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jueves 24 de febrero de 2011

Parque Nacional Talampaya

Algo en el paisaje remite al universo onírico de la obra de Gaudí. En el Cañón Arco Iris de Talampaya hay seres monstruosos cincelados en piedra –incluso un lagarto como el del Parque Güell–, una gran sobrecarga decorativa y superficies ondulantes por doquier. Pero también hay líneas rectas perfectas y pirámides que la antojadiza naturaleza traza sin explicación, formas que por alguna razón los hombres consideramos exclusivas de nuestra especie. Aquí y allá proliferan los grandes derrumbes y por momentos me parece ver a Cartago en ruinas. Más adelante la sensación es la de caminar por los escenarios interplanetarios de la Guerra de las Galaxias. Y según se lo mire, un dinosaurio podría aparecer caminando tranquilamente por aquí sin desentonar y nosotros seguiríamos de largo como quien ha visto un caballo.
Unas filosas placas brotan de la tierra apuntando al cielo.
En este circuito de Talampaya surge a la vista una gran contradicción: reina una sequedad absoluta, aridez de infierno volcánico. Pero las paredes de los cañones y sus caracoleos –y todo lo que nos rodea– son obra del agua de unos ríos por cuyos cauces secos caminamos. ¿Cuándo tienen agua estos ríos? Prácticamente nunca. Salvo por unas horas –como mucho tres horas– unos pocos días de verano, cuando las aguas alcanzan unos centímetros de profundidad después de una lluvia y hacen su trabajo todo junto, removiendo casi de a uno los granos de arena, con paciencia milenaria. El resultado es de una complejidad asombrosa, de una irregularidad tal que forma un laberinto mucho más complejo –más perfecto– que cualquiera diseñado por el hombre. La impresión es que el paisaje es una infinita trama de castillos de arena que a la mañana siguiente podrían ya no estar.
La segunda aparente gran contradicción –en la naturaleza todo tiene una explicación, conocida o no– es que esta inmensidad roja y reseca muy poco apta para la vida fue alguna vez un vergel con árboles y lagos poblado por la megafauna del triásico, una especie de paraíso donde aún no había aparecido el hombre ni aparecería por varios millones de años. Lo que ocurrió fue que el surgimiento de la Cordillera de los Andes frenó el paso de los vientos húmedos que venían del Pacífico, convirtiendo todo esto en un desierto en el cual los movimientos de placas tectónicas hicieron brotar a la superficie los terrenos del Triásico –250 millones de años atrás– que habían sido cubiertos por metros de sedimentos. Esto no ha sucedido en ningún otro lugar del planeta. Y para preservar esta rareza geológica donde apareció la osamenta petrificada del Lagosuchus Talampayensis –uno de los dinosaurios más antiguos jamás encontrado–, la Cuenca de Ischigualasto, conformada por el Parque Nacional Talampaya y el Valle de la Luna, fue declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.
Triángulos y aleros techados evocan escenografías de la Guerra de las Galaxias.
VIDA OCULTA A simple vista casi no hay vida en esta zona, pero cuando uno pasa unas horas en el parque comienza a descubrir una diversidad de seres vivos allí donde parecería imposible. Sobre la arena y entre las grietas de las rocas brotan arbustos como el retamo y la chilca dulce, plantas rastreras como la uña de gato y árboles resistentes como el algarrobo. Cuando le pregunto al guía de dónde sacan el agua los seres vivos, me responde sin hablar, rascando la arena con la mano para hacer un pocito en un lugar que solamente él y los guanacos conocen, donde rápidamente aparece la humedad.
En el camino nos cruzamos con lagartijas, una enorme langosta, una perdiz copetuda, una mulita y una tropilla de guanacos. Además habitan aquí el puma, la mara patagónica –que nadie se explica muy bien cómo llegó–, el zorro, el ñandú, el gato del monte y la colorida y mortal serpiente coral.
Durante la caminata, el guía nos muestra cómo todo está siempre –de alguna manera u otra– escrito en la piedra. En los paredones del Cañón Arco Iris el color verde indica la presencia de cobre oxidado, el blanco es yeso, el rojo es óxido de hierro, el gris ceniza volcánica, el amarillo azufre y el negro carbón.
Ya más en confianza, Félix Narváez nos cuenta que es guía del parque desde 1975 y que forma parte de la Cooperativa Talampaya, integrada por gente de la zona –la mayoría del pueblo de Pagancillo–, quienes tienen la exclusividad de la guía en el Cañón Arco Iris y también llevan viajeros a otro circuito de la zona llamado Ciudad Perdida.
Gigantescos derrumbes recrean un remoto apocalipsis.
ENCUENTROS CERCANOS Así como existen el síndrome de Jerusalén –que despierta delirios místicos en muchos viajeros– y el síndrome de Florencia –que produce un estado de shock emotivo frente a las grandes obras de arte–, alguna vez habrá que teorizar sobre el síndrome de Talampaya, ya que los casos van en aumento. El guía nos cuenta que todos los años vienen “grupos de gente muy singular” con cuencos tibetanos para hacerlos sonar, y están quienes ven pasar un cóndor y ven en él al dios Ra de la mitología egipcia. Pero el más llamativo es el Grupo de la Hermandad Blanca de la Tierra –con integrantes en diferentes países– que llegan regularmente para ir hasta el pie de un volcancito negro de 18 millones de años, que está en Ciudad Perdida muy cerca del Cañón Arco Iris. “Hasta ahí nos piden que los llevemos a eso de las 5 de la tarde, porque ellos creen que tienen encuentros con hermanos suyos extraterrestres... ahí hablan en idiomas de otros planetas, entran en trance, gritan, se desmayan, hacen una especie de exorcismos y tienen sus encuentros cercanos del tercer tipo. Una vez vimos una estrella fugaz y me dijeron que ahí se iban sus hermanos que habían venido a visitarlos. Y siempre nos tenemos que ir rajando al atardecer porque si nos agarrara la noche, las almas de las piedras –cada piedra tiene un alma, según ellos– nos atraparían”, comenta un guía disimulando la risa. El grupo está convencido de que bajo la Ciudad Perdida está la ciudad intraterrena de Ankar, creada por una nave llegada desde la constelación Orión para instalar un laboratorio biogenético. Además, ellos leen en el paisaje de Talampaya el resultado de un conflicto intergaláctico de consecuencias fatales.
Juicios al margen, el sitio para estos encuentros cercanos está por demás bien elegido, porque si hay una región en nuestro país –y acaso en el mundo– donde uno parece llegar por un cómodo atajo a otro planeta, a un planeta rojo deshabitado, ese lugar es el Parque Nacional Talampaya, Quebrada Arco Iris, provincia de La Rioja.

Julián Varsavsky

Página 12, 20 de febrero de 2011

Record de basura en Buenos Aires

En 2010 debía reducirse, pero creció un 14%. Fueron más de 2 millones de toneladas, la mayor marca histórica. Según dispone la ley de Basura Cero, debería haber sido la mitad. Se genera más porque crece el consumo y no avanza el reciclado.
Las alarman suenan pero las soluciones siguen sin despertarse. Según estadísticas oficiales, la Ciudad mandó a enterrar al relleno sanitario de la CEAMSE un 14% más de basura que en 2009. Esto significó un nuevo récord histórico, y además es exactamente lo contrario a lo que marca la ley, que obliga a enviar cada vez menos residuos.
Los datos surgen de la información que la propia CEAMSE publica en su página web. El año pasado, Buenos Aires mandó a disposición final 2.110.122,2 toneladas de residuos (5.786 por día), contra 1.847.748,4 que se habían enviado en 2009. La cifra es récord desde que se comenzó a contar (1996): el anterior techo había sido en 1999, cuando la Ciudad mandó a enterrar 1.977.252,8 toneladas.
Pero la realidad va en el sentido opuesto al que debería. En 2007, la Ciudad reglamentó la ley Basura Cero, para reducir la cantidad de residuos a enterrar. Según esa norma, el año pasado deberían haberse enterrado 1.048.000 toneladas, pero se envió el doble.
El aumento en la cantidad de basura obedece al crecimiento en el consumo, pero también porque no se aplicó correctamente ningún antídoto. Pese a las promesas, hace años que la Nación, la Ciudad y las diferentes provincias se demoran en poner en marcha una política integral de separación de residuos en origen y reciclado.
“El Gobierno de la Ciudad no ha trabajado para que la reducción sea posible. Se desmanteló el sistema de contenedores diferenciados iniciado en 2007, se discontinuó el servicio de recolección diferenciada y no se avanzó en la concientización sobre reciclado”, se quejó Eugenia Testa, directora política de Greenpeace.
El problema se agrava al considerar la situación de los rellenos sanitarios. Hoy, la Ciudad y gran parte de los municipios del GBA entierran su basura en el relleno Norte III, de José León Suárez. Los otros predios, en Ensenada y González Catán, ya deberían haber dejado de operar.
Según un estudio del Instituto de Ingeniería Sanitaria de la UBA, entre un 13% y un 15% de los residuos que se entierran se podrían recuperar. Sin embargo hasta ahora la Ciudad falló en el fomento del reciclado. Durante la gestión de Jorge Telerman se habían colocado contenedores con tapa naranja, donde los vecinos debían volcar los residuos recuperables (plásticos, cartones, vidrios, metales). Luego las empresas de higiene hacían una recolección diferenciada.
Pero el macrismo eliminó esa política, porque afirmó que la gente no separaba en origen, y entonces el sistema era inútil y caro. A cambio, propusieron que los cartoneros fueran los encargados de recoger los residuos reciclables. Así lo plantearon en el pliego para el nuevo sistema de recolección de residuos. Pero ese proceso viene demorado: los contratos con las empresas vencieron hace un año y hubo que prorrogarlos.
El ministro de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad, Diego Santilli, explicó: “Gran parte del crecimiento de la basura son los escombros de las construcciones, que pasaron de un 20% a un 30% del total. Por eso estamos por inaugurar una cuarta planta de transferencia de residuos áridos en Pompeya. Además, estamos trabajando para poner en marcha tres plantas de reciclado de residuos, que funcionarán dentro del predio de la CEAMSE. Y para abril lanzaremos la licitación para el nuevo sistema de recolección de residuos, que plantea la separación en origen y que los cartoneros se ocupen de los residuos recuperables”. De todas formas, el nuevo sistema recién estaría operativo a fines de 2012.

Pablo Novillo

Clarín, 26 de enero de 2011

jueves 17 de febrero de 2011

Monumento al General Belgrano en Plaza de Mayo

La idea de hacer un gran monumento que evocara la figura de Manuel Belgrano surgió en 1870. Y generó tanto entusiasmo que hasta se nombró una comisión para que se encargara del tema. Pero el problema, como tantas veces, era la falta de fondos. Entonces apareció la solución salvadora de recurrir a la “gratitud pública”. Es decir: que la gente, el pueblo, donara lo que pudiera para financiarlo. La colecta de monedas se cumplió casi en forma inmediata y sirvió para demostrar que aquel prócer, que tanto había dado por la libertad y la construcción de “una nueva y gloriosa nación” y que había muerto el 20 de junio de 1820 en medio de la más absoluta pobreza, empezaba a tener el reconocimiento del que no gozó en vida.

Lo inauguraron el 24 de septiembre de 1873, justo cuando se cumplía un nuevo aniversario de la gloriosa victoria de los patriotas en la batalla de Tucumán. Aquel ejército había sido conducido por Belgrano, quien lucía los galones de general, algo que no eligió pero que las necesidades de la revolución le impusieron.

El monumento fue instalado casi en el centro de la Plaza 25 de Mayo, el nombre que tenía entonces parte de la actual Plaza de Mayo. Y a la ceremonia asistieron unas 25.000 personas que colmaron el lugar y los balcones de los alrededores, evocan las crónicas. El acto lo encabezó el presidente Domingo Faustino Sarmiento.

Pero la obra iba a sorprender no sólo por esa impactante imagen que muestra a un general alzando aquella bandera de su creación, sino por un detalle.

Cuando aquella comisión que debía coordinar la realización del monumento comenzó a ejecutar el proyecto (la integraron Manuel José Guerrico, Bartolomé Mitre y Enrique Martínez), convocó para el trabajo al escultor francés Albert Ernest Carrier-Belleuse (1824-1887), un artista reconocido. Pero el hombre decidió derivar parte de su trabajo en otro artista, especializado en imágenes de animales. Y así le encargó la realización del caballo a Manuel de Santa Coloma, hijo del primer cónsul que la Argentina tuvo en Europa. Santa Coloma había nacido en la embajada en Burdeos y eso le otorgaba la nacionalidad, pero no conocía nuestro país. Es más: en enciclopedias de arte de Europa hasta lo presentan como francés.

Lo cierto es que el brioso corcel que realizó para la figura de Belgrano que había preparado Carrier-Belleuse poco tenía que ver con los de raza criolla que supo montar el patriota. Se dice que el artista tomó como base la imagen de un caballo de la antigua Grecia. Y además, al colocar encima la figura humana se descubrió que no guarda la proporción en relación con el animal, que se lo define como un petiso. Para algunos, eso le quitó mérito a la obra.

En 1885, un gran pedestal hecho en granito y traído desde Génova le dio al monumento la imagen que aún conserva. Esa vez se decidió también cambiarle la orientación (antes miraba hacia el Cabildo) para que la cola del caballo no quedase en dirección a la Casa Rosada.

Pero este no es el único monumento ecuestre de Buenos Aires con alguna curiosidad. Está la gigantesca obra que realizaron Héctor Rocha y Renzo Baldi para homenajear a Justo José de Urquiza, en el cruce de las avenidas Figueroa Alcorta y Sarmiento, en Palermo. Y lo más sorprendente es que la montura de ese caballo no tiene cincha que la sujete. Pero esa es otra historia.

Eduardo Parise

Clarín, 13 de febrero de 2011

Una visita a la ciudad de Estambul

Si vas por primera vez a Estambul, te parecerá una ciudad difícil de abarcar en una visita. De hecho lo es ya que al situarse entre dos orillas, entre dos continentes, debemos trasladarnos de una a otra parte para verlo todo. O casi todo, porque Estambul es riquísima en rincones y grandes atractivos. Para ayudarte a organizar una primera visita, te damos los 10 consejos imperdibles de acuerdo a nuestra experiencia.
1. Las siete colinas de la Ciudad Vieja son una colección de mezquitas donde perderse y quedar absorto. Pasarás de una a otra sólo para admirarte aún mas de la belleza de sus minaretes, cúpulas y grabados. Los alrededores de Eminönü y Beyoğlu te asombrarán.
2. Como dijimos, el tráfico entre una y otra orilla es permanente. El Bósforo es atravesado enormes puentes, y por miles de ferries, botes pesqueros, grandes y pequeñas embarcaciones, cargueros, lanchas, cruceros, taxis acuáticos, barcos del transporte público o de excursión. Un recorrido en el día por estas aguas te dará unas panorámicas inolvidables, especialmente si lo haces al anochecer, cuando el cielo se tiñe de rosa sobre las mezquitas.
3. El Distrito del Bazar te parecerá una locura por el caos, una explosión de colores y perfumes, de gente y sonidos. No puedes perdértelo. Internate en las caravanserais hacia el Mısır Çarşısı o mercado de las especias, donde el olor de la canela y el clavo lo inunda todo.
4.Entre todas las obras maestras de la ciudad, Santa Sofía es la mas impresionante, única, sublime. A pesar de un exterior poco prometedor aunque imponente, sus espacios interiores te deslumbrarán. Dedícale tiempo, se lo merece.
5.Vive la nueva Estambul en los alrededores de Istiklal Caddesi, el corazón de la ciudad del siglo XXI. Desde la siempre trajinada Plaza Taksim hasta Galata, con sus calles adoquinadas gastadas por el paso de tantos pueblos a lo largo de los siglos. Una mezcla de iglesias, mezquitas, restaurantes y hoteles.
6. El arte en Estambul tiene presencia y protagonismo. Está de moda, además, mirar y dejarse mirar en los cientos de pequeñas y grandes galerías de arte de Estambul. Si te asomas, además de grandes obras de arte contemporáneo especialmente, te encontrarás con una “galería humana” sin par. Además, suelen contar con un pequeño café donde sentarse a disfrutar del “espectáculo”.
7. Disfruta de la comida callejera. Encontrarás puestos a cada paso, con lo mejor de ambos continentes, desde helados hasta kebab. Entre las especialidades que debes buscar y probar está el simit , pequeñas rodajas de pan con semillas de sésamo. Y siéntate en una cafetería. Relájate. Pásalo bien.
8. Estambul es uno de los pocos lugares del mundo donde los amantes de la música clásica podrán salir de los grandes teatros u óperas y seguir disfrutando con la misma calidad. Los conciertos de primer nivel que se realizan en mezquitas e iglesias, rodeados del boato y la decoración otomanos, aseguran una agenda de calidad a lo largo de todo el año.
9. ¿Eres amante de la noche? Debes visitar los superclubs de Estambul. Preparados para la exclusiva clientela que los frecuenta, los superclubs puede hacer pedazos tu presupuesto, pero a cambio de aseguran codearte con hombres y mujeres enfundados en carísimos Armani, con relojes de infarto y zapatos a medida. Entre Ortaköy y Kuruceşme los encontrarás. Si entras o no, ya es tu decisión.
10. Los habitantes de Estambul aman la buena comida. Ya te recomendamos los puestos callejeros, pero si quieres estirar tu prespuesto un poco mas, puedes sentarte en muchos de los restaurantes que festejan las especialidades locales. La cocina turca se ha ido refinando a lo largo de los siglos, enriqueciéndose de las influencias que recibía. Sin embargo, su caracter se mantiene básicamente simple, ríustica, sabrosa. Prueba los meze o entrantes, los simples kebabs, las ensaladas con especias y frutos secos, los mariscos… Como dicen los turcos: Afi yet olsun! (¡que aproveche!).

Diario del Viajero, 16 de noviembre de 2010

Manchas en los océanos

La mugre y la polución no son privativas de las lagunitas o los baldes de agua; la verdad es que hay mugre por todas partes donde se pueda pispiar la delicada actividad humana. Islas de basura muy diferentes de las idílicas islas desiertas de los chistes y los cuentos.

Quienes hayan recorrido con una mínima atención cualquier espejo de agua relativamente pequeño habrán observado que en algún rincón se encuentra amontonada basura flotante. Esto es aplicable a una palangana abandonada en un patio, a una pileta, o incluso un lago, aunque en este último, sobre todo si es amplio, no será tan fácil localizar este punto en el que se acumulan hojas, trozos de madera o, si hay presencia humana, algunos paquetes de comida, botellas o latas. Es como si los residuos, sometidos a algún instinto gregario, se amontonaran en algún punto de su preferencia. Esta característica, perceptible sobre todo en aguas que no fluyen, parece ser producto de zonas de agua estancada que atrapan lo que flota sobre ellas. Pero no se trata de algo exclusivo de la escala media o pequeña: los océanos son también, al fin y al cabo, reservorios de agua enormes pero limitados que cubren el finito planeta Tierra y están sometidos a un fenómeno similar.
Es por eso que existen a lo largo y ancho de los océanos grandes manchas en las que se acumula basura. Un estudio reciente publicado en la revista científica Science daba cuenta del crecimiento de la mancha existente en el océano Atlántico, pero existen otros basureros flotantes conocidos de varios miles de kilómetros de ancho que se van moviendo dentro de ciertas coordenadas.
LAS ISLAS DE BASURA
No sin cierta intención de llamar la atención, los titulares elegidos para describir estas acumulaciones fueron “islas de basura”, algo incorrecto si se considera que una isla es algo relativamente estable y sólido rodeado de agua y no sólo un montón de restos flotantes esparcidos.
Estas acumulaciones de basura están formadas sobre todo por pequeños pedazos de plástico de unos pocos milímetros que, mayoritariamente, flotan apenas debajo de la superficie. Suelen darse en lugares del océano en los que el agua tiene corrientes circulares, un fenómeno que se da en sitios de convergencia que giran en el sentido de las agujas del reloj en el Hemisferio Norte y al revés en el Sur. Es allí donde, tarde o temprano, toda la basura a la deriva termina sus días sin salida visible, aunque la estabilidad de la cantidad de basura permite suponer que buena parte se pierde o se transforma de alguna manera. Una de las “manchas” más grandes fue detectada en 1997 por Charles Moore, un navegante que cruzaba el Pacífico desde Hawai hacia la costa oeste de los EE.UU. La zona en la que se produce el lento remolino es generalmente evitada por los navegantes, ya que resulta muy difícil salir de allí. Moore contó luego su sorpresa al ver durante cerca de una semana de travesía trozos de plástico flotando sobre lo que, según le indicaba la experiencia, debería haber sido un prístino mar celeste.
A TRAVES DE LOS SARGAZOS
Si bien el basurero oceánico más grande es el del Pacífico, el que más recientemente ha llamado la atención de los científicos es el que se ubica en el Atlántico norte. Esta suerte de embudo de basura fue detectado en el mítico mar de los Sargazos en 1972, cuando Edward Carpenter and Keneth Smith Jr., de la Woods Hole Oceanic Institution (WHOI), lo cruzaron. Desde un barco con una red de una boca de sólo un metro recolectaron numerosos trozos de plástico que permitieron calcular que en la zona había aproximadamente un kilogramo de basura por km2. Desde entonces la Sea Education Association (SEA), un centro de estudios de campo oceánicos, realiza visitas regulares que han permitido comprobar que hay otras zonas en las que la acumulación de plástico supera ampliamente los primeros estudios.
El mar de los Sargazos es famoso desde los tiempos de los primeros viajes de Colón a América y desde entonces los navegantes evitan cruzarlo. Se trata de un sector del Atlántico norte de algo menos de 4 millones de km2 que no tiene contacto con ninguna costa y que rodea a las Islas de las Bermudas. Allí prácticamente no hay vientos ni corrientes marinas, es abundante en plancton y unas algas llamadas, justamente, sargazos, y el agua gira lentamente en círculos concéntricos en sentido horario. Está rodeada por las corrientes del Golfo, del Atlántico norte y ecuatoriales. Quien entra allí sin motor o remos corre la suerte de la basura: queda atrapado por esa calma chicha por tiempo indeterminado.
Luego de su visita más reciente al mar de los Sargazos los investigadores de la SEA y la WHOI publicaron algunas novedades relevantes en la revista científica Science. En primer lugar encontraron que actualmente la mayor densidad de objetos se ubica entre los paralelos 22ºN y 38ºN, al este de Bahamas, con 580.000 piezas por km2. Pero lo más extraño para los investigadores fue comprobar que la cantidad de plástico encontrada no ha crecido en las últimas décadas a pesar de que la producción de este material se ha multiplicado varias veces en ese mismo período, lo que abrió el principal interrogante:
¿A DONDE VA A PARAR EL PLASTICO?
Lo primero que encontraron es que uno de los tipos más frecuentes de plástico, el PET, utilizado sobre todo para botellas de gaseosas, no aparecía en las muestras tomadas, algo que probablemente se explique porque su densidad es algo mayor que la del agua salada. La mayor parte de las piezas recolectadas estaban hechas de polipropileno y polietileno, aunque en ambos casos la densidad que mostraban era superior a la media, probablemente a causa de las reacciones químicas producidas por el Sol, el agua y la turbulencia que, además, tiende a quebrarlo en pequeñas piezas. Es decir que hay probabilidades que aún deben confirmarse de que lo que se encuentra en la superficie de los océanos sea sólo la punta del iceberg de un gigantesco basurero que se encuentra a más de 450 metros bajo la superficie sobre el que lentamente decanta el plástico.
Muchas piezas tenían además altos contenidos de nitrógeno que seguramente llegaron allí por medio de organismos vivos que o bien encontraron la forma de alimentarse de ellos o los usaron como ecosistema. Es por eso que en los laboratorios están ahora intentando analizar la posibilidad de vida microbiana en las muestras tomadas durante el último verano boreal. De hecho, es común encontrar trozos de plástico incrustados en algas e invertebrados o en el aparato digestivo de animales mayores, pero es difícil saber si alguna parte significativa es descompuesta en otros elementos gracias a esto.
Las preguntas siguen sin respuesta, pero las instituciones que están buscándolas aseguran que será muy difícil encontrarlas a menos que haya una financiación fuerte por parte de uno o varios países. La basura promete seguir un camino que le permita convertirse en uno de los problemas principales del siglo XXI.

Esteban Magnani
Página 12, 12 de febrero de 2011

Descubrimiento histórico en San Miguel del Monte

Quizá fue por obra del azar o por una jugada del destino: una bibliotecaria de la Escuela N° 1 San Miguel del Monte encontró olvidados en un viejo armario del colegio una serie de manuscritos de Domingo Faustino Sarmiento, de Marcos Sastre, de Francisco Berra y de otros especialistas de la educación, que ayudarán a entender cómo funcionaba el sistema de enseñanza bonaerense durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del siglo XX.

Se trata de 70 rollos fechados entre 1858 y 1929 que permanecieron inmaculados en un mueble (que, según un grupo de investigadores que visitó el establecimiento, no se abría desde hace medio siglo) y que fue abierto por casualidad cuando se decidió acomodar la biblioteca de esta escuela, ubicada a 102 kilómetros de la capital provincial.

Los primeros volúmenes, escritos de puño y letra por el propio Domingo Faustino Sarmiento, reúnen cartas, informes, pautas de conducta en el aula y consejos a los maestros sobre distintas cuestiones como la disciplina.

También se hallaron manuscritos de Marcos Sastre y de Francisco Berra, que fueron los primeros directores generales de Escuelas que tuvo la provincia de Buenos Aires, y que dejaron una marca indeleble en la raíces de la educación argentina.

"La verdad es que no podíamos creer el buen estado de conservación de estos manuscritos, que tienen 150 años de antigüedad. Estaban enrollados, a modo de papiros, y sólo abrimos los más antiguos, de 1858", explicó ayer a La Nacion el director del Centro de Documentación e Información de la Educación bonaerense, Rafael Gagliano.

El funcionario agregó: "Ahí encontramos las cartas de Sarmiento y de Sastre. Leer el primer volumen nos dio una visión global de la magnitud del hallazgo".

Profesor en historia de la educación argentina, el especialista de la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense viajó a la ciudad de San Miguel del Monte para hacer una primera evaluación de los documentos y certificar si, efectivamente, se trataba de manuscritos originales de Sarmiento.

"Lo primero que me llamó la atención fue una carta de 1858 enviada por el director de una escuela de Monte, que le pide a Sarmiento consejos sobre cómo debía proceder con un chico que tenía problemas de conducta. Sarmiento le respondió con un consejo muy duro: le dijo que suspendiera durante un año al chico de la escuela y que visitara a los padres periódicamente para ver cómo se seguía portando el alumno durante ese año de castigo", dijo Gagliano.

Compromiso
"Lo que hay que destacar de esta carta -continuó el especialista- no es la dureza de la sanción de Sarmiento, sino su compromiso para responder a las inquietudes de sus directores y comprometerse con el sistema educativo. Si bien esta sanción de conducta escolar no sería compartida hoy por ningún educador, hay otras soluciones como las que detalla Marcos Sastre y que implementa una especie de puntaje: los chicos con buena conducta sumaban puntos y restaban cuando se portaban mal."

Según Gagliano, los rollos contienen información correspondiente también al sistema educativo de la provincia, del siglo XX.

"Si bien la mayoría de los manuscritos son del siglo XIX, hay otros documentos que llegan hasta 1929. Pero, por ahora, sólo decidimos indagar sobre el primer rollo y esperar a los especialistas en conservación de manuscritos antiguos para poder abrir los restantes y comenzar a estudiarlos", comentó Gagliano.

Los manuscritos de Sarmiento y de Sastre no estaban por casualidad en la Escuela N° 1 de San Miguel del Monte. Sucede que, en 1944, las autoridades nacionales, en pleno auge de reafirmar los valores y la identidad nacional, como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, ordenaron a las escuelas más antiguas del país (N° 1) la creación de museos.

Estos museos debían contener un archivo con la documentación educativa (histórica y contemporánea) y un registro con los inventarios de artículos escolares, como libros, bancos y escritorios, y donaciones que recibían los colegios de las distintas regiones.

"No sabemos cuántos museos de estos en realidad se crearon en las escuelas N° 1. Esta es la primera evidencia material que nos indica que efectivamente existieron los archivos. No podemos decir cómo fueron a parar ahí los manuscritos de Sarmiento, pero nuestra hipótesis es que fueron girados desde la Dirección General de Educación, en La Plata, para cumplir con el mandato del gobierno nacional", explicó Gagliano.

Un investigador de la cartera Educativa bonaerense aseguró a La Nacion que la Dirección General de Cultura y Educación hasta ahora no contaba con ningún manuscrito original de Sarmiento. "La idea es que, a partir de este hallazgo, podamos reunir material para fundar un archivo y museo con la historia de la educación bonaerense", concluyó.

70
Rollos manuscritos

Fechados entre 1858 y 1929 hacía medio siglo que estaban guardados en un mueble dentro de la biblioteca de la escuela N° 1 de San Miguel del Monte.

Respuestas de Sarmiento

Investigadores que vieron las cartas se sorprendieron porque Sarmiento respondía de puño y letra las consultas de directores de escuelas.

Museo educativo

Las autoridades bonaerenses procurarán reunir más material para fundar un archivo y museo con la historia de la educación provincial.

La Nación, 3 de diciembre de 2010

Comunidad afro en Buenos Aires

Ocho de cada diez completaron la secundaria y la cuarta parte cuenta con estudios terciarios o universitarios. Pero la mayoría trabaja como vendedor ambulante. Por primera vez, un estudio de la UBA indaga en la comunidad afro local. La identidad, el racismo.

El estudio fue divulgado en la presentación del Consejo Nacional de Organizaciones Afro.
El ochenta por ciento terminó el secundario y una cuarta parte cuenta con estudios terciarios o universitarios. Como contrapartida, tres cuartas partes de los hombres son vendedores ambulantes y 32 por ciento de las mujeres también tienen a la calle como ámbito laboral. Estos son algunos de los datos que surgen del informe “Perspectivas socioculturales y sociodemográficas de la población afrodescendiente en la ciudad de Buenos Aires”. La investigación, que se realizó en forma conjunta por la cátedra La sociología y los estudios poscoloniales de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y por la asociación Africa y su Diáspora, aporta nuevos datos sobre una parte de la sociedad que pide ser “visibilizada”. El estudio fue divulgado en el marco de la presentación del Consejo Nacional de Organizaciones Afro de la Argentina (Conafro) que se realizó ayer en la cancillería (ver aparte).
Como parte del proyecto “El legado de Africa” de esa cátedra universitaria se decidió indagar las características sociodemográficas, las razones de llegada al país, el estado de salud, las discriminaciones sufridas y la participación en el tiempo libre de la población afro que reside en la ciudad, sea que hubiera nacido en el país, que procediera del continente africano o que hubiera llegado desde otra región de América.
Durante junio se entrevistaron a 257 personas, en 23 barrios porteños. Como resultado se obtuvo que el 53 por ciento de los consultados nació en Africa, en su mayoría en Senegal, y el resto tenía ascendencia en aquel continente: el 13 por ciento nació en Argentina y el 34 por ciento proviene de otros países de Latinoamérica. De los migrantes africanos, un 75 por ciento llegó al país en los últimos seis años y la mitad vino para buscar trabajo, a pesar de que el 62 por ciento tenía una ocupación en su lugar de origen. Del total de la muestra, el 70 por ciento son hombres y más de la mitad tiene entre 25 y 39 años.
Desde lo cualitativo, se destaca un “aspecto crítico” del informe: “La población no se autorreconoce como afrodescendiente, aunque el fenotipo defina esa identidad”. Los entrevistados se reconocieron más con su país de origen que con su afrodescendencia. “Yo soy peruana; yo soy uruguayo; yo soy latino”, fueron algunas de las respuestas. Karina Bidaseca, quien dirigió la investigación, contó a Página/12 que la población afro “quiere tomar distancia de ese continente asociado al hambre, al SIDA”. En ese sentido, Carlos Alvarez, referente de Africa y su Diáspora, interpretó que ese rechazo identitario “tiene que ver con el estereotipo negativo que implica ser negro”. “El negro está vinculado con la pobreza, la marginalidad, la oscuridad. ¿Quién quiere reconocerse dentro de todo eso?”, desafió e invitó al Estado a “crear políticas públicas” para modificar estas construcciones simbólicas.
La directora de la investigación aclaró que “el informe no se sostiene en una encuesta representativa, pero que los datos que arroja son pertinentes”. “Ante la falta de estadísticas, hay datos que son muy importantes”, agregó. Uno de esos aportes que destacó Bidaseca es “el alto nivel de racismo”. Un 57 por ciento de los entrevistados respondió de forma afirmativa cuando se les consultó sobre si había vivido situaciones de discriminación racial o étnica.
La cuestión discriminatoria involucra de forma directa a organismos del Estado. Un 43 por ciento de los hombres denunció haber sido víctima de la violencia policial. Y se resaltan tres casos de discriminación en hospitales públicos. Impresiona el padecimiento de una mujer afrodominicana que llevó a su hija al Hospital Argerich para relizarse una ecografía. Al consultar a la ecógrafa por el crecimiento repentino de la panza de su hija, la empleada sanitaria le argumentó que el motivo de esa afección era que “todas las negras son panzonas y culonas”. “Es terrible que un médico diagnostique a partir de un mito”, repudió la coordinadora de la investigación.
Otro aspecto que parece tener su germen en el racismo es que, a pesar de que el 56 por ciento alcanzó a terminar la escuela secundaria y un 25 por ciento concluyó una carrera terciaria o de grado, sólo un tres por ciento de mujeres y un uno por ciento de hombres tiene una ocupación liberal. La mayoría de los hombres –73 por ciento– se dedica a la venta ambulante y entre las mujeres la ocupación mayoritaria –42 por ciento– es la de empleada de comercios, restaurantes o empresas. El dato que completa el cuadro es que un 12 por ciento de las afrodescendientes se dedica a la prostitución. Para el miembro de Africa y su Diáspora, el desencuentro entre el nivel de instrucción y calidad laboral “habla del racismo que no permite el ascenso social”. Bidaseca compartió el aspecto discriminatorio de esta ecuación y agregó que también “influye de forma directa la falta de tenencia de documentación que permite entrar en el mercado de trabajo formal”.
La cooperación entre la academia y la población afro para la realización del informe fue un punto destacado por ambas partes y que invita a ser replicado en otros campos de estudio. “Siempre la academia había hablado por nosotros y en este caso es distinto”, celebró Alvarez. En tanto, la investigadora sostuvo que “el intelectual debe estar cerca del movimiento social para producir pensamiento de forma articulada con éste”. “Aquí se demostró que esta forma de trabajo es posible”, aseguró.

Informe: Leonardo Rossi

Página 12, 24 de noviembre de 2010

Vuelta de Obligado

En 1846, la prensa rosista, sobre todo el Archivo americano, dirigido por el sagaz polígrafo napolitano Pedro De Angelis, no dejaría pasar las importantes apreciaciones que el general San Martín enviaba precisamente desde Nápoles, donde se hallaba por razones de salud. Lo que había despertado el fervor de San Martín era la noticia de la batalla de Obligado, ocurrida unos meses antes, por lo que se ponía a disposición de Rosas. A pesar de sus dolencias, escribe varias cartas en donde incluso considera la eventualidad de la toma de Buenos Aires por parte de Francia e Inglaterra. En esa hipótesis, razonaría consejos militares de gran sutileza para poder recuperar la ciudad aun con milicias de menos calidad y cantidad que las europeas. Su escrito cumplía un papel de disuasión ante los poderes imperiales europeos.
Al final de sus días, el general dona su sable a Rosas a través de la cláusula tercera de su testamento. Rondaba su pensamiento un solo tema, la posibilidad de comparar la dimensión de la emancipación del dominio español con la lucha del gobierno de la Confederación Argentina contra las dos mayores potencias europeas, la Francia de Luis Felipe de Orléans y la Inglaterra que ya comenzaba su “era victoriana”, con sucesivos primeros ministros que el mundo recordaría, Melbourne, Peel, Palmerston, luego Gladstone y Disraeli.
Son los años de la revolución industrial madura, de la expansión del imperialismo mercantil, de la guerra del opio, de la hambruna irlandesa, de los cercos sobre el Río de la Plata en nombre de la “libre navegación de los ríos”. Rosas había estudiado bien la política inglesa y alguna vez se jactará de su amistad con Lord Palmerston, a quien al parecer pertenecía la propiedad que ocupará como exilado en las afueras de Southamptom. El Foreign Office es sutil y Rosas no lo es menos. Se conocen, se han combatido, secretamente se han admirado y comprendido.
En cuanto a Francia, gobierna Luis Felipe de Orléans, el régimen que Marx en Las luchas de clases en Francia había llamado la “monarquía financiera”. Su ministro Guizot era gran conocedor de la historia francesa e inglesa, rival de Palmerston pero no de Peel, admirador del gran historiador inglés Gibbon –del mismo modo que, muchos años después, también lo admiraría un ciudadano nacido en el país al que atacaría en dos oportunidades la marina de Francia: Jorge Luis Borges–. Rosas tampoco desconocía la política francesa y según una paradoja que Sarmiento considera en el Facundo, se valía de la propia prensa europea, que íntimamente despreciaba, para defender su gobierno. En efecto, el escritor francés Emile Girardin mantiene un diario, La Presse, que al parecer era financiado en cierto momento desde Buenos Aires para defender las posiciones del gobierno de la Confederación rosista en esos años de fuego, si es que algunos no lo son.
Rosas no carecía de pensamientos políticos elaborados, aunque no solía expresarlos en público. La liturgia barroca de su gobierno, tema de gran interés, hizo que se lo comparara con Felipe II. Había escrito un diccionario de lenguas pampas porque el mundo del orden, que era el suyo, implicaba saber el idioma en que se debía garantizar la sumisión de los vencidos. Fugazmente, despertaría el interés de Darwin, quien se cruza con él en medio de la pampa. Rosas era lector de viejos textos ultramontanos y de ciertos clásicos. Alguna vez ha citado a Burke y a De Maistre, se sabe que cuida una valiosa edición de la Etica a Nicómaco y se guía por pasmosas encíclicas papales.
Además, tiene Rosas una concepción del absolutismo político que no es de floración espontánea, sino que proviene de su familiaridad con textos sobre El Príncipe, escritos por consejeros finamente reaccionarios, entre otros –como lo prueba Arturo Sampay– un teórico de las monarquías del siglo XVIII, Gaspard Réal de Curban. Viviendo como exilado en el farm inglés, reprodujo las escenas de una granja pampeana, intentó escribir sus memorias, se carteó con sus fieles, recibió a Alberdi y a los Quesada, llegó a interesarle a Ernst Renan (que leyó manuscritos de Rosas que le fueron entregados por Adolfo Saldías) y condenó a la Comuna de París en 1871, empleando la expresión “comunistas” con el mismo valor que le adjudicaron los credos reaccionarios del todo el siglo XX.
He allí un tema. La batalla de Obligado hay que verla eminentemente “desde el sable de San Martín”, el mismo que en la década del ’60 del siglo XX fue motivo de disputas y capturas simbólicas por parte del peronismo. Pero no puede ser vista desde las propias opiniones de Rosas y su mundo cultural de terrateniente exuberante, con su gauchocracia aúlica y ritualista. Rosas fue más astuto que lo que Marx imaginaba cuando en sus escritos de 1850 sobre la India especulaba que la “astucia de la razón” debía hacerse responsable de la crisis de la dominación británica en países de ultramar, donde el imperialismo debía penetrar ampliamente para luego crear él mismo la contradicción que lo derrocaría.
Concreto, Rosas tiene la astucia del gran propietario de tierras, mimético con la lengua de sus subordinados, que arma milicias propias y que, sin dejar de ser un empresario ganadero moderno, lo es preservando más arcaísmos culturales que los que toleraban Marx y Sarmiento. Por eso libra batallas de autonomía territorial pero sin concepción antiimperialista o libertaria, sino más bien autocrática. En nada se desmerece con esto ninguna batalla, en la medida que no hay hecho que no sea paradójico.
El movedizo psicoanalista esloveno Slavoj Zizek se deslumbró con Rosas como lo había hecho antes Pedro De Angelis, aunque un siglo y medio después. Dice precisamente que Rosas es el ser paradójico que impulsó la unidad nacional sin ser demócrata, que era un republicano jacobino que sin embargo hablaba como un conservador y que, en suma, fue una persona de derecha que cumplió objetivos de izquierda. No son interesantes hoy estos pensamientos. Las paradojas existen, liberan las existencias aherrojadas, componen lo político en su realidad última, pero si son mal planteadas, pueden dar una explicación “rosista”, por lo tanto antediluviana, a hechos interesantes ocurridos durante el período de Rosas. Marx, como se sabe, juzgó a Bolívar como un anacronismo político que impedía el reinado universal de las precondiciones revolucionarias en el mundo. Las raíces de este error “europeísta” fueron muy bien explicadas por el pensamiento de la “izquierda nacional” y del socialismo latinoamericanista de José Aricó, hace ya muchas décadas. Pero la razón absolutista de Rosas no significa lo mismo que la imaginación libre del vasto Bolívar.
La tesis de un tiempo latinoamericano específico, capaz de darles singularidad a los procesos emancipadores de estas tierras –tema de absoluta vigencia–, precisa de todas maneras una noción amplia y sensible del tiempo universal y de los problemas complejos de la modernidad. ¿Hasta qué punto es posible omitir, de la sensibilidad emancipatoria anticolonial, los elementos de una comprensión lúcida del conflicto social moderno? San Martín ve en la Europa de 1848 síntomas de disgregación social, juzga la convulsión de las barricadas revolucionarias como un hombre de orden, que lo es, pero a diferencia de Rosas, no lanza rayos y centellas ni pide auxilio al Vaticano. En un libro que pensaba titular “La religión del Hombre”, Rosas iba a proponer una Liga de Naciones de la Cristiandad regida por el Papa, a la manera de la Santa Alianza. Victor Hugo y Mazzini le parecían solo contenibles por la mano fuerte de Napoleón III. La Primera Internacional le preocupaba, y se mantiene informado puntillosamente sobre los movimientos de los adeptos de Marx.
El revisionismo histórico rosista, en sus variantes republicana conservadora, ultramontana apostólica, nacionalista católica, nacionalista popular y nacionalista de izquierda, y en sus estilos más o menos documentalistas o legendarios, plebeyos o aristocráticos, es un movimiento publicístico ampliamente vigente en la conciencia pública y en los medios de comunicación. De ser la segunda voz, nunca endeble, de las interpretaciones historiográficas, ha pasado a ser ya la primera. Propone amplios modelos del pasado para un juicio inmediatista sobre el presente. Admitamos que las extrapolaciones del pasado muchas veces son hilos internos vibrantes de los grandes trabajos de investigación histórica. Pero en especial si se procede con delicadeza en la traslación, tratando los textos sin reduccionismos ni forzamientos.
Son tiempos éstos en que son necesarios nuevos aglutinamientos sociales de emancipación, que conjuguen temas nacionales, sociales, de sensibilidad cultural y con nuevos lenguajes públicos que no se cierren en forma unidimensional sobre liturgias venerables. Estas gestas son hechos que pueden transferirse al presente en la medida en que los grandes arquetipos se nutran también de la noción de que en la historia nada es traducible de inmediato. Esta traducción será obra de un cuidado analítico, del respeto documental, de la imaginación pública para que las leyendas nacionales sean relatos democráticos y que las sagas del pasado no aprisionen litúrgicamente la rica heterogeneidad del presente.
La Vuelta de Obligado fue una epopeya nacional notable, que significa también una nueva obligación a la vuelta de una larga discusión argentina. Demostró y demuestra que hubo y hay una “cuestión nacional”. Demostró y demuestra que los proyectos de modernización cultural no deben estar hipotecados a los poderes mundiales que se arrogan mensajes civilizatorios aunque se presentan con incontables coacciones. Demostró y demuestra que es posible conmemorar una proeza nacional y popular sin aprobar el régimen político bajo el cual ocurriera. Demostró y demuestra que la rica variedad de la historia argentina no puede ser encapsulada en géneros fijos y simbologías señoriales. Demostró y demuestra que estamos obligados a hacer de la historia transcurrida el alma libertaria de los poderes populares instituyentes que están en curso.

Horacio González
* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.
Página 12, 23 de noviembre de 2010

Santa Rosa de Calamuchita

Santa Rosa de Calamuchita tiene historia, sierras y artesanías, toda una postal de las sierras cordobesas que florece en primavera. Un paseo para conocer su patrimonio artístico, la vida rural y los productos de la tierra, que también ofrece paseos con una buena dosis de aventura.
Con la primavera a punto de llegar, en Santa Rosa de Calamuchita renacen el colorido y el aroma de una naturaleza que invita a caminar en total libertad, sumarse a excursiones o practicar kayak en el río Tercero y los embalses de la región. Actividades no faltan: también es posible bucear o lanzarse en parapente, rappel, escalada y tirolesa en los alrededores de esta ciudad que tiene a sus espaldas 425 años de historia.
Santa Rosa de Calamuchita se levanta a casi cien kilómetros de Córdoba capital, al pie de las Sierras Chicas y las Sierras Grandes. El circuito turístico de la región oscila entre paseos por la naturaleza y recorridos por espacios históricos, como el Museo de Historia y Arqueología Estanislao Bañosa, donde se atesoran restos fósiles y el legado de los antiguos habitantes; y el Museo de Arte Religioso de la Capilla Vieja, construido por los jesuitas hace más de dos siglos y puntapié para el desarrollo urbano de la zona. Allí se conservan un crucifijo tallado por los aborígenes en quebracho blanco del Paraguay, una imagen de vestir de Santa Rosa de Lima que tiene unos 250 años y el niño Jesús que se utiliza para encabezar las procesiones.
SANTA ROSA CON HISTORIA El nombre de la localidad se desprende de dos corrientes de pobladores de la zona. Por un lado surgió de la primera capilla fundada por los dominicos en el siglo XVIII, en homenaje a Santa Rosa de Lima. Por otro, Calamuchita deriva del vocablo indígena Ctalamochita o Talamochita, que significan “tala” y “molle”, más un sufijo que expresa abundancia. Por tanto, Calamuchita indica “abundancia de talas y molles”.
Como en tantas otras ciudades del interior, no hay un documento que testifique la fundación de Santa Rosa, aunque al parecer la zona comenzó a poblarse en 1575, con la presencia jesuítica. Siglos después, no solo es el principal centro operativo sino también el punto de partida hacia itinerarios turísticos como el que propone trepar el Champaquí, el cerro más alto de Córdoba, con 2980 metros de altura.
Este auténtico pulmón natural invita a meterse de lleno entre las sierras, bosques, senderos y ríos a través de actividades deportivas. En este marco, las nueve postas del Circuito de la Salud dan una perspectiva del entorno: el trayecto nace en el Puente de Hierro y termina en el Vado de Villa Río Santa Rosa, con postas de madera para indicar los ejercicios físicos que se pueden poner en práctica.
Para mimetizarse aún más con el paisaje, la propuesta se abre en un trekking hasta el cerro Vía Crucis. Los 45 minutos de caminata hasta la cima permiten llegar hasta una vista panorámica sobre los alrededores. Otra opción es la Caminata de la Cascada, un paseo por el cordón de las Sierras Chicas a través de senderos que desembocan en una cascada de seis metros de caída.
Verde surcado de ríos y arroyos, un remanso para combinar actividad y descanso.
VISTA A LAS SIERRAS Una de las particularidades es el circuito que lleva al Mirador, un punto panorámico en el barrio del mismo nombre con vista al río Santa Rosa. También en las Sierras Chicas está la confitería El Aguila, desde donde se disfruta una magnífica vista de las sierras.
Estas tierras cordobesas estuvieron habitadas originalmente por comechingones y sanavirones, que además de ser eximios agricultores dejaron huella propia con sus artesanías, en especial las de telar, en vestimentas con guardas lineales y algunos dibujos geométricos. Aquellos primeros productos tienen su correlato actual en los que elaboran los artesanos y emprendedores de Santa Rosa, para exhibir y vender a diario en el céntrico Paseo de los Artesanos. Tejidos artesanales, tallados en madera, velas, pintura sobre tela y madera y alimentos caseros son toda una marca registrada de la zona.
Otro sitio de impronta artística es la Galería Quiroga, donde exponen sus obras artistas de distintos rincones de Córdoba, sobre todo en materias primas como piedra, cuero y madera. Entretanto, en la ciudad y desde la costanera, a pocas cuadras del centro, están los encargados de coordinar los paseos a caballo que desembocan en algunas de las estancias más tradicionales de la zona. Pero hay más opciones, sobre todo excursiones en mountain-bike por los arroyos y bosques, o paseos en 4x4 por senderos especialmente diseñados para esa actividad.
FLORA, FAUNA, SABORES Paseo obligado en cualquier época del año, la reserva ecológica El Edén está entre las más visitadas del Valle de Calamuchita. Sobre la ruta 5, casi en la entrada de la Villa rumipal, esta unidad ecológica está abierta al turismo, que puede ingresar en auto en una reserva donde habitan ciervos, llamas, maras y ñandúes. Dentro de las 25 hectáreas conviven unos 400 animales, muchos de ellos en vías de extinción pero fielmente resguardados en un ambiente silvestre.
Todos los alrededores invitan a quedarse, con pueblos como Calmayo, donde los 80 vecinos ofrecen alojamiento rural, antiguas casas con paredes de adobe y la tentación de los sabores propios de las sierras, como el chivito. No muy lejos se levanta también el Monasterio Benedictino Nuestra Señora de La Paz, creado a mediados de los ‘70: allí se ofrece una visita y la compra de quesos, mermeladas, licores y artesanías elaboradas por los miembros de la orden. Otra opción es visitar la fábrica artesanal de miel Yullin, que también produce licores. Un dulce broche para el paisaje, los sabores y la gente que hacen de Santa Rosa de Calamuchita un buen destino para todo el año

Informe: Diego Abdo

Página 12, 21 de noviembre de 2010

La Quebrada de Humahuaca

Punto de partida para el ascenso latinoamericano o cierre del recorrido norteño por el país, la Quebrada de Humahuaca es una fiesta de vivencias y tonalidades imperdibles para todo viajero que se precie de tal. Las postas clásicas y algunos destacados de la tierra jujeña que invita a volver, una y otra vez.

Las Salinas Grandes, un blanco infinito que se visita desde la bella Purmamarca.
Por Pablo Donadio
Para quien tiene la suerte de viajar seguido, la comparación es inevitable. No porque haya que elevar uno u otro destino, ya que a decir verdad todo nuestro país es tan bello como inabarcable. Pero en ese paño multicolor y destacado, por tradiciones, usos culturales, contacto con la gente, sonidos y silencios de la tierra, el Noroeste saca ventaja. Y allí, aumentando aún más la lupa sobre el territorio, es la Quebrada de Humahuaca toda una condensación de horizontes coloridos, músicas, comidas y valores ancestrales que imponen la necesidad de conocer... o volver. Basta un ejemplo: tan sorprendentes son sus 170 kilómetros de pueblitos (algunos humildes y otros más famosos) que, cuando en 2003 la Unesco resolvió incluirla dentro de los sitios considerados Patrimonio de la Humanidad, tuvo que crear una nueva categoría a la que denominó “Paisaje Cultural”.
Mirador del Camino de los Colorados, detrás del cerro De los Siete Colores, en Purmamarca.
PRIMEROS COLORES La mayoría de los medios de transporte que conectan Buenos Aires y otras ciudades con Jujuy llegan hasta la capital provincial, San Salvador, aunque la quebrada comienza un poco más al norte sobre la R.N. 9, que ladea el río Grande durante gran parte de su recorrido. El debut de tonalidades lo establece el pueblo de Volcán, a 40 kilómetros de la capital, donde llaman la atención el tinglado del ex Ferrocarril General Belgrano y la vieja estación de estructura industrial inglesa, hoy parte de la feria local con ropas, dulces, quesos y arte nativo en múltiples formas. El antiguo Pukará y El Antigal (cementerio sagrado) son dos lugares cercanos para conocer la cultura de la primera posta quebradeña.
Unos 10 kilómetros arriba está Tumbaya, el primero de una serie de asentamientos prehispánicos de los indios omaguacas, que alcanzaron su esplendor en la región entre los años 850 y 1480 d.C., bajo el dominio de diferentes tribus. Estas fueron las que dieron nombre a las tierras que circundan al río Grande, formando su hogar en este suelo prodigioso. Como en casi toda la zona, la cosmovisión originaria andina convive hoy con creencias cristianas insertadas por los colonizadores europeos. En las propias estructuras es posible ver esa fusión, con cierto aire colonial en una arquitectura que suma adobe y cardón como algo natural. La iglesia de Tumbaya es un ejemplo: construida en 1796 conserva valiosas pinturas de la escuela cuzqueña, piezas de orfebrería y alabanzas al cura violinero San Francisco Solano, junto con otros ritos antiguos a la Pachamama.
Siguiendo el río y saliéndose de la R.N. 9 hacia el este, en la intersección de la R.N. 52 hace su presentación una de las tres localidades más famosas: Purmamarca. “Pueblo de tierra virgen”, en lengua aimara, la tierra del cerro De los Siete Colores porta un resplandor único e irrepetible. Es un tesoro que vale la pena cuidar y conservar lo más inalterable que se pueda, ya que desde hace unos años es desbordada cada verano por visitantes argentinos y extranjeros incrédulos ante tanta belleza. Y no es para menos: Purmamarca invita a tener los ojos bien abiertos y todos los sentidos alertan para absorber las sensaciones, las charlas con su gente, los sabores de ese suelo. Sus construcciones y el mercado de la plaza, lleno de mantas al telar, ollas de barro cocido, abrigos de lana de llama e instrumentos musicales, no dejan de asombrar a quien llega con ojos de ciudad, al igual que algunas costumbres más recientes, como la que ocurre en la parroquia Santa Rosa de Lima cuando cada tarde los “misachicos” cantan y bailan tomados de las manos al ritmo de quenas y tambores como rito previo a la misa.
Tamales, humitas y empanaditas caseras de carne, queso de cabra o mondongo se degustan con rapidez no solo porque todo tarda un poco más que en cualquier lado, sino por su infalible olor caserito. Ahí nomás, porque todo queda cerca, las peñas y los músicos de la plaza arman el espectáculo diario. Si es que no se llega a mediados de enero, cuando el Festival Coplero copa las callecitas de tierra bañadas en albahaca, harina, chicha y arsenales de coplas. Si bien es cierto que “no hay mejor viaje que el que se va improvisando día a día”, hay algunos clásicos imperdibles, entre ellos el Camino de los Colorados y las Salinas Grandes. El primero es un recorrido que enlaza y desnuda por delante y por detrás la gama de ocres, verdes, anaranjados, púrpuras y rosados que se combinan en las laderas del Siete Colores, contrastando su perfección con la aridez del paisaje. El segundo invita a la excursión por el desierto salino, siguiendo camino por la R.N. 52 hasta dar con la Cuesta de Lipán camino del Abra de Potrerillo, con el punto más alto en la ruta a 4170 m.s.n.m.
La casa del maestro Ricardo Vilca, uno de los estandartes de la música del Altiplano.
DE FIESTA EN FIESTA Pasito intermedio entre Purmamarca y Tilcara, Maimará parece encender aún más los suelos y se consolida como un nuevo destino de renombre en pleno centro de la quebrada, a 2383 m.s.n.m. Al llegar, el pueblo llama la atención en varios aspectos, en especial por el cementerio: emplazado en la altura de un cerro, ese lugar destacado y más cercano al Tata Inti es especial para los que ya se han ido. Ese sitio central, adornado con flores de papel, lejos de ser un espacio apartado es parte de la escena diaria del pueblo.
A nivel paisajístico, Maimará tiene a sus espaldas un cerro parecido al Siete Colores, llamado turísticamente Paleta del Pintor, desde donde se oyen pasar las aguas del Grande. Acá se vive el Carnaval con todo, visitado por las tradicionales comparsas y otros festejos con música folklórica en celebraciones y encuentros gastronómico-culturales como el Festival del Choclo. Cerca, la antigua casona colonial Hornillos –que fuera posta obligada en la ruta que unía el Alto Perú con el Virreinato del Río de la Plata, y donde descansó el general Belgrano tras las victorias de Salta y Tucumán– abre sus puertas de museo para repasar la historia.
Cabecera del departamento, Tilcara espera ocho kilómetros más al norte. Radiante, invita a bailar y festejar la vida en cada rincón. Lugar de baile hasta la madrugada y eje de borracheras épicas, El Quincho, a la vuelta de la plaza central, convoca a jóvenes y adultos a puro carnavalito, mientras algunas bandas de “otro palo” llegan con el controvertido y multitudinario Enero Tilcareño. Sea como sea, la música vive día y noche aquí como el sonido del agua del Huasamayo. De fuerte impronta colonial, las calles centrales muestran enormes baldosones hexagonales y fachadas tradicionales con faroles de hierro negro que se encienden cuando cae la tarde, y entonces el clima es aún más acogedor para quien visita. Conocida como “capital arqueológica de la provincia”, Tilcara tiene como visita ineludible el famoso Pukará, la mejor conservada de una serie de fortalezas indígenas de la época preincaica, y otros museos a cielo abierto para desandar el camino de quienes pisaron estos suelos hace miles de años. Cuentan por ahí que sus ancestros eran también expertos tejedores y alfareros, y esas enseñanzas se han trasladado a los puesteros que hoy exponen sus creaciones en el mercado de la plaza central. A nivel aventura también hay qué hacer, desde las cabalgatas al rapel en otro de los circuitos recomendables: la Garganta del Diablo. Allí se baja por la gruta donde pasa el agua que llega a la ciudad, tras dos horas de caminata por senderos semi marcados que se internan entre los cerros. El destino final busca una gran cascada que al caer genera una olla perfecta, y es premio de quienes llegan exhaustos buscando refrescarse antes de regresar.
Camino al Pukará de Tilcara, del otro lado del puente de hierro, una salida imperdible.
HUMAHUAQUEÑITO La R.N. 9 sigue camino ascendente hasta Huacalera, el establecimiento colonial más antiguo de la quebrada, donde existen varios yacimientos arqueológicos y edificaciones del siglo XVII junto al curioso monolito que indica el cruce del Trópico de Capricornio. A casi 3000 m.s.n.m., la posta siguiente es Uquía, también escenario de reservas arqueológicas, ruinas y pircas de una población indígena prehispánica asentada en Peñas Blancas y el rojísimo cerro Las Señoritas, paso previo al fin del itinerario: Humahuaca.
Esta es la ciudad cabecera y de mayor población de todo el territorio, y una suerte de resumen de todo lo vivido hasta aquí. Las casas de adobe y las calles estrechas dominan su pueblo adoquinado, con lugares que hablan de la historia reciente y antigua por igual. La plaza de la Independencia muestra al colosal indio de hierro apoyado en imágenes de los hombres que libraron aquella batalla: “Acá se recuerda que nuestro general (Manuel Belgrano) vistió los cardones como soldados y así asustó a los realistas”, cuenta Mario, un humahuaqueño de 14 años que acompaña a su madre a vender cerámicas, haciendo de guía y cantando unas coplas con su cajita con igual talento.
Comidas regionales como el locro, humitas y tamales no faltan en las peñas, siempre dispuestas a introducir a los invitados en la magia de la zamba, el ardor de la chacarera y la alegría de la saya. Esos y otros ritmos realzan la belleza de las mozas jujeñas y sus trenzas, y la destreza de los bailarines del pago, que a puro zapateo y mudanzas intentan conquistarlas. Para completar el abanico musiquero hay que llegar en época de carnavales aquí también, y entonces sentir en toda su expresión la celebración de la quebrada en el mes de febrero, cuando los ritmos son acompañados por las creencias y las vestimentas típicas. Finalmente la visita a la casa del maestro Ricardo Vilca, el entrañable músico andino que difundió sus ritmos en el mundo, es un imperdible local: cuando “La magia de mi raza” se enciende por las tardes-noches, se lo recuerda con la banda que supo ser dirigida por este fantástico cantante y compositor jujeño. Así es posible conocer uno de los legados históricos que ha permanecido en estas tierras como un documento inalterable, y al que es necesario regresar cada tanto

Página 12, 21 de noviembre de 2010

Ex centros clandestinos de detención

La Defensoría del Pueblo de la ciudad advierte que la ex ESMA, Orletti, Olimpo y otros sitios de la memoria sufren daños y peligro de derrumbe. Para el IEM, “el proceso de desfinanciamiento” paraliza las obras.

Lugares donde se puede observar a simple vista el deterioro producido en los edificios de la ESMA y de Automotores Orletti.
Por Werner Pertot
La ESMA, el Olimpo, el Atlético, Automotores Orletti y Virrey Cevallos son cinco nombres asociados al terrorismo de Estado. Los cinco ex centros de detención clandestinos (CCD), que guardan entre sus paredes el testimonio de la represión ilegal, dependen para su conservación del Instituto Espacio para la Memoria (IEM) que, a su vez, debe ser financiado por el Gobierno de la Ciudad. Un informe de la Defensoría del Pueblo porteña indica que los cinco sitios están en un estado que incluye, según el caso, desde grietas en los techos hasta el posible peligro de derrumbe. Para el IEM, el deterioro tiene una explicación: la asfixia presupuestaria que viene imponiendo año a año la gestión de Mauricio Macri. La oposición porteña impulsa una ley de emergencia edilicia y advierte que el PRO la quiere cajonear.
En 2009, el IEM –un ente autárquico que reúne a los distintos organismos de derechos humanos– tenía una partida para refacciones de 25 millones de pesos y el Ministerio de Hacienda porteño la restringió en 15 millones, lo que implicó una reducción del 38 por ciento. Para este año, la gestión PRO envió un presupuesto que preveía un millón y medio para arreglar los edificios, pero la Legislatura se lo aumentó a 6,3 millones. Sin embargo, en enero fue reducido por el Gobierno macrista en cinco millones. El truco suele ser habilitarles el dinero en los últimos días del año, para que no lo puedan utilizar.
Grietas de la memoria
La Legislatura recibió un informe de la Defensoría del Pueblo porteña, firmado por Alicia Pierini, en el que detalla uno por uno el grave estado en el que se encuentran los sitios de la memoria.
- Ex ESMA. Se trata del ex CCD emblemático del país que fue transferido a la ciudad en un acuerdo que firmaron Néstor Kirchner y Aníbal Ibarra en 2004. La Marina, comandada por el fallecido Emilio Massera, lo utilizó como campo de concentración entre 1976 y 1983, y se calcula que pasaron aproximadamente cinco mil personas por allí.
Según el informe de la Defensoría, en el Casino de Oficiales “es imprescindible comenzar con las reparaciones, ya que debajo de las cubiertas se encuentran los principales sitios de tortura y reclusión: Capucha, El Pañol, Capuchita”. “Las tejas de todo el predio han sufrido un daño general a causa de los granizos”, indica el informe. El Pabellón COI y la enfermería “lamentablemente se encuentran en mal estado de conservación. La enfermería presenta graves deterioros en la cubierta, cielorrasos derruidos y está desmantelada en su totalidad. Sólo por las señalética y algún equipamiento en desuso se puede adivinar su antiguo funcionamiento”. También el taller de automotores y el edificio de la imprenta “se encuentran en estado de avanzado deterioro, sin acciones de conservación”.
- Garage Olimpo. Originalmente una estación de tranvías, funcionó durante seis meses como CCD del Ejército, entre agosto de 1978 y enero de 1979. Dependía de Guillermo Suárez Mason y pasaron por allí unos 700 detenidos-desaparecidos.
El edificio está “en un estado avanzado de deterioro, presentando grietas y fisuras”. “Los riesgos emergentes están en la cubierta, que por su data (principios del siglo XX) debiera ser reemplazada íntegramente y, considerando que por debajo de la misma se encuentra ‘El Pozo’, como se denomina al lugar donde se alojaban las celdas y se encuentra la mayor cantidad de testimonios, es de carácter urgente implementar estas acciones”, advierte la Defensoría. “El sistema de desagüe pluvial se encuentra en muy malas condiciones”, describe. También señala que hay una “escalera de madera que por su mal estado no permite subir en forma segura al público” que visita el ex CCD.
- Automotores Orletti. Fue el CCD de coordinación del Plan Cóndor, como se llamó al acuerdo recíproco entre las dictaduras para perseguir e intercambiar secuestrados. Dependía de la SIDE.
El edificio “presenta serios problemas en la cubierta de chapas que, por su antigüedad y falta de mantenimiento, permite el paso del agua, causando daños en el sector más sensible de este ex CCD”. “La cubierta, los desagües y las canaletas están en pésimo estado. Las claraboyas sobre el taller mecánico también deberán ser intervenidas y detener el deterioro que producen las filtraciones”, recomienda.
- Virrey Cevallos. Fue un CCD de la Fuerza Aérea, uno de los pocos de los que existen sobrevivientes. La Legislatura lo declaró sitio histórico para preservarlo, algo que no está ocurriendo según la Defensoría: “Se deberán adoptar medidas de forma urgente para impedir que el deterioro del inmueble siga avanzado. No se trata de ‘restauración arquitectónica’, ni de ‘embellecimiento edilicio’, sino de ser coherente con el objetivo fundamental de estos espacios de conservación patrimonial del testimonio, destinados a conservar la verdad histórica”, remarca la Defensoría sobre el lugar donde funcionó un CCD de la Fuerza Aérea. “El estado del edificio es de alto riesgo desde el punto de vista estructural, con gran deterioro de la estructura (...). Se encuentra en grave estado y apuntalada”, advierte. “No se hicieron cateos estructurales para determinar el riesgo de derrumbe, pero el estado de deterioro por corrosión de los perfiles permite suponer que sin el apuntalamiento de la estructura sería imposible habitar el lugar.”
Asfixia
En respuesta a un pedido de informes de la legisladora Rocío Sánchez Andía (Coalición Cívica), el IEM detalló que “durante el primer trimestre de 2009, el Ministerio de Hacienda modificó el crédito vigente, que pasó de 17 millones a 10 millones, eliminando siete millones sancionados por la Legislatura para obras en la ex ESMA. Estos 10 millones fueron restringidos en su totalidad”. Este año, las cosas no mejoraron: en su proyecto de presupuesto para 2010, la gestión PRO envió 1.419.900 para obras en los ex CCD. La Legislatura lo aumentó a 6.525.000 pesos.
Sin embargo, en septiembre, el IEM informó que Hacienda había restringido ese presupuesto a comienzos del año: “La partida está restringida desde el mes de enero por la suma de cinco millones. En consecuencia, el importe disponible es de 260 mil pesos para cada sitio”, indicó la directora del IEM, Ana María Careaga. “Las restricciones presupuestarias y el proceso de desfinanciamiento de las obras en los sitios de memoria han ocasionado la paralización de las obras en trámite y han imposibilitado iniciar nuevas obras que ya cuentan con los pliegos elaborados por este Instituto”, destacó.
El IEM envió un informe con las refacciones necesarias que quedaron paralizadas en cada ex CCD:
- Ex ESMA. La restauración de cubierta en el Casino de Oficiales, la enfermería, el pabellón COI y en el emblemático edificio de las cuatro columnas. “La obra es fundamental para poder garantizar el uso del edificio”, advierte. En todos los casos, el IEM elaboró el pliego de licitación, pero no estaba el dinero disponible para poder ponerla en marcha.
- Atlético. Formó un circuito junto con los CCDs Banco y Olimpo, adonde se trasladaron los mismos represores, parte de los detenidos e incluso el mobiliario de los campos. El edificio fue demolido por la dictadura a fines de 1977 y sobre él se construyó la autopista. Antes de la gestión de Macri, el gobierno porteño hizo una excavación en la que se encontraron los restos del sótano.
Una serie de obras de arquitectura está paralizada por la falta de liberación de los fondos, pero la obra más importante es de submuración, es decir, la implantación de una estructura independiente de contención. “El Ministerio de Hacienda eliminó el crédito en 2009 y lo restableció después de numerosos reclamos y denuncias”, advirtió el IEM. Por esto, la gestión PRO debió responder a un pedido de informes del juez federal Daniel Rafecas. Sostuvieron que “en el marco financiero vigente debieron adoptarse criterios restrictivos en materia de ejecución presupuestaria”.
- Virrey Cevallos. El IEM no pudo licitar, por el ahogo presupuestario, la reparación de la estructura y las cubiertas. Con respecto a la restauración de la fachada, Hacienda rechazó la licitación y les planteó que “en el marco de la restricción financiera vigente, ese Instituto proceda, respecto de la obra, de acuerdo con las disponibilidades crediticias con las que cuenta”. En la ejecución presupuestaria del 30 de septiembre de 2010 que envía Hacienda a los legisladores, aparece con un crédito vigente de cero: cero peso disponible para obras en los ex centros clandestinos.

Página 12, 23 de noviembre de 2010

lunes 14 de febrero de 2011

Controversia por el nuevo sistema de recolección de residuos en Tigre

Los vecinos dicen que no hay recolección en ríos no navegables ni en las casas del interior de las islas. En los muelles se generan “embudos de basura”. En el municipio sostienen que el balance es “positivo” y que bajó la basura que flota en el agua.

La situación se agrava los lunes, después del aluvión de turistas de cada fin de semana.
“Se hizo como un embudo de basura en los muelles.” Son las palabras de un grupo de vecinos de la primera sección del conjunto de islas del Delta, en el partido bonaerense del Tigre, que denuncian “deficiencias” en el sistema de recolección de residuos en lanchas, que comenzó a funcionar en enero pasado en los arroyos y ríos de esa zona. Los isleños aseguran que la mayoría está “disconforme” con la iniciativa municipal, porque los recolectores no pasan por los ríos no navegables ni bajan a buscar las bolsas de las casas del interior de las islas. Entonces, en los muelles se genera “embudos de basura” que se multiplican los lunes, después de los turistas de fin de semana. Piden que se “mejore” el servicio prestado y que puedan optar por contratar a la empresa o a un recolector privado, tal como lo hacían. En tanto, desde el Municipio de Tigre reconocieron que hubo “observaciones” por parte de los vecinos, pero que el balance es “sumamente positivo”, y precisaron que “la contaminación de basura flotando en el agua disminuyó un doscientos por ciento en un año”.
El verano pasado comenzaron a funcionar las lanchas recolectoras de residuos de la cooperadora Recolectora del Delta. La medida dejó atrás las opciones para el tratamiento de residuos de cada hogar: algunos los incendiaban, otros abonaban la tierra con los residuos orgánicos y unos pagaban a un recolector privado. Un grupo de vecinos asegura que el servicio es “un sistema deficiente”, porque muchas bolsas terminan en los ríos y la acumulación de la basura en los muelles, sumado al calor de la temporada, genera mal olor y la aparición de roedores en algunos arroyos.
Uno de los puntos que critican es que los recolectores municipales no entran en los arroyos pequeños o cursos de agua no navegables, como el Gallo Fiambre. “No entran en la mayoría de los canales”, aseguraron los vecinos consultados. En cambio, los recolectores privados con embarcaciones más pequeñas pasaban a retirar los desechos y en caso de no poder llegar por el agua iban caminando a buscar las bolsas. “Esos residuos ya no se recolectan, porque no entran y los empleados no bajan, hacen su función y recolectan en determinados muelles”, contó Cintia Cantarini, que vive en la isla hace décadas.
Desde Servicios Públicos y Conservación de la Infraestructura de Tigre, José María Paesani aseguró que “la cobertura es total. No se deja arroyo sin recorrer. La lancha pasa de acuerdo a la marea, cuando no se puede entrar se va al otro día y en arroyos críticos (con muy baja agua) se ponen tachos contenedores para que pueden dejar la basura”. El funcionario señaló que “la observación de los vecinos permite mejorar el sistema”.
El municipio puso canastos en los muelles de esquina de los lugares por donde no pasaban y en lugares públicos. Los vecinos tienen que dejarlos allí. Los contenedores rebasan cuando los recolectores no pasan. En el piso, las bolsas terminan rotas o en el agua, después “utilizamos esa agua para bañarnos, cocinar, tomar, es la única que tenemos”, dijo Alejandra, una isleña.
Luis Leonardi aseguró que el sistema es “bastante desprolijo”, ya que en los muelles donde quedan los residuos “no hay recipientes adecuados”. Entonces, la basura acumulada expuesta a la lluvia y al sol “se pudre y se llena de ratas y moscas. Es un servicio que no funciona, y está peor que antes”, describió Pedro, otro vecino. “La basura está haciendo estragos en los arroyos pequeños: hay gusanos, roedores y perros. El arroyo Santa Rosa es uno de los más contaminados, producto de la basura tirada”, aseguró Cantarini.
El Delta es uno de los lugares elegidos por los turistas. La cantidad que llega a las islas en esos días genera que los lunes los canastos rebasen, y si cae feriado “pasan días los muelles con basura”, aseguraron los vecinos. En ese sentido, Alejandra puntualizó: “Nos cambió absolutamente el paisaje, todos los muelles están llenos de basura”. Además, no están conformes, porque “no llevan todo” lo que los isleños descartan, tal como sillas plásticas, sino sólo lo embolsado. Otra de las quejas es que no respetan el cronograma de horarios, y a veces pasan lanchas sin el logo de la empresa. Paesani explicó que “el día crítico es el lunes, porque se levanta el residuo de todo el fin de semana” y puntualizó que los tachos que rebasan son los de “clubes y restaurantes”.
“Fue una medida compulsiva, perjudicial para los trabajadores tradicionales”, coincidió el grupo vecinal. Semanas después de la implementación, se les cobró una tasa municipal a todos los isleños en concepto del servicio, que recolecta entre 500 y 600 toneladas de residuos por mes.

Soledad Arréguez Manozzo

Página 12, 14 de febrero de 2011

Museo de Arte Moderno de Buenos Aires: reapertura

Luces y ritmo en el renovado edificio de San Telmo. Así el Gobierno porteño celebró la restauración de la fachada del MAMba y la apertura de dos nuevas salas tras cinco años de cierre por obras. El público disfrutó de muestras de grandes artistas. Luces y ritmo en el renovado edificio de San Telmo

Con el corte de cinta y el aplauso de la gente que se sumó, ayer volvió a la vida tras cinco años el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, MAMbA. El edificio de San Juan 350, dependiente del Ministerio de Cultura porteño, fue reinaugurado con una ceremonia y dos muestras y tuvo su momento cumbre con una fiesta de luces y música en la calle, luego del cierre por remodelación y ampliación durante la gestión Ibarra, que abarcó 3.000 m2.

El acto fue presidido por el jefe de Gobierno, Mauricio Macri, junto al ministro de Cultura, Hernán Lombardi. Mientras Macri presentaba el espacio, haciendo una comparación con otros pares del mundo como el MoMA o el Pompidou, fue insultado. Un hombre le gritó “facho”. El jefe de Gobierno le respondió que su actitud era la contracara de lo que se estaba viviendo. “Clamo por la paz y la convivencia”, expresó. “Acá estamos inaugurando un museo de arte y a unas pocas cuadras vemos la otra cara de la moneda: la violencia”, sobre los incidentes en Constitución (ver El País ).

Luego, funcionarios, vecinos y curiosos pudieron redescubrir el MAMbA (creado en 1956 por el crítico Rafael Squirru y con más de 7.000 obras de arte argentino de los siglos XX y XXI). En la de planta baja, de 380 m2, recorrieron la muestra “Narrativas Inciertas”, un reflejo del arte local de los últimos 20 años con dibujos, objetos, pinturas y videos de artistas como Max Gómez Canle o Incola Costantino.

Mientras, en la sala de 488 m2 del primer piso la gente pudo visitar “El imaginario de Ignacio Pirovano”, un panorama del arte abstracto con obras de la Colección Pirovano y también del patrimonio del MAMbA.

Una de las primeras en entrar fue la artista Marta Minujín, que dijo: “Nunca debimos haber perdido este museo, no puede ser que una Ciudad como esta no tenga un museo de arte moderno, verlo ahora es too much , muy bueno”, agregó. Mientras el público recorría este MAMbA que durante más de 30 años funcionó en varios lugares hasta que en 1989 fue instalado en su sede actual, se vio a otras personalidades, como el empresario automotriz Cristiano Rattazzi, Cristiano Rattazzi, presidente de las Asociación de Amigos del Museo. “Siempre estuvimos esperando este momento, y hoy se reabre un tercio: ojalá que no pasen otros cinco años para abrirlo la obra que falta”, declaró.

La renovación presentada ayer también alcanzó al acceso por la avenida San Juan. En el hall habilitaron una boletería, un guardarropa y una tienda del museo. También instalaron ascensores, una escalera escultórica y otra contra incendio. Acondicionaron un depósito para embalaje de obras de arte y restauraron la fachada original. En el primer piso, hicieron baños para el público y en planta baja, para los visitantes con movilidad reducida. Además, renovaron el equipamiento y la infraestructura. Las obras estuvieron a cargo del Ministerio de Cultura y del de Desarrollo Urbano.

Precisamente el ministro Lombardi tuvo una frase justa para la ocasión: “Esta es la flor nueva del viejo romance que mantienen los porteños con la cultura”. Mientras se preparaba el show de luz y sonido de la compañía de teatro Ojalá!, dirigida por Pichón Baldinú, un vecino de San Telmo, Eduardo, contó: “Vi cosas muy lindas en este museo cuando estaba abierto, y espero que el nuevo MAMbA sea un espacio democrático para los artistas que no están de moda pero vienen trabajando desde hace mucho”.

Y estalló la fiesta en la calle. El show fue como si la fachada del edificio “hablara”, mediante luces audiorrítmicas desde el interior, que asomaban por distintas ventanas de los dos pisos superiores del edificio y se iban iluminando. Fue un gran cierre de vanguardia digno de semejante museo.

Nora Sánchez

Clarín, 24 de diciembre de 2010

La noche de Buenos Aires

Es cierto: Buenos Aires no es Amsterdam y por eso no hay chicas “luciéndose” en las “vidrieras” de ninguna “zona roja”. Pero el hecho de que no estén a la vista, en llamativos escaparates y bajo insinuantes luces rojas, no significa que no exista ni haya existido esa oferta en todos los tiempos de la historia de esta ciudad de 430 años, a contar desde su segunda fundación. Sin ir más lejos, hoy alcanza con recorrer algunas zonas porteñas para saber que ese “mercado” tiene su oferta y su demanda y da para todos los gustos.

Es que cada época tuvo su sector de la ciudad dedicado al tema. Y en ese sentido está el antecedente de la famosa “Calle del Pecado” que, hacia mediados del siglo XIX, estaba en Monserrat. Dicen que había prostíbulos uno al lado del otro en una calle que después llevó el sugestivo nombre de Aroma. ¿Su ubicación? Junto a la actual avenida 9 de Julio, entre Belgrano y Moreno.

Para finales de ese siglo y principios del XX, el tema de la noche y la prostitución no era exclusividad de ningún barrio, aunque había zonas que se destacaban: muchas “casas de tolerancia” se concentraban en La Boca, Barracas, Constitución, un sector de Palermo (conocido como “La Tierra del Fuego”) y lo que hoy es el Abasto y parte del Once.

Justamente, en este último sector había calles en las que proliferaron esos sitios con su farolito rojo en la entrada: la actual avenida Pueyrredón, Junín, Pasteur, Lavalle, Tucumán, concentraban la actividad. Y las historias tangueras dicen que por allí solía andar un proxeneta de largos cabellos rubios, al que apodaban “El Choclo”. Su pelo y sus atributos sexuales habrían hecho que ese apodo fuera el título de uno de los tangos más famosos, aunque otros cuentan otra historia diferente relacionada con un lugar de la cortada Carabelas, en donde se comía puchero.

Esa zona de Once, en los años 20 y 30, fue el principal territorio de la Zwi Migdal, una asociación de rufianes, muchos de origen polaco, que manejaban el negocio esclavizando a mujeres a las que traían engañadas desde Europa. Aquella organización de triste recuerdo (tenían “contactos” con políticos, jueces y policías) desapareció por la valentía de una mujer llamada Raquel Liberman, que los denunció. Pero si hay una zona que hizo historia en la noche porteña relacionada con las “chicas mal de casas bien y chicas bien de casas mal”, como dice el tango, es la del “Bajo Leandro Alem”, como se denominaba desde los años 20 hasta el 70, al sector de esa avenida entre Córdoba y Perón. Eran los famosos “dancings” que no sólo estaban allí sino también en las calles 25 de Mayo y Reconquista, paralelas al Bajo. En esos lugares (la cercanía con el puerto hacía que lo visitaran muchos marineros y estibadores) estaban las “coperas” que, con sus diminutas y ajustadas polleritas, atraían a propios y extraños.

La leyenda dice que mientras los concurrentes se embriagaban con whisky de mala calidad, las chicas bebían té frío servido en vasos de boca ancha y con un par de cubitos de hielo. En esos lugares, que casi siempre tenían un nombre en inglés o francés (como Ocean, Sweet Woman, New Club o Moulin Rouge) había shows y música en vivo, aunque hacia el final sólo se escuchaban grabaciones. Y, en algunos casos, las chicas arreglaban y “salían” del local hacia algunos de los hoteles de la zona. Muchas de esas cuestiones quedaron reflejadas en las letras de los que en la actualidad se conocen como “tangos prostibularios”. Pero esa es otra historia.

Eduardo Parise

Clarín, 15/11/10

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Paula Iglesias
Bibliotecaria