuvo que la labor que realiza el hospital “refuerza la relación de Argentina con Italia y el compromiso mutuo con la investigación científica”.
Además de Livini, también participaron el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur; su par porteño, Jorge Lemus, y Atilio Migues, director Médico del Italiano. “Este nuevo edificio permitirá responder la creciente demanda en las consultas, con equipos de última generación y excelentes profesionales”, expresó Manzur, e instó a los sectores público y privado de la salud a trabajar en conjunto para usar en forma “racional” los recursos y “eliminar” las listas de espera de niños con cardiopatías congénitas.
Romina Smith
Clarin, 17 de Diciembre de 2010
El Hospital Italiano, que acaba de cumplir 157 años, inauguró ayer un nuevo edificio central que se suma así a la sede tradicional de Almagro. La flamante construcción, con ocho niveles y 15 mil m2 de superficie cubierta, fue totalmente desarrollado bajo la premisa de sustentabilidad edilicia, que lo hace amigable con el medioambiente . Ubicado sobre la entrada de Perón 4190, el flamante sector dispone de una nueva central de emergencias y más espacio para Terapia Intensiva, que ahora tendrá más consultorios y tecnología de avanzada. Para acompañar esos cambios, también se incorporaron angiógrafos, tomógrafos, mamógrafos y ecógrafos digitales para las diferentes áreas del hospital.
El nuevo edificio ya está funcionando y se comunica con las otras estructuras a través de varios puentes. La obra nació con el objetivo de mejorar la calidad de atención en las más de 2,5 millones de consultas ambulatorias que se reciben por año, y brindar servicios médicos de alta complejidad. Y con ese objetivo no sólo se separaron las áreas públicas de las técnicas, sino que también se ubicó a cada una de las áreas en plantas propias, con salas más modernas, más amplias y mejor equipadas.
Como gran novedad, el nuevo edificio se destaca por ser ecoeficiente , es decir que el proyecto contempló materiales y tecnologías pensados para cuidar el entorno y permitir el ahorro de energía, tanto desde la etapa de construcción como en el armado de la infraestructura. El armado de hormigón, por ejemplo, utilizó planchuelas metálicas y de goma. Además, se recurrió al riego en forma constante para no levantar polvo y proteger las zonas aledañas al hospital. También se trabajó con el uso responsable de la energía. Y se incrementó un 35% la capacidad del hospital en el área de cuidados intensivos, que pasó de tener 28 a 38 camas disponibles.
Las obras se extendieron durante 17 meses y no afectaron la atención de pacientes. A su vez, el costo total de la intervención ascendió a 117 millones de pesos, y se prevén otros 40 millones de pesos más para equipar otros quirófanos y áreas específicas. Durante el acto de inauguración, el presidente de la institución, Franco Livini, recordó “a aquellos italianos que iniciaron el crecimiento del hospital, estableciendo como meta la asistencia, la investigación y la docencia”. Y el embajador Guido La Tella sostuvo que la labor que realiza el hospital “refuerza la relación de Argentina con Italia y el compromiso mutuo con la investigación científica”.
Además de Livini, también participaron el ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur; su par porteño, Jorge Lemus, y Atilio Migues, director Médico del Italiano. “Este nuevo edificio permitirá responder la creciente demanda en las consultas, con equipos de última generación y excelentes profesionales”, expresó Manzur, e instó a los sectores público y privado de la salud a trabajar en conjunto para usar en forma “racional” los recursos y “eliminar” las listas de espera de niños con cardiopatías congénitas.
Romina Smith
Clarin, 17 de Diciembre de 2010
Facultad de Cs Sociales
Una ex fábrica de galletitas, nueva sede de Ciencias Sociales
A partir de marzo, 8000 estudiantes cursarán sus carreras en un edificio en Constitución
"Cuando nos mudamos hace tres años acá no había nada. Y todavía faltan algunas cosas. Un buen comedor, la biblioteca... y hasta hoy tampoco teníamos ascensores", contó a La Nacion María Teresita Bouilly, de 26 años, con el pelo y el cuerpo cubiertos de harina y papelitos de colores.
Ella y varios compañeros acababan de recibir, anteayer, la tradicional "manteada" luego de dar el último examen para la licenciatura en Trabajo Social en la vereda del edificio donde funcionó la fábrica Terrabusi, en el barrio de Constitución. En ese mismo momento, y sorteando el festejo de los estudiantes, ingresaban al edificio autoridades del área educativa, docentes y representantes sindicales.
"Este es un momento emblemático, una suerte de inauguración anticipada", dijo minutos después la vicedecana de Ciencias Sociales, Adriana Clemente, durante el acto por la finalización de la segunda etapa de reformas del inmueble, que está destinado a ser la sede de las cinco carreras y posgrados de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
La ex planta de la tradicional empresa de galletitas y golosinas, de más de 30.000 metros cuadrados, contaba con un subsuelo y un primer piso con acceso por las calles San José, Santiago del Estero, Humberto Primo y Carlos Calvo. Ahora tiene en total cinco niveles (subusuelo, planta baja y tres pisos) y se reconstruyeron unos 13.000 m2. Alberga 60 aulas y un auditorio para 250 perrsonas.
Edificios colapsados
El de ayer fue un paso clave en una historia con varios capítulos. En 2002, durante la gestión como rector de la UBA de Guillermo Jaim Etcheverry, se compró el inmueble y, después de reclamos de docentes y estudiantes de Ciencias Sociales, en 2003, comenzaron las obras.
Desde mediados de los 80, las carreras de Sociología y Ciencias Políticas se dictaban en la ex maternidad de Marcelo T. de Alvear al 2200. A ellas se sumaron Relaciones del Trabajo, Ciencias de la Comunicación y Trabajo social. Pero esa sede no dio abasto. Por tal razón, desde 1997, Ciencias de la Comunicación y Ciencias Políticas pasaron a dictarse en una sede de la UBA en Parque Centenario.
Desde marzo próximo, los 8000 estudiantes de esas dos últimas carreras cursarán en Constitución. Los casi 4500 estudiantes de Comunicación serán los más beneficiados. De tener cinco aulas-estudio pasarán a disponer de trece, cuatro de las cuales son estudios de radio y dos de TV.
Una vez terminada la tercera etapa, que se iniciaría luego de las licitaciones que se abrirán en enero, la de Constitución será la única sede para las carreras de esa facultad. Se convertirá así en la mayor instalación de la UBA desde la construcción de Ciudad Universitaria, en la época de Arturo Frondizi.
La primera etapa, donde se construyeron 3500 m2, duró casi cuatro años. La segunda había comenzado a principios de 2009 y luego de otros reclamos de docentes y estudiantes. La tercera etapa, que abarcará 18.000 metros cuadrados, se iniciará en 2011 pero no cuándo se terminará, según afirmó el decano de Sociales, Sergio Caletti.
El costo total de la obra se estima en unos 90 millones de pesos, que provee el programa de infraestructura del Ministerio de Planificación Federal que conduce Julio de Vido.
"Por primera vez la facultad de Ciencias Sociales -que tiene 22 años- tendrá un edificio digno, bello, adecuado; siempre estuvimos en condiciones precarias", dijo conmovido el primer decano de Sociales, Mario Margulis. "Este edificio nos permitirá otra vez estar todos juntos. Ojalá podamos conservarlo en su aspecto físico como está ahora", agregó.
Durante el acto, Caletti agradeció los esfuerzos del ex decano de Sociales, Federico Shuster, para hacer realidad el nuevo edificio, que fue posible, dijo "con el apoyo lento pero firme del rectorado de la UBA", ninguno de cuyos funcionarios participó del festejo.
Silvina Premat
La Nacion, 23 de Diciembre de 2010
A partir de marzo, 8000 estudiantes cursarán sus carreras en un edificio en Constitución
"Cuando nos mudamos hace tres años acá no había nada. Y todavía faltan algunas cosas. Un buen comedor, la biblioteca... y hasta hoy tampoco teníamos ascensores", contó a La Nacion María Teresita Bouilly, de 26 años, con el pelo y el cuerpo cubiertos de harina y papelitos de colores.
Ella y varios compañeros acababan de recibir, anteayer, la tradicional "manteada" luego de dar el último examen para la licenciatura en Trabajo Social en la vereda del edificio donde funcionó la fábrica Terrabusi, en el barrio de Constitución. En ese mismo momento, y sorteando el festejo de los estudiantes, ingresaban al edificio autoridades del área educativa, docentes y representantes sindicales.
"Este es un momento emblemático, una suerte de inauguración anticipada", dijo minutos después la vicedecana de Ciencias Sociales, Adriana Clemente, durante el acto por la finalización de la segunda etapa de reformas del inmueble, que está destinado a ser la sede de las cinco carreras y posgrados de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
La ex planta de la tradicional empresa de galletitas y golosinas, de más de 30.000 metros cuadrados, contaba con un subsuelo y un primer piso con acceso por las calles San José, Santiago del Estero, Humberto Primo y Carlos Calvo. Ahora tiene en total cinco niveles (subusuelo, planta baja y tres pisos) y se reconstruyeron unos 13.000 m2. Alberga 60 aulas y un auditorio para 250 perrsonas.
Edificios colapsados
El de ayer fue un paso clave en una historia con varios capítulos. En 2002, durante la gestión como rector de la UBA de Guillermo Jaim Etcheverry, se compró el inmueble y, después de reclamos de docentes y estudiantes de Ciencias Sociales, en 2003, comenzaron las obras.
Desde mediados de los 80, las carreras de Sociología y Ciencias Políticas se dictaban en la ex maternidad de Marcelo T. de Alvear al 2200. A ellas se sumaron Relaciones del Trabajo, Ciencias de la Comunicación y Trabajo social. Pero esa sede no dio abasto. Por tal razón, desde 1997, Ciencias de la Comunicación y Ciencias Políticas pasaron a dictarse en una sede de la UBA en Parque Centenario.
Desde marzo próximo, los 8000 estudiantes de esas dos últimas carreras cursarán en Constitución. Los casi 4500 estudiantes de Comunicación serán los más beneficiados. De tener cinco aulas-estudio pasarán a disponer de trece, cuatro de las cuales son estudios de radio y dos de TV.
Una vez terminada la tercera etapa, que se iniciaría luego de las licitaciones que se abrirán en enero, la de Constitución será la única sede para las carreras de esa facultad. Se convertirá así en la mayor instalación de la UBA desde la construcción de Ciudad Universitaria, en la época de Arturo Frondizi.
La primera etapa, donde se construyeron 3500 m2, duró casi cuatro años. La segunda había comenzado a principios de 2009 y luego de otros reclamos de docentes y estudiantes. La tercera etapa, que abarcará 18.000 metros cuadrados, se iniciará en 2011 pero no cuándo se terminará, según afirmó el decano de Sociales, Sergio Caletti.
El costo total de la obra se estima en unos 90 millones de pesos, que provee el programa de infraestructura del Ministerio de Planificación Federal que conduce Julio de Vido.
"Por primera vez la facultad de Ciencias Sociales -que tiene 22 años- tendrá un edificio digno, bello, adecuado; siempre estuvimos en condiciones precarias", dijo conmovido el primer decano de Sociales, Mario Margulis. "Este edificio nos permitirá otra vez estar todos juntos. Ojalá podamos conservarlo en su aspecto físico como está ahora", agregó.
Durante el acto, Caletti agradeció los esfuerzos del ex decano de Sociales, Federico Shuster, para hacer realidad el nuevo edificio, que fue posible, dijo "con el apoyo lento pero firme del rectorado de la UBA", ninguno de cuyos funcionarios participó del festejo.
Silvina Premat
La Nacion, 23 de Diciembre de 2010
Etiquetas:
Barrio de Constitucion
jueves 23 de diciembre de 2010
Ampliacion del Casco Historico
Con más protección patrimonial, ampliaron el Casco Histórico
También se votó la prórroga a la ley que protege a los edificios anteriores a 1941.
La Legislatura aprobó ayer un paquete de leyes tendientes a proteger el patrimonio arquitectónico de la Ciudad de Buenos Aires. Fue en medio de una sesión –la última del año del período ordinario– con clima enrarecido por los hechos de violencia del sur de la Ciudad.
Una de las normas prorrogó la protección de los edificios más antiguos de la Ciudad y otra amplió el casco histórico a la zona de la City porteña. Al cierre de esta edición los legisladores se aprestaban a aprobar una ley para impedir la demolición de La Cuadra, el antiguo stud de estilo francés, y el edificio contiguo, La Imprenta, en Palermo.
Por un lado se votó prórroga por un año más de la norma que actualmente protege todos los edificios anteriores a 1941, cuya vigencia iba a quedar sin efecto el 31 de este mes. Esta ley dispone que aquel propietario que pretenda demoler un inmueble con más de 70 años debe pasar por el filtro de un dictamen de un Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP), integrado por organizaciones públicas y privadas.
En cuanto al Casco Histórico, los diputados decidieron proteger la zona de la City porteña , entre Plaza de Mayo y Plaza San Martín. Así, se prohibirá demoler edificios históricos y se limitarán la altura y la forma de los que se construyan. La norma es de doble lectura, por lo que, para entrar en vigencia, deberá ser ratificada por los diputados en una nueva votación.
Hasta hoy, el casco histórico de Buenos tiene unas 60 manzanas. Los límites son Rivadavia, desde Riobamba hasta el Bajo, luego Paseo Colón hasta el Parque Lezama incluido, Defensa hasta Caseros, y luego por Perú hasta Avenida de Mayo. Incluye el centro de San Telmo y Monserrat.
Luego de que en los últimos años varias organizaciones vecinales protestaran contra el avance de la construcción de torres, y puntualmente contra el peligro de que se pierda parte del patrimonio de la Ciudad, la Legislatura empezó a estudiar modificaciones.
La iniciativa aprobada creó la zona “APH Catedral al Norte”, unas 34 manzanas desde Rivadavia hasta Plaza San Martín y desde Florida hasta Leandro N. Alem. “Esta zona incluye a unos 200 edificios con valor histórico.
¿Qué implica declarar un Area de Protección Histórica? Por un lado, protege a los edificios con valor patrimonial, en tres diferentes grados: protección Cautelar (se pueden hacer remodelaciones pero no tocar la fachada, por ejemplo), estructural (se permiten sólo cambios menores, como arreglos en las carpinterías), o integral (no se lo puede alterar, como pasa con el Cabildo).
Pero también pone fuertes limitaciones para las nuevas construcciones. En primer lugar, ningún edificio podría superar la altura del de valor histórico que haya en esa cuadra. Esta sola medida ya desalienta que los desarrolladores inmobiliarios quieran invertir en la zona. Por otra parte, las construcciones nuevas deberían respetar la estética, las líneas constructivas de los edificios antiguos, por ejemplo no podrían hacer balcones corridos. Pero además se restringirían otras cuestiones: se prohibiría que los comercios tuvieran marquesinas, o se obligaría a que las “cajas” de los servicios sean soterradas.
La sanción de la Legislatura fue de “primera lectura”. Como se trata de modificaciones al Código de Planeamiento, la ley obliga a realizar una audiencia pública y luego una segunda sanción.
Daniel Gutman
Clarin, 14 de diciembre de 2010
También se votó la prórroga a la ley que protege a los edificios anteriores a 1941.
La Legislatura aprobó ayer un paquete de leyes tendientes a proteger el patrimonio arquitectónico de la Ciudad de Buenos Aires. Fue en medio de una sesión –la última del año del período ordinario– con clima enrarecido por los hechos de violencia del sur de la Ciudad.
Una de las normas prorrogó la protección de los edificios más antiguos de la Ciudad y otra amplió el casco histórico a la zona de la City porteña. Al cierre de esta edición los legisladores se aprestaban a aprobar una ley para impedir la demolición de La Cuadra, el antiguo stud de estilo francés, y el edificio contiguo, La Imprenta, en Palermo.
Por un lado se votó prórroga por un año más de la norma que actualmente protege todos los edificios anteriores a 1941, cuya vigencia iba a quedar sin efecto el 31 de este mes. Esta ley dispone que aquel propietario que pretenda demoler un inmueble con más de 70 años debe pasar por el filtro de un dictamen de un Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP), integrado por organizaciones públicas y privadas.
En cuanto al Casco Histórico, los diputados decidieron proteger la zona de la City porteña , entre Plaza de Mayo y Plaza San Martín. Así, se prohibirá demoler edificios históricos y se limitarán la altura y la forma de los que se construyan. La norma es de doble lectura, por lo que, para entrar en vigencia, deberá ser ratificada por los diputados en una nueva votación.
Hasta hoy, el casco histórico de Buenos tiene unas 60 manzanas. Los límites son Rivadavia, desde Riobamba hasta el Bajo, luego Paseo Colón hasta el Parque Lezama incluido, Defensa hasta Caseros, y luego por Perú hasta Avenida de Mayo. Incluye el centro de San Telmo y Monserrat.
Luego de que en los últimos años varias organizaciones vecinales protestaran contra el avance de la construcción de torres, y puntualmente contra el peligro de que se pierda parte del patrimonio de la Ciudad, la Legislatura empezó a estudiar modificaciones.
La iniciativa aprobada creó la zona “APH Catedral al Norte”, unas 34 manzanas desde Rivadavia hasta Plaza San Martín y desde Florida hasta Leandro N. Alem. “Esta zona incluye a unos 200 edificios con valor histórico.
¿Qué implica declarar un Area de Protección Histórica? Por un lado, protege a los edificios con valor patrimonial, en tres diferentes grados: protección Cautelar (se pueden hacer remodelaciones pero no tocar la fachada, por ejemplo), estructural (se permiten sólo cambios menores, como arreglos en las carpinterías), o integral (no se lo puede alterar, como pasa con el Cabildo).
Pero también pone fuertes limitaciones para las nuevas construcciones. En primer lugar, ningún edificio podría superar la altura del de valor histórico que haya en esa cuadra. Esta sola medida ya desalienta que los desarrolladores inmobiliarios quieran invertir en la zona. Por otra parte, las construcciones nuevas deberían respetar la estética, las líneas constructivas de los edificios antiguos, por ejemplo no podrían hacer balcones corridos. Pero además se restringirían otras cuestiones: se prohibiría que los comercios tuvieran marquesinas, o se obligaría a que las “cajas” de los servicios sean soterradas.
La sanción de la Legislatura fue de “primera lectura”. Como se trata de modificaciones al Código de Planeamiento, la ley obliga a realizar una audiencia pública y luego una segunda sanción.
Daniel Gutman
Clarin, 14 de diciembre de 2010
martes 21 de diciembre de 2010
Bar La Perla
El histórico bar La Perla se reabrió para el rock
Una balsa para los nuevos náufragos de Buenos Aires
Lo que ayer fue la pizzería de Once en cuyo baño Tanguito compuso “La balsa”, hoy es un coqueto espacio en el que hay programados shows de Javier Martínez, Alejandro Medina, Ricardo Soulé, Claudia Puyó, Alejandro Del Prado y Miguel Cantilo.
Fogliatta, García, Puyó, Cipolatti, Cantilo, Quiroga, Martínez y Soulé brindan en La Perla, con fotos de Abuelo, Nebbia y Tanguito detrás.
Una cosa es la “bostalgia” y otra el revisionismo histórico aplicado al rock argentino, sería la posible conclusión de lo que Javier Martínez intenta decir. Es lunes 22 de noviembre –Día de la Música– y el feriado gris, solitario y lluvioso tiene su antípoda de color y sonido. La Perla de Once, donde Litto Nebbia y Tanguito –Ramses VII, para ser más exactos– compusieron “La balsa”, luce resignificada. Mucho más pequeña y más sofisticada, claro, que la pizzería antigua que mezclaba bohemios, artistas y estudiantes de filosofía cuando el rock era un granito en el arenero cultural de la Buenos Aires de entonces. Donde había resaca y sueños, ahora hay cerveza, sandwiches de miga, pizza, vino y calentitos deliciosos. Donde llegaba Sandro y pagaba el desayuno a los náufragos con hambre y bolsillos agujereados, ahora hay un bar bien iluminado, decorado con fotos de época, y una generosa invitación a cargo de los nuevos dueños. Donde había rock “camuflado” y con guitarras desafinadas, ahora hay rock explícito y consagrado. Donde estaban Tanguito, Martínez, Nebbia, Alejando Medina, Miguel Abuelo y Moris, ahora están algunos de ellos –dos de los Manal–, más Claudia Puyó, Miguel Cantilo, Alejandro del Prado, Pipo Cipollatti, Rodolfo García, Willy Quiroga y Ricardo Soulé.
Así transcurre, feliz, la reapertura del viejo bar al rock, y así motiva la paradojal referencia de Martínez, local aquí desde siempre. “Bostalgia... La nostalgia para mí es bosta, se escribe con ‘b’. A mí me interesa mirar para adelante y no me voy a anotar en ninguna movida de bostalgia, pero este ciclo no lo es... No se pusieron a hacer la nostalgia de La Perla y todo eso. Por eso vine y acepté participar, porque no es una cosa para decadentes con el alma muerta, que miran para atrás. Los ojos no están en la nuca, están adelante”, sentencia el hombre de los lentes gruesos que alguna vez escribió “Avellaneda Blues”, caminando de madrugada por las vías suburbanas. Ex baterista, cantante y compositor de uno de los grupos pioneros del rock argentino, Martínez será el encargado de abrir el ciclo al público mañana a las 21.30, en el reducto de Jujuy y Rivadavia, y repetirá el próximo viernes junto a su nuevo trío: Maxi Delli Carpini en guitarra y Claudio Pallota en batería. “Voy a tocar con mi nueva formación temas de Manal, temas solistas y temas nuevos como ‘El blues de Pappo’, ‘La máquina del oro’ y ‘Positivo’, que ya están en Internet antes de que salga el disco”, anuncia Martínez. Otro de los que fundaron Manal y curtió La Perla mediando los ’60, Alejandro Medina, también está contemplado en la programación junto a su Medinight Band, para los viernes 17 y 24 de diciembre. Y ambos charlan juntos en una de las mesas del fondo. “Hablamos, pero no vamos a tocar juntos”, coinciden, frente a la esperanza espontánea que se había suscitado entre periodistas y algún que otro eterno seguidor.
La programación artística, a cargo del ex Almendra y Aquelarre Rodolfo García, contiene también a Del Prado (sábado 27), Puyó (sábado 4 de diciembre), Cantilo (sábado 11) y Soulé (sábado 18). “Una cosa es la ‘bostalgia’ –insiste Martínez–, pero no se puede decir que éste es un lugar más para tocar. Este es un lugar histórico, simbólico, y me encanta que se programen todos estos shows. Está bueno que los nuevos dueños hayan tomado conciencia de que este nombre es figura de la historia del rock nacional, pero resignificado en una etapa nueva. Ojo, no tengo nada personal contra la nostalgia, lo único que digo es que no la practico.” La charla relajada entre Medina y Martínez sorprende menos que otra juntada provocada por la magia del lugar: Willy Quiroga y Ricardo Soulé, distanciados hace tiempo, suben a tocar juntos una versión de “Libros sapienciales” y otra de “Presente”. Dedican el gesto al recientemente fallecido Rubén Basoalto y le abren una hendija a un posible retorno de Vox Dei, si es que existe baterista que pueda reemplazarlo. “Hay que recordarlo siempre bien a Rubén... El fue el que hizo todo lo posible para que Vox Dei sea lo que fue para la historia del rock”, se emociona Willy. “Esta reapertura es una oportunidad maravillosa para poder compartir esta situación con estos músicos emblemáticos, aunque sea un ratito en esta ciudad tan maravillosa que nos dio la posibilidad de ser músicos de rock, una cosa insólita en aquella época”, sostiene Soulé, sobre la reinauguración del mítico espacio, mientras Del Prado hace su versión de “Los locos de Buenos Aires”, la Puyó recrea a Pescado Rabioso y Cipollati, provocador, toca el “Himno a Sarmiento”, justo en el día de la batalla de la Vuelta de Obligado. “Yo no toco canciones de otros, pero ésta la sé”, ironiza desde el micrófono, dándole la espalda a un retrato de Leopoldo Marechal.
Viene al caso. Mucho antes –por lo menos 40 años– de que La Perla se convirtiera en parte de la tríada-hervidero que junto a La Cueva y el Instituto Di Tella configuró el under de los ’60, el ahora bar notable fue ámbito de encuentro, literatura y café entre dos escritores que luego (se) bifurcarían por sus estéticas, cosmovisiones e ideales políticos: Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal, con Macedonio Fernández –que también tiene su foto en el reducto de Once– como nexo y anfitrión. Fue, entonces, ese aire de “vanguardia estética” y punto de encuentro el que motivó, además de las condiciones de inclusión y tolerancia de los viejos dueños, el arribo de los primeros rockers cuando cerca de las 4 de la mañana dejaban La Cueva y caminaban unas quince cuadras hacia el sur de la ciudad. “La verdad es que veníamos acá porque era el único lugar abierto a esa hora. Bah, en realidad también había uno abierto acá enfrente, pero no nos daban ni cinco de bola. Además, La Perla estaba lleno de estudiantes femeninas de Filosofía y Letras, pibas muy lindas que además nos daban pelota”, se ríe Martínez.
El ex Manal evoca la pizzería de entonces como un lugar “cuatro o cinco veces” más grande que el hoy y con un efecto de reverberación “natural” que los tentaba a componer algunos bocetos de los que después se transformarían en clásicos del rock en castellano. “Había que atravesar un pasillo muy largo para llegar al baño. Era angosto, pero tenía como 20 metros, y era antiguo. En ese pasillo había una reverberación, y Tanguito se ponía de cuclillas para tocar la viola y cantar aprovechando el efecto reverb, que era el mismo que usaba Elvis Presley, cuando grababan los temas con un micrófono y un parlante en el baño de la Sun Records. Esa era la cámara de reverberación de Elvis y Tanguito la usaba acá (risas). Así lo vi, ésa es la foto. En realidad, el único que traía una viola era él, y nosotros se la pedíamos para tocar un tema cada uno. Si vas a cualquier casa y te metes en el baño, los azulejos te van a dar un reverb parecido a éste, ¡y este pasillo tenía azulejos hasta el techo!”, evoca Martínez, que poco después logró meter a José Alberto Iglesias en un estudio para grabar el único LP del poeta truncado, el del famoso loop “En el baño de la Perla de Once compusiste ‘La balsa’”. “Yo vi a Tanguito componiendo ‘La balsa’”, reasegura Martínez.
“Y yo conocí la anécdota por esos tiempos. Escuché a Javier diciéndole eso durante la grabación”, engancha Quiroga. “Además, nosotros, los Vox Dei, no conocimos La Perla. Lo que pasa es que estábamos en Quilmes, y armar una banda de rock en Quilmes y pensar en venir a Capital en ese tiempo era una locura, era como ir a la Luna de rodillas (risas). La primera vez que tocamos en Capital fue en el Teatro Payró y después empezamos a cantar en castellano gracias a una recomendación de (Luis Alberto) Spinetta. No tuvimos la suerte de conocer La Perla, pero sí conocimos La Cueva que armó Sandro acá cerca, que fue donde tocamos con el torso desnudo... Una locura, una especie de sacudón.” “Claro, nosotros no conocimos La Perla porque cuando llegamos a esta ciudad fuimos a La Cueva de Sandro, que estaba en Rivadavia, y recién ahí enganchamos –tercia Soulé–. Pero este lugar tenía una importancia que nosotros hasta ese momento desconocíamos. Hasta que, con el devenir de los acontecimientos, empezamos a enterarnos. Cuando nos casamos con Graciela vivíamos a seis cuadras de acá. Era 1970, y muchas veces venían a visitarnos Tanguito, Spinetta y Javier... Digamos que la conocimos a través de su clientela (risas). Y bueno, La Perla significaba un planteo social distinto al que nosotros estábamos acostumbrados, porque allá en el sur no teníamos un lugar donde converger. Primero, porque éramos muy pocos, y segundo porque el rock no había anidado, el rock anidó en estos barrios porteños que habían sido barrios de tango, y por alguna razón eso pasó al rock.”
Punto neurálgico, epicentro de poesía beat “a la criolla”, del hippismo y de contracultura epocal, baño solitario donde Nebbia detectó a Tanguito esbozando algo así como “Estoy muy solo y triste acá, en este mundo de mierda” y le completó la canción –que luego, junto a “Ayer Nomás” de Moris y Pipo Lernoud, vendería 200 mil copias como parte del primer simple de Los Gatos en 1967–, el bar fue caldo de cultivo para otras grandes canciones del rock: “Jugo de tomate”, por caso. O “El hombre restante”, que Tanguito –o el sello que lo editó– ubicaron como Lado B de su primer simple –el A era “La princesa dorada”–. Con los años, La Perla se transformó en mito, hasta que el revisionismo de los últimos años lo terminó transformando en Sitio de Interés Cultural, en 1994 para, 13 años después, descubrir una placa legitimadora en honor a “La balsa”. “Escribí acá la mayoría de los temas de Manal –rememora Martínez, sin ‘bostalgia’–. Acá y en las calles, porque mi música siempre fue bien callejera. Con Tango y los demás nos mandábamos al fondo de todo y con una guitarrita hacíamos temas, mientras tomábamos café con leche. Andábamos con un cuadernito en el bolsillo anotando letras y acordes, y para lo único que salíamos era para comprar medialunas enfrente, porque eran más baratas y ricas que las de acá. Después, cuando se hacía de día, nos tomábamos el tren y nos íbamos a Caseros, a la casa de Tango.”
Pagina 12, 25 de Noviembre 2010
Una balsa para los nuevos náufragos de Buenos Aires
Lo que ayer fue la pizzería de Once en cuyo baño Tanguito compuso “La balsa”, hoy es un coqueto espacio en el que hay programados shows de Javier Martínez, Alejandro Medina, Ricardo Soulé, Claudia Puyó, Alejandro Del Prado y Miguel Cantilo.
Fogliatta, García, Puyó, Cipolatti, Cantilo, Quiroga, Martínez y Soulé brindan en La Perla, con fotos de Abuelo, Nebbia y Tanguito detrás.
Una cosa es la “bostalgia” y otra el revisionismo histórico aplicado al rock argentino, sería la posible conclusión de lo que Javier Martínez intenta decir. Es lunes 22 de noviembre –Día de la Música– y el feriado gris, solitario y lluvioso tiene su antípoda de color y sonido. La Perla de Once, donde Litto Nebbia y Tanguito –Ramses VII, para ser más exactos– compusieron “La balsa”, luce resignificada. Mucho más pequeña y más sofisticada, claro, que la pizzería antigua que mezclaba bohemios, artistas y estudiantes de filosofía cuando el rock era un granito en el arenero cultural de la Buenos Aires de entonces. Donde había resaca y sueños, ahora hay cerveza, sandwiches de miga, pizza, vino y calentitos deliciosos. Donde llegaba Sandro y pagaba el desayuno a los náufragos con hambre y bolsillos agujereados, ahora hay un bar bien iluminado, decorado con fotos de época, y una generosa invitación a cargo de los nuevos dueños. Donde había rock “camuflado” y con guitarras desafinadas, ahora hay rock explícito y consagrado. Donde estaban Tanguito, Martínez, Nebbia, Alejando Medina, Miguel Abuelo y Moris, ahora están algunos de ellos –dos de los Manal–, más Claudia Puyó, Miguel Cantilo, Alejandro del Prado, Pipo Cipollatti, Rodolfo García, Willy Quiroga y Ricardo Soulé.
Así transcurre, feliz, la reapertura del viejo bar al rock, y así motiva la paradojal referencia de Martínez, local aquí desde siempre. “Bostalgia... La nostalgia para mí es bosta, se escribe con ‘b’. A mí me interesa mirar para adelante y no me voy a anotar en ninguna movida de bostalgia, pero este ciclo no lo es... No se pusieron a hacer la nostalgia de La Perla y todo eso. Por eso vine y acepté participar, porque no es una cosa para decadentes con el alma muerta, que miran para atrás. Los ojos no están en la nuca, están adelante”, sentencia el hombre de los lentes gruesos que alguna vez escribió “Avellaneda Blues”, caminando de madrugada por las vías suburbanas. Ex baterista, cantante y compositor de uno de los grupos pioneros del rock argentino, Martínez será el encargado de abrir el ciclo al público mañana a las 21.30, en el reducto de Jujuy y Rivadavia, y repetirá el próximo viernes junto a su nuevo trío: Maxi Delli Carpini en guitarra y Claudio Pallota en batería. “Voy a tocar con mi nueva formación temas de Manal, temas solistas y temas nuevos como ‘El blues de Pappo’, ‘La máquina del oro’ y ‘Positivo’, que ya están en Internet antes de que salga el disco”, anuncia Martínez. Otro de los que fundaron Manal y curtió La Perla mediando los ’60, Alejandro Medina, también está contemplado en la programación junto a su Medinight Band, para los viernes 17 y 24 de diciembre. Y ambos charlan juntos en una de las mesas del fondo. “Hablamos, pero no vamos a tocar juntos”, coinciden, frente a la esperanza espontánea que se había suscitado entre periodistas y algún que otro eterno seguidor.
La programación artística, a cargo del ex Almendra y Aquelarre Rodolfo García, contiene también a Del Prado (sábado 27), Puyó (sábado 4 de diciembre), Cantilo (sábado 11) y Soulé (sábado 18). “Una cosa es la ‘bostalgia’ –insiste Martínez–, pero no se puede decir que éste es un lugar más para tocar. Este es un lugar histórico, simbólico, y me encanta que se programen todos estos shows. Está bueno que los nuevos dueños hayan tomado conciencia de que este nombre es figura de la historia del rock nacional, pero resignificado en una etapa nueva. Ojo, no tengo nada personal contra la nostalgia, lo único que digo es que no la practico.” La charla relajada entre Medina y Martínez sorprende menos que otra juntada provocada por la magia del lugar: Willy Quiroga y Ricardo Soulé, distanciados hace tiempo, suben a tocar juntos una versión de “Libros sapienciales” y otra de “Presente”. Dedican el gesto al recientemente fallecido Rubén Basoalto y le abren una hendija a un posible retorno de Vox Dei, si es que existe baterista que pueda reemplazarlo. “Hay que recordarlo siempre bien a Rubén... El fue el que hizo todo lo posible para que Vox Dei sea lo que fue para la historia del rock”, se emociona Willy. “Esta reapertura es una oportunidad maravillosa para poder compartir esta situación con estos músicos emblemáticos, aunque sea un ratito en esta ciudad tan maravillosa que nos dio la posibilidad de ser músicos de rock, una cosa insólita en aquella época”, sostiene Soulé, sobre la reinauguración del mítico espacio, mientras Del Prado hace su versión de “Los locos de Buenos Aires”, la Puyó recrea a Pescado Rabioso y Cipollati, provocador, toca el “Himno a Sarmiento”, justo en el día de la batalla de la Vuelta de Obligado. “Yo no toco canciones de otros, pero ésta la sé”, ironiza desde el micrófono, dándole la espalda a un retrato de Leopoldo Marechal.
Viene al caso. Mucho antes –por lo menos 40 años– de que La Perla se convirtiera en parte de la tríada-hervidero que junto a La Cueva y el Instituto Di Tella configuró el under de los ’60, el ahora bar notable fue ámbito de encuentro, literatura y café entre dos escritores que luego (se) bifurcarían por sus estéticas, cosmovisiones e ideales políticos: Jorge Luis Borges y Leopoldo Marechal, con Macedonio Fernández –que también tiene su foto en el reducto de Once– como nexo y anfitrión. Fue, entonces, ese aire de “vanguardia estética” y punto de encuentro el que motivó, además de las condiciones de inclusión y tolerancia de los viejos dueños, el arribo de los primeros rockers cuando cerca de las 4 de la mañana dejaban La Cueva y caminaban unas quince cuadras hacia el sur de la ciudad. “La verdad es que veníamos acá porque era el único lugar abierto a esa hora. Bah, en realidad también había uno abierto acá enfrente, pero no nos daban ni cinco de bola. Además, La Perla estaba lleno de estudiantes femeninas de Filosofía y Letras, pibas muy lindas que además nos daban pelota”, se ríe Martínez.
El ex Manal evoca la pizzería de entonces como un lugar “cuatro o cinco veces” más grande que el hoy y con un efecto de reverberación “natural” que los tentaba a componer algunos bocetos de los que después se transformarían en clásicos del rock en castellano. “Había que atravesar un pasillo muy largo para llegar al baño. Era angosto, pero tenía como 20 metros, y era antiguo. En ese pasillo había una reverberación, y Tanguito se ponía de cuclillas para tocar la viola y cantar aprovechando el efecto reverb, que era el mismo que usaba Elvis Presley, cuando grababan los temas con un micrófono y un parlante en el baño de la Sun Records. Esa era la cámara de reverberación de Elvis y Tanguito la usaba acá (risas). Así lo vi, ésa es la foto. En realidad, el único que traía una viola era él, y nosotros se la pedíamos para tocar un tema cada uno. Si vas a cualquier casa y te metes en el baño, los azulejos te van a dar un reverb parecido a éste, ¡y este pasillo tenía azulejos hasta el techo!”, evoca Martínez, que poco después logró meter a José Alberto Iglesias en un estudio para grabar el único LP del poeta truncado, el del famoso loop “En el baño de la Perla de Once compusiste ‘La balsa’”. “Yo vi a Tanguito componiendo ‘La balsa’”, reasegura Martínez.
“Y yo conocí la anécdota por esos tiempos. Escuché a Javier diciéndole eso durante la grabación”, engancha Quiroga. “Además, nosotros, los Vox Dei, no conocimos La Perla. Lo que pasa es que estábamos en Quilmes, y armar una banda de rock en Quilmes y pensar en venir a Capital en ese tiempo era una locura, era como ir a la Luna de rodillas (risas). La primera vez que tocamos en Capital fue en el Teatro Payró y después empezamos a cantar en castellano gracias a una recomendación de (Luis Alberto) Spinetta. No tuvimos la suerte de conocer La Perla, pero sí conocimos La Cueva que armó Sandro acá cerca, que fue donde tocamos con el torso desnudo... Una locura, una especie de sacudón.” “Claro, nosotros no conocimos La Perla porque cuando llegamos a esta ciudad fuimos a La Cueva de Sandro, que estaba en Rivadavia, y recién ahí enganchamos –tercia Soulé–. Pero este lugar tenía una importancia que nosotros hasta ese momento desconocíamos. Hasta que, con el devenir de los acontecimientos, empezamos a enterarnos. Cuando nos casamos con Graciela vivíamos a seis cuadras de acá. Era 1970, y muchas veces venían a visitarnos Tanguito, Spinetta y Javier... Digamos que la conocimos a través de su clientela (risas). Y bueno, La Perla significaba un planteo social distinto al que nosotros estábamos acostumbrados, porque allá en el sur no teníamos un lugar donde converger. Primero, porque éramos muy pocos, y segundo porque el rock no había anidado, el rock anidó en estos barrios porteños que habían sido barrios de tango, y por alguna razón eso pasó al rock.”
Punto neurálgico, epicentro de poesía beat “a la criolla”, del hippismo y de contracultura epocal, baño solitario donde Nebbia detectó a Tanguito esbozando algo así como “Estoy muy solo y triste acá, en este mundo de mierda” y le completó la canción –que luego, junto a “Ayer Nomás” de Moris y Pipo Lernoud, vendería 200 mil copias como parte del primer simple de Los Gatos en 1967–, el bar fue caldo de cultivo para otras grandes canciones del rock: “Jugo de tomate”, por caso. O “El hombre restante”, que Tanguito –o el sello que lo editó– ubicaron como Lado B de su primer simple –el A era “La princesa dorada”–. Con los años, La Perla se transformó en mito, hasta que el revisionismo de los últimos años lo terminó transformando en Sitio de Interés Cultural, en 1994 para, 13 años después, descubrir una placa legitimadora en honor a “La balsa”. “Escribí acá la mayoría de los temas de Manal –rememora Martínez, sin ‘bostalgia’–. Acá y en las calles, porque mi música siempre fue bien callejera. Con Tango y los demás nos mandábamos al fondo de todo y con una guitarrita hacíamos temas, mientras tomábamos café con leche. Andábamos con un cuadernito en el bolsillo anotando letras y acordes, y para lo único que salíamos era para comprar medialunas enfrente, porque eran más baratas y ricas que las de acá. Después, cuando se hacía de día, nos tomábamos el tren y nos íbamos a Caseros, a la casa de Tango.”
Pagina 12, 25 de Noviembre 2010
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Barrio de Balvanera,
Museos y Lugares Historicos
Palermo: Velodromo
Para el Velódromo aún no hay un plan definido
Hace años que no hay competencias de ciclismo. No tocan allí Almendra o Manal, como lo hicieron en los setenta. Tampoco su tribuna está firme ni es la envidia de muchos países, como fue cuando Juan Perón lo inauguró para los Panamericanos, en 1951. El Velódromo porteño está hoy inhabilitado . Hace casi 13 años que el Gobierno de la Ciudad lo recuperó, después de una concesión, y desde entonces es como si no supiera qué hacer con él.
El subsecretario de Deportes de la Ciudad, Francisco Irrarazábal, dijo a Clarín : “Tenemos pensado comenzar la demolición de la tribuna por motivos de seguridad”. Con respecto al futuro del predio, el funcionario explicó: “No se puede construir verticalmente y hay impedimentos legales para determinados emprendimientos, pero vamos a trabajar para que el Velódromo esté mejor, sin que represente un peligro para los vecinos”.
Desde que se suspendió la actividad deportiva, el Velódromo fue objeto de diversos proyectos para poder usarlo. Un estacionamiento, un salón de usos múltiples, un estadio de tenis al estilo Flushing Meadows en Estados Unidos, y hasta un centro deportivo. Hasta ahora nada prosperó, sólo las tareas de mantenimiento que llevó a cabo la Secretaría de Deportes, debido a que se había transformado, con el pasar de los años y el inevitable abandono que ello trae, en un basural de altos pastizales.
Pedro Paulin
Clarin, 03 de Diciembre de 2010
Hace años que no hay competencias de ciclismo. No tocan allí Almendra o Manal, como lo hicieron en los setenta. Tampoco su tribuna está firme ni es la envidia de muchos países, como fue cuando Juan Perón lo inauguró para los Panamericanos, en 1951. El Velódromo porteño está hoy inhabilitado . Hace casi 13 años que el Gobierno de la Ciudad lo recuperó, después de una concesión, y desde entonces es como si no supiera qué hacer con él.
El subsecretario de Deportes de la Ciudad, Francisco Irrarazábal, dijo a Clarín : “Tenemos pensado comenzar la demolición de la tribuna por motivos de seguridad”. Con respecto al futuro del predio, el funcionario explicó: “No se puede construir verticalmente y hay impedimentos legales para determinados emprendimientos, pero vamos a trabajar para que el Velódromo esté mejor, sin que represente un peligro para los vecinos”.
Desde que se suspendió la actividad deportiva, el Velódromo fue objeto de diversos proyectos para poder usarlo. Un estacionamiento, un salón de usos múltiples, un estadio de tenis al estilo Flushing Meadows en Estados Unidos, y hasta un centro deportivo. Hasta ahora nada prosperó, sólo las tareas de mantenimiento que llevó a cabo la Secretaría de Deportes, debido a que se había transformado, con el pasar de los años y el inevitable abandono que ello trae, en un basural de altos pastizales.
Pedro Paulin
Clarin, 03 de Diciembre de 2010
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Barrio de Palermo
Antiguos Mercados
Esos viejos mercados nuevos
Pasé gran parte de mi infancia en el barrio Caballito. Por esas cosas de la organización familiar, me mandaban a hacer las compras al Mercado del Progreso en Primera Junta. Todavía tenía su fachada original con cierta pretensión Art Deco. Nada notable, pero infinitamente mejor y más digna que la máscara modernosa que le pusieron en los 70, cuando invadieron la ciudad los minimercados, los súper y más tarde, los shopping.
Muchos de estos encantadores edificios –construidos a partir de 1897, cuando se instrumentó la instalación de mercados en la Ciudad–, cayeron bajo la piqueta. Del Mercado Nuevo Modelo que estaba entre las calles Montevideo y Sarmiento no se salvó nada. Fue demolido completamente y convertido en el Complejo La Plaza, un paradigma de la arquitectura posmoderna que tuvo su verano en los 80. Más astutos estuvieron con el Mercado de Abasto. Por lo menos, aprovecharon su magnífica estructura, lo reciclaron y lo transformaron en un exitoso shopping.
Otro mercado recientemente reciclado es el Mercado del Pescado en Barracas. Desde 1934 funcionó como expendedor mayorista de pescado hasta 1983, en que fue desactivado. Ahora, luego de un concurso de anteproyectos, lograron convertir esa singular construcción con fachada Art Deco y grandes estructuras metálicas, en el Centro Metropolitano de Diseño, un espacio de gran vitalidad que pretende ser la usina del diseño de la Ciudad.
Hay otros mercados barriales que por milagro todavía se mantienen. En el de San Telmo, en Estados Unidos y Defensa, vale la pena entrar y mirar para arriba: tiene una estructura metálica bellísima diseñada por Juan Antonio Buschiazzo. También resisten otros establecimientos más simples, de menor tamaño, más anónimos, como el de San Juan y Boedo o el de Córdoba y Uriarte. Con el tiempo se han convertido en lugares de referencia para conseguir las mejores carnes, pescados y frutas con una yapa: el asesoramiento de sus puesteros, infinitamente superior al mutismo de la góndola.
La pregunta es ¿cómo darles oxigeno a estos edificios para evitar que les llegue la implacable topadora? La experiencia del Mercado del Pescado es una posible respuesta. Hay otros ejemplos de cómo aggiornar estas vigorosas construcciones para que sigan trasmitiendo sus encantos. El Chelsea Market, en Nueva York, era una fábrica de galletitas. Ahora, reciclada, es un mercado de vanguardia con cafés y restaurantes donde la gastronomía, la arquitectura y el diseño se dan la mano. Otro: la remodelación que hizo Enric Miralles del mercado Santa Caterina en Barcelona. A un edificio del año 1848 le renovó completamente el techo con una estructura de madera y cerámicas coloridas retomando la tradición ceramista catalana.
Por suerte o repentina conciencia patrimonial, hace algún tiempo, al Mercado del Progreso le sacaron las horribles chapas que cubrían su discreta pero noble fachada Art Deco. Por esas vueltas de la vida, sigo viviendo cerca y los sábados por la mañana me toca nuevamente hacer las compras. Para mí, que las hago una vez por semana, ir al mercado es un paseo. Sería completo si no cerrara al mediodía, y tuviera lugares para comer o tomar algo sumergido en su inigualable bullicio.
También el Progreso podría ser una escala de un circuito turístico bien porteño. Visitar Plaza de Mayo. Caminar hasta el Congreso. Tomar allí el Subte A, el primero de Latinoamérica y que aún conserva los vagones con asientos de madera. Bajar en Primera Junta y hacer turismo gastronómico en el Progreso. Luego culminar el paseo con una vuelta en el tradicional tranvía.
Eso sí, habría que hacer algo con la Plaza Primera Junta, ese espacio singular, de donde emergen inesperadamente los subtes rumbo a sus talleres. La feria de libros usados que está instalada allí hace años, me parece bien. Pero se podrían cambiar los puestos actuales por otros con mejor diseño, que ayuden al realzar ese singular espacio urbano.
Berto González Montaner
Clarin, 24 Noviembre de 2010
Pasé gran parte de mi infancia en el barrio Caballito. Por esas cosas de la organización familiar, me mandaban a hacer las compras al Mercado del Progreso en Primera Junta. Todavía tenía su fachada original con cierta pretensión Art Deco. Nada notable, pero infinitamente mejor y más digna que la máscara modernosa que le pusieron en los 70, cuando invadieron la ciudad los minimercados, los súper y más tarde, los shopping.
Muchos de estos encantadores edificios –construidos a partir de 1897, cuando se instrumentó la instalación de mercados en la Ciudad–, cayeron bajo la piqueta. Del Mercado Nuevo Modelo que estaba entre las calles Montevideo y Sarmiento no se salvó nada. Fue demolido completamente y convertido en el Complejo La Plaza, un paradigma de la arquitectura posmoderna que tuvo su verano en los 80. Más astutos estuvieron con el Mercado de Abasto. Por lo menos, aprovecharon su magnífica estructura, lo reciclaron y lo transformaron en un exitoso shopping.
Otro mercado recientemente reciclado es el Mercado del Pescado en Barracas. Desde 1934 funcionó como expendedor mayorista de pescado hasta 1983, en que fue desactivado. Ahora, luego de un concurso de anteproyectos, lograron convertir esa singular construcción con fachada Art Deco y grandes estructuras metálicas, en el Centro Metropolitano de Diseño, un espacio de gran vitalidad que pretende ser la usina del diseño de la Ciudad.
Hay otros mercados barriales que por milagro todavía se mantienen. En el de San Telmo, en Estados Unidos y Defensa, vale la pena entrar y mirar para arriba: tiene una estructura metálica bellísima diseñada por Juan Antonio Buschiazzo. También resisten otros establecimientos más simples, de menor tamaño, más anónimos, como el de San Juan y Boedo o el de Córdoba y Uriarte. Con el tiempo se han convertido en lugares de referencia para conseguir las mejores carnes, pescados y frutas con una yapa: el asesoramiento de sus puesteros, infinitamente superior al mutismo de la góndola.
La pregunta es ¿cómo darles oxigeno a estos edificios para evitar que les llegue la implacable topadora? La experiencia del Mercado del Pescado es una posible respuesta. Hay otros ejemplos de cómo aggiornar estas vigorosas construcciones para que sigan trasmitiendo sus encantos. El Chelsea Market, en Nueva York, era una fábrica de galletitas. Ahora, reciclada, es un mercado de vanguardia con cafés y restaurantes donde la gastronomía, la arquitectura y el diseño se dan la mano. Otro: la remodelación que hizo Enric Miralles del mercado Santa Caterina en Barcelona. A un edificio del año 1848 le renovó completamente el techo con una estructura de madera y cerámicas coloridas retomando la tradición ceramista catalana.
Por suerte o repentina conciencia patrimonial, hace algún tiempo, al Mercado del Progreso le sacaron las horribles chapas que cubrían su discreta pero noble fachada Art Deco. Por esas vueltas de la vida, sigo viviendo cerca y los sábados por la mañana me toca nuevamente hacer las compras. Para mí, que las hago una vez por semana, ir al mercado es un paseo. Sería completo si no cerrara al mediodía, y tuviera lugares para comer o tomar algo sumergido en su inigualable bullicio.
También el Progreso podría ser una escala de un circuito turístico bien porteño. Visitar Plaza de Mayo. Caminar hasta el Congreso. Tomar allí el Subte A, el primero de Latinoamérica y que aún conserva los vagones con asientos de madera. Bajar en Primera Junta y hacer turismo gastronómico en el Progreso. Luego culminar el paseo con una vuelta en el tradicional tranvía.
Eso sí, habría que hacer algo con la Plaza Primera Junta, ese espacio singular, de donde emergen inesperadamente los subtes rumbo a sus talleres. La feria de libros usados que está instalada allí hace años, me parece bien. Pero se podrían cambiar los puestos actuales por otros con mejor diseño, que ayuden al realzar ese singular espacio urbano.
Berto González Montaner
Clarin, 24 Noviembre de 2010
jueves 16 de diciembre de 2010
Ada Concaro
Murió Ada Cóncaro, maestra y leyenda de la cocina argentina
Dueña del restorán Tomo I, se destacó por la creatividad y calidad de sus platos.
Un sabor desolado tuvo ayer la sobremesa de la mejor gastronomía argentina, cuando por encima de los aromas se instaló la noticia de la muerte de Ada Cóncaro, una de las primeras chefs del país y fundadora –junto con su hermana Ebe– del mítico restorán Tomo I .
Nacida hace 76 años en Buenos Aires, en una familia italiana donde también cocinaban los hombres, Ada comenzó la carrera de Química en la UBA. En los ‘60 se trasladó a la Patagonia y se dedicó a la docencia de matemática.
Ya de regreso en Buenos Aires, comenzó con Ebe a preparar postres y repostería fina , que ofrecían a restaurantes y confiterías. Con las primeras ganancias abrieron una casa de té en Monroe y Montañeses, el primer Tomo I.
Los mismos comensales fueron llevándolas a ampliar el menú, con apenas dos hornallas y un grill .
“Los platos de mi casa, un poco más elaborados”, definiría más tarde Ada. Sin embargo, aquellas preparaciones delicadas tenían ya una impronta innovadora , como la unión de lo salado y lo dulce.
Desde 1983, Tomo I funcionó en Avenida Las Heras, cerca del Botánico. Allí, la chef se hizo legendaria : cuando se impuso la nouvelle cuisine, Ada Cóncaro ya llevaba muchos años trabajando con matices y sutilezas , e ingredientes que, como el cordero, se pondrían de moda muchos años después. Así recibió las principales distinciones de la gastronomía local e internacional.
Mujer de una formación muy amplia, con una infrecuente lucidez para ver el horizonte cultural y político más allá de sus cacerolas y más acá de sus comensales, subió aún otro escalón en 1994, cuando sumó Tomo I al proyecto cinco estrellas del Hotel Panamericano. Años después condujo varios ciclos para la señal elgourmet.com.
Ya con su hijo Federico Fialayre (tuvo una hija y otro hijo más), y siempre con Ebe como brazo derecho, Ada continuó dedicando meses a probar cada plato del nuevo menú, y seguía eligiendo verduras y supervisando despachos . En 2009 dejó el centro de la cocina a Federico, mientras celebraba con un festival de degustación sus 40 años entre fuegos.
15 de Diciembre de 2010
Dueña del restorán Tomo I, se destacó por la creatividad y calidad de sus platos.
Un sabor desolado tuvo ayer la sobremesa de la mejor gastronomía argentina, cuando por encima de los aromas se instaló la noticia de la muerte de Ada Cóncaro, una de las primeras chefs del país y fundadora –junto con su hermana Ebe– del mítico restorán Tomo I .
Nacida hace 76 años en Buenos Aires, en una familia italiana donde también cocinaban los hombres, Ada comenzó la carrera de Química en la UBA. En los ‘60 se trasladó a la Patagonia y se dedicó a la docencia de matemática.
Ya de regreso en Buenos Aires, comenzó con Ebe a preparar postres y repostería fina , que ofrecían a restaurantes y confiterías. Con las primeras ganancias abrieron una casa de té en Monroe y Montañeses, el primer Tomo I.
Los mismos comensales fueron llevándolas a ampliar el menú, con apenas dos hornallas y un grill .
“Los platos de mi casa, un poco más elaborados”, definiría más tarde Ada. Sin embargo, aquellas preparaciones delicadas tenían ya una impronta innovadora , como la unión de lo salado y lo dulce.
Desde 1983, Tomo I funcionó en Avenida Las Heras, cerca del Botánico. Allí, la chef se hizo legendaria : cuando se impuso la nouvelle cuisine, Ada Cóncaro ya llevaba muchos años trabajando con matices y sutilezas , e ingredientes que, como el cordero, se pondrían de moda muchos años después. Así recibió las principales distinciones de la gastronomía local e internacional.
Mujer de una formación muy amplia, con una infrecuente lucidez para ver el horizonte cultural y político más allá de sus cacerolas y más acá de sus comensales, subió aún otro escalón en 1994, cuando sumó Tomo I al proyecto cinco estrellas del Hotel Panamericano. Años después condujo varios ciclos para la señal elgourmet.com.
Ya con su hijo Federico Fialayre (tuvo una hija y otro hijo más), y siempre con Ebe como brazo derecho, Ada continuó dedicando meses a probar cada plato del nuevo menú, y seguía eligiendo verduras y supervisando despachos . En 2009 dejó el centro de la cocina a Federico, mientras celebraba con un festival de degustación sus 40 años entre fuegos.
15 de Diciembre de 2010
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Gastronomía
Ley de Proteccion
Acuerdan proteger edificios construidos antes de 1941
La norma que los resguarda vence en diciembre. Y corren riesgo de demolición.
La Legislatura porteña acordó prorrogar por un año la ley que protege de ser demolidos a los edificios construidos antes de 1941 , luego de que organizaciones vecinales alertaran que podrían tirarse abajo varias construcciones con valor patrimonial.
El acuerdo político entre los bloques legislativos se alcanzó casi al mismo momento en que el Ejecutivo porteño autorizó la demolición de los edificios de La Imprenta y La Cuadra, en Palermo, que precisamente son de antes de 1941, tal como anticipó ayer Clarín .
La prórroga será para la ley N° 3.056, que fue promulgada en mayo del año pasado, pero que vence el próximo 31 de diciembre. Esa norma establece un procedimiento que, si bien no prohíbe las demoliciones, al menos dispone un mecanismo de control.
¿De qué se trata? Si un particular quiere demoler un edificio, de cualquier año, debe pedirle al Gobierno porteño una autorización , y en la medida que los planos sean correctos, la Ciudad la otorga. Pero con los edificios construidos antes de 1941, el Gobierno está obligado a enviar esos pedidos de demolición al Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP), un organismo mixto conformado por el Ministerio de Cultura, la Legislatura y entidades especializadas como la Facultad de Arquitectura de la UBA o el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo.
Cuando la CAAP recibe un pedido, debe evaluar si el edificio tiene o no valor patrimonial . En este sentido, estudian por ejemplo si tiene valor histórico, en qué área se encuentra, su estado de conservación original y su situación actual, entre otros parámetros.
De esta forma pueden autorizar la demolición o darle una protección preventiva hasta que la Legislatura porteña determine qué tipo de protección definitiva le da: cautelar (se resguardan la fachada y algunas partes de la construcción), estructural (un grado mayor, sólo se permiten pequeñas reformas) o integral (no se lo puede tocar).
Claro que esto sucede porque el Gobierno porteño desde hace años que debe la finalización del catálogo de edificios con valor patrimonial, como tienen muchas ciudades en el Mundo. Esto permitiría definir para siempre qué edificios se deben preservar y cuáles no.
El problema es que si la ley N° 3.056 no es prorrogada cualquier edificio podría ser demolido. Por eso, varias organizaciones no gubernamentales se movieron para pedirle a los legisladores que sostengan la protección. Marcelo Magadán, de la asociación Basta de Demoler, explicó: “Juntamos más de 1.500 firmas de vecinos para pedir la prórroga, porque está en riesgo una parte importante del patrimonio de la Ciudad. Aún con la ley en vigencia se perdieron edificios notables, por eso es clave que se sancione la prórroga y sobre todo que el Ejecutivo termine el catálogo definitivo”.
Aún con el CAAP en funcionamiento, se estima que fueron protegidos sólo un 15% del total de edificios con permiso de demolición pedido. Esto fue lo que pasó en el caso de La Imprenta y La Cuadra).
El acuerdo para sancionar la prórroga fue confirmado por fuentes de PRO, Proyecto Sur, Coalición Cívica y el Peronismo. Patricio Di Stéfano, legislador macrista y presidente de la Comisión de Patrimonio Arquitectónico, explicó: “Es cierto que falta trabajo, pero cuando PRO llegó al Gobierno, en el Registro había sólo unos 1.800 edificios protegidos, y hoy ya son 2.556, más 2.304 que tienen protección preventiva de la CAAP”.
Para el sector de la construcción, si bien hubo algunas resistencias, la prórroga de la ley N° 3.056 parece razonable . “Es preferible que se mantenga la ley y no que haya un vacío legal. Pero lo importante es que el Ejecutivo termine el catálogo, porque ahora la CAAP demora entre 30 y 45 días para emitir cada dictamen, y es mucho tiempo para el negocio de la construcción”, afirmó Daniel Silberfaden, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos.
Pablo Novillo
Clarin, 25 de Noviembre de 2010
La norma que los resguarda vence en diciembre. Y corren riesgo de demolición.
La Legislatura porteña acordó prorrogar por un año la ley que protege de ser demolidos a los edificios construidos antes de 1941 , luego de que organizaciones vecinales alertaran que podrían tirarse abajo varias construcciones con valor patrimonial.
El acuerdo político entre los bloques legislativos se alcanzó casi al mismo momento en que el Ejecutivo porteño autorizó la demolición de los edificios de La Imprenta y La Cuadra, en Palermo, que precisamente son de antes de 1941, tal como anticipó ayer Clarín .
La prórroga será para la ley N° 3.056, que fue promulgada en mayo del año pasado, pero que vence el próximo 31 de diciembre. Esa norma establece un procedimiento que, si bien no prohíbe las demoliciones, al menos dispone un mecanismo de control.
¿De qué se trata? Si un particular quiere demoler un edificio, de cualquier año, debe pedirle al Gobierno porteño una autorización , y en la medida que los planos sean correctos, la Ciudad la otorga. Pero con los edificios construidos antes de 1941, el Gobierno está obligado a enviar esos pedidos de demolición al Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP), un organismo mixto conformado por el Ministerio de Cultura, la Legislatura y entidades especializadas como la Facultad de Arquitectura de la UBA o el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo.
Cuando la CAAP recibe un pedido, debe evaluar si el edificio tiene o no valor patrimonial . En este sentido, estudian por ejemplo si tiene valor histórico, en qué área se encuentra, su estado de conservación original y su situación actual, entre otros parámetros.
De esta forma pueden autorizar la demolición o darle una protección preventiva hasta que la Legislatura porteña determine qué tipo de protección definitiva le da: cautelar (se resguardan la fachada y algunas partes de la construcción), estructural (un grado mayor, sólo se permiten pequeñas reformas) o integral (no se lo puede tocar).
Claro que esto sucede porque el Gobierno porteño desde hace años que debe la finalización del catálogo de edificios con valor patrimonial, como tienen muchas ciudades en el Mundo. Esto permitiría definir para siempre qué edificios se deben preservar y cuáles no.
El problema es que si la ley N° 3.056 no es prorrogada cualquier edificio podría ser demolido. Por eso, varias organizaciones no gubernamentales se movieron para pedirle a los legisladores que sostengan la protección. Marcelo Magadán, de la asociación Basta de Demoler, explicó: “Juntamos más de 1.500 firmas de vecinos para pedir la prórroga, porque está en riesgo una parte importante del patrimonio de la Ciudad. Aún con la ley en vigencia se perdieron edificios notables, por eso es clave que se sancione la prórroga y sobre todo que el Ejecutivo termine el catálogo definitivo”.
Aún con el CAAP en funcionamiento, se estima que fueron protegidos sólo un 15% del total de edificios con permiso de demolición pedido. Esto fue lo que pasó en el caso de La Imprenta y La Cuadra).
El acuerdo para sancionar la prórroga fue confirmado por fuentes de PRO, Proyecto Sur, Coalición Cívica y el Peronismo. Patricio Di Stéfano, legislador macrista y presidente de la Comisión de Patrimonio Arquitectónico, explicó: “Es cierto que falta trabajo, pero cuando PRO llegó al Gobierno, en el Registro había sólo unos 1.800 edificios protegidos, y hoy ya son 2.556, más 2.304 que tienen protección preventiva de la CAAP”.
Para el sector de la construcción, si bien hubo algunas resistencias, la prórroga de la ley N° 3.056 parece razonable . “Es preferible que se mantenga la ley y no que haya un vacío legal. Pero lo importante es que el Ejecutivo termine el catálogo, porque ahora la CAAP demora entre 30 y 45 días para emitir cada dictamen, y es mucho tiempo para el negocio de la construcción”, afirmó Daniel Silberfaden, presidente de la Sociedad Central de Arquitectos.
Pablo Novillo
Clarin, 25 de Noviembre de 2010
Iglesia del Inmaculado Corazón de María
En Constitución, restauran una iglesia que guarda vitrales únicos
Sufrió diversos deterioros. En 2008 debieron sacarle las cruces de las torres.
Fue una de las pocas edificaciones de la avenida 9 de Julio que sobrevivió a su prolongación, junto con la embajada de Francia y el palacio Alzaga Unzué, en el otro extremo. Aunque el entonces intendente Osvaldo Cacciatore intentó sin éxito rebanarle el convento lindero. Hoy procura sobrevivir al paso del tiempo y el consiguiente deterioro que, en 2008, obligó a quitarle las dos cruces que coronaban sus torres. La iglesia del Inmaculado Corazón de María, una de las dos joyas arquitectónicas del barrio de Constitución –la otra, claro, es la estación de trenes–, que cuenta –además– con los vitrales más imponentes y de mayor calidad de la Ciudad, inició finalmente este año su proceso de restauración.
La historia del templo se remonta a principios del siglo XX, cuando llegan a Buenos Aires los primeros misioneros claretianos y se alojan en un hospedaje del barrio. Gracias a la donación de un terreno frente a la plaza, comienza a proyectarse el templo. Se pone manos a la obra en 1913 y todo queda ligado al aporte de 50 madrinas y lo colectado en 140 urnas con la imagen del Corazón de María que fueron transportadas durante mucho tiempo por todo el barrio. La iglesia, todavía inconclusa, fue inaugurada 9 años más tarde, siendo uno de sus padrinos el presidente Alvear. Todo finalizó en 1941, cuando se completó el majestuoso altar mayor con su retablo, y se habilitó el camarín de la Virgen.
El templo –construido en estilo gótico florido– pasó a ser una de las iglesias más bellas de la ciudad. Los típicos ornamentos le impusieron un sello. Pero la gran atracción son los nueve vitrales, de 9 metros de alto por 3 de ancho, hechos por la casa F. Mayer, de Munich, que recrean escenas de la vida del padre Claret, el fundador de la congregación. Y que dan al templo una serena luminosidad y color. En menor medida, también se destaca el órgano, fabricado por la casa alemana E. F. Walcker & Co. Se trata de un magnífico instrumento sinfónico de dos mil tubos y 23 registros, una de las dos únicas piezas que tiene la Iglesia Católica en Buenos Aires.
Pero el esplendor del templo empezó a esfumarse con el paso de los años. Hasta que, en 2006, el Gobierno de la Ciudad intimó a la congregación por la fragilidad estructural de la iglesia y el riesgo para los transeúntes. Dos años más tarde, un estudio de arquitectura empezó los análisis. “El problema era, y lo sigue siendo, conseguir los fondos”, dice el padre Gustavo Larrazábal, administrador de la comunidad claretiana. “El templo no es monumento histórico nacional y, por tanto, no esta protegido por el Estado”, agrega. No obstante algunas ayudas, sobre todo del exterior, de alrededor de un millón de pesos, permitieron iniciar la primera etapa de reparación, que comenzó por las torres.
Las vibraciones del subte y el intenso tránsito, aceleraron la decadencia del templo en el marco de un deterioro general del barrio. Pero la reciente remoción de la plaza, frente a la que se encuentra la iglesia, inició una senda de mejoras a las que el templo quiere sumarse. Más de medio millón de personas circulan diariamente frente a este singular patrimonio religioso y cultural.
Sergio Rubín
Clarin, 24 de Noviembre de 2010
Sufrió diversos deterioros. En 2008 debieron sacarle las cruces de las torres.
Fue una de las pocas edificaciones de la avenida 9 de Julio que sobrevivió a su prolongación, junto con la embajada de Francia y el palacio Alzaga Unzué, en el otro extremo. Aunque el entonces intendente Osvaldo Cacciatore intentó sin éxito rebanarle el convento lindero. Hoy procura sobrevivir al paso del tiempo y el consiguiente deterioro que, en 2008, obligó a quitarle las dos cruces que coronaban sus torres. La iglesia del Inmaculado Corazón de María, una de las dos joyas arquitectónicas del barrio de Constitución –la otra, claro, es la estación de trenes–, que cuenta –además– con los vitrales más imponentes y de mayor calidad de la Ciudad, inició finalmente este año su proceso de restauración.
La historia del templo se remonta a principios del siglo XX, cuando llegan a Buenos Aires los primeros misioneros claretianos y se alojan en un hospedaje del barrio. Gracias a la donación de un terreno frente a la plaza, comienza a proyectarse el templo. Se pone manos a la obra en 1913 y todo queda ligado al aporte de 50 madrinas y lo colectado en 140 urnas con la imagen del Corazón de María que fueron transportadas durante mucho tiempo por todo el barrio. La iglesia, todavía inconclusa, fue inaugurada 9 años más tarde, siendo uno de sus padrinos el presidente Alvear. Todo finalizó en 1941, cuando se completó el majestuoso altar mayor con su retablo, y se habilitó el camarín de la Virgen.
El templo –construido en estilo gótico florido– pasó a ser una de las iglesias más bellas de la ciudad. Los típicos ornamentos le impusieron un sello. Pero la gran atracción son los nueve vitrales, de 9 metros de alto por 3 de ancho, hechos por la casa F. Mayer, de Munich, que recrean escenas de la vida del padre Claret, el fundador de la congregación. Y que dan al templo una serena luminosidad y color. En menor medida, también se destaca el órgano, fabricado por la casa alemana E. F. Walcker & Co. Se trata de un magnífico instrumento sinfónico de dos mil tubos y 23 registros, una de las dos únicas piezas que tiene la Iglesia Católica en Buenos Aires.
Pero el esplendor del templo empezó a esfumarse con el paso de los años. Hasta que, en 2006, el Gobierno de la Ciudad intimó a la congregación por la fragilidad estructural de la iglesia y el riesgo para los transeúntes. Dos años más tarde, un estudio de arquitectura empezó los análisis. “El problema era, y lo sigue siendo, conseguir los fondos”, dice el padre Gustavo Larrazábal, administrador de la comunidad claretiana. “El templo no es monumento histórico nacional y, por tanto, no esta protegido por el Estado”, agrega. No obstante algunas ayudas, sobre todo del exterior, de alrededor de un millón de pesos, permitieron iniciar la primera etapa de reparación, que comenzó por las torres.
Las vibraciones del subte y el intenso tránsito, aceleraron la decadencia del templo en el marco de un deterioro general del barrio. Pero la reciente remoción de la plaza, frente a la que se encuentra la iglesia, inició una senda de mejoras a las que el templo quiere sumarse. Más de medio millón de personas circulan diariamente frente a este singular patrimonio religioso y cultural.
Sergio Rubín
Clarin, 24 de Noviembre de 2010
La imprenta
Quieren tirar “La Imprenta”, edificio emblema de Palermo
Vecinos de Maure y Migueletes pidieron evitar le demolición. Y un diputado presentó un proyecto. Desde el Gobierno porteño dijeron que no se trata de un edificio protegido y que puede ser demolido. Le da nombre a esa zona y allí harían torres
Uno es el edificio que da el nombre a la zona que lo rodea. El otro, un viejo stud, reliquia de los tiempos en que el Hipódromo de Palermo era un faro de Buenos Aires. Pero dentro de poco podrían convertirse en edificios de viviendas , en una de las zonas más cotizadas de la Ciudad. El Gobierno porteño autorizó que los edificios de La Imprenta y La Cuadra, en Palermo, sean demolidos para que se puedan construir torres. La decisión despertó la oposición de los vecinos , y hasta que un legislador oficialista presentara un proyecto para preservar una de las construcciones.
La Imprenta queda en la esquina de Migueletes y Maure. Se llama así porque, justamente, allí funcionaba la imprenta del Hipódromo. En la misma manzana, en Jorge Newbery 1651, queda La Cuadra, uno de los últimos stud donde durmieron varios de los pura sangre campeones que generaron tantas pasiones como deudas y forjaron la romántica leyenda del turf de Palermo. Hoy ambos edificios forman un complejo con una galería de arte, restoranes, joyerías, locales de ropa y otros comercios. Construido en 1914, el complejo conserva algunas puertas de las caballerizas, y debajo de la carpeta aún está el piso original.
Carlos Battistón, un vecino, contó: “Hace muy pocos días algunos vecinos nos enteramos que a los comerciantes de La Cuadra les habían dicho que a fin de año debían irse porque se iba a demoler el edificio para construir una torre de 18 pisos. Por eso empezamos a movilizarnos y acudimos a la Legislatura. Es sin dudas una construcción histórica de mucho valor”.
Los vecinos armaron recientemente un grupo en Facebook, que en pocos días superó los 200 adeptos. La posibilidad de que se pierdan estos edificios llegó a la Legislatura porteña. El diputado Bruno Screnci, de PRO, presentó un proyecto para que se le dé protección estructural , lo que implicaría que no se lo pueda demoler y sólo se autorizarían algunas modificaciones menores. En los fundamentos, el legislador afirmó: “Demoler este edificio sería como derrumbar el Mercado de Hacienda, pues se trata de dos lugares que son símbolos de actividades emblemáticas para la Argentina. La edificación de La Cuadra también es singular, se trata de una construcción de estilo francés, muy bien conservada”.
Sin embargo, en el propio Ejecutivo macrista aprobaron las demoliciones. Héctor Lostri, subsecretario de Planeamiento Urbano, le explicó a Clarín : “Nuestro deber es ajustarnos a la ley. Cuando recibimos los pedidos de permiso de demolición de obra, los derivamos al Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales, para que decidiera si estos edificios merecían ser protegidos o no. Fue ese organismo el que nos respondió que no eran construcciones con valor patrimonial. Y en el caso puntual de La Cuadra, la explicación fue que en 1975 se lo había reconstruido por completo, que ya no era la original”. El funcionario agregó que, de cualquier manera, los propios desarrolladores habrían manifestado su interés en preservar la fachada de La Cuadra y aquellas parte de La Imprenta con valor, para que no se perdieran.
El Consejo es un ente integrado por la Legislatura porteña, el Ministerio de Cultura y organizaciones especializadas, como el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo o la Facultad de Arquitectura de la UBA. Su función es evaluar qué edificios construidos hasta 1941 deben ser preservados.
Clarín habló ayer con vecinos de la zona. “Sería una pérdida irreparable. Las torres arruinan la Ciudad”, se lamentó Ana Cimatti, de 69 años. En tanto, Alfredo Sanabria, de 46, agregó que “no debería perderse un tesoro así”. Y Marcelo Di Marco, el encargado del restorán La Troupe, que funciona en La Cuadra, contó que “los dueños ya fueron informados de que deben liberar el local ”.
La polémica sobre la demolición de La Cuadra y La Imprenta es un capítulo más de la discusión entre lo público y lo privado , entre los vecinos que quieren preservar las identidades de sus barrios y el sector de la construcción, con el Gobierno de la Ciudad como intermediario. Lo mismo sucede en Caballito, Villa Pueyrredón y otros barrios.
Pero no es la primera vez que en esa zona de Palermo (el límite con Belgrano es la calle Zabala) se da un choque así. En diciembre de 2006, y a raíz del reclamo de cuatro vecinas, la jueza Contencioso Administrativa Patricia López Vergara prohibió los permisos para nuevas obras en 45 manzanas de Las Cañitas y La Imprenta. Pero en setiembre de 2007 la Cámara revocó la medida. Sólo quedó exceptuado el pasaje Volta, porque en el intermedio la Legislatura lo protegió con una ley especial
Pablo Novillo
Clarin, 24 de Noviembre de 2010
Vecinos de Maure y Migueletes pidieron evitar le demolición. Y un diputado presentó un proyecto. Desde el Gobierno porteño dijeron que no se trata de un edificio protegido y que puede ser demolido. Le da nombre a esa zona y allí harían torres
Uno es el edificio que da el nombre a la zona que lo rodea. El otro, un viejo stud, reliquia de los tiempos en que el Hipódromo de Palermo era un faro de Buenos Aires. Pero dentro de poco podrían convertirse en edificios de viviendas , en una de las zonas más cotizadas de la Ciudad. El Gobierno porteño autorizó que los edificios de La Imprenta y La Cuadra, en Palermo, sean demolidos para que se puedan construir torres. La decisión despertó la oposición de los vecinos , y hasta que un legislador oficialista presentara un proyecto para preservar una de las construcciones.
La Imprenta queda en la esquina de Migueletes y Maure. Se llama así porque, justamente, allí funcionaba la imprenta del Hipódromo. En la misma manzana, en Jorge Newbery 1651, queda La Cuadra, uno de los últimos stud donde durmieron varios de los pura sangre campeones que generaron tantas pasiones como deudas y forjaron la romántica leyenda del turf de Palermo. Hoy ambos edificios forman un complejo con una galería de arte, restoranes, joyerías, locales de ropa y otros comercios. Construido en 1914, el complejo conserva algunas puertas de las caballerizas, y debajo de la carpeta aún está el piso original.
Carlos Battistón, un vecino, contó: “Hace muy pocos días algunos vecinos nos enteramos que a los comerciantes de La Cuadra les habían dicho que a fin de año debían irse porque se iba a demoler el edificio para construir una torre de 18 pisos. Por eso empezamos a movilizarnos y acudimos a la Legislatura. Es sin dudas una construcción histórica de mucho valor”.
Los vecinos armaron recientemente un grupo en Facebook, que en pocos días superó los 200 adeptos. La posibilidad de que se pierdan estos edificios llegó a la Legislatura porteña. El diputado Bruno Screnci, de PRO, presentó un proyecto para que se le dé protección estructural , lo que implicaría que no se lo pueda demoler y sólo se autorizarían algunas modificaciones menores. En los fundamentos, el legislador afirmó: “Demoler este edificio sería como derrumbar el Mercado de Hacienda, pues se trata de dos lugares que son símbolos de actividades emblemáticas para la Argentina. La edificación de La Cuadra también es singular, se trata de una construcción de estilo francés, muy bien conservada”.
Sin embargo, en el propio Ejecutivo macrista aprobaron las demoliciones. Héctor Lostri, subsecretario de Planeamiento Urbano, le explicó a Clarín : “Nuestro deber es ajustarnos a la ley. Cuando recibimos los pedidos de permiso de demolición de obra, los derivamos al Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales, para que decidiera si estos edificios merecían ser protegidos o no. Fue ese organismo el que nos respondió que no eran construcciones con valor patrimonial. Y en el caso puntual de La Cuadra, la explicación fue que en 1975 se lo había reconstruido por completo, que ya no era la original”. El funcionario agregó que, de cualquier manera, los propios desarrolladores habrían manifestado su interés en preservar la fachada de La Cuadra y aquellas parte de La Imprenta con valor, para que no se perdieran.
El Consejo es un ente integrado por la Legislatura porteña, el Ministerio de Cultura y organizaciones especializadas, como el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo o la Facultad de Arquitectura de la UBA. Su función es evaluar qué edificios construidos hasta 1941 deben ser preservados.
Clarín habló ayer con vecinos de la zona. “Sería una pérdida irreparable. Las torres arruinan la Ciudad”, se lamentó Ana Cimatti, de 69 años. En tanto, Alfredo Sanabria, de 46, agregó que “no debería perderse un tesoro así”. Y Marcelo Di Marco, el encargado del restorán La Troupe, que funciona en La Cuadra, contó que “los dueños ya fueron informados de que deben liberar el local ”.
La polémica sobre la demolición de La Cuadra y La Imprenta es un capítulo más de la discusión entre lo público y lo privado , entre los vecinos que quieren preservar las identidades de sus barrios y el sector de la construcción, con el Gobierno de la Ciudad como intermediario. Lo mismo sucede en Caballito, Villa Pueyrredón y otros barrios.
Pero no es la primera vez que en esa zona de Palermo (el límite con Belgrano es la calle Zabala) se da un choque así. En diciembre de 2006, y a raíz del reclamo de cuatro vecinas, la jueza Contencioso Administrativa Patricia López Vergara prohibió los permisos para nuevas obras en 45 manzanas de Las Cañitas y La Imprenta. Pero en setiembre de 2007 la Cámara revocó la medida. Sólo quedó exceptuado el pasaje Volta, porque en el intermedio la Legislatura lo protegió con una ley especial
Pablo Novillo
Clarin, 24 de Noviembre de 2010
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Barrio de Palermo
Santa Fe: Parque Nacional
Crearon en Santa Fe un Parque Nacional único, compuesto en su totalidad por islas
Son 2.900 hectáreas sobre el río Paraná. Alberga algunas especies amenazadas.
Como sucede con otros 28 lugares del país, desde Tierra del Fuego a Jujuy, Santa Fe cuenta desde ayer con su primer parque nacional. El área tiene 2.900 hectáreas, ubicadas sobre el río Paraná, en el departamento San Gerónimo, 50 kilómetros al norte de Rosario. Se trata del primero en Argentina compuesto exclusivamente por islas.
Con la publicación en el Boletín Oficial, que habilita desde ayer la creación del Parque Nacional “Islas de Santa Fe” , la zona comenzó a ser fiscalizada por la Administración de Parques Nacionales (APN), que bajo la figura del sistema de áreas protegidas preserva el ecosistema en otros 38 sitios del país.
Además de la variedad ictícola y de aves, la fauna en la zona está compuesta por yacarés, carpinchos y nutrias. Se destacan especies vegetales como el irupé, y arbóreas como el sauce o el timbó.
“Este grupo de islas tiene, entre las especies de valor especial, el lobito de río, que es muy poco conocido por el público y que ha sufrido una fuerte persecución por el valor peletero”, detalló Raúl Chiesa, integrante de la APN. El secretario de Medio Ambiente de Santa Fe, César Mackler, destacó a Clarín “la biodiversidad que caracteriza al sistema de humedales de esta zona, que es muy poco repetible en el mundo”. Y apuntó que la intención es preservar también la diversidad biológica y cultural del lugar.
La creación del parque, aprobada en octubre pasado, obligó a la cesión de tierras fiscales provinciales al Estado nacional.
Las ocho islas que integran el proyecto son el Campo El Rico –la mayor, con una extensión de 2.600 hectáreas–, Mabel o Chingolo, La Gallina, El Conscripto, El Lago, Del Medio o De Lillo, El Alisillar y Pajas Blancas.
Los guardaparques, que trabajarán por el momento haciendo base en el Parque Nacional Pre Delta, en Entre Ríos, no sólo inspeccionarán el área para evitar la caza y la pesca. También desarrollarán labores científicas para estudiar y documentar la flora y la fauna.
“El parque nace hoy, por lo que entre las tareas a desarrollar está también la planificación de infraestructura, que es antigua y que no estaba prevista para uso del público”, proyectó Chiesa. El lugar no cuenta con senderos adecuados, baños de uso público o lugares donde comer. En Santa Fe esperan que la formalización del proyecto le otorgue al lugar una difusión nacional e internacional que permitirá la llegada del llamado turismo sustentable .
“Paulatinamente se va a dar una industria turística de embarcaciones que crucen a la isla, turismo de avistaje”, estimó Mackler. En el Pre Delta, desde su creación en 1992, la cantidad de visitantes se multiplicó por veinte.
Ubicadas a 35 minutos de navegación aguas abajo de Diamante y a unos 50 minutos aguas arriba de Puerto Gaboto, las “Islas de Santa Fe” no cuentan con acceso terrestre. El turista, a diferencia del Pre Delta, sólo podrá llegar a través de embarcaciones.
En la actualidad, la totalidad de las provincias cuenta con parques nacionales, con excepción de Mendoza y Catamarca. En la reciente Cumbre de Biodiversidad desarrollada en Nagoya, Japón, se estableció como “deseable” que el 17 % de un territorio nacional esté bajo alguna categoría de protección.
Las áreas de parques nacionales, reservas y monumentos naturales –éstas de conservación más estricta– protegidas por la APN, suman en la Argentina un 8 % del territorio. “Hay que trabajar fuertemente para ampliar los sistemas de áreas protegidas y tener una adecuada representación de todos los ecosistemas presentes en nuestro país”, planteó Chiesa a este diario.
Desde la APN aseguraron que la creación de un parque nacional es una tarea complicada. Por eso destacaban ayer la importancia de una política de Estado en la materia , como ocurrió en el caso de Santa Fe. Esto permitió iniciar el proyecto bajo un gobierno y concretarlo respetando los mismos lineamientos con otra gestión, que es de un signo político diferente a la anterior.
Mauro Aguilar
Clarin, 17 de Noviembre de 2010
Son 2.900 hectáreas sobre el río Paraná. Alberga algunas especies amenazadas.
Como sucede con otros 28 lugares del país, desde Tierra del Fuego a Jujuy, Santa Fe cuenta desde ayer con su primer parque nacional. El área tiene 2.900 hectáreas, ubicadas sobre el río Paraná, en el departamento San Gerónimo, 50 kilómetros al norte de Rosario. Se trata del primero en Argentina compuesto exclusivamente por islas.
Con la publicación en el Boletín Oficial, que habilita desde ayer la creación del Parque Nacional “Islas de Santa Fe” , la zona comenzó a ser fiscalizada por la Administración de Parques Nacionales (APN), que bajo la figura del sistema de áreas protegidas preserva el ecosistema en otros 38 sitios del país.
Además de la variedad ictícola y de aves, la fauna en la zona está compuesta por yacarés, carpinchos y nutrias. Se destacan especies vegetales como el irupé, y arbóreas como el sauce o el timbó.
“Este grupo de islas tiene, entre las especies de valor especial, el lobito de río, que es muy poco conocido por el público y que ha sufrido una fuerte persecución por el valor peletero”, detalló Raúl Chiesa, integrante de la APN. El secretario de Medio Ambiente de Santa Fe, César Mackler, destacó a Clarín “la biodiversidad que caracteriza al sistema de humedales de esta zona, que es muy poco repetible en el mundo”. Y apuntó que la intención es preservar también la diversidad biológica y cultural del lugar.
La creación del parque, aprobada en octubre pasado, obligó a la cesión de tierras fiscales provinciales al Estado nacional.
Las ocho islas que integran el proyecto son el Campo El Rico –la mayor, con una extensión de 2.600 hectáreas–, Mabel o Chingolo, La Gallina, El Conscripto, El Lago, Del Medio o De Lillo, El Alisillar y Pajas Blancas.
Los guardaparques, que trabajarán por el momento haciendo base en el Parque Nacional Pre Delta, en Entre Ríos, no sólo inspeccionarán el área para evitar la caza y la pesca. También desarrollarán labores científicas para estudiar y documentar la flora y la fauna.
“El parque nace hoy, por lo que entre las tareas a desarrollar está también la planificación de infraestructura, que es antigua y que no estaba prevista para uso del público”, proyectó Chiesa. El lugar no cuenta con senderos adecuados, baños de uso público o lugares donde comer. En Santa Fe esperan que la formalización del proyecto le otorgue al lugar una difusión nacional e internacional que permitirá la llegada del llamado turismo sustentable .
“Paulatinamente se va a dar una industria turística de embarcaciones que crucen a la isla, turismo de avistaje”, estimó Mackler. En el Pre Delta, desde su creación en 1992, la cantidad de visitantes se multiplicó por veinte.
Ubicadas a 35 minutos de navegación aguas abajo de Diamante y a unos 50 minutos aguas arriba de Puerto Gaboto, las “Islas de Santa Fe” no cuentan con acceso terrestre. El turista, a diferencia del Pre Delta, sólo podrá llegar a través de embarcaciones.
En la actualidad, la totalidad de las provincias cuenta con parques nacionales, con excepción de Mendoza y Catamarca. En la reciente Cumbre de Biodiversidad desarrollada en Nagoya, Japón, se estableció como “deseable” que el 17 % de un territorio nacional esté bajo alguna categoría de protección.
Las áreas de parques nacionales, reservas y monumentos naturales –éstas de conservación más estricta– protegidas por la APN, suman en la Argentina un 8 % del territorio. “Hay que trabajar fuertemente para ampliar los sistemas de áreas protegidas y tener una adecuada representación de todos los ecosistemas presentes en nuestro país”, planteó Chiesa a este diario.
Desde la APN aseguraron que la creación de un parque nacional es una tarea complicada. Por eso destacaban ayer la importancia de una política de Estado en la materia , como ocurrió en el caso de Santa Fe. Esto permitió iniciar el proyecto bajo un gobierno y concretarlo respetando los mismos lineamientos con otra gestión, que es de un signo político diferente a la anterior.
Mauro Aguilar
Clarin, 17 de Noviembre de 2010
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Parques y Reservas Naturales,
Provincia de Santa Fe
jueves 9 de diciembre de 2010
Mural de Siqueiros
Junto al presidente de México, Cristina inauguró un mural de Siqueiros
El restaurado mural del artista plástico mexicano, que había sido hallado en estado de abandono, está en el viejo edificio de la Aduana.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, junto a su par de México, Felipe Calderón, dejó inaugurado en el edificio de la Aduana –detrás de la Casa Rosada- el mural "Ejercicio plástico" del mexicano David Siqueiros (1896-1974), que fue restaurado después de que lo hallaran en estado de abandono.
La mandataria aprovechó para agradecer a los mexicanos por haber dado asilo a muchos exiliados argentinos durante la última dictadura militar y sostuvo que cuidar el patrimonio cultural "es una obligación de los gobernantes y de los argentinos".
El mural reinaugurado en el edificio que albergará al Museo de Arte Político fue pintado durante la visita del muralista y revolucionario mexicano en la década de 1930. En esa visita, Siqueiros conoció a Natalio Botana, director y fundador del diario "Crítica", quien lo invitó a pintar un mural en el sótano de su mansión Los Granados, en las afueras de Buenos Aires.
Este encargo culminó en la creación "Ejercicio Plástico", en el que también intervinieron argentinos como Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y el uruguayo Enrique Lázaro. El mural fue pintado en 1933 y rescatado en 1989, pero luego quedó abandonado en contenedores al aire libre, en medio de un conflicto judicial sobre su propiedad.
La historia del mural fue llevada al cine en el documental "Los próximos pasados", de la argentina Lorena Muñoz, de 2006, y en "El mural", de Héctor Olivera, estrenada este año.
Fuente. dpa
Revista Ñ, 03 de Diciembre de 2010
El restaurado mural del artista plástico mexicano, que había sido hallado en estado de abandono, está en el viejo edificio de la Aduana.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner, junto a su par de México, Felipe Calderón, dejó inaugurado en el edificio de la Aduana –detrás de la Casa Rosada- el mural "Ejercicio plástico" del mexicano David Siqueiros (1896-1974), que fue restaurado después de que lo hallaran en estado de abandono.
La mandataria aprovechó para agradecer a los mexicanos por haber dado asilo a muchos exiliados argentinos durante la última dictadura militar y sostuvo que cuidar el patrimonio cultural "es una obligación de los gobernantes y de los argentinos".
El mural reinaugurado en el edificio que albergará al Museo de Arte Político fue pintado durante la visita del muralista y revolucionario mexicano en la década de 1930. En esa visita, Siqueiros conoció a Natalio Botana, director y fundador del diario "Crítica", quien lo invitó a pintar un mural en el sótano de su mansión Los Granados, en las afueras de Buenos Aires.
Este encargo culminó en la creación "Ejercicio Plástico", en el que también intervinieron argentinos como Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y el uruguayo Enrique Lázaro. El mural fue pintado en 1933 y rescatado en 1989, pero luego quedó abandonado en contenedores al aire libre, en medio de un conflicto judicial sobre su propiedad.
La historia del mural fue llevada al cine en el documental "Los próximos pasados", de la argentina Lorena Muñoz, de 2006, y en "El mural", de Héctor Olivera, estrenada este año.
Fuente. dpa
Revista Ñ, 03 de Diciembre de 2010
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Arte,
Monumentos
Aeroparque J. Newbery
Ya opera Aeroparque
El aeroparque Jorge Newbery volvió a operar ayer, luego de 28 días cerrado por refacciones en el edificio y la pista.
Si bien se había anunciado que la pista reabriría a las 20, el primer vuelo, de LAN, arribó a las 21.15 desde San Pablo.
Desde hoy y hasta el sábado, Aerolíneas Argentinas y Austral irán progresivamente retornando al aeroparque de Palermo, tras la problemática mudanza a Ezeiza.
En el Newbery repavimentaron la pista y armaron nuevos sectores de embarque y comercios.
Clarin, 02 de Diciembre de 2010
El aeroparque Jorge Newbery volvió a operar ayer, luego de 28 días cerrado por refacciones en el edificio y la pista.
Si bien se había anunciado que la pista reabriría a las 20, el primer vuelo, de LAN, arribó a las 21.15 desde San Pablo.
Desde hoy y hasta el sábado, Aerolíneas Argentinas y Austral irán progresivamente retornando al aeroparque de Palermo, tras la problemática mudanza a Ezeiza.
En el Newbery repavimentaron la pista y armaron nuevos sectores de embarque y comercios.
Clarin, 02 de Diciembre de 2010
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Transporte
Torre del Parque de la Ciudad
Quieren reabrir en 2011 la torre del Parque de la Ciudad
Declarada Bien Cultural por la Legislatura, no funciona desde 2003.
La torre estará funcionando antes que termine 2011 , ya que se han realizado casi en su totalidad las tareas de reparación de los dos ascensores y de la estructura en general”. Claudia Strapko, directora del Parque de la Ciudad, en donde está emplazada la Torre Espacial, mostró su optimismo respecto de la reapertura del mirador más alto de América Latina , cerrado desde 2003. Hace sólo diez días, por iniciativa de los legisladores porteños radicales Rubén Campos y Claudio Presman, la Legislatura porteña la declaró Bien cultural para protegerla del deterioro y por ser “una construcción digna de elogio por su innovación arquitectónica y gracias a sus 206 metros de altura ”.
Hecha junto con el Parque de la Ciudad (ubicado en Avenida Cruz y Escalada y en un principio llamado Interama), durante la última dictadura militar, cuando Osvaldo Cacciatore era intendente, la torre se inauguró el 9 de julio de 1985 y se convirtió también en la construcción más alta jamás levantada dentro de un parque diversiones en el mundo . Las antenas colocadas sobre la plataforma 3 elevan su altura hasta los 220 metros. Según Strapko, a la torre ya se le cambiaron los vidrios rotos y se está finalizando el arreglo de los dos ascensores de alta velocidad capaces de transportar a 28 personas cada uno hasta las plataformas 1, 2 y 3, ubicadas a 120, 125 y 176 metros del piso, respectivamente. En las primeras dos, la idea era instalar un salón para eventos y una confitería giratoria. Dice la leyenda que nunca pudo moverse debido a que las vibraciones a semejante altura la hacían peligrosa. En la plataforma más alta, el mirador ofrece una vista panorámica de hasta 80 km , y, en un día con buena visibilidad, puede verse la costa de Colonia, en Uruguay. La escalera que llega hasta la cima tiene 1.000 escalones con 45 descansos.
La torre está ubicada en el sector Futuro del parque. Hecha con materiales provenientes de Austria sobre 30 pilotes de 35 metros de profundidad, se dice que está inspirada en Excalibur , la legendaria espada del Rey Arturo que yace clavada en una piedra. A pocos metros, “duerme” la montaña rusa Vertigorama, la más grande de un centro de diversiones en América del sur, y que nunca se habilitó. Aunque la idea era reabrirla para los festejos del Bicentenario , la torre, visible desde distintos puntos de la Ciudad, apenas se vistió de azul y blanco durante parte del año para sumarse a la celebración.
Su recuperación va en sintonía con la del resto del parque, en el que actualmente trabajan 125 personas. Cerca del 60% de sus 120 hectáreas no están abiertas al público. Igual que los juegos, sobre los que pesa una medida judicial que no permite usarlos ni desarmarlos.
El predio funciona los fines de semana y feriados . El resto de los días se realizan algunas actividades puntuales como excursiones de colegios. En total, según los datos oficiales, lo visitan 15 mil personas por mes.
Pedro Paulin
Clarin, 29 de Noviembre de 2010
Declarada Bien Cultural por la Legislatura, no funciona desde 2003.
La torre estará funcionando antes que termine 2011 , ya que se han realizado casi en su totalidad las tareas de reparación de los dos ascensores y de la estructura en general”. Claudia Strapko, directora del Parque de la Ciudad, en donde está emplazada la Torre Espacial, mostró su optimismo respecto de la reapertura del mirador más alto de América Latina , cerrado desde 2003. Hace sólo diez días, por iniciativa de los legisladores porteños radicales Rubén Campos y Claudio Presman, la Legislatura porteña la declaró Bien cultural para protegerla del deterioro y por ser “una construcción digna de elogio por su innovación arquitectónica y gracias a sus 206 metros de altura ”.
Hecha junto con el Parque de la Ciudad (ubicado en Avenida Cruz y Escalada y en un principio llamado Interama), durante la última dictadura militar, cuando Osvaldo Cacciatore era intendente, la torre se inauguró el 9 de julio de 1985 y se convirtió también en la construcción más alta jamás levantada dentro de un parque diversiones en el mundo . Las antenas colocadas sobre la plataforma 3 elevan su altura hasta los 220 metros. Según Strapko, a la torre ya se le cambiaron los vidrios rotos y se está finalizando el arreglo de los dos ascensores de alta velocidad capaces de transportar a 28 personas cada uno hasta las plataformas 1, 2 y 3, ubicadas a 120, 125 y 176 metros del piso, respectivamente. En las primeras dos, la idea era instalar un salón para eventos y una confitería giratoria. Dice la leyenda que nunca pudo moverse debido a que las vibraciones a semejante altura la hacían peligrosa. En la plataforma más alta, el mirador ofrece una vista panorámica de hasta 80 km , y, en un día con buena visibilidad, puede verse la costa de Colonia, en Uruguay. La escalera que llega hasta la cima tiene 1.000 escalones con 45 descansos.
La torre está ubicada en el sector Futuro del parque. Hecha con materiales provenientes de Austria sobre 30 pilotes de 35 metros de profundidad, se dice que está inspirada en Excalibur , la legendaria espada del Rey Arturo que yace clavada en una piedra. A pocos metros, “duerme” la montaña rusa Vertigorama, la más grande de un centro de diversiones en América del sur, y que nunca se habilitó. Aunque la idea era reabrirla para los festejos del Bicentenario , la torre, visible desde distintos puntos de la Ciudad, apenas se vistió de azul y blanco durante parte del año para sumarse a la celebración.
Su recuperación va en sintonía con la del resto del parque, en el que actualmente trabajan 125 personas. Cerca del 60% de sus 120 hectáreas no están abiertas al público. Igual que los juegos, sobre los que pesa una medida judicial que no permite usarlos ni desarmarlos.
El predio funciona los fines de semana y feriados . El resto de los días se realizan algunas actividades puntuales como excursiones de colegios. En total, según los datos oficiales, lo visitan 15 mil personas por mes.
Pedro Paulin
Clarin, 29 de Noviembre de 2010
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Arte,
Barrio de Lugano
Botanico: Grupo Escultorico
Una orgía romana en el Botánico
Los que conocen la historia dicen que en 1987 lo rescataron de una caballeriza donde estaba cubierto de estiércol. Y que un año más tarde, ya recuperado, lo instalaron en el Jardín Botánico. Es que, igual que la mayoría de los argentinos, aquel elemento subversivo venía de sufrir el ostracismo de los años oscuros y sangrientos de la última dictadura. El grupo escultórico se denomina Saturnalia , es una obra de más de cien años y en él un artista italiano representó esa tradicional festividad romana en la que, como dice Joan Manuel Serrat en una de sus canciones, “el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”. El festejo duraba una semana y siempre tenía el mismo desarrollo: grandes comilonas, exceso de alcohol y orgía desenfrenada.
Realizado en bronce patinado y desarrollado en forma horizontal, el grupo escultórico del Botánico muestra a diez figuras humanas en tamaño real. Allí se mezclan un patricio de alta alcurnia, dos sacerdotes borrachos, un joven, una dama patricia, un gladiador, una prostituta, un soldado, un esclavo y un músico, lo que muestra a las claras el significado de aquel “hapenning” sin límites que se desarrollaba cada diciembre en la vieja Roma.
Es que esa era la esencia de aquel encuentro donde se homenajeaba a Saturno, dios de la agricultura y la cosecha: durante esa fiesta (que empezó durando un día y los distintos emperadores llegaron a extenderla a una semana) se suspendía toda actividad y hasta los esclavos tenían derecho a actuar con libertad para comer y beber sin límites y participar en esa orgía donde las diferencias sociales quedaban de lado.
El grupo que está en el Botánico es una réplica del instalado en la Galería de Arte Moderno de Roma. El original lo realizó en 1900 el artista italiano Ernesto Biondi (1855-1917) para presentarlo en París, donde ganó el primer premio de una exposición. La copia la hizo él mismo en 1909, por encargo del escultor, abogado y diplomático argentino Hernán Cullen Ayerza. Su idea era traerla a Buenos Aires e instalarla en un lugar público.
La Saturnalia llegó a nuestra ciudad cuando se preparaban los festejos del Primer Centenario, en febrero de 1910. Pero contra lo que pensaba Cullen Ayerza, estuvo en la Aduana hasta 1912. Su temática asustaba a los funcionarios porteños. Entonces, el diplomático instaló el grupo escultórico en el jardín de su residencia de la calle Esmeralda al 1200. Cullen Ayerza murió en 1957 y en su testamento lo donó al Museo Nacional de Bellas Artes. Pero aquel bronce quemaba tanto que finalmente fue a parar a un depósito municipal.
El gobierno democrático de Arturo Illia lo rescató y lo instaló en el Club Ciudad de Buenos Aires. Años más tarde, hubo un nuevo traslado, esta vez hacia el Centro Cultural San Martín. Pero a principios de los años 80 la censura volvió a poner su ojo tuerto en la obra: decidieron ocultarla y terminó otra vez en un depósito municipal. Recién en 1987 lo descubrieron en una caballeriza y en 1988 llegó a su actual ubicación: el Jardín Botánico de Palermo.
Claro que la censura de una obra escultórica no fue exclusividad de la Saturnalia . La corta visión de esos, que hasta serían capaces de cubrir con una bermudas al David de Miguel Angel, también se ensañó con una genialidad de la tucumana Lola Mora y alejó del centro porteño a la Fuente de las Nereidas, cuyo emplazamiento original estaba previsto para la zona de las actuales Leandro Alem y Perón. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarin, 29 de Noviembre de 2010
Los que conocen la historia dicen que en 1987 lo rescataron de una caballeriza donde estaba cubierto de estiércol. Y que un año más tarde, ya recuperado, lo instalaron en el Jardín Botánico. Es que, igual que la mayoría de los argentinos, aquel elemento subversivo venía de sufrir el ostracismo de los años oscuros y sangrientos de la última dictadura. El grupo escultórico se denomina Saturnalia , es una obra de más de cien años y en él un artista italiano representó esa tradicional festividad romana en la que, como dice Joan Manuel Serrat en una de sus canciones, “el noble y el villano, el prohombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”. El festejo duraba una semana y siempre tenía el mismo desarrollo: grandes comilonas, exceso de alcohol y orgía desenfrenada.
Realizado en bronce patinado y desarrollado en forma horizontal, el grupo escultórico del Botánico muestra a diez figuras humanas en tamaño real. Allí se mezclan un patricio de alta alcurnia, dos sacerdotes borrachos, un joven, una dama patricia, un gladiador, una prostituta, un soldado, un esclavo y un músico, lo que muestra a las claras el significado de aquel “hapenning” sin límites que se desarrollaba cada diciembre en la vieja Roma.
Es que esa era la esencia de aquel encuentro donde se homenajeaba a Saturno, dios de la agricultura y la cosecha: durante esa fiesta (que empezó durando un día y los distintos emperadores llegaron a extenderla a una semana) se suspendía toda actividad y hasta los esclavos tenían derecho a actuar con libertad para comer y beber sin límites y participar en esa orgía donde las diferencias sociales quedaban de lado.
El grupo que está en el Botánico es una réplica del instalado en la Galería de Arte Moderno de Roma. El original lo realizó en 1900 el artista italiano Ernesto Biondi (1855-1917) para presentarlo en París, donde ganó el primer premio de una exposición. La copia la hizo él mismo en 1909, por encargo del escultor, abogado y diplomático argentino Hernán Cullen Ayerza. Su idea era traerla a Buenos Aires e instalarla en un lugar público.
La Saturnalia llegó a nuestra ciudad cuando se preparaban los festejos del Primer Centenario, en febrero de 1910. Pero contra lo que pensaba Cullen Ayerza, estuvo en la Aduana hasta 1912. Su temática asustaba a los funcionarios porteños. Entonces, el diplomático instaló el grupo escultórico en el jardín de su residencia de la calle Esmeralda al 1200. Cullen Ayerza murió en 1957 y en su testamento lo donó al Museo Nacional de Bellas Artes. Pero aquel bronce quemaba tanto que finalmente fue a parar a un depósito municipal.
El gobierno democrático de Arturo Illia lo rescató y lo instaló en el Club Ciudad de Buenos Aires. Años más tarde, hubo un nuevo traslado, esta vez hacia el Centro Cultural San Martín. Pero a principios de los años 80 la censura volvió a poner su ojo tuerto en la obra: decidieron ocultarla y terminó otra vez en un depósito municipal. Recién en 1987 lo descubrieron en una caballeriza y en 1988 llegó a su actual ubicación: el Jardín Botánico de Palermo.
Claro que la censura de una obra escultórica no fue exclusividad de la Saturnalia . La corta visión de esos, que hasta serían capaces de cubrir con una bermudas al David de Miguel Angel, también se ensañó con una genialidad de la tucumana Lola Mora y alejó del centro porteño a la Fuente de las Nereidas, cuyo emplazamiento original estaba previsto para la zona de las actuales Leandro Alem y Perón. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarin, 29 de Noviembre de 2010
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Arte,
Barrio de Palermo,
Espacios Verdes
Iglesia San Ignacio: 300 Años
La primera iglesia celebra 300 años
Los que pasaban en las inmediaciones de la Plaza de Mayo no entendían nada. Un sacerdote parado en el medio de la calle Bolívar y Alsina, delante de la iglesia de San Ignacio, con las manos en alto trataba de detener a los colectivos.
¿Se había vuelto loco? No. Era un intento desesperado, allá por 2003, para que se cumpliera con la norma que prohíbe la circulación del transporte público por el Casco Histórico porteño. La desesperación del padre Francisco Delamer tenía su razón: las vibraciones que se producían ponían en peligro la estructura del templo. Si continuaban, la primera iglesia porteña y, a la vez, el edificio más antiguo de Buenos Aires, que está celebrando 300 años, se vendría abajo.
El padre Delamer, por entonces párroco de San Ignacio, logró su objetivo. La disposición comenzó cumplirse. Pero la iglesia seguía amenazada. En 2007, su sucesor, el padre Francisco Baigorria, consiguió poner en marcha la restauración luego de una carrera contra el tiempo para conseguir los fondos. Los estudios habían confirmado los peores presagios. “Deben encararse con urgencia los trabajos porque de milagro la iglesia aún no se cayó”, dictaminó el arquitecto Jorge Fontán Balestra. “El templo estaba quebrado por el medio”, dice hoy Baigorria.
La iglesia había comenzado a construirse en 1710 por impulso de los jesuitas luego de que a comienzos del 1600 levantaran un primer templo en lo que es hoy la Plaza de Mayo, pero que, por razones de defensa del fuerte, debió derribarse en 1661 y volver a construirse. Casi un siglo después empezó la edificación del templo que aun perdura. A su lado, los jesuitas levantaron el colegio Grande (luego San Carlos y hoy el Nacional Buenos Aires).
Entre los materiales, se emplearon piedras traídas de la isla Martín García. La nave central está flanqueada por cinco capillas, sobre las que corre una galería alta, detalle poco común, que permite una mayor capacidad. Ello posibilitó que allí se realizaran numerosos actos e incluso cabildos abiertos y que la iglesia tuviera un papel central en la historia argentina.
Por ejemplo, el retablo del altar mayor, tallado en las reducciones jesuíticas, tiene láminas de oro. Las imágenes religiosas son de variado origen y se destaca la de Nuestra Señora de las Nieves, que se cree que es la primera que fue traía a Buenos Aires durante la expedición de Pedro de Mendoza. En 1955, durante el conflicto entre Perón y la Iglesia, el templo fue uno de los más dañados por los incendios intencionales y parte de su valioso archivo y varias de sus imágenes se quemaron.
La iglesia “oculta” otro patrimonio: bajo el edificio se conservan dos tramos de los míticos túneles de la ciudad construidos en tiempos de la colonia para escapar ante una eventual invasión extranjera.
Declarada Monumento Histórico Nacional en 1942, ante la crítica situación del templo de los últimos años, el Estado nacional aportó el 60 % de la primera etapa de restauración, cotizada en $ 12 millones. El Gobierno de la Ciudad y privados pusieron el resto para salvarlo. En ese camino se trabaja ahora.
Sergio Rubin
Clarin, 28 de Noviembre de 2010
Los que pasaban en las inmediaciones de la Plaza de Mayo no entendían nada. Un sacerdote parado en el medio de la calle Bolívar y Alsina, delante de la iglesia de San Ignacio, con las manos en alto trataba de detener a los colectivos.
¿Se había vuelto loco? No. Era un intento desesperado, allá por 2003, para que se cumpliera con la norma que prohíbe la circulación del transporte público por el Casco Histórico porteño. La desesperación del padre Francisco Delamer tenía su razón: las vibraciones que se producían ponían en peligro la estructura del templo. Si continuaban, la primera iglesia porteña y, a la vez, el edificio más antiguo de Buenos Aires, que está celebrando 300 años, se vendría abajo.
El padre Delamer, por entonces párroco de San Ignacio, logró su objetivo. La disposición comenzó cumplirse. Pero la iglesia seguía amenazada. En 2007, su sucesor, el padre Francisco Baigorria, consiguió poner en marcha la restauración luego de una carrera contra el tiempo para conseguir los fondos. Los estudios habían confirmado los peores presagios. “Deben encararse con urgencia los trabajos porque de milagro la iglesia aún no se cayó”, dictaminó el arquitecto Jorge Fontán Balestra. “El templo estaba quebrado por el medio”, dice hoy Baigorria.
La iglesia había comenzado a construirse en 1710 por impulso de los jesuitas luego de que a comienzos del 1600 levantaran un primer templo en lo que es hoy la Plaza de Mayo, pero que, por razones de defensa del fuerte, debió derribarse en 1661 y volver a construirse. Casi un siglo después empezó la edificación del templo que aun perdura. A su lado, los jesuitas levantaron el colegio Grande (luego San Carlos y hoy el Nacional Buenos Aires).
Entre los materiales, se emplearon piedras traídas de la isla Martín García. La nave central está flanqueada por cinco capillas, sobre las que corre una galería alta, detalle poco común, que permite una mayor capacidad. Ello posibilitó que allí se realizaran numerosos actos e incluso cabildos abiertos y que la iglesia tuviera un papel central en la historia argentina.
Por ejemplo, el retablo del altar mayor, tallado en las reducciones jesuíticas, tiene láminas de oro. Las imágenes religiosas son de variado origen y se destaca la de Nuestra Señora de las Nieves, que se cree que es la primera que fue traía a Buenos Aires durante la expedición de Pedro de Mendoza. En 1955, durante el conflicto entre Perón y la Iglesia, el templo fue uno de los más dañados por los incendios intencionales y parte de su valioso archivo y varias de sus imágenes se quemaron.
La iglesia “oculta” otro patrimonio: bajo el edificio se conservan dos tramos de los míticos túneles de la ciudad construidos en tiempos de la colonia para escapar ante una eventual invasión extranjera.
Declarada Monumento Histórico Nacional en 1942, ante la crítica situación del templo de los últimos años, el Estado nacional aportó el 60 % de la primera etapa de restauración, cotizada en $ 12 millones. El Gobierno de la Ciudad y privados pusieron el resto para salvarlo. En ese camino se trabaja ahora.
Sergio Rubin
Clarin, 28 de Noviembre de 2010
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Barrio de Monserrat,
Museos y Lugares Historicos
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En cuanto a la página web del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cliquear en los siguientes enlaces: Cultura, Comisíon para la Preservación del Patrimonio, Publicaciones.
Cualquier duda escribir a biblioteca@ispm.edu.ar
Paula Iglesias
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Cualquier duda escribir a biblioteca@ispm.edu.ar
Paula Iglesias
Bibliotecaria