Datos personales
Etiquetas
- Agricultura y Ganadería (2)
- Alemania (2)
- Antropologia (21)
- Antártida Argentina (3)
- Arboles (3)
- Arqueología (35)
- Arquitectura de Buenos Aires (62)
- Arquitectura General (27)
- Arte (60)
- Arte Americano (6)
- Astronomia (1)
- Avellaneda (Prov. de Buenos Aires) (1)
- Azul (Prov. Buenos Aires) (3)
- Barbados (1)
- Barrio de Almagro (1)
- Barrio de Balvanera (9)
- Barrio de Barracas (10)
- Barrio de Belgrano (7)
- Barrio de Caballito (7)
- Barrio de Chacarita (2)
- Barrio de Coghlan (2)
- Barrio de Colegiales (1)
- Barrio de Constitucion (3)
- Barrio de Floresta (3)
- Barrio de La Boca (16)
- Barrio de Lugano (3)
- Barrio de Mataderos (4)
- Barrio de Monserrat (25)
- Barrio de Nuñez (4)
- Barrio de Palermo (48)
- Barrio de Parque Chacabuco (2)
- Barrio de Parque Patricios (11)
- Barrio de Pompeya (3)
- Barrio de Puerto Madero (25)
- Barrio de Recoleta (34)
- Barrio de Retiro (24)
- Barrio de Saavedra (1)
- Barrio de San Nicolas (29)
- Barrio de San Telmo (21)
- Barrio de Villa Crespo (5)
- Barrio de Villa Pueyrredon (1)
- Barrio de Villa Soldati (1)
- Bicentenario (11)
- Biografias (79)
- Brasil (5)
- Bélgica (1)
- Cafés Notables (3)
- Calles y Avenidas de Buenos Aires (3)
- Canada (1)
- Capitales Nacionales (1)
- Caribe (1)
- Casas de tango (7)
- Chascomus (Prov. Buenos Aires) (2)
- Chile (5)
- China (2)
- Ciencia y Técnica (34)
- Ciudad de Buenos Aires (6)
- Colombia (1)
- Contaminacion (12)
- Conurbano Bonaerense (1)
- Costa Atlántica (2)
- Costa Rica (1)
- Costumbres Argentinas (3)
- Crisis Mundial (1)
- Cruceros (9)
- Cultura (88)
- Curiosidades de Buenos Aires (5)
- Deportes y Recreacion (37)
- Desastres Naturales (4)
- Ecologia (91)
- Economia (15)
- Ecoturismo (1)
- Ecuador (2)
- Educación (3)
- Efemérides (18)
- Enología (21)
- Escobar (Prov Buenos Aires) (3)
- Escocia (1)
- Espacios Verdes (22)
- España (12)
- Espectaculos (3)
- Estados Unidos (2)
- Estadísticas (1)
- Eventos (40)
- Ezeiza (Prov. de Buenos Aires) (1)
- Fauna (2)
- Fauna Marina (4)
- Feriados Nacionales (1)
- Fiestas Nacionales (1)
- Flora (1)
- Folklore (50)
- Francia (4)
- Gastronomía (70)
- Geografia Argentina (15)
- Geografía Turística Universal (62)
- Geologia (5)
- Guardaparques (7)
- Historia Argentina (67)
- Historia de Buenos Aires (58)
- Historia Mundial (26)
- Holanda (1)
- Hoteleria (51)
- Héroes Nacionales (1)
- Información Turística Mundial (11)
- Inglaterra (2)
- Ingles (1)
- Inmigracion (11)
- Isla Martín García (Prov.de Buenos Aires) (1)
- Islas Malvinas (3)
- Italia (2)
- Juegos Panamericanos 2011 (1)
- La Plata (Prov. Buenos Aires) (11)
- Legislacion (13)
- Literatura (13)
- Lobos (Prov. de Buenos Aires) (1)
- Lugares Insólitos (3)
- Lujan (Prov. Buenos Aires) (3)
- Mar Del Plata (Prov. Buenos Aires) (5)
- Mares y Rios (1)
- Martinez (Prov. de Buenos Aires) (1)
- Medio Ambiente (13)
- Mexico (3)
- Mineria (1)
- Mitos y Leyendas (6)
- Monumento Histórico Nacional (5)
- Monumentos (44)
- Monumentos Naturales (3)
- Museos del Interior (22)
- Museos Internacionales (18)
- Museos y Lugares Historicos (79)
- Nuevas 7 Maravillas del Mundo (3)
- Paleontología (6)
- Parque Lezama (5)
- Parque Tres de Febrero (11)
- Parques Nacionales (23)
- Parques Nacionales del Mundo (6)
- Parques y Reservas Naturales (32)
- Patagonia Argentina (2)
- Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (21)
- Patrimonio Mundial de la Humanidad (20)
- Patrimonio Turistico Nacional (15)
- Patrimonio y Conservación (1)
- Perú (3)
- Pilar (Prov.Buenos Aires) (1)
- Plagas (1)
- Playas (6)
- Plaza de los Dos Congresos (1)
- Plaza de Mayo (1)
- Plaza Houssay (2)
- Plaza Italia (1)
- Plaza Lavalle (3)
- Plaza Rodriguez Peña (1)
- Plaza San Martín (8)
- Población Argentina (8)
- Polo Sur (1)
- Portugal (1)
- Portugues (1)
- Presidentes Argentinos (1)
- Provincia de Buenos Aires (11)
- Provincia de Catamarca (10)
- Provincia de Chaco (3)
- Provincia de Chubut (21)
- Provincia de Cordoba (16)
- Provincia de Corrientes (14)
- Provincia de Entre Rios (13)
- Provincia de Formosa (1)
- Provincia de Jujuy (13)
- Provincia de La Pampa (3)
- Provincia de La Rioja (4)
- Provincia de Mendoza (25)
- Provincia de Misiones (23)
- Provincia de Neuquen (20)
- Provincia de Rio Negro (17)
- Provincia de Río Negro (2)
- Provincia de Salta (22)
- Provincia de San Juan (8)
- Provincia de San Luis (3)
- Provincia de Santa Cruz (19)
- Provincia de Santa Fe (19)
- Provincia de Santiago del Estero (2)
- Provincia de Tierra del Fuego (5)
- Provincia de Tucuman (2)
- Pueblos Originarios (6)
- Quilmes (Prov. Buenos Aires) (3)
- Religion (1)
- República Checa (1)
- República Dominicana (1)
- Rutas Turísticas (8)
- Salud y Primeros Auxilios (22)
- San Antonio de Areco (Prov. Buenos Aires) (4)
- San Fernando (Prov. de Buenos Aires) (1)
- San Isidro (Prov. Buenos Aires) (8)
- San Miguel del Monte (1)
- San Pedro (Prov. Buenos Aires) (8)
- santia (1)
- Santos Patronos (1)
- Seguridad e Higiene (14)
- Sierra de la Ventana (Prov. de Buenos Aires) (1)
- Suipacha (Prov. Buenos Aires) (1)
- Suiza (1)
- Tailandia (1)
- Tandil (Prov. Buenos Aires) (2)
- Tango (7)
- Tigre (Prov. Buenos Aires) (8)
- Tragedias (2)
- Transporte (58)
- Travesías (1)
- Trenes Turísticos (3)
- Turismo (162)
- Turismo Aventura (5)
- Turismo Rural (9)
- Turismo Sustentable (1)
- Turquia (1)
- Uruguay (5)
- Vacaciones (10)
- Vicente López (1)
miércoles 27 de abril de 2011
Turismo aventura en Catamarca: la ruta de los volcanes
Un hombre baja de su camioneta, apila piedras en la tierra, mira al cielo y mantiene los brazos abiertos durante un largo rato. Por alguna extraña razón, o simplemente por su sonrisa, el rito se nos antoja un amplio abrazo a la naturaleza. Será porque, como él, atesoramos cada uno de los paisajes atravesados durante los 516 kilómetros recorridos hasta llegar aquí, al noroeste de la provincia de Catamarca , donde están Los seismiles, las míticas montañas que superan los 6.000 metros de altura.
Por encima de la cabeza del desconocido, un cartel indica que estamos en el Paso San Francisco , que delimita la frontera con Chile: es el fin de la Ruta de los Volcanes .
Este espléndido recorrido, que se abre paso entre inmensos salares, lagunas, aguas termales y pueblos encantadores, despliega 19 volcanes que fueron venerados por las culturas andinas, antiguas habitantes de la zona.
Habían denominado a estas elevaciones como “Apus”, morada de espíritus protectores a quienes ofrecían sacrificios y ofrendas. Hoy son los andinistas, provenientes de todo el mundo, quienes le rinden culto a este “santuario de altura”.
También los menos avezados pero aventureros pueden llegar hasta estas figuras majestuosas. Sólo hace falta un vehículo 4x4, un guía local, ya que es fácil perderse, y capacidad de sorpresa para apreciar escenarios vírgenes, unos de los pocos del planeta.
La espectacular travesía comenzó mucho antes, en San Fernando del Valle de Catamarca , cuando los mareos y dolores de cabeza, producto del “mal de altura”, eran apenas una advertencia. Y cuando La Ruta de los Volcanes era sólo una serie de puntos negros dibujados en un mapa, que nuestra mirada había transitado con anhelo tantas veces.
Rumbo al oeste
Poco después del desayuno, tomamos la Ruta Nacional 60, que se inicia al oeste de la capital catamarqueña y culmina en el Paso San Francisco. El calor húmedo va quedando atrás pero aún persisten los rastros de verde entre los cerros multicolores que señalan parte de lo que fue el antiguo Camino del Inca, que conducía a la localidad chilena de Copiapó.
Antes de llegar a Tinogasta vale la pena hacer un alto en los pueblos agrícolas Copacabana y La Puntilla , que conforman una “pequeña Italia”: las residencias de estilo neoclásico, con amplios jardines y galería central, se suceden a lo largo del camino.
La mayoría –como era tradición a principios del siglo pasado– tienen anexados oratorios familiares que resguardan imágenes religiosas antiquísimas.
En ambos pueblos se encuentran tejedoras artesanales que elaboran en sus telares hermosas colchas bordadas con flores de colores vivaces, el souvenir típico de la región.
Al fin, en el vasto valle de Abaucán , a la vera del río homónimo, aparece Tinogasta, una de las localidades fundamentales del oeste de Catamarca, rodeada de olivares, viñedos, alfalfares y árboles frutales. Aquí comienza la llamada “Ruta del Adobe”, un circuito que recorre una serie de edificios de varios siglos de antigüedad, construidos con madera y adobe.
Algunas iglesias de ese conjunto albergan imaginería religiosa de Chuquisaca (Bolivia) y pinturas de Cusco (Perú), verdaderas perlas. Son 55 kilómetors que transitan por los pueblos El Puesto , La Falda y Anillaco –fue el centro económico y religioso más importante de la región– y culminan en el pueblo de Fiambalá .
Antes de partir hacia la localidad famosa por sus aguas termales, visitamos la Finca de los Pereyra, un clásico de la zona, donde nos espera un suculento almuerzo: empanadas de carne, locro y buen vino, ideal para mitigar el incipiente frío que ya se hace sentir en las alturas de Catamarca.
La sobremesa nos encuentra sentados debajo de los olivos a algunos, y a otros, muy alegres, ensayando pasos de folclore al aire libre.
Patrimonio arqueológico
En Fiambalá puede verse gran parte del patrimonio arqueológico de la provincia. Lo demuestra la visita al Museo del Hombre, donde se exhiben piezas de las culturas originarias de los valles, como los pituiles, batungastas y mahupacas y los cuerpos momificados de un hombre y una mujer, con su ajuar funerario, de más de 500 años de antigüedad, que fueron hallados en los alrededores de Loro Huasi , un pueblo cercano.
En esta ciudad, también los viñedos son marca registrada. Ocupan grandes extensiones de tierra y le otorgan un color especial al paisaje, además de dar a luz exquisitos “vinos de altura” (a 1.505 metros sobre el nivel del mar).
El relajante paseo entre los cultivos, iluminados por los últimos rayos de sol, culmina en la Finca de Don Diego para degustar sus exclusivos vinos de uva cereza.
Continuamos camino hasta una fantástica quebrada entre las serranías, donde se encuentran las renombradas Termas de Fiambalá. Las aguas emergen a 1.750 metros sobre el nivel del mar y se concentran en 14 piletas de piedra cordillerana con temperaturas que varían entre los 28 y 51 grados centígrados. Justo lo que necesitábamos tras recorrer los primeros 322 kilómetros en busca de Los seismiles.
Los colores del desierto
Partimos de Fiambalá antes de la salida del sol. La ruta 60 gira abruptamente al oeste y se coloca de cara a la Cordillera. En el valle de Chaschuil se hace evidente la increíble gama de colores y texturas de los desiertos de altura: las llamadas “pampas de coirones” pintan un horizonte amarillo intenso, enmarcado por las sierras rojizas y el cielo azul.
Se habla mucho de las fabulosas noches estrelladas de Catamarca –quien haya viajado alguna vez a la provincia puede dar cuenta de ello– pero poco se dice de sus cielos diurnos, límpidos, azules y brillantes como pocos.
Tras dejar atrás al poblado de Chaschuil , la carretera vuelve a colocarse paralela a la Cordillera. Antes de ingresar al dominio de los volcanes, el paisaje vuelve a sorprendernos con médanos gigantes, de arena blanquísima.
¿Cómo conformarse con verlos desde la camioneta? A pesar de que no llevamos tablas de sandboard, la sensación de echarse a rodar por la arena es impagable. Y la imagen de esas montañas radiantes recortadas contra el cielo es arrolladora.
Durante el viaje, el guía nos cuenta que después del Cordón del Himalaya, la cordillera catamarqueña es la segunda área más importante en altura del mundo. Lo confirmamos cuando pasando la Cuesta Brava asoma el volcán Pissis , que se halla justo en la frontera con la provincia de La Rioja.
Sus imponentes cinco cumbres, anheladas por muchos andinistas, alcanzan una altura aproximada de 6.682 metros.
Así que no sólo es el volcán inactivo más alto del mundo sino que se disputa el segundo lugar en la lista de montañas más altas de América (el primero es el Aconcagua) con el cercano Ojos del Salado.
Hasta el momento, los especialistas no se han puesto de acuerdo sobre la altura definitiva de cada uno, ya que la diferencia es de unos pocos metros.
Este último, cuya altura se calcula en 6.864 metros, es el volcán activo más alto del planeta, en cuyas paredes las nieves y los glaciares son perpetuos.
En su interior se advierten fumarolas, que dan cuenta de la actividad volcánica. A pesar de ello, es uno de los mayores desafíos para los escaladores.
Avanzando hacia el corazón de la Cordillera algunos integrantes del grupo manifiestan fuertes mareos y dolores de cabeza, que atribuyen a las sendas degustaciones de vino del día anterior. Pero no es resaca, sino “soroche” (mal de altura), que se mitiga en pocos minutos tras mascar hojas de coca.
El reino de los colosos
Pronto asoman varios de los más importantes “seismiles”, como el cerro de los Patos y el Tres Cruces. También el Walter Penck, ubicado al sur del final del sistema del Ojos del Salado, hasta hace poco una de las cumbres menos visitadas ya que está rodeado de varios volcanes, lo que hace difícil su acceso.
Entre ellos, el que mejor se ve desde la ruta es el Incahuasi, uno de los favoritos de los montañistas, donde se encontró una estatuilla de un ajuar funerario indígena.
Entre estos colosos, se abren lagunas solitarias e infinitos salares, que conforman uno de los paisajes más prístinos y sorprendentes del noroeste argentino.
Los guanacos y llamas nos observan atentamente cuando el vehículo 4x4 se acerca hasta los dominios de las Salinas de la Laguna Verde.
Con su forma de volcán invertido, aparece como un mar esmeralda en medio del desierto, habitado por flamencos rosados. Ya la habíamos visto como una panorámica desde la base del volcán Pissis, donde está el balcón de la Laguna Verde (a 4.200 metros de altura), al que se llega desafiando al viento: desde allí, hacia abajo, puede verse el verde y azul de las lagunas andinas, rodeadas de cerros negros y salares.
Cerca del Paso San Francisco están las aguas azul zafiro de la laguna del volcán Peinado y hacia el norte, el espectacular Salar del Hombre Muerto.
De regreso en la ruta 60, al girar hacia el oeste se ve el majestuoso cerro San Francisco, el más visitado de Los seismiles, ya que se encuentra muy cerca de la carretera y del paso homónimo, que une el territorio argentino con el chileno.
Es el punto final de un fascinante recorrido de casi 200 kilómetros de desiertos, en los que la presencia humana se advierte sólo por las “apachecas” –piedras apiladas– que aparecen de tanto en tanto, una ofrenda de los viajeros a la Pachamama en agradecimiento por haber dejado atrás un sitio para emprender una nueva travesía.
María Zacco
Clarín, 16 de abril de 2011
Por encima de la cabeza del desconocido, un cartel indica que estamos en el Paso San Francisco , que delimita la frontera con Chile: es el fin de la Ruta de los Volcanes .
Este espléndido recorrido, que se abre paso entre inmensos salares, lagunas, aguas termales y pueblos encantadores, despliega 19 volcanes que fueron venerados por las culturas andinas, antiguas habitantes de la zona.
Habían denominado a estas elevaciones como “Apus”, morada de espíritus protectores a quienes ofrecían sacrificios y ofrendas. Hoy son los andinistas, provenientes de todo el mundo, quienes le rinden culto a este “santuario de altura”.
También los menos avezados pero aventureros pueden llegar hasta estas figuras majestuosas. Sólo hace falta un vehículo 4x4, un guía local, ya que es fácil perderse, y capacidad de sorpresa para apreciar escenarios vírgenes, unos de los pocos del planeta.
La espectacular travesía comenzó mucho antes, en San Fernando del Valle de Catamarca , cuando los mareos y dolores de cabeza, producto del “mal de altura”, eran apenas una advertencia. Y cuando La Ruta de los Volcanes era sólo una serie de puntos negros dibujados en un mapa, que nuestra mirada había transitado con anhelo tantas veces.
Rumbo al oeste
Poco después del desayuno, tomamos la Ruta Nacional 60, que se inicia al oeste de la capital catamarqueña y culmina en el Paso San Francisco. El calor húmedo va quedando atrás pero aún persisten los rastros de verde entre los cerros multicolores que señalan parte de lo que fue el antiguo Camino del Inca, que conducía a la localidad chilena de Copiapó.
Antes de llegar a Tinogasta vale la pena hacer un alto en los pueblos agrícolas Copacabana y La Puntilla , que conforman una “pequeña Italia”: las residencias de estilo neoclásico, con amplios jardines y galería central, se suceden a lo largo del camino.
La mayoría –como era tradición a principios del siglo pasado– tienen anexados oratorios familiares que resguardan imágenes religiosas antiquísimas.
En ambos pueblos se encuentran tejedoras artesanales que elaboran en sus telares hermosas colchas bordadas con flores de colores vivaces, el souvenir típico de la región.
Al fin, en el vasto valle de Abaucán , a la vera del río homónimo, aparece Tinogasta, una de las localidades fundamentales del oeste de Catamarca, rodeada de olivares, viñedos, alfalfares y árboles frutales. Aquí comienza la llamada “Ruta del Adobe”, un circuito que recorre una serie de edificios de varios siglos de antigüedad, construidos con madera y adobe.
Algunas iglesias de ese conjunto albergan imaginería religiosa de Chuquisaca (Bolivia) y pinturas de Cusco (Perú), verdaderas perlas. Son 55 kilómetors que transitan por los pueblos El Puesto , La Falda y Anillaco –fue el centro económico y religioso más importante de la región– y culminan en el pueblo de Fiambalá .
Antes de partir hacia la localidad famosa por sus aguas termales, visitamos la Finca de los Pereyra, un clásico de la zona, donde nos espera un suculento almuerzo: empanadas de carne, locro y buen vino, ideal para mitigar el incipiente frío que ya se hace sentir en las alturas de Catamarca.
La sobremesa nos encuentra sentados debajo de los olivos a algunos, y a otros, muy alegres, ensayando pasos de folclore al aire libre.
Patrimonio arqueológico
En Fiambalá puede verse gran parte del patrimonio arqueológico de la provincia. Lo demuestra la visita al Museo del Hombre, donde se exhiben piezas de las culturas originarias de los valles, como los pituiles, batungastas y mahupacas y los cuerpos momificados de un hombre y una mujer, con su ajuar funerario, de más de 500 años de antigüedad, que fueron hallados en los alrededores de Loro Huasi , un pueblo cercano.
En esta ciudad, también los viñedos son marca registrada. Ocupan grandes extensiones de tierra y le otorgan un color especial al paisaje, además de dar a luz exquisitos “vinos de altura” (a 1.505 metros sobre el nivel del mar).
El relajante paseo entre los cultivos, iluminados por los últimos rayos de sol, culmina en la Finca de Don Diego para degustar sus exclusivos vinos de uva cereza.
Continuamos camino hasta una fantástica quebrada entre las serranías, donde se encuentran las renombradas Termas de Fiambalá. Las aguas emergen a 1.750 metros sobre el nivel del mar y se concentran en 14 piletas de piedra cordillerana con temperaturas que varían entre los 28 y 51 grados centígrados. Justo lo que necesitábamos tras recorrer los primeros 322 kilómetros en busca de Los seismiles.
Los colores del desierto
Partimos de Fiambalá antes de la salida del sol. La ruta 60 gira abruptamente al oeste y se coloca de cara a la Cordillera. En el valle de Chaschuil se hace evidente la increíble gama de colores y texturas de los desiertos de altura: las llamadas “pampas de coirones” pintan un horizonte amarillo intenso, enmarcado por las sierras rojizas y el cielo azul.
Se habla mucho de las fabulosas noches estrelladas de Catamarca –quien haya viajado alguna vez a la provincia puede dar cuenta de ello– pero poco se dice de sus cielos diurnos, límpidos, azules y brillantes como pocos.
Tras dejar atrás al poblado de Chaschuil , la carretera vuelve a colocarse paralela a la Cordillera. Antes de ingresar al dominio de los volcanes, el paisaje vuelve a sorprendernos con médanos gigantes, de arena blanquísima.
¿Cómo conformarse con verlos desde la camioneta? A pesar de que no llevamos tablas de sandboard, la sensación de echarse a rodar por la arena es impagable. Y la imagen de esas montañas radiantes recortadas contra el cielo es arrolladora.
Durante el viaje, el guía nos cuenta que después del Cordón del Himalaya, la cordillera catamarqueña es la segunda área más importante en altura del mundo. Lo confirmamos cuando pasando la Cuesta Brava asoma el volcán Pissis , que se halla justo en la frontera con la provincia de La Rioja.
Sus imponentes cinco cumbres, anheladas por muchos andinistas, alcanzan una altura aproximada de 6.682 metros.
Así que no sólo es el volcán inactivo más alto del mundo sino que se disputa el segundo lugar en la lista de montañas más altas de América (el primero es el Aconcagua) con el cercano Ojos del Salado.
Hasta el momento, los especialistas no se han puesto de acuerdo sobre la altura definitiva de cada uno, ya que la diferencia es de unos pocos metros.
Este último, cuya altura se calcula en 6.864 metros, es el volcán activo más alto del planeta, en cuyas paredes las nieves y los glaciares son perpetuos.
En su interior se advierten fumarolas, que dan cuenta de la actividad volcánica. A pesar de ello, es uno de los mayores desafíos para los escaladores.
Avanzando hacia el corazón de la Cordillera algunos integrantes del grupo manifiestan fuertes mareos y dolores de cabeza, que atribuyen a las sendas degustaciones de vino del día anterior. Pero no es resaca, sino “soroche” (mal de altura), que se mitiga en pocos minutos tras mascar hojas de coca.
El reino de los colosos
Pronto asoman varios de los más importantes “seismiles”, como el cerro de los Patos y el Tres Cruces. También el Walter Penck, ubicado al sur del final del sistema del Ojos del Salado, hasta hace poco una de las cumbres menos visitadas ya que está rodeado de varios volcanes, lo que hace difícil su acceso.
Entre ellos, el que mejor se ve desde la ruta es el Incahuasi, uno de los favoritos de los montañistas, donde se encontró una estatuilla de un ajuar funerario indígena.
Entre estos colosos, se abren lagunas solitarias e infinitos salares, que conforman uno de los paisajes más prístinos y sorprendentes del noroeste argentino.
Los guanacos y llamas nos observan atentamente cuando el vehículo 4x4 se acerca hasta los dominios de las Salinas de la Laguna Verde.
Con su forma de volcán invertido, aparece como un mar esmeralda en medio del desierto, habitado por flamencos rosados. Ya la habíamos visto como una panorámica desde la base del volcán Pissis, donde está el balcón de la Laguna Verde (a 4.200 metros de altura), al que se llega desafiando al viento: desde allí, hacia abajo, puede verse el verde y azul de las lagunas andinas, rodeadas de cerros negros y salares.
Cerca del Paso San Francisco están las aguas azul zafiro de la laguna del volcán Peinado y hacia el norte, el espectacular Salar del Hombre Muerto.
De regreso en la ruta 60, al girar hacia el oeste se ve el majestuoso cerro San Francisco, el más visitado de Los seismiles, ya que se encuentra muy cerca de la carretera y del paso homónimo, que une el territorio argentino con el chileno.
Es el punto final de un fascinante recorrido de casi 200 kilómetros de desiertos, en los que la presencia humana se advierte sólo por las “apachecas” –piedras apiladas– que aparecen de tanto en tanto, una ofrenda de los viajeros a la Pachamama en agradecimiento por haber dejado atrás un sitio para emprender una nueva travesía.
María Zacco
Clarín, 16 de abril de 2011
Etiquetas:
Provincia de Catamarca,
Turismo
martes 26 de abril de 2011
La liberación de Wayra
Se convirtió en el cóndor 100 liberado por la Fundación Bioandina en Sudamérica. Hace un año, lo habían hallado herido. Otros cuatro cóndores fueron espontáneamente a recibirlo y coronaron los festejos de los pueblos originarios en los Valles Calchaquíes.
"El cóndor y la naturaleza nos enseñan. Fijate que ahora el agua nos retrasa. Pero, así, vamos a llegar arriba más cerca del mediodía, cuando, por las temperaturas, las corrientes son mejores para que Wayra pueda volar". Luis Jácome, biólogo y director del Proyecto de Conservación del Cóndor Andino, no está preocupado por apurar la ceremonia que en Cafayate (Salta), en los Valles Calchaquíes, marcará la liberación del cóndor número 100 que lleva a cabo en Sudamérica la Fundación Bioandina.
Wayra, que en quechua quiere decir viento, es un cóndor subadulto (de unos seis años, estas aves son completamente adultas a los 12 y viven algo más de 70) que volvió a las montañas tras casi nueve meses de recuperación en el Zoológico de Buenos Aires.
El 18 de julio del año pasado, una mujer llamó a una estación de fauna autóctona del Ministerio de Ambiente de Salta para avisar que había un cóndor herido en la localidad de La Caldera. Los rescatistas comprobaron que había sido lastimado, al parecer por un disparo de escopeta. Le dieron los primeros auxilios y en dos días lo enviaron a Buenos Aires para que lo trataran los expertos del Proyecto de Recuperación. En el zoológico porteño, recibió los cuidados del equipo de Jácome y sus voluntarios.
La semana pasada, volvió a Salta para convertirse, el sábado 9 de abril, en el cóndor número 100 liberado por la Fundación Bioandina que, de a poco y con pájaros curados o nacidos en cautiverio, está repoblando con éstas, las más grandes de las aves voladoras, distintas zonas de los Andes y viejos hábitats en los que ya se habían extinguido, como las costas de la Patagonia. Mañana será liberado el 101 en la ciudad sagrada de los Quilmes, en Tucumán. Y en septiembre, otros tres en las sierras de Pailemán, en Río Negro.
La travesía desde Cafayate a la cortada del Mal Paso, camino al Hualinchay, se hace mucho más larga de lo previsto: la noche anterior llovió y por el vado que podía cruzarse sin problemas ahora pasa un caudal importante de agua y barro; solo pueden atravesarlo las 4x4, pero no los autos, combis y colectivos en los que viajan la mayoría de los que asistirán a la liberación. Hay que dar un largo rodeo, pero Jácome prefiere que Wayra vaya por ese camino, ya que no va a volar sin que se hagan los rituales de los pueblos originarios y como lleva casi 48 horas encerrado en una pequeña caja (sus alas, extendidas, llegan a los dos metros), mejor que, por lo menos, no sufra los barquinazos.
Ya arriba, lo primero son los preparativos para las tres ceremonias: las de la comunidad diaguita calchaquí El Divisadero, la quechua Asociación Mink'akuy Tawantinsuyupaq y la Fundación Ecos de la Patria Grande (también quechua). El cóndor (Apu Kuntur, en quechua) era para los incas un mensajero de los dioses que además puede comunicarse con sus antepasados. La vuelta de Wayra es celebrada y los equipos que trabajaron en su recuperación se muestran sumamente respetuosos con esos festejos y plegarias.
Jácome, que trabaja con cóndores desde hace 20 años y no deja de insistir en que "es tremendo lo que hay para aprender de estos bichos", se encarga de que todos se pongan en círculo. Cada uno con alguna particularidad, con frases en quechua y aymara y ofrendas de tabaco, hojas de coca y distintas hierbas que, quemadas, despiden un aroma penetrante, los líderes de las distintas comunidades hablan de la importancia del cóndor, de los antepasados, de los enojos de la Pachamama, de la unidad que debe primar entre los hombre por sobre cualquier diferencia en el color de la piel. Y le piden al "Apu Kuntur" que transmita esos mensajes.
Acompañado por una procesión numerosa y multicultural –están los representantes de los pueblos originarios, otros habitantes de Salta, algunos periodistas y visitantes de otras partes del país y de Francia, por ejemplo-, Wayra es trasladada, aún dentro de su caja, hasta el acantilado en el que será liberado. Sus cuidadores abren la portezuela y el ave se despliega imponente. Sacude sus alas, mira a un lado y a otro (es verdad: como advertía Jácome, parece que fijara sus ojos en cada uno de los que la acompañaron hasta ahí), mide el viento.
El biólogo advierte que otros cóndores van a ir recibir a su par, porque "es lo que pasa siempre, no sabemos cómo"; parece una exageración, pero enseguida aparece un cóndor sobre una cima cercana. Y después otro, y otro, y otro. Al final serán por lo menos cuatro ejemplares los que sobrevolaran el Mal Paso. Wayra sigue analizando todo unos minutos, hasta que la corriente acertada le marca que es momento de volver a volar por los Andes. Y ahí va navegando en el viento que es su nombre.
Javier Rodríguez Petersen
Clarín, 14 de abril de 2011
"El cóndor y la naturaleza nos enseñan. Fijate que ahora el agua nos retrasa. Pero, así, vamos a llegar arriba más cerca del mediodía, cuando, por las temperaturas, las corrientes son mejores para que Wayra pueda volar". Luis Jácome, biólogo y director del Proyecto de Conservación del Cóndor Andino, no está preocupado por apurar la ceremonia que en Cafayate (Salta), en los Valles Calchaquíes, marcará la liberación del cóndor número 100 que lleva a cabo en Sudamérica la Fundación Bioandina.
Wayra, que en quechua quiere decir viento, es un cóndor subadulto (de unos seis años, estas aves son completamente adultas a los 12 y viven algo más de 70) que volvió a las montañas tras casi nueve meses de recuperación en el Zoológico de Buenos Aires.
El 18 de julio del año pasado, una mujer llamó a una estación de fauna autóctona del Ministerio de Ambiente de Salta para avisar que había un cóndor herido en la localidad de La Caldera. Los rescatistas comprobaron que había sido lastimado, al parecer por un disparo de escopeta. Le dieron los primeros auxilios y en dos días lo enviaron a Buenos Aires para que lo trataran los expertos del Proyecto de Recuperación. En el zoológico porteño, recibió los cuidados del equipo de Jácome y sus voluntarios.
La semana pasada, volvió a Salta para convertirse, el sábado 9 de abril, en el cóndor número 100 liberado por la Fundación Bioandina que, de a poco y con pájaros curados o nacidos en cautiverio, está repoblando con éstas, las más grandes de las aves voladoras, distintas zonas de los Andes y viejos hábitats en los que ya se habían extinguido, como las costas de la Patagonia. Mañana será liberado el 101 en la ciudad sagrada de los Quilmes, en Tucumán. Y en septiembre, otros tres en las sierras de Pailemán, en Río Negro.
La travesía desde Cafayate a la cortada del Mal Paso, camino al Hualinchay, se hace mucho más larga de lo previsto: la noche anterior llovió y por el vado que podía cruzarse sin problemas ahora pasa un caudal importante de agua y barro; solo pueden atravesarlo las 4x4, pero no los autos, combis y colectivos en los que viajan la mayoría de los que asistirán a la liberación. Hay que dar un largo rodeo, pero Jácome prefiere que Wayra vaya por ese camino, ya que no va a volar sin que se hagan los rituales de los pueblos originarios y como lleva casi 48 horas encerrado en una pequeña caja (sus alas, extendidas, llegan a los dos metros), mejor que, por lo menos, no sufra los barquinazos.
Ya arriba, lo primero son los preparativos para las tres ceremonias: las de la comunidad diaguita calchaquí El Divisadero, la quechua Asociación Mink'akuy Tawantinsuyupaq y la Fundación Ecos de la Patria Grande (también quechua). El cóndor (Apu Kuntur, en quechua) era para los incas un mensajero de los dioses que además puede comunicarse con sus antepasados. La vuelta de Wayra es celebrada y los equipos que trabajaron en su recuperación se muestran sumamente respetuosos con esos festejos y plegarias.
Jácome, que trabaja con cóndores desde hace 20 años y no deja de insistir en que "es tremendo lo que hay para aprender de estos bichos", se encarga de que todos se pongan en círculo. Cada uno con alguna particularidad, con frases en quechua y aymara y ofrendas de tabaco, hojas de coca y distintas hierbas que, quemadas, despiden un aroma penetrante, los líderes de las distintas comunidades hablan de la importancia del cóndor, de los antepasados, de los enojos de la Pachamama, de la unidad que debe primar entre los hombre por sobre cualquier diferencia en el color de la piel. Y le piden al "Apu Kuntur" que transmita esos mensajes.
Acompañado por una procesión numerosa y multicultural –están los representantes de los pueblos originarios, otros habitantes de Salta, algunos periodistas y visitantes de otras partes del país y de Francia, por ejemplo-, Wayra es trasladada, aún dentro de su caja, hasta el acantilado en el que será liberado. Sus cuidadores abren la portezuela y el ave se despliega imponente. Sacude sus alas, mira a un lado y a otro (es verdad: como advertía Jácome, parece que fijara sus ojos en cada uno de los que la acompañaron hasta ahí), mide el viento.
El biólogo advierte que otros cóndores van a ir recibir a su par, porque "es lo que pasa siempre, no sabemos cómo"; parece una exageración, pero enseguida aparece un cóndor sobre una cima cercana. Y después otro, y otro, y otro. Al final serán por lo menos cuatro ejemplares los que sobrevolaran el Mal Paso. Wayra sigue analizando todo unos minutos, hasta que la corriente acertada le marca que es momento de volver a volar por los Andes. Y ahí va navegando en el viento que es su nombre.
Javier Rodríguez Petersen
Clarín, 14 de abril de 2011
Etiquetas:
Antropologia,
Ecologia,
Folklore,
Provincia de Salta
Las ballenas, estrellas del pop submarino
Lo dice un estudio australiano que analizó 11 años de "canciones" submarinas. Los machos son los que cantan y hay "temas" que se transforman en un éxito. Como los humanos, siguen determinadas modas.
Quizás hasta podría armarse un chart con los hits del océano. O al menos, con las canciones preferidas de las ballenas jorobadas. Según un estudio australiano publicado hoy en Estados Unidos, a estos mamíferos (Megaptera novaeangliae) les fascina cantar y siguen determinadas modas como los humanos.
Como si se tratase de verdaderas estrellas del pop, los machos cantan en las profundidades del agua. Año tras año una nueva y pegadiza melodía se esparce entre los 'cantantes' y recorre las aguas desde la costa este de Australia hasta la Polinesia francesa, conquistando distintos grupos de ballenas, que empiezan a cantar la misma melodía durante la época de apareamiento.
El estudio, publicado por Current Biology, analizó las grabaciones que durante 11 años captaron micrófonos submarinos colocados por un grupo de investigadores liderados por la bióloga marina Ellen Garland de la Universidad de Queensland en Australia.
Para descubrir los patrones melódicos, los científicos debieron escuchar 745 "canciones" que entonaban seis poblaciones diferentes de ballenas. Así fue como descubrieron once "estilos" diferentes.
Es estudio asegura que a veces en el "hit" del momento aparecen fragmentos de temporadas anteriores, mientras que en otros casos se trataba de composiciones completamente nuevas. Al margen de la originalidad, en menos de tres meses el nuevo tema se volvía tan popular que estaba "en boca" de todos los machos de una región.
Lo que sigue siendo un misterio es por qué todas las ballenas cantan la misma canción, cuando sus esfuerzos deberían estar destinados a destacarse ante la manada y conquistar.
Precisamente, al factor conquista se le endilga la responsabilidad de hacer que sean los machos los que le pongan la "voz" a esta historia, en un intento por ganarse los favores de las hembras.
"Creemos que esta búsqueda de los machos por una canción original radica en la esperanza de ser un poquito diferente y más atractivo para el sexo opuesto", señaló Garland.
Pero luego esa necesidad de originalidad se ve opacada por la masividad que significa que todos los machos canten la misma canción.
Para los científicos la respuesta puede estar en otro comportamiento casi humano: al parecer las ballenas machos sienten la presión "social" para sumarse a la manada y no sentirse solo como un bicho raro.
Los autores del estudio sostienen que se trata de uno de los patrones de evolución cultural más complejos y rápidos que se haya observador en una especie, más allá de los humanos.
Uno de los grandes inconvenientes a la hora de estudiar a las jorobadas es que estas ballenas son demasiado grandes como para tenerlas en cautiverio y los sistemas de seguimiento aún no son lo suficientemente sofisticados como para alcanzar los ambiciosos objetivos de los científicos y descubrir esas sutilezas del comportamiento.
Clarín, 14 de abril de 2011
Quizás hasta podría armarse un chart con los hits del océano. O al menos, con las canciones preferidas de las ballenas jorobadas. Según un estudio australiano publicado hoy en Estados Unidos, a estos mamíferos (Megaptera novaeangliae) les fascina cantar y siguen determinadas modas como los humanos.
Como si se tratase de verdaderas estrellas del pop, los machos cantan en las profundidades del agua. Año tras año una nueva y pegadiza melodía se esparce entre los 'cantantes' y recorre las aguas desde la costa este de Australia hasta la Polinesia francesa, conquistando distintos grupos de ballenas, que empiezan a cantar la misma melodía durante la época de apareamiento.
El estudio, publicado por Current Biology, analizó las grabaciones que durante 11 años captaron micrófonos submarinos colocados por un grupo de investigadores liderados por la bióloga marina Ellen Garland de la Universidad de Queensland en Australia.
Para descubrir los patrones melódicos, los científicos debieron escuchar 745 "canciones" que entonaban seis poblaciones diferentes de ballenas. Así fue como descubrieron once "estilos" diferentes.
Es estudio asegura que a veces en el "hit" del momento aparecen fragmentos de temporadas anteriores, mientras que en otros casos se trataba de composiciones completamente nuevas. Al margen de la originalidad, en menos de tres meses el nuevo tema se volvía tan popular que estaba "en boca" de todos los machos de una región.
Lo que sigue siendo un misterio es por qué todas las ballenas cantan la misma canción, cuando sus esfuerzos deberían estar destinados a destacarse ante la manada y conquistar.
Precisamente, al factor conquista se le endilga la responsabilidad de hacer que sean los machos los que le pongan la "voz" a esta historia, en un intento por ganarse los favores de las hembras.
"Creemos que esta búsqueda de los machos por una canción original radica en la esperanza de ser un poquito diferente y más atractivo para el sexo opuesto", señaló Garland.
Pero luego esa necesidad de originalidad se ve opacada por la masividad que significa que todos los machos canten la misma canción.
Para los científicos la respuesta puede estar en otro comportamiento casi humano: al parecer las ballenas machos sienten la presión "social" para sumarse a la manada y no sentirse solo como un bicho raro.
Los autores del estudio sostienen que se trata de uno de los patrones de evolución cultural más complejos y rápidos que se haya observador en una especie, más allá de los humanos.
Uno de los grandes inconvenientes a la hora de estudiar a las jorobadas es que estas ballenas son demasiado grandes como para tenerlas en cautiverio y los sistemas de seguimiento aún no son lo suficientemente sofisticados como para alcanzar los ambiciosos objetivos de los científicos y descubrir esas sutilezas del comportamiento.
Clarín, 14 de abril de 2011
Etiquetas:
Ecologia
lunes 25 de abril de 2011
Arroyo Maldonado: origen del nombre
Cierto: en la época en que se encuadra esta historia, no existían todavía los gauchos, pero, sin duda, sí algo que les pertenece y los define: la pampa.
Y es que cuando en 1536 Pedro de Mendoza fundó lo que sería nuestra ciudad, Buenos Aires no era más que un grupo de chozas encerradas dentro de una empalizada que las protegía de los indios y las fieras.
Más allá de esa jaula de palo, se extendía una inmensa llanura, la pampa, un desierto inhóspito dominado por la indiada y lejos, un arroyo que corría y que crecía con las lluvias que inundaban grandes extensiones, un arroyo todavía sin nombre cristiano que para ese pequeño contingente de seres esperanzados, hambrientos, renegados algunos, ricos venidos a menos otros, ladrones, marineros, soldados y algunas mujeres, no tenía la menor importancia.
Pero este pequeño grupo de habitantes pronto se vio debatiéndose entre la miseria, el hambre, los peligros que entrañaban las flechas y las enfermedades. Ya no había qué comer: los indios, al principio obsequiosos, se tornaron agresivos y, para coronar el espanto, llegó la viruela y la muerte.
Desde luego, estaba penada con el ajusticiamiento cualquier veleidad de escapar de esa celda de palos en la que reinaba la desolación. Fue dentro de ese macabro escenario donde se produjo un hecho insólito: una humilde mujer, recogida en el atracadero de Sanlúcar de Barrameda, al parecer, enloquecida ante tanto horror, corrió dando gritos de espanto hacia la empalizada, abrió la tranquera y tomó el camino de la pampa, de esa misma pampa que, muchos años después, sería el hogar de nuestros gauchos.
La leyenda recogida por ahí dice que se la llamaba la Maldonado. En su desesperación por salvar la vida, habría caminado y caminado hasta encontrar una especie de cueva junto a un arroyo, pero de inmediato, vencida por la debilidad y el esfuerzo, perdió el conocimiento.
No tardó mucho en recobrarlo, cuando oyó los rugidos de un puma hembra que se encontraba nada menos que a punto de parir. La mujer, ante esa escena, se acercó cautelosa y, en un acto tal vez difícil de comprender, ayudó al animal a dar a luz a su cría. Los temibles rugidos fueron entonces apaciguándose hasta terminar en mansos rezongos. Según se dice, de ahí en más, la madre puma compartió con la mujer el alimento que traía para su cría. Al tiempo, los indios que merodeaban el lugar la vieron paseando con el animal y los cachorros, y, sorprendidos, enseguida sintieron gran respeto por esa mujer que no les temía a las fieras.
Pero un día, la Maldonado fue capturada por soldados del fuerte que habían salido con la misión de encontrar alimentos y, devuelta al poblado, se la condenó a ser atada a un árbol cercano al arroyo para que la devoraran las fieras.
Enorme sorpresa se llevaron los españoles cuando, días después, encontraron a la mujer con vida: la madre puma la había protegido de otras alimañas y la había alimentado.
Puesto en conocimiento don Pedro de Mendoza y habiendo comprobado personalmente éste el extraño episodio, dispuso el perdón y ordenó que se la liberara.
Desde entonces, ese arroyo, hoy en día entubado bajo la avenida Juan B. Justo, fue conocido con el nombre de Maldonado.
Silvia Long-Ohni
La Nación, 9 de abril de 2011
Y es que cuando en 1536 Pedro de Mendoza fundó lo que sería nuestra ciudad, Buenos Aires no era más que un grupo de chozas encerradas dentro de una empalizada que las protegía de los indios y las fieras.
Más allá de esa jaula de palo, se extendía una inmensa llanura, la pampa, un desierto inhóspito dominado por la indiada y lejos, un arroyo que corría y que crecía con las lluvias que inundaban grandes extensiones, un arroyo todavía sin nombre cristiano que para ese pequeño contingente de seres esperanzados, hambrientos, renegados algunos, ricos venidos a menos otros, ladrones, marineros, soldados y algunas mujeres, no tenía la menor importancia.
Pero este pequeño grupo de habitantes pronto se vio debatiéndose entre la miseria, el hambre, los peligros que entrañaban las flechas y las enfermedades. Ya no había qué comer: los indios, al principio obsequiosos, se tornaron agresivos y, para coronar el espanto, llegó la viruela y la muerte.
Desde luego, estaba penada con el ajusticiamiento cualquier veleidad de escapar de esa celda de palos en la que reinaba la desolación. Fue dentro de ese macabro escenario donde se produjo un hecho insólito: una humilde mujer, recogida en el atracadero de Sanlúcar de Barrameda, al parecer, enloquecida ante tanto horror, corrió dando gritos de espanto hacia la empalizada, abrió la tranquera y tomó el camino de la pampa, de esa misma pampa que, muchos años después, sería el hogar de nuestros gauchos.
La leyenda recogida por ahí dice que se la llamaba la Maldonado. En su desesperación por salvar la vida, habría caminado y caminado hasta encontrar una especie de cueva junto a un arroyo, pero de inmediato, vencida por la debilidad y el esfuerzo, perdió el conocimiento.
No tardó mucho en recobrarlo, cuando oyó los rugidos de un puma hembra que se encontraba nada menos que a punto de parir. La mujer, ante esa escena, se acercó cautelosa y, en un acto tal vez difícil de comprender, ayudó al animal a dar a luz a su cría. Los temibles rugidos fueron entonces apaciguándose hasta terminar en mansos rezongos. Según se dice, de ahí en más, la madre puma compartió con la mujer el alimento que traía para su cría. Al tiempo, los indios que merodeaban el lugar la vieron paseando con el animal y los cachorros, y, sorprendidos, enseguida sintieron gran respeto por esa mujer que no les temía a las fieras.
Pero un día, la Maldonado fue capturada por soldados del fuerte que habían salido con la misión de encontrar alimentos y, devuelta al poblado, se la condenó a ser atada a un árbol cercano al arroyo para que la devoraran las fieras.
Enorme sorpresa se llevaron los españoles cuando, días después, encontraron a la mujer con vida: la madre puma la había protegido de otras alimañas y la había alimentado.
Puesto en conocimiento don Pedro de Mendoza y habiendo comprobado personalmente éste el extraño episodio, dispuso el perdón y ordenó que se la liberara.
Desde entonces, ese arroyo, hoy en día entubado bajo la avenida Juan B. Justo, fue conocido con el nombre de Maldonado.
Silvia Long-Ohni
La Nación, 9 de abril de 2011
Etiquetas:
Historia de Buenos Aires
Reinauguración de la Sociedad Hebraica Argentina
La Sociedad Hebraica Argentina presentará recitales y obras de teatro. El restaurado SHA cuenta con dos salas: una principal, con capacidad para 800 personas, y otra más pequeña, para 135 espectadores. Actuarán allí Spinetta, Elena Roger y Falta y Resto, entre otros.
Restaurado y con el equipamiento técnico adecuado, el Teatro SHA (Sala de la Sociedad Hebraica Argentina) presentará a partir de la reinauguración de hoy una serie de espectáculos que incluye obras de teatro y recitales. La Sociedad, creada el 16 de abril de 1926, inauguró su sala en 1968, con un concierto sinfónico dirigido por Teodoro Fuchs, “el gran maestro de música de la Hebraica”, y otro ofrecido por el violinista israelí Zvi Zeitlin. El espacio, ahora acondicionado, cuenta con dos salas, una principal –diseñada por el gran Saulo Benavente–, con capacidad para 800 personas, y otra de menores dimensiones, semicircular, destinada a obras del denominado teatro alternativo, con cabida para 135 espectadores.
A Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale les toca abrir esta programación (viernes 15, a las 21.30), interpretando temas de sus cuatro discos, con predominio de Qué más hacer en esta tierra incendiada sino cantar (entradas desde 80 pesos). Mañana (a las 21.30) se presentará Luis Alberto Spinetta (entradas desde 120 pesos), y en los siguientes 21, 23, 24 y 30, el grupo de cuerdas Alter Quintet (radicado en Francia) y Aca Seca, que integran Juan Quintero, Andrés
Beeuwsaert y Mariano Cantero. El viernes 29, a las 21.30, se verá a los murguistas uruguayos de Falta y Resto. Traerán La Comedia del Barrio, espectáculo al que se suma Malena D’Alessio, de Actitud María Marta. La dirección y los textos corresponden a Raúl Castro y los temas musicales a Felipe Castro y Gerardo Dorado (entradas desde 80 pesos). El sábado 30, a las 21.30, la actriz y cantante Elena Roger presentará temas de su disco Vientos del Sur y otros de los musicales que ha interpretado, como Evita, Mina... che cosa sei y Piaf (entradas desde 120 pesos).
La apertura de la temporada teatral estará a cargo del grupo Libertablas, que a partir del 8 de mayo ofrecerá un festival que incluye cuatro espectáculos: Pinocho, Cuentos de la Selva, Leyenda y Cuentos al derecho. El premiado grupo que lideran Luis Rivera López y Sergio Rower impartirá talleres en el mismo teatro y ofrecerá espectáculos para escuelas.
En junio podrá verse, por primera vez en Argentina, una obra del inglés Martin Crimp, titulada En el campo (The Country), una vuelta de tuerca al thriller psicológico y a las complejidades del triángulo amoroso. La dirige Cristian Drut (el mismo de Crave, de Sarah Kane; Apenas el fin del mundo, de Jean Luc Lagarce, y El montaplatos, de Harold Pinter). Considerado un “heredero de Harold Pinter”, Crimp estrenó esta pieza en 2000, en el Royal Court, de Londres, y poco después en otras ciudades europeas y americanas. El segmento teatral de la programación se completa con Paraná porá, espectáculo escrito y dirigido por Maruja Bustamante. Más adelante se confirmarán las presentaciones de Los Dorantes (España), Dino Saluzzi y Santiago Feliú (Cuba).
La sala del SHA se vio prestigiada en diferentes épocas por intelectuales y artistas, como el escritor Jorge Luis Borges, el realizador David Stivel, los actores Ulises Dumont, Federico Luppi, Norman Briski y Héctor Alterio, la actriz Inda Ledesma y los directores Sergio Renán, Augusto Fernandes y, entre otros, el cineasta Leopoldo Torre Nilsson. Algunas visitas famosas de los últimos tiempos fueron las de Antonio Banderas, Carmen Maura y Pedro Almodóvar.
Históricamente, el primer estreno teatral correspondió a El campo, de Griselda Gambaro; más tarde se vieron obras interpretadas por Compañía de Buenos Aires, grupo que dirigió Renán, y Gente de Teatro, liderada por Stivel. Entre otros creadores, hicieron su aporte al Teatro SHA el director Jorge Lavelli, la directora y maestra Heddy Crilla, el actor, dramaturgo y director Juan Carlos Gené, Roberto Durán, Reinaldo D’Amore y David Licht, “propulsor del mejor teatro en idish que se ofreció en Argentina”. El SHA fue sede permanente del ciclo de proyecciones organizado por la Cinemateca Argentina. Una iniciativa que propició el gusto por el mejor cine nacional e internacional y obtuvo gran aceptación del público.
En tiempos más cercanos, a sólo tres meses del atentado a la AMIA, el SHA, ubicado en las cercanías de la mutual israelita, se atrevió a un estreno. Fue Antes del retiro, del polémico dramaturgo, escritor y poeta austríaco Thomas Bernhard. No hubo asistencia masiva, ni siquiera en la primera función destinada, básicamente, a invitados y prensa. “En algunas funciones teníamos cinco o seis espectadores. La gente seguía atemorizada, pero habíamos decidido hacerla igual para demostrar que no nos amedrentábamos”, como dijera a Página/12 la actriz Stella Galazzi, protagonista junto a Rita Cortese y Héctor Bidonde de esta pieza que dirigió Laura Yusem. Un trabajo de primer nivel que contó con la escenografía de Graciela Galán, las luces de Jorge Pastorino y la música de Claudio Koremblit.
Hilda Cabrera
Página 12, 15 de abril de 2011
Restaurado y con el equipamiento técnico adecuado, el Teatro SHA (Sala de la Sociedad Hebraica Argentina) presentará a partir de la reinauguración de hoy una serie de espectáculos que incluye obras de teatro y recitales. La Sociedad, creada el 16 de abril de 1926, inauguró su sala en 1968, con un concierto sinfónico dirigido por Teodoro Fuchs, “el gran maestro de música de la Hebraica”, y otro ofrecido por el violinista israelí Zvi Zeitlin. El espacio, ahora acondicionado, cuenta con dos salas, una principal –diseñada por el gran Saulo Benavente–, con capacidad para 800 personas, y otra de menores dimensiones, semicircular, destinada a obras del denominado teatro alternativo, con cabida para 135 espectadores.
A Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale les toca abrir esta programación (viernes 15, a las 21.30), interpretando temas de sus cuatro discos, con predominio de Qué más hacer en esta tierra incendiada sino cantar (entradas desde 80 pesos). Mañana (a las 21.30) se presentará Luis Alberto Spinetta (entradas desde 120 pesos), y en los siguientes 21, 23, 24 y 30, el grupo de cuerdas Alter Quintet (radicado en Francia) y Aca Seca, que integran Juan Quintero, Andrés
Beeuwsaert y Mariano Cantero. El viernes 29, a las 21.30, se verá a los murguistas uruguayos de Falta y Resto. Traerán La Comedia del Barrio, espectáculo al que se suma Malena D’Alessio, de Actitud María Marta. La dirección y los textos corresponden a Raúl Castro y los temas musicales a Felipe Castro y Gerardo Dorado (entradas desde 80 pesos). El sábado 30, a las 21.30, la actriz y cantante Elena Roger presentará temas de su disco Vientos del Sur y otros de los musicales que ha interpretado, como Evita, Mina... che cosa sei y Piaf (entradas desde 120 pesos).
La apertura de la temporada teatral estará a cargo del grupo Libertablas, que a partir del 8 de mayo ofrecerá un festival que incluye cuatro espectáculos: Pinocho, Cuentos de la Selva, Leyenda y Cuentos al derecho. El premiado grupo que lideran Luis Rivera López y Sergio Rower impartirá talleres en el mismo teatro y ofrecerá espectáculos para escuelas.
En junio podrá verse, por primera vez en Argentina, una obra del inglés Martin Crimp, titulada En el campo (The Country), una vuelta de tuerca al thriller psicológico y a las complejidades del triángulo amoroso. La dirige Cristian Drut (el mismo de Crave, de Sarah Kane; Apenas el fin del mundo, de Jean Luc Lagarce, y El montaplatos, de Harold Pinter). Considerado un “heredero de Harold Pinter”, Crimp estrenó esta pieza en 2000, en el Royal Court, de Londres, y poco después en otras ciudades europeas y americanas. El segmento teatral de la programación se completa con Paraná porá, espectáculo escrito y dirigido por Maruja Bustamante. Más adelante se confirmarán las presentaciones de Los Dorantes (España), Dino Saluzzi y Santiago Feliú (Cuba).
La sala del SHA se vio prestigiada en diferentes épocas por intelectuales y artistas, como el escritor Jorge Luis Borges, el realizador David Stivel, los actores Ulises Dumont, Federico Luppi, Norman Briski y Héctor Alterio, la actriz Inda Ledesma y los directores Sergio Renán, Augusto Fernandes y, entre otros, el cineasta Leopoldo Torre Nilsson. Algunas visitas famosas de los últimos tiempos fueron las de Antonio Banderas, Carmen Maura y Pedro Almodóvar.
Históricamente, el primer estreno teatral correspondió a El campo, de Griselda Gambaro; más tarde se vieron obras interpretadas por Compañía de Buenos Aires, grupo que dirigió Renán, y Gente de Teatro, liderada por Stivel. Entre otros creadores, hicieron su aporte al Teatro SHA el director Jorge Lavelli, la directora y maestra Heddy Crilla, el actor, dramaturgo y director Juan Carlos Gené, Roberto Durán, Reinaldo D’Amore y David Licht, “propulsor del mejor teatro en idish que se ofreció en Argentina”. El SHA fue sede permanente del ciclo de proyecciones organizado por la Cinemateca Argentina. Una iniciativa que propició el gusto por el mejor cine nacional e internacional y obtuvo gran aceptación del público.
En tiempos más cercanos, a sólo tres meses del atentado a la AMIA, el SHA, ubicado en las cercanías de la mutual israelita, se atrevió a un estreno. Fue Antes del retiro, del polémico dramaturgo, escritor y poeta austríaco Thomas Bernhard. No hubo asistencia masiva, ni siquiera en la primera función destinada, básicamente, a invitados y prensa. “En algunas funciones teníamos cinco o seis espectadores. La gente seguía atemorizada, pero habíamos decidido hacerla igual para demostrar que no nos amedrentábamos”, como dijera a Página/12 la actriz Stella Galazzi, protagonista junto a Rita Cortese y Héctor Bidonde de esta pieza que dirigió Laura Yusem. Un trabajo de primer nivel que contó con la escenografía de Graciela Galán, las luces de Jorge Pastorino y la música de Claudio Koremblit.
Hilda Cabrera
Página 12, 15 de abril de 2011
Etiquetas:
Cultura,
Historia de Buenos Aires
El Rosedal protegido
El Rosedal de Palermo ayer fue declarado por ley Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. El proyecto, perteneciente a la diputada del PRO Marta Varela, fue aprobado por unanimidad en segunda lectura por la Legislatura porteña, junto a varias otras declaraciones patrimoniales.
“El Rosedal es un espacio que hace a la identidad de nuestra Ciudad y del Parque Tres de Febrero y hacía falta protegerlo y darle un marco legal –expresó la diputada Marta Varela–. A partir de ahora, cualquier restauración o trabajo deberá hacerse siguiendo el diseño original del paseo”.
Ese diseño original data de principios del siglo XX. Fue Joaquín Anchorena, intendente de la Ciudad entre 1910 y 1914, el que impulsó la creación de una “roseraie” o jardín de rosas en Buenos Aires, muy influido por los jardines parisinos. El encargado de concretarlo fue el ingeniero agrónomo Benito Carrasco, discípulo y sucesor de Carlos Thays al frente de la Dirección de Parques y Paseos. Para construirlo, se eligió un predio de 3,4 hectáreas ubicado entre las avenidas Infanta Isabel, Iraola y Pte. Pedro Montt, dentro del Parque Tres de Febrero. En ese mismo lugar, durante la Exposición Industrial del Centenario de 1910 habían estado emplazados los pabellones de las provincias.
La obra del Rosedal tomó apenas seis meses , entre el 5 de mayo y el 22 de noviembre de 1914. Plantaron 14.650 rosales de 1.189 variedades que iban del blanco níveo al rojo sangre y fueron colocados según su la armonía y el contraste de sus colores. El paseo fue completado con una larga pérgola de estilo griego bordeando el lago, un templete y un embarcadero. También con un puente de arquitectura helénica , que hoy es uno de los sellos característicos del Rosedal y sirve para ingresar desde la Avenida Infanta Isabel. Lo inauguraron el 24 de noviembre de 1914, cuatro meses después del estallido de la Primera Guerra Mundial y como una expresión tardía de la Belle Epoque porteña.
En 1920, cuando en el país existía un regreso a las raíces hispánicas, surgió la idea de anexarle un jardín de estilo español . El encargado de proyectarlo fue Eugenio Carrasco, hermano de Benito y sucesor de éste como Director de Paseos, que propuso estanques con agua, fuentes rectangulares con vertedores en forma de ranas, y fuentecitas con pilas y surtidores. Este sector del paseo se completó en octubre de 1929, cuando el Ayuntamiento de Sevilla le regaló a Buenos Aires el Patio-Glorieta Andaluz. Hoy se lo conoce como Jardín de los Poetas, porque hay emplazados 26 bustos de poetas y escritores, entre ellos Antonio Machado, Benito Pérez Galdós y Federico García Lorca, argentinos como Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni y Enrique Larreta, y latinoamericanos como Amado Nervo, Alfonso Reyes, Miguel Angel Asturias y José Martí.
Con los años, el paseo se deterioró por el descuido y el abandono. En 1989 se hicieron algunos arreglos en el puente principal y la pérgola. Y en 1994, YPF se hizo cargo del Rosedal y llevó a cabo una restauración que llevó dos años. Instalaron un sistema de riego y recrearon el jardín de rosas original, siguiendo los planos de 1914. En 2008 se hizo la última restauración, también a cargo de YPF, padrino del paseo. Colocaron 5.000 nuevos rosales y pusieron en valor plantas, senderos y monumentos, que desde ayer están reconocidos oficialmente como parte de la cultura de la Ciudad.
Clarín, 15 de abril de 2011
Nora Sánchez
“El Rosedal es un espacio que hace a la identidad de nuestra Ciudad y del Parque Tres de Febrero y hacía falta protegerlo y darle un marco legal –expresó la diputada Marta Varela–. A partir de ahora, cualquier restauración o trabajo deberá hacerse siguiendo el diseño original del paseo”.
Ese diseño original data de principios del siglo XX. Fue Joaquín Anchorena, intendente de la Ciudad entre 1910 y 1914, el que impulsó la creación de una “roseraie” o jardín de rosas en Buenos Aires, muy influido por los jardines parisinos. El encargado de concretarlo fue el ingeniero agrónomo Benito Carrasco, discípulo y sucesor de Carlos Thays al frente de la Dirección de Parques y Paseos. Para construirlo, se eligió un predio de 3,4 hectáreas ubicado entre las avenidas Infanta Isabel, Iraola y Pte. Pedro Montt, dentro del Parque Tres de Febrero. En ese mismo lugar, durante la Exposición Industrial del Centenario de 1910 habían estado emplazados los pabellones de las provincias.
La obra del Rosedal tomó apenas seis meses , entre el 5 de mayo y el 22 de noviembre de 1914. Plantaron 14.650 rosales de 1.189 variedades que iban del blanco níveo al rojo sangre y fueron colocados según su la armonía y el contraste de sus colores. El paseo fue completado con una larga pérgola de estilo griego bordeando el lago, un templete y un embarcadero. También con un puente de arquitectura helénica , que hoy es uno de los sellos característicos del Rosedal y sirve para ingresar desde la Avenida Infanta Isabel. Lo inauguraron el 24 de noviembre de 1914, cuatro meses después del estallido de la Primera Guerra Mundial y como una expresión tardía de la Belle Epoque porteña.
En 1920, cuando en el país existía un regreso a las raíces hispánicas, surgió la idea de anexarle un jardín de estilo español . El encargado de proyectarlo fue Eugenio Carrasco, hermano de Benito y sucesor de éste como Director de Paseos, que propuso estanques con agua, fuentes rectangulares con vertedores en forma de ranas, y fuentecitas con pilas y surtidores. Este sector del paseo se completó en octubre de 1929, cuando el Ayuntamiento de Sevilla le regaló a Buenos Aires el Patio-Glorieta Andaluz. Hoy se lo conoce como Jardín de los Poetas, porque hay emplazados 26 bustos de poetas y escritores, entre ellos Antonio Machado, Benito Pérez Galdós y Federico García Lorca, argentinos como Jorge Luis Borges, Alfonsina Storni y Enrique Larreta, y latinoamericanos como Amado Nervo, Alfonso Reyes, Miguel Angel Asturias y José Martí.
Con los años, el paseo se deterioró por el descuido y el abandono. En 1989 se hicieron algunos arreglos en el puente principal y la pérgola. Y en 1994, YPF se hizo cargo del Rosedal y llevó a cabo una restauración que llevó dos años. Instalaron un sistema de riego y recrearon el jardín de rosas original, siguiendo los planos de 1914. En 2008 se hizo la última restauración, también a cargo de YPF, padrino del paseo. Colocaron 5.000 nuevos rosales y pusieron en valor plantas, senderos y monumentos, que desde ayer están reconocidos oficialmente como parte de la cultura de la Ciudad.
Clarín, 15 de abril de 2011
Nora Sánchez
Etiquetas:
Barrio de Palermo,
Espacios Verdes,
Parque Tres de Febrero
Museo de Ciencias Naturales de La Plata
Cuando la tarde de otoño está soleada, cientos de chicos juegan con entusiasmo y bullicio en las plazas de La Plata. Pero otros tantos están haciendo fila para entrar en un museo, un edificio cuyo tamaño y aires distinguidos consiguen, sin embargo, alejarse de toda solemnidad: aquí, la historia y la ciencia tienen también algún aire de juego, a pesar de la seriedad científica.
Por dentro y por fuera, ya que su imponente sede también tiene su historia y un valor arquitectónico propio, el Museo de Ciencias Naturales de La Plata es uno de los emblemas de los tiempos en que la Argentina apenas empezaba, de la mano de algunos pioneros, a construir su identidad y explorar su pasado. Un pasado literalmente oculto por el tiempo y la propia naturaleza, que fue saliendo a la luz gracias a las exploraciones de investigadores como Florentino Ameghino y el perito Francisco Moreno, dos de los nombres más sobresalientes y conocidos de la ciencia argentina a fines del siglo XIX. Su herencia tangible se visita hoy en el Museo de Ciencias Naturales que depende de la Universidad de La Plata, el lugar donde el pasado cobra vida y se puede, por unas horas, sentirse contemporáneo de los dinosaurios.
HABIA UNA VEZ UN MUSEO La historia del Museo empieza en 1877, cuando se funda en Buenos Aires –aún no convertida en capital nacional– el Museo Arqueológico y Antropológico constituido sobre los 15.000 ejemplares de la colección donada por Francisco P. Moreno.
Tres años más tarde, la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la posterior fundación de La Plata como capital provincial –corría 1882– impulsaron el traslado del Museo a un edificio expresamente diseñado para albergarlo en la Ciudad de las Diagonales. Construido con los criterios de su tiempo, cuando los museos empezaban a convertirse en representantes de las aspiraciones culturales de toda una generación, el nuevo edificio –proyectado por los arquitectos Heynemann y Aberg– se organizaba en forma pedagógico-cronológica exhibiendo las colecciones según las creencias evolutivas del momento.
De estilo ecléctico, con toques que van del neoclásico al barroco, tiene en total cuatro plantas y un entrepiso: parte para las exposiciones y parte para los depósitos y laboratorios. Ahora que los estilos han cambiado y se tiende a las construcciones modernas, despojadas y vidriadas, pasear por el Museo de Ciencias platense es también remontarse a un tiempo donde la ornamentación y la investigación no estaban reñidas: así, vigilantes bajo las columnas corintias del pórtico de ingreso, dos smilodon –los famosos “tigres dientes de sable”– parecen aguardar con severidad a los visitantes. Se cree que estos felinos habitaron nuestro continente hasta no hace mucho, hablando en términos geológicos: unos 10.000 años atrás pueden haber recorrido estas pampas. Ellos son, por lo tanto, los encargados de dar el primer paso hacia atrás para desandar el tiempo durante la visita.
REINO DE CIENCIAS El Museo tiene veintiún salas que van recorriendo el mundo de la naturaleza desde lo inorgánico hasta lo orgánico, para llegar luego al hombre y su cultura. Por grande que parezca, lo que está a la vista es sólo una pequeña parte de las colecciones: vale recordar que entre sus salas abiertas al público y los depósitos hay unos 2,5 millones de objetos que llegaron hasta aquí gracias a donaciones, compras y sobre todo los trabajos de campo de los naturalistas y científicos que trabajan para la entidad. Paso a paso, entre salas renovadas con tecnologías modernas y otras aún en proceso de modernización, se va pasando revista a los conceptos fundamentales de la ciencia, ilustrados con piezas asombrosas.
La sala dedicada al tiempo, la materia y la evolución vincula todos los organismos existentes en la tierra explicando los procesos de transformación de la materia, su arquitectura y sus ciclos: aquí reina la réplica impactante del esqueleto de un Diplodocus, un reptil herbívoro del Jurásico, donada en 1988 por Roque Sáenz Peña. Fue uno de los más grandes conocidos hasta el hallazgo del Argentinosaurus, el mayor dinosaurio herbívoro conocido hasta el momento: dos fémures originales permiten guiarse para la comparación. Poco más adelante, la exposición se dedica a la Tierra como parte del Universo: a los más chicos los atrae enseguida identificar los planetas del Sistema Solar y descubrir la recreación del gabinete de un naturalista en el siglo XIX, cuando empezaron a crearse cierta aura de “Sherlock Holmes” del pasado geológico a fuerza de lupas, excavaciones y exploraciones de campo. Los amantes de los dinosaurios son en cambio quienes están de fiesta en el sector dedicado al Triásico, donde se ven reptiles con aspecto de cocodrilos, la réplica de un Herrerasaurus –un dinosaurio carnívoro de San Juan– y numerosos fósiles. La referencia constante a nuestro propio territorio y a los restos paleontológicos hallados en la Argentina con abundancia y diversidad es, sin duda, uno de los rasgos más interesantes del Museo y también lo que lo hace diferente de cualquier otro museo de Ciencias en otras partes del mundo.
Más adelante se llega al Jurásico y el Cretácico, explorando vertebrados marinos y terrestres a través de los calcos y restos de un iguanodón, de un tiranosaurio rex, de un hadrosaurio norteamericano (“dinosaurio pico de pato”) y un neuquensaurus, entre otras piezas que incluyen cráneos, huevos de dinosaurios fosilizados y un gigantesco amonite. Y si se quiere saber por qué un día los dinosaurios desaparecieron de la faz de la Tierra, aquí se exhibe la principal hipótesis, aquella del meteorito que causó una catástrofe en nuestro planeta y al mismo tiempo lo obligó a una radical renovación. Luego, será el turno de internarse en el pasado sudamericano y el Cenozoico de nuestro continente, con ejemplares de megaterios, gliptodontes y macrauquenias, todas especies extinguidas que alguna vez tuvieron un papel importante como eslabones en la cadena de la evolución. Entre esqueleto y esqueleto aquí se rinde homenaje a Florentino Ameghino, el científico cuyas colecciones también enriquecieron el museo y a quien se considera uno de los grandes investigadores de su tiempo, aunque sus teorías hayan sido superadas por nuevos descubrimientos e hipótesis sobre nuestro pasado.
NATURALEZA HOY Las salas del museo siguen la evolución natural y dan finalmente un salto a la vida en el presente, empezando por los invertebrados: protozoos, esponjas, celenterados, anélidos, moluscos y arácnidos impresionantes como las tarántulas o “araña pollito”, que impresionan desde las vitrinas hasta a los más valientes. Lo mismo con los insectos, que tienen apasionados capaces de pasar horas examinándolos hasta en sus más mínimos detalles, y detractores que se alejan cuanto antes aunque sea de las vistosas mariposas sudamericanas. Este es, sin duda, un buen lugar para aprender sobre mimetismos y adaptaciones. Luego, la riqueza de la vida sobre la tierra se diversifica en el mundo de los vertebrados, con una colección de ejemplares autóctonos que atrapa por la reconstrucción de numerosas “escenas” con animales embalsamados. Aquí se encuentra también la colección de aves de un ornitólogo pionero en nuestras tierras: Guillermo Enrique Hudson. Mamíferos, roedores, murciélagos y especies en peligro como el puma, el aguará-guazú y el yaguareté tienen su espacio en este sector. Y en la sala siguiente, que conserva una suerte de “desfile de la evolución” al estilo de los museos de Ciencias Naturales del siglo XIX, se exhiben esqueletos de jirafas, caballos, elefantes y hombres. Hombres que son precisamente los protagonistas de las exhibiciones de la planta superior, donde el Museo da un giro para dedicarse a la arqueología latinoamericana y del Noroeste argentino, reconstruyendo las formas de vida y las producciones de los pueblos nativos con enorme variedad y riqueza.
UN FANTASMA PROPIO La historia del Museo, la riqueza de sus colecciones y la sugestión que despierta su edificio no podían dejarlo sin su fantasma propio. La historia comienza hace mucho tiempo, cuando allá por 1884 el cacique tehuelche Inacayal fue capturado por los soldados de la Campaña del Desierto, cerca de la cordillera, y llevado como prisionero a Buenos Aires. Reacio a declararse argentino, y dispuesto a defender su identidad, Inacayal sólo fue liberado un par de años más tarde por el perito Moreno, que lo llevó junto con otros indígenas al Museo de La Plata. Allí vivió durante años, recorriendo el edificio durante el día y durmiendo encerrado en el sótano durante la noche: al tiempo que trabajaban en el mantenimiento, los aborígenes eran objeto de estudio de los científicos y modelos obligados de pintores decididos a retratar sus rasgos. Varios de ellos murieron, sumiendo a Inacayal en la tristeza y la apatía: finalmente, también él se apagó en 1888 –hay varias teorías sobre su fallecimiento– y dio origen a la leyenda del fantasma que genera curiosos fenómenos en el edificio. Lo cierto es que los restos del jefe indígena fueron expuestos en las vitrinas del Museo durante años, hasta que finalmente se atendieron los reclamos de sus descendientes y fueron restituidos a la provincia de Chubut en los años ’90: allí fue enterrado según la costumbre tehuelche, como un pionero de la práctica hoy más establecida de devolver a las comunidades de origen los restos de sus antepasadosz
Graciela Cutuli
Página 12, 17 de abril de 2011
Por dentro y por fuera, ya que su imponente sede también tiene su historia y un valor arquitectónico propio, el Museo de Ciencias Naturales de La Plata es uno de los emblemas de los tiempos en que la Argentina apenas empezaba, de la mano de algunos pioneros, a construir su identidad y explorar su pasado. Un pasado literalmente oculto por el tiempo y la propia naturaleza, que fue saliendo a la luz gracias a las exploraciones de investigadores como Florentino Ameghino y el perito Francisco Moreno, dos de los nombres más sobresalientes y conocidos de la ciencia argentina a fines del siglo XIX. Su herencia tangible se visita hoy en el Museo de Ciencias Naturales que depende de la Universidad de La Plata, el lugar donde el pasado cobra vida y se puede, por unas horas, sentirse contemporáneo de los dinosaurios.
HABIA UNA VEZ UN MUSEO La historia del Museo empieza en 1877, cuando se funda en Buenos Aires –aún no convertida en capital nacional– el Museo Arqueológico y Antropológico constituido sobre los 15.000 ejemplares de la colección donada por Francisco P. Moreno.
Tres años más tarde, la federalización de la ciudad de Buenos Aires y la posterior fundación de La Plata como capital provincial –corría 1882– impulsaron el traslado del Museo a un edificio expresamente diseñado para albergarlo en la Ciudad de las Diagonales. Construido con los criterios de su tiempo, cuando los museos empezaban a convertirse en representantes de las aspiraciones culturales de toda una generación, el nuevo edificio –proyectado por los arquitectos Heynemann y Aberg– se organizaba en forma pedagógico-cronológica exhibiendo las colecciones según las creencias evolutivas del momento.
De estilo ecléctico, con toques que van del neoclásico al barroco, tiene en total cuatro plantas y un entrepiso: parte para las exposiciones y parte para los depósitos y laboratorios. Ahora que los estilos han cambiado y se tiende a las construcciones modernas, despojadas y vidriadas, pasear por el Museo de Ciencias platense es también remontarse a un tiempo donde la ornamentación y la investigación no estaban reñidas: así, vigilantes bajo las columnas corintias del pórtico de ingreso, dos smilodon –los famosos “tigres dientes de sable”– parecen aguardar con severidad a los visitantes. Se cree que estos felinos habitaron nuestro continente hasta no hace mucho, hablando en términos geológicos: unos 10.000 años atrás pueden haber recorrido estas pampas. Ellos son, por lo tanto, los encargados de dar el primer paso hacia atrás para desandar el tiempo durante la visita.
REINO DE CIENCIAS El Museo tiene veintiún salas que van recorriendo el mundo de la naturaleza desde lo inorgánico hasta lo orgánico, para llegar luego al hombre y su cultura. Por grande que parezca, lo que está a la vista es sólo una pequeña parte de las colecciones: vale recordar que entre sus salas abiertas al público y los depósitos hay unos 2,5 millones de objetos que llegaron hasta aquí gracias a donaciones, compras y sobre todo los trabajos de campo de los naturalistas y científicos que trabajan para la entidad. Paso a paso, entre salas renovadas con tecnologías modernas y otras aún en proceso de modernización, se va pasando revista a los conceptos fundamentales de la ciencia, ilustrados con piezas asombrosas.
La sala dedicada al tiempo, la materia y la evolución vincula todos los organismos existentes en la tierra explicando los procesos de transformación de la materia, su arquitectura y sus ciclos: aquí reina la réplica impactante del esqueleto de un Diplodocus, un reptil herbívoro del Jurásico, donada en 1988 por Roque Sáenz Peña. Fue uno de los más grandes conocidos hasta el hallazgo del Argentinosaurus, el mayor dinosaurio herbívoro conocido hasta el momento: dos fémures originales permiten guiarse para la comparación. Poco más adelante, la exposición se dedica a la Tierra como parte del Universo: a los más chicos los atrae enseguida identificar los planetas del Sistema Solar y descubrir la recreación del gabinete de un naturalista en el siglo XIX, cuando empezaron a crearse cierta aura de “Sherlock Holmes” del pasado geológico a fuerza de lupas, excavaciones y exploraciones de campo. Los amantes de los dinosaurios son en cambio quienes están de fiesta en el sector dedicado al Triásico, donde se ven reptiles con aspecto de cocodrilos, la réplica de un Herrerasaurus –un dinosaurio carnívoro de San Juan– y numerosos fósiles. La referencia constante a nuestro propio territorio y a los restos paleontológicos hallados en la Argentina con abundancia y diversidad es, sin duda, uno de los rasgos más interesantes del Museo y también lo que lo hace diferente de cualquier otro museo de Ciencias en otras partes del mundo.
Más adelante se llega al Jurásico y el Cretácico, explorando vertebrados marinos y terrestres a través de los calcos y restos de un iguanodón, de un tiranosaurio rex, de un hadrosaurio norteamericano (“dinosaurio pico de pato”) y un neuquensaurus, entre otras piezas que incluyen cráneos, huevos de dinosaurios fosilizados y un gigantesco amonite. Y si se quiere saber por qué un día los dinosaurios desaparecieron de la faz de la Tierra, aquí se exhibe la principal hipótesis, aquella del meteorito que causó una catástrofe en nuestro planeta y al mismo tiempo lo obligó a una radical renovación. Luego, será el turno de internarse en el pasado sudamericano y el Cenozoico de nuestro continente, con ejemplares de megaterios, gliptodontes y macrauquenias, todas especies extinguidas que alguna vez tuvieron un papel importante como eslabones en la cadena de la evolución. Entre esqueleto y esqueleto aquí se rinde homenaje a Florentino Ameghino, el científico cuyas colecciones también enriquecieron el museo y a quien se considera uno de los grandes investigadores de su tiempo, aunque sus teorías hayan sido superadas por nuevos descubrimientos e hipótesis sobre nuestro pasado.
NATURALEZA HOY Las salas del museo siguen la evolución natural y dan finalmente un salto a la vida en el presente, empezando por los invertebrados: protozoos, esponjas, celenterados, anélidos, moluscos y arácnidos impresionantes como las tarántulas o “araña pollito”, que impresionan desde las vitrinas hasta a los más valientes. Lo mismo con los insectos, que tienen apasionados capaces de pasar horas examinándolos hasta en sus más mínimos detalles, y detractores que se alejan cuanto antes aunque sea de las vistosas mariposas sudamericanas. Este es, sin duda, un buen lugar para aprender sobre mimetismos y adaptaciones. Luego, la riqueza de la vida sobre la tierra se diversifica en el mundo de los vertebrados, con una colección de ejemplares autóctonos que atrapa por la reconstrucción de numerosas “escenas” con animales embalsamados. Aquí se encuentra también la colección de aves de un ornitólogo pionero en nuestras tierras: Guillermo Enrique Hudson. Mamíferos, roedores, murciélagos y especies en peligro como el puma, el aguará-guazú y el yaguareté tienen su espacio en este sector. Y en la sala siguiente, que conserva una suerte de “desfile de la evolución” al estilo de los museos de Ciencias Naturales del siglo XIX, se exhiben esqueletos de jirafas, caballos, elefantes y hombres. Hombres que son precisamente los protagonistas de las exhibiciones de la planta superior, donde el Museo da un giro para dedicarse a la arqueología latinoamericana y del Noroeste argentino, reconstruyendo las formas de vida y las producciones de los pueblos nativos con enorme variedad y riqueza.
UN FANTASMA PROPIO La historia del Museo, la riqueza de sus colecciones y la sugestión que despierta su edificio no podían dejarlo sin su fantasma propio. La historia comienza hace mucho tiempo, cuando allá por 1884 el cacique tehuelche Inacayal fue capturado por los soldados de la Campaña del Desierto, cerca de la cordillera, y llevado como prisionero a Buenos Aires. Reacio a declararse argentino, y dispuesto a defender su identidad, Inacayal sólo fue liberado un par de años más tarde por el perito Moreno, que lo llevó junto con otros indígenas al Museo de La Plata. Allí vivió durante años, recorriendo el edificio durante el día y durmiendo encerrado en el sótano durante la noche: al tiempo que trabajaban en el mantenimiento, los aborígenes eran objeto de estudio de los científicos y modelos obligados de pintores decididos a retratar sus rasgos. Varios de ellos murieron, sumiendo a Inacayal en la tristeza y la apatía: finalmente, también él se apagó en 1888 –hay varias teorías sobre su fallecimiento– y dio origen a la leyenda del fantasma que genera curiosos fenómenos en el edificio. Lo cierto es que los restos del jefe indígena fueron expuestos en las vitrinas del Museo durante años, hasta que finalmente se atendieron los reclamos de sus descendientes y fueron restituidos a la provincia de Chubut en los años ’90: allí fue enterrado según la costumbre tehuelche, como un pionero de la práctica hoy más establecida de devolver a las comunidades de origen los restos de sus antepasadosz
Graciela Cutuli
Página 12, 17 de abril de 2011
Etiquetas:
La Plata (Prov. Buenos Aires),
Museos del Interior
Barrio Parque Los Andes
El barrio cerrado ocupa toda una manzana y tiene 12 edificios rodeados de parques y jardines internos. Sus construcciones, de planta baja y tres pisos, están terminadas con techos de tejas coloniales, a dos aguas. Las espaciosas escaleras son de mármol y en los departamentos las puertas están hechas con madera maciza de roble, los pisos de las habitaciones con pinotea y las baldosas y los herrajes fueron traídos de Francia. Parece una lujosa obra construida en los últimos tiempos. Sin embargo el complejo fue inaugurado en octubre de 1928 y cuando se lo proyectó formó parte de las “casas baratas” destinadas a reemplazar el hacinamiento que había por entonces en los conventillos porteños.
Está en el barrio de Chacarita y ocupa la manzana que rodean las calles Guzmán, Concepción Arenal, Rodney y Leiva. En el proyecto tenía el nombre de “Gamma” porque era el tercero de un conjunto donde otros dos se denominaban “Alfa” y “Beta”, pensados para Palermo y Flores, pero que no se hicieron nunca. Después su nombre oficial sería “Casa Colectiva del Parque Los Andes”.
La historia dice que, antes de su construcción y con cada lluvia fuerte, esos terrenos se convertían en verdaderas lagunas. Y que tras el relleno correspondiente, allí estuvo la primera cancha de Chacarita Juniors. Lo cierto es que aquellas “casas baratas” siguen siendo un ejemplo de arquitectura urbana: el arquitecto diseñó el complejo de tal forma que cada cuerpo, con forma de “T” o de “L”, no produce conos de sombra sobre el edificio vecino, para aprovechar mejor la luz natural. Los 157 departamentos (que ocupan unas 600 personas) son externos.
Esas viviendas no sólo estaban planificadas para tener aire y luz (aún existen las pérgolas y los sectores de juegos, además de los jardines y la fuente central); también tenían buen servicio de higiene y altas habitaciones de 4 x 4 metros, cocinas y estufas, baño con bañera embutida, lavadero y hasta un conducto con su correspondiente puerta metálica para tirar los residuos que llegaban a un depósito cerrado. Además, había comercios, biblioteca y hasta un teatro con 150 butacas.
El autor de semejante obra se llamó Fermín Hilario Bereterbide, un militante socialista nacido en Rosario en 1895 y recibido de arquitecto en 1917. Su preocupación estuvo centrada en darle buena calidad de vida a los más necesitados y por eso sus trabajos siempre tuvieron relación con mejorar a la ciudad. Claro que sus ideas políticas le produjeron más de un dolor de cabeza, a punto tal que no sólo sufrió cárcel por eso sino que hasta fue expulsado de la Sociedad Central de Arquitectos y hasta exonerado de su cargo en la Municipalidad. Bereterbide murió el 9 de septiembre de 1979.
Es verdad que cuando se construyó el complejo de Chacarita, la zona era casi la periferia de la ciudad. Y que la cercanía del cementerio y de la Usina Municipal Incineradora de Residuos no le daban el mejor marco. Pero eso no desmerece la intención de tener “casas baratas” para la gente. En cuanto a la usina conocida como “la quema”, ya no produce humo ni las toneladas de ceniza que quedaban en los hornos Baker. Torres y chimeneas fueron demolidas en 1980. Y parte de la ceniza fue a rellenar los terrenos bajos en los que ahora se asienta el Aeroparque de Buenos Aires. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarín, 18 de abril de 2011
Está en el barrio de Chacarita y ocupa la manzana que rodean las calles Guzmán, Concepción Arenal, Rodney y Leiva. En el proyecto tenía el nombre de “Gamma” porque era el tercero de un conjunto donde otros dos se denominaban “Alfa” y “Beta”, pensados para Palermo y Flores, pero que no se hicieron nunca. Después su nombre oficial sería “Casa Colectiva del Parque Los Andes”.
La historia dice que, antes de su construcción y con cada lluvia fuerte, esos terrenos se convertían en verdaderas lagunas. Y que tras el relleno correspondiente, allí estuvo la primera cancha de Chacarita Juniors. Lo cierto es que aquellas “casas baratas” siguen siendo un ejemplo de arquitectura urbana: el arquitecto diseñó el complejo de tal forma que cada cuerpo, con forma de “T” o de “L”, no produce conos de sombra sobre el edificio vecino, para aprovechar mejor la luz natural. Los 157 departamentos (que ocupan unas 600 personas) son externos.
Esas viviendas no sólo estaban planificadas para tener aire y luz (aún existen las pérgolas y los sectores de juegos, además de los jardines y la fuente central); también tenían buen servicio de higiene y altas habitaciones de 4 x 4 metros, cocinas y estufas, baño con bañera embutida, lavadero y hasta un conducto con su correspondiente puerta metálica para tirar los residuos que llegaban a un depósito cerrado. Además, había comercios, biblioteca y hasta un teatro con 150 butacas.
El autor de semejante obra se llamó Fermín Hilario Bereterbide, un militante socialista nacido en Rosario en 1895 y recibido de arquitecto en 1917. Su preocupación estuvo centrada en darle buena calidad de vida a los más necesitados y por eso sus trabajos siempre tuvieron relación con mejorar a la ciudad. Claro que sus ideas políticas le produjeron más de un dolor de cabeza, a punto tal que no sólo sufrió cárcel por eso sino que hasta fue expulsado de la Sociedad Central de Arquitectos y hasta exonerado de su cargo en la Municipalidad. Bereterbide murió el 9 de septiembre de 1979.
Es verdad que cuando se construyó el complejo de Chacarita, la zona era casi la periferia de la ciudad. Y que la cercanía del cementerio y de la Usina Municipal Incineradora de Residuos no le daban el mejor marco. Pero eso no desmerece la intención de tener “casas baratas” para la gente. En cuanto a la usina conocida como “la quema”, ya no produce humo ni las toneladas de ceniza que quedaban en los hornos Baker. Torres y chimeneas fueron demolidas en 1980. Y parte de la ceniza fue a rellenar los terrenos bajos en los que ahora se asienta el Aeroparque de Buenos Aires. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarín, 18 de abril de 2011
Etiquetas:
Arquitectura de Buenos Aires,
Historia de Buenos Aires
Arquitectura exótica en Buenos Aires
Si hay algo que seduce a los turistas es la variedad de estilos y lo exótico de la arquitectura de Buenos Aires. Les parece mentira que sea posible encontrar en pocas cuadras una serie de casas chorizo en estilo italianizante, construcciones eclécticas en sus infinitas variedades (neogótico, neocolonial, neorromántico...), petit hoteles neoclásicos, alguna casa de renta cargada de exotismo Art Nouveau y un par de edificios del más puro y despojado racionalismo.
Vayamos a lo exótico. Les propongo una recorrida por edificios poco conocidos de la Ciudad que sorprenden por sus revolucionarias fachadas. Me refiero a una serie de casas de renta Art Nouveau realizadas a principios del siglo pasado como inversión inmobiliaria para inmigrantes italianos o españoles. Lo curioso de estas fachadas es que rompen con los estilos neoclásico o ecléctico imperantes, utilizados por la alta burguesía. No tanto en la estructura compositiva de los frentes si no en el reemplazo de los elementos decorativos clásicos por nuevos elementos tomados de la naturaleza. Formas vegetales, animales y hasta regordetas figuras humanas que invadieron las fachadas.
En La Casa de los Lirios (1903), en Rivadavia 2027-31, el ingeniero español Enrique Rodríguez Ortega crea una fachada de gran originalidad, heredera del estilo floreale, una de las vertientes del Art Nouveau en Italia. El frente modelado con pliegues, con entrantes y salientes, está cubierto por una profusa enredadera de material. Los lirios trepan casi indiscriminadamente por las paredes, enmarcando ventanas, transformándose en rejas y culminando en lo más alto en la barba y cabellos de un imponente mascarón que alude a un dios griego.
Rivadavia da para todo. En el 3222, el italiano Virginio Colombo parece haber abierto las puertas de un exótico zoológico. La Casa de los Pavos Reales (1912) tiene 8 pavos “tallados” en sus 4 balcones curvos del primer nivel y tenía 8 leones, ahora sólo 4, que soportan los balcones del segundo piso. Esta obra estilo liberty tiene a su vez una explosiva variedad de materiales, texturas y colores dados por el uso del granito, el ladrillo, los revoques y los ornamentos cerámicos. Colombo realizó unas 50 casas; entre ellas, la más sensual es sin dudas la Casa Calise (1911) en Hipólito Yrigoyen 2562-78, decorada con cuerpos semidesnudos que emergen de la fachada.
Menos conocida que las anteriores es otra joyita del Art Nouveau porteño en Paraguay 1330. Su arquitecto, B. Trivelloni, también apela a las figuras humanas para la fachada. Aquí, con una gran mayólica, que ocupa casi las dos terceras partes del frente, realizada por Pío Pinazutti en Milán y cuyo motivo es una pareja de campesinos trabajando. De esta casa centenaria se sabe poco. Sólo que hubo que demoler una casa chorizo para construirla.
La Ciudad es como una infinita biblioteca. Es apasionante recorrerla y descifrar sus “textos”. Cuanto más se entiende su historia, más se la disfruta. Pero, como sucede en cualquier biblioteca, siempre hay que dar lugar a libros nuevos. A veces, hasta tenemos que descartar algunos que se han vuelto anacrónicos o perdieron valor o vigencia. En la “biblioteca pública” de la Ciudad, la decisión es más compleja.
Berto González Montaner EDITOR JEFE DE ARQ
Clarín, 13 de abril de 2011
Vayamos a lo exótico. Les propongo una recorrida por edificios poco conocidos de la Ciudad que sorprenden por sus revolucionarias fachadas. Me refiero a una serie de casas de renta Art Nouveau realizadas a principios del siglo pasado como inversión inmobiliaria para inmigrantes italianos o españoles. Lo curioso de estas fachadas es que rompen con los estilos neoclásico o ecléctico imperantes, utilizados por la alta burguesía. No tanto en la estructura compositiva de los frentes si no en el reemplazo de los elementos decorativos clásicos por nuevos elementos tomados de la naturaleza. Formas vegetales, animales y hasta regordetas figuras humanas que invadieron las fachadas.
En La Casa de los Lirios (1903), en Rivadavia 2027-31, el ingeniero español Enrique Rodríguez Ortega crea una fachada de gran originalidad, heredera del estilo floreale, una de las vertientes del Art Nouveau en Italia. El frente modelado con pliegues, con entrantes y salientes, está cubierto por una profusa enredadera de material. Los lirios trepan casi indiscriminadamente por las paredes, enmarcando ventanas, transformándose en rejas y culminando en lo más alto en la barba y cabellos de un imponente mascarón que alude a un dios griego.
Rivadavia da para todo. En el 3222, el italiano Virginio Colombo parece haber abierto las puertas de un exótico zoológico. La Casa de los Pavos Reales (1912) tiene 8 pavos “tallados” en sus 4 balcones curvos del primer nivel y tenía 8 leones, ahora sólo 4, que soportan los balcones del segundo piso. Esta obra estilo liberty tiene a su vez una explosiva variedad de materiales, texturas y colores dados por el uso del granito, el ladrillo, los revoques y los ornamentos cerámicos. Colombo realizó unas 50 casas; entre ellas, la más sensual es sin dudas la Casa Calise (1911) en Hipólito Yrigoyen 2562-78, decorada con cuerpos semidesnudos que emergen de la fachada.
Menos conocida que las anteriores es otra joyita del Art Nouveau porteño en Paraguay 1330. Su arquitecto, B. Trivelloni, también apela a las figuras humanas para la fachada. Aquí, con una gran mayólica, que ocupa casi las dos terceras partes del frente, realizada por Pío Pinazutti en Milán y cuyo motivo es una pareja de campesinos trabajando. De esta casa centenaria se sabe poco. Sólo que hubo que demoler una casa chorizo para construirla.
La Ciudad es como una infinita biblioteca. Es apasionante recorrerla y descifrar sus “textos”. Cuanto más se entiende su historia, más se la disfruta. Pero, como sucede en cualquier biblioteca, siempre hay que dar lugar a libros nuevos. A veces, hasta tenemos que descartar algunos que se han vuelto anacrónicos o perdieron valor o vigencia. En la “biblioteca pública” de la Ciudad, la decisión es más compleja.
Berto González Montaner EDITOR JEFE DE ARQ
Clarín, 13 de abril de 2011
Etiquetas:
Arquitectura de Buenos Aires
El destino de los glaciares
Según el investigador del Conicet, Jorge Rabassa, la desaparición de los pequeños cuerpos helados andinos es inexorable
La semana última, en los salones del edificio rodeado de jardines centenarios que alberga a la Pontificia Academia de Ciencias, en el Vaticano, se reunieron 28 de los máximos especialistas mundiales en cambio climático, química, física, geología y ciencias del océano y la atmósfera; entre ellos, varios premios Nobel.
El motivo que congregó a estas personalidades durante tres intensas jornadas fue "El destino de los glaciares", como se tituló un simposio sobre esos gigantes vulnerables cuya desaparición podría ser un desastre planetario.
"Los glaciares están en acelerado retroceso en todo el mundo -afirma el argentino Jorge Rabassa, investigador superior del Conicet en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic), el único latinoamericano presente en el cónclave-. En mi presentación mostré cómo los glaciares del norte de la Patagonia, del Parque Nacional Nahuel Huapi, del Parque Nacional Los Glaciares y de Tierra del Fuego, se comportan todos de la misma manera, aunque están en distintas latitudes y a miles de kilómetros de distancia."
Rabassa presenta un pronóstico no exento de dramatismo: "Los pequeños glaciares de montaña van a desaparecer a lo largo de la primera mitad de este siglo, eso ya es inexorable. Eso tendrá un impacto muy grande en los recursos hídricos disponibles. Además, son atractivos turísticos y forman parte de nuestro patrimonio natural."
Según explica el científico, dos de los ejemplos más elocuentes de este rápido proceso de desaparición son el Upsala (en el Parque Los Glaciares), que retrocedió más de ocho kilómetros en 25 años, y uno de los campos de hielo del cerro Tronador.
"Este último fue motivo de una tesis en 1983 y para los años noventa ya había desaparecido -subraya-. Antes, eso tomaba miles de años, lo que demuestra que el calentamiento global tiene origen antropogénico [humano], porque los cambios se producen en tiempos mucho más veloces que los de los procesos geológicos."
La Pontificia Academia de Ciencias tiene sus raíces en la Academia de Linces (Accademia dei Lincei), creada en Roma en 1603 y que fue la primera organización exclusivamente científica del mundo. Uno de sus integrantes fue nada menos que Galileo Galilei. En 1847 fue recreada por el papa Pio IX y hoy reúne a 80 académicos sin restricciones raciales, políticas ni religiosas.
"Todas las deliberaciones tuvieron lugar en un salón especial, que es un lugar de ensueño -cuenta Rabassa-: se lo conoce como la casona Pio IV y era el palacio papal de verano en el siglo XV. El canciller de la Academia, que fue quien condujo magistralmente todas las actividades sin que existiese la más mínima presión en cuanto a lo que se podía decir u opinar, es el obispo argentino y filósofo Marcelo Sánchez Sorondo."
Entre las señales preocupantes que detectan los glaciólogos, además del evidente retroceso de los ríos helados, está su pérdida de espesor.
"No sólo se «acortan» -ilustra el investigador-, sino que se están «adelgazando». La relación entre la superficie y el volumen incide en su vulnerabilidad. Cuando la superficie que se expone a la atmósfera es máxima, más se pierde..."
Durante la reunión, también se discutieron medidas para impedir que los modelos que se manejan en la actualidad se cumplan. "Sobre todo, atacando diversos factores de modificación atmosférica, como las «nubes negras», que se observan en la India y en China por la combustión de carbón -comenta-. En el Himalaya, estas formaciones estarían afectando la frecuencia de los monzones, esos vientos estacionales de los que depende la comida de mil millones de personas."
También los glaciares tienen ante sí sombríos nubarrones. "Todo hace temer que las predicciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de 2007, aun las más pesimistas, podrían haberse quedado cortas -advierte Rabassa-. En el país, miles de pequeños glaciares de montaña, de dimensiones reducidas (un kilómetro cuadrado o menos), desaparecerán en las próximas décadas. Un trabajo reciente prevé que, en la segunda mitad del siglo, de todos ellos sólo sobrevivirá un 10%. Es necesario que modifiquemos la matriz energética y reemplazarla por fuentes de energía no contaminantes. Por ahora, nuestro país no ha dado ningún paso en esa dirección."
Nora Bär
La Nación, 12 de abril de 2011
La semana última, en los salones del edificio rodeado de jardines centenarios que alberga a la Pontificia Academia de Ciencias, en el Vaticano, se reunieron 28 de los máximos especialistas mundiales en cambio climático, química, física, geología y ciencias del océano y la atmósfera; entre ellos, varios premios Nobel.
El motivo que congregó a estas personalidades durante tres intensas jornadas fue "El destino de los glaciares", como se tituló un simposio sobre esos gigantes vulnerables cuya desaparición podría ser un desastre planetario.
"Los glaciares están en acelerado retroceso en todo el mundo -afirma el argentino Jorge Rabassa, investigador superior del Conicet en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (Cadic), el único latinoamericano presente en el cónclave-. En mi presentación mostré cómo los glaciares del norte de la Patagonia, del Parque Nacional Nahuel Huapi, del Parque Nacional Los Glaciares y de Tierra del Fuego, se comportan todos de la misma manera, aunque están en distintas latitudes y a miles de kilómetros de distancia."
Rabassa presenta un pronóstico no exento de dramatismo: "Los pequeños glaciares de montaña van a desaparecer a lo largo de la primera mitad de este siglo, eso ya es inexorable. Eso tendrá un impacto muy grande en los recursos hídricos disponibles. Además, son atractivos turísticos y forman parte de nuestro patrimonio natural."
Según explica el científico, dos de los ejemplos más elocuentes de este rápido proceso de desaparición son el Upsala (en el Parque Los Glaciares), que retrocedió más de ocho kilómetros en 25 años, y uno de los campos de hielo del cerro Tronador.
"Este último fue motivo de una tesis en 1983 y para los años noventa ya había desaparecido -subraya-. Antes, eso tomaba miles de años, lo que demuestra que el calentamiento global tiene origen antropogénico [humano], porque los cambios se producen en tiempos mucho más veloces que los de los procesos geológicos."
La Pontificia Academia de Ciencias tiene sus raíces en la Academia de Linces (Accademia dei Lincei), creada en Roma en 1603 y que fue la primera organización exclusivamente científica del mundo. Uno de sus integrantes fue nada menos que Galileo Galilei. En 1847 fue recreada por el papa Pio IX y hoy reúne a 80 académicos sin restricciones raciales, políticas ni religiosas.
"Todas las deliberaciones tuvieron lugar en un salón especial, que es un lugar de ensueño -cuenta Rabassa-: se lo conoce como la casona Pio IV y era el palacio papal de verano en el siglo XV. El canciller de la Academia, que fue quien condujo magistralmente todas las actividades sin que existiese la más mínima presión en cuanto a lo que se podía decir u opinar, es el obispo argentino y filósofo Marcelo Sánchez Sorondo."
Entre las señales preocupantes que detectan los glaciólogos, además del evidente retroceso de los ríos helados, está su pérdida de espesor.
"No sólo se «acortan» -ilustra el investigador-, sino que se están «adelgazando». La relación entre la superficie y el volumen incide en su vulnerabilidad. Cuando la superficie que se expone a la atmósfera es máxima, más se pierde..."
Durante la reunión, también se discutieron medidas para impedir que los modelos que se manejan en la actualidad se cumplan. "Sobre todo, atacando diversos factores de modificación atmosférica, como las «nubes negras», que se observan en la India y en China por la combustión de carbón -comenta-. En el Himalaya, estas formaciones estarían afectando la frecuencia de los monzones, esos vientos estacionales de los que depende la comida de mil millones de personas."
También los glaciares tienen ante sí sombríos nubarrones. "Todo hace temer que las predicciones del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de 2007, aun las más pesimistas, podrían haberse quedado cortas -advierte Rabassa-. En el país, miles de pequeños glaciares de montaña, de dimensiones reducidas (un kilómetro cuadrado o menos), desaparecerán en las próximas décadas. Un trabajo reciente prevé que, en la segunda mitad del siglo, de todos ellos sólo sobrevivirá un 10%. Es necesario que modifiquemos la matriz energética y reemplazarla por fuentes de energía no contaminantes. Por ahora, nuestro país no ha dado ningún paso en esa dirección."
Nora Bär
La Nación, 12 de abril de 2011
Etiquetas:
Ecologia
Ya no quedan más barcos hundidos en el Riachuelo
Con la extracción del último de los 56 buques oxidados que estaban en la cuenca Matanza-Riachuelo se puso fin a la primera etapa de limpieza, que comenzó en 2007. El secretario de Ambiente, Juan José Mussi, estimó que el río quedará saneado en seis años y afirmó que la inspección de las empresas ubicadas en la cuenca finalizará "en tres meses", cuando vence el lapso estipulado por la Justicia bajo advertencia de aplicación de nuevas multas.
Musi, también presidente de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), calificó al día de hoy como "histórico" a raíz del retiro de la última de las 56 embarcaciones hundidas en el río, que se aprestaban a efectuar esta mañana una empresa privada y la Prefectura Naval, con la supervisión de la ministra de Seguridad, Nilda Garré.
"El año que viene, van a estar en marcha los mecanismos (requeridos por la Justicia) pero, a partir de ahí, contemos cinco años más para el saneamiento", calculó Mussi y argumentó que, "una vez que se dejen de arrojar residuos, viene la limpieza". Luego, detalló que la ACUMAR auditó "13.000 de las 19.500 empresas" de la cuenca y prometió que "en tres meses, estaremos terminando de inspeccionar a todas".
De esta manera, el secretario de Ambiente estimó que cumplirá con una de las exigencias del juez federal de Quilmes Luis Armella, comisionado por la Corte Suprema para controlar que se aplique el fallo que ordena sanear el río Matanza-Riachuelo. El magistrado, en abril último, emplazó con un fallo a la ACUMAR a que finalice las inspecciones de las compañías de la cuenca antes del primero de julio próximo, con la advertencia aplicar nuevas multas en el caso de incumplimiento.
Además, le ordenó que "despeje el denominado 'camino de sirga' y el espejo de agua absolutamente de todas las obstaculizaciones", como las generadas por restos de embarcaciones hundidos, carcasas de vehículos, escombros, maderas y plásticos.
"Hay empresas que quieren colaborar y las vamos a ayudar, pero las que no quieren colaborar las vamos a clausurar y multar. No tenemos ninguna duda en este aspecto y los empresarios que quieran jugar de que 'dejo gente en la calle', no van a tener eco. No jueguen con las fuentes de trabajo", apuntó Mussi.
Página 12, 12 de abril de 2011
Musi, también presidente de la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (ACUMAR), calificó al día de hoy como "histórico" a raíz del retiro de la última de las 56 embarcaciones hundidas en el río, que se aprestaban a efectuar esta mañana una empresa privada y la Prefectura Naval, con la supervisión de la ministra de Seguridad, Nilda Garré.
"El año que viene, van a estar en marcha los mecanismos (requeridos por la Justicia) pero, a partir de ahí, contemos cinco años más para el saneamiento", calculó Mussi y argumentó que, "una vez que se dejen de arrojar residuos, viene la limpieza". Luego, detalló que la ACUMAR auditó "13.000 de las 19.500 empresas" de la cuenca y prometió que "en tres meses, estaremos terminando de inspeccionar a todas".
De esta manera, el secretario de Ambiente estimó que cumplirá con una de las exigencias del juez federal de Quilmes Luis Armella, comisionado por la Corte Suprema para controlar que se aplique el fallo que ordena sanear el río Matanza-Riachuelo. El magistrado, en abril último, emplazó con un fallo a la ACUMAR a que finalice las inspecciones de las compañías de la cuenca antes del primero de julio próximo, con la advertencia aplicar nuevas multas en el caso de incumplimiento.
Además, le ordenó que "despeje el denominado 'camino de sirga' y el espejo de agua absolutamente de todas las obstaculizaciones", como las generadas por restos de embarcaciones hundidos, carcasas de vehículos, escombros, maderas y plásticos.
"Hay empresas que quieren colaborar y las vamos a ayudar, pero las que no quieren colaborar las vamos a clausurar y multar. No tenemos ninguna duda en este aspecto y los empresarios que quieran jugar de que 'dejo gente en la calle', no van a tener eco. No jueguen con las fuentes de trabajo", apuntó Mussi.
Página 12, 12 de abril de 2011
Etiquetas:
Contaminacion,
Ecologia
Escobar: reserva arqueológica
Trocitos de cerámica. Piedras angulosas o redondeadas. Minúsculos fragmentos de huesos. Un rompecabezas de 10.000 piezas: todo un tesoro para los arqueólogos que desenterraron las huellas más antiguas de los primeros pobladores del norte bonaerense, hace 2.500 a 3.000 años. Las encontraron en noviembre, a 5 kilómetros del centro de Escobar, en un predio donde se construirá un barrio privado; no obstante, el yacimiento será preservado.
La ley 25.743 obliga a realizar un estudio de impacto arqueológico previo a cualquier emprendimiento importante, lo que no siempre se cumple (ver Huellas ...). En este caso, antes de la construcción del barrio San Matías, el estudio encargado por la firma Eidico fue realizado por un equipo de arqueólogos dirigido por los doctores Daniel Loponte y Alejandro Acosta, investigadores del Conicet en el Centro de Registro Arqueológico, que depende de la Dirección de Patrimonio Cultural bonaerense.
En la época en que vivieron esos cazadores y recolectores, lo que hoy es el delta del Paraná era un gran golfo . Antes, hace unos 6.500 años, el mar se había elevado 6,5 metros y había llegado hasta el norte de Rosario. El mar fue retirándose muy lentamente; dejó un acantilado y comenzó a formarse el delta. “Cuando las condiciones marinas cambiaron a fluviales, ocuparon el lugar estos grupos aborígenes”, indica Loponte.
La llanura pampeana ya estaba habitada (se registra presencia humana desde hace 10.000 años). Y también había pobladores en la llanura fluvio-lacustre. Pero esta zona, en el nordeste bonaerense, estaba desierta. Loponte deduce que la región era similar a la franja entre Punta Indio y San Clemente, intermedia entre fluvial y marina.
A lo largo de cuatro meses de excavaciones, los arqueólogos se toparon con restos de cerámicas, herramientas y huesos de animales que dan cuenta de la buena elección del asentamiento, en función de la riqueza de recursos . A una profundidad de entre un metro y 1,5 metro rescataron instrumentos de piedra, del tipo cuchillo, para cazar y procesar presas; y raspadores para limpiar los cueros.
Entre ellos había huesos con cortes y fracturas, vestigios de que fueron cocidos. Se trata de huesos de guanacos, ciervos de los pantanos, venados de las pampas, nutrias. Además, aquellos aborígenes pescaban, corvinas y armados.
Los trozos de cerámica muestran una decoración novedosa. Fueron escudillas para cocinar, y quizá también para almacenar alimentos.
Otros eran formas tubulares, abiertas arriba y en la base, por lo que “creemos que tuvieron un uso simbólico”, señala Loponte.
Aparecieron además manos de morteros, que pudieron haber molido carne seca, o semillas para hacer harina . ¿De qué plantas? “Pudo haber un monte de tala –estuvo desde hace no menos de 2.000 años, hasta la colonia–, que tiene un fruto comestible: espinillo, tala, algarrobo negro y blanco, chañar”, infiere el arqueólogo.
En esa zona convergían tres ambientes distintos: ese monte xerófilo, cuña del talar que desde Santiago del Estero llegaba hasta la depresión del Salado; la llanura pampeana; y el ambiente de río, con características tropicales.
“Era una franja ecológica que fue muy jerarquizada por los grupos aborígenes, porque tenía una gran variedad de recursos –subraya Loponte–. Por eso, en los últimos 2.000 años hubo una gran concentración de población: los primeros cronistas dan testimonio de que estaba lleno de gente”.
Los arqueólogos determinaron que aquellos primeros pobladores “probablemente eran una banda compuesta por cinco a siete familias”, que volvían cada tanto a ese campamento, y que lo ocuparon por varias generaciones. Sin embargo, algunas de las herramientas están hechas con trozos de rocas predominantes en Tandil o Sierra de la Ventana, y otras de El Palmar. Será difícil determinar si fue trueque o las trajeron de allá.
El hallazgo de este sitio obligó a Eidico a readecuar el diseño del barrio –parte del club house coincidía con la reserva–, ya que esa “parcela” de 50 x 50 metros será preservada. Mientras en el laboratorio del Instituto Nacional de Antropología se analizan las piezas, con colaboración de pasantes de Arqueología de la UBA, Loponte planea una nueva excavación, aunque no para extraer todo, sino una muestra. Después, la reserva será nuevamente cubierta. “En el futuro vendrán otros arqueólogos –sostiene–, con otra tecnología, y con otras preguntas”.
Sibila Camps
Clarín, 13 de marzo de 2011
La ley 25.743 obliga a realizar un estudio de impacto arqueológico previo a cualquier emprendimiento importante, lo que no siempre se cumple (ver Huellas ...). En este caso, antes de la construcción del barrio San Matías, el estudio encargado por la firma Eidico fue realizado por un equipo de arqueólogos dirigido por los doctores Daniel Loponte y Alejandro Acosta, investigadores del Conicet en el Centro de Registro Arqueológico, que depende de la Dirección de Patrimonio Cultural bonaerense.
En la época en que vivieron esos cazadores y recolectores, lo que hoy es el delta del Paraná era un gran golfo . Antes, hace unos 6.500 años, el mar se había elevado 6,5 metros y había llegado hasta el norte de Rosario. El mar fue retirándose muy lentamente; dejó un acantilado y comenzó a formarse el delta. “Cuando las condiciones marinas cambiaron a fluviales, ocuparon el lugar estos grupos aborígenes”, indica Loponte.
La llanura pampeana ya estaba habitada (se registra presencia humana desde hace 10.000 años). Y también había pobladores en la llanura fluvio-lacustre. Pero esta zona, en el nordeste bonaerense, estaba desierta. Loponte deduce que la región era similar a la franja entre Punta Indio y San Clemente, intermedia entre fluvial y marina.
A lo largo de cuatro meses de excavaciones, los arqueólogos se toparon con restos de cerámicas, herramientas y huesos de animales que dan cuenta de la buena elección del asentamiento, en función de la riqueza de recursos . A una profundidad de entre un metro y 1,5 metro rescataron instrumentos de piedra, del tipo cuchillo, para cazar y procesar presas; y raspadores para limpiar los cueros.
Entre ellos había huesos con cortes y fracturas, vestigios de que fueron cocidos. Se trata de huesos de guanacos, ciervos de los pantanos, venados de las pampas, nutrias. Además, aquellos aborígenes pescaban, corvinas y armados.
Los trozos de cerámica muestran una decoración novedosa. Fueron escudillas para cocinar, y quizá también para almacenar alimentos.
Otros eran formas tubulares, abiertas arriba y en la base, por lo que “creemos que tuvieron un uso simbólico”, señala Loponte.
Aparecieron además manos de morteros, que pudieron haber molido carne seca, o semillas para hacer harina . ¿De qué plantas? “Pudo haber un monte de tala –estuvo desde hace no menos de 2.000 años, hasta la colonia–, que tiene un fruto comestible: espinillo, tala, algarrobo negro y blanco, chañar”, infiere el arqueólogo.
En esa zona convergían tres ambientes distintos: ese monte xerófilo, cuña del talar que desde Santiago del Estero llegaba hasta la depresión del Salado; la llanura pampeana; y el ambiente de río, con características tropicales.
“Era una franja ecológica que fue muy jerarquizada por los grupos aborígenes, porque tenía una gran variedad de recursos –subraya Loponte–. Por eso, en los últimos 2.000 años hubo una gran concentración de población: los primeros cronistas dan testimonio de que estaba lleno de gente”.
Los arqueólogos determinaron que aquellos primeros pobladores “probablemente eran una banda compuesta por cinco a siete familias”, que volvían cada tanto a ese campamento, y que lo ocuparon por varias generaciones. Sin embargo, algunas de las herramientas están hechas con trozos de rocas predominantes en Tandil o Sierra de la Ventana, y otras de El Palmar. Será difícil determinar si fue trueque o las trajeron de allá.
El hallazgo de este sitio obligó a Eidico a readecuar el diseño del barrio –parte del club house coincidía con la reserva–, ya que esa “parcela” de 50 x 50 metros será preservada. Mientras en el laboratorio del Instituto Nacional de Antropología se analizan las piezas, con colaboración de pasantes de Arqueología de la UBA, Loponte planea una nueva excavación, aunque no para extraer todo, sino una muestra. Después, la reserva será nuevamente cubierta. “En el futuro vendrán otros arqueólogos –sostiene–, con otra tecnología, y con otras preguntas”.
Sibila Camps
Clarín, 13 de marzo de 2011
Etiquetas:
Escobar (Prov Buenos Aires),
Provincia de Buenos Aires
Reserva Parque Provincial Parque Luro
Cerca de Santa Rosa, durante marzo y abril la Reserva Provincial Parque Luro es el escenario de un espectáculo único de la naturaleza: la brama del ciervo, una especie exótica que prospera en los bosques de caldén y durante su época de celo permite observar a simple vista el cortejo amoroso y las peleas de los machos de ostentosa cornamenta.
El imprevisible otoño pampeano depara este año, a principios de abril, un par de días de sol glorioso y cielo perfecto. En el corazón de la Reserva Provincial Parque Luro, a solo 35 kilómetros de Santa Rosa, la fachada blanca del famoso Castillo –la residencia señorial de sus antiguos propietarios– resplandece impecable, y los bosquecitos de caldén ofrecen refugio a miles de aves que se ofrecen sin pudores a los binoculares o al ojo desnudo de los casuales observadores. Pero esta escena tiene, además, una banda sonora única: apenas arranca el crepúsculo cuando una serie de rugidos sordos se hacen oír cada vez más cerca, con un curioso efecto envolvente, revelando la presencia de los reyes de esta reserva: los majestuosos ciervos colorados, que un día llegaron como extranjeros y hoy son pampeanos de pura cepa.
Durante marzo y abril, la especie atraviesa el período de celo, esa “brama” durante la cual los machos exhiben lo más poderoso de sus voces y la altivez de sus cornamentas para atraer a las hembras. Son los únicos meses del año en que se los podrá ver a simple vista con una cercanía increíble, a pasos solamente de las cabañas que la Reserva ofrece para alojarse, escuchando a los ciervos bramar durante toda la noche. A las siete de la tarde, mientras el último sol de la tarde dora los pastizales que rodean el Castillo, la función de la naturaleza está a punto de comenzar.
Vista del “Castillo”, el antiguo casco de estancia que perteneció a Pedro Olegario Luro.
RUMBO AL MIRADOR Marcos es “guía de brama”, un intérprete del paisaje y de la fauna que ayudará al grupo a descifrar esos códigos secretos que ofrecen aquí la tierra, los árboles y la fauna. El trayecto no es largo –unos 1500 metros hasta un mirador que da hacia un claro en el bosque– pero sí revelador. Lo primero que se encarga de aclarar nuestro guía es que la biología reproductiva y el comportamiento del ciervo colorado, aquí en Parque Luro, son muy diferentes respecto de otras regiones, o incluso de los cotos de caza que proliferaron en la provincia tras la introducción de la especie. Lo segundo es una recomendación apremiante para mantener la prudencia de movimientos y el tono de la voz: “Somos ajenos al olor que está en el ambiente, y aunque por solo estar aquí ya causamos un impacto, tenemos que tratar de minimizarlo y no interferir demasiado”, recordará más de una vez en el camino al mirador.
A medida que avanzamos, Marcos va indicando en el paisaje los indicios de los ciervos: en principio las visibles huellas de pisadas (los machos son muy caminadores en época de formación de su harén, y pueden andar hasta 20 kilómetros diarios), pero también los rastros de pelea y los “peladeros”, esas plantas espinosas que los machos eligen para quitarse la felpa de las cornamentas nuevas, y cuyas ramas solitarias entre los matorrales revelan enseguida al ojo atento la presencia del ciervo. De pronto, un rozamiento de ramas y algunos crujidos hacen detenerse al grupo: es que a pocos metros, asomando la majestuosa cabeza entre la vegetación, un magnífico ejemplar espera inmóvil el paso de los intrusos. Apenas hay tiempo de enfocar las cámaras que ya parece haberse esfumado, escondiéndose en una fracción de segundo entre los caldenes y chañares que le sirven de refugio seguro.
El momento de la brama. El macho ruge, atrae a las hembras y al mismo tiempo marca su territorio.
Un poco más adelante, cuando las primeras sombras de la noche ya caen sobre la pampa –la hora de mayor actividad para la brama– llegamos al mirador y allí nos quedamos, escuchando explicaciones en voz baja y observando el comportamiento de los ciervos a la distancia. Los machos, jefes del harén, miran a su alrededor en busca de posibles depredadores y se acercan a las hembras para comprobar si son receptivas. Al mismo tiempo van marcando su territorio al restregarse en las plantas y dejarlas impregnadas de su olor, gracias a las hormonas liberadas por las glándulas situadas bajo los ojos: ese olor, inconfundible, llega hasta nosotros y será para los demás machos una señal de freno. Lo mismo que ese bramido poderoso con el que defienden su terreno y advierten implícitamente a sus rivales: “Este harén es mío”. Si el freno no funciona –hay también jóvenes machos audaces, cuyo bramido más irregular distinguen enseguida los oídos entrenados– lo que seguirá será una pelea a cuerno partido que también se escucha a la distancia. Todo el proceso significa una agotadora descarga energética: el macho que pesaba 180 kilos puede quedar reducido incluso a 100 al final de la brama. Pero es la hembra -–aclara Marcos, mientras pasa sus binoculares de mano en mano– la que dispara todo el proceso, lo que se conoce como “fotoperíodo”: es decir que activa su sistema hormonal reproductivo a medida que se acortan los días. Tiene cuatro ciclos –precisa nuestro guía– pero los puede regular también según la alimentación disponible. Un proceso tan natural como el manejo de la población de ciervos dentro de la Reserva, donde no hay intervención ni depredación humana.
Mientras miramos a los ciervos y sus hembras, en uno de esos espectáculos que nunca cansan porque la naturaleza siempre los renueva, el sol termina de ponerse tiñendo el monte de un naranja opaco. Es la hora de emprender el regreso hacia las cabañas, a la luz de las linternas que nos permiten adivinar el sendero oculto entre las sombras, y bajo el resplandor de millones de estrellas que dibujan un cielo profundo y único, solitario testigo de las andanzas amorosas de los ciervos.
Atardecer otoñal entre los caldenes, los árboles nativos que antaño cubrían esta zona.
VISITA AL CASTILLO El monte de caldén de Parque Luro es lo que hoy queda de un extenso bosque que alguna vez cubrió buena parte de esta región. Apenas el uno por ciento, que al menos permite imaginar lo que fueron alguna vez estas inmensidades de bosquecitos espinosos y pastizales hoy reemplazados en gran parte por áreas de cultivo y ganadería. En el corazón de la Reserva, el Castillo levantado por Pedro Olegario Luro –hijo del pionero que promovió el desarrollo de Mar del Plata– es el símbolo de aquella generación de principios del siglo XX que vivió en la pampa como si estuviera en Europa, los tiempos en que en París se hablaba de ser “rico como un argentino”.
Pedro Olegario Luro irrumpió en lo más granado de la sociedad argentina cuando se casó con Arminda Roca, sobrina de Julio Argentino Roca e hija de Ataliva, quien le legaría grandes extensiones de tierras habidas como premio para los participantes la “Conquista del Desierto”. Sobre estas mismas tierras, en los primeros años del siglo XX Luro creó la Estancia San Huberto –una referencia al patrono de los cazadores– y el primer coto de caza de la Argentina. También ordenó la construcción del Castillo, el antiguo casco de la estancia, luego ampliado por Antonio Maura, el español que compró las tierras en los años de crisis previos a la Segunda Guerra Mundial. Maura, vale para la anécdota, se casó con Sara Escalante –viuda de Jorge Newbery– y fundó en Buenos Aires el Tortugas Country Club. La historia siguió con su hija Inés, que vendió parte de la propiedad al gobierno pampeano: este, a su vez, creó la Reserva Provincial Parque Luro, donde se conserva la fauna exótica introducida por el fundador de la estancia.
Cotorras parlanchinas junto al nido. Una de las 160 especies de aves que habitan Parque Luro.
Los interiores de la mansión –cuya parte central fue levantada por Luro, mientras las alas laterales fueron completadas por Maura– tienen todo el encanto de la vida aristocrática de antaño. Una gran chimenea, supuestamente traída de París, domina la sala de estar, contigua a una biblioteca que conserva algunos muebles originales. El gran comedor, las dependencias de servicio, las habitaciones de la familia con vista a la laguna de flamencos: todo está ambientado como era entonces, impecablemente detenido en el tiempo. Por eso hoy la visita al Castillo y su colección de carruajes (un sector actualmente cerrado por trabajos de restauración) es uno de los atractivos ineludibles de un paseo por La Pampa y la Reserva. Lo era sin duda también para los invitados de Pedro Luro, que llegaban hasta aquí en el ferrocarril procedente de Bahía Blanca, y luego seguían en un trencito de trocha angosta expresamente construido para arribar al coto de caza.
EL SALITRAL Después de una noche acunada por los bramidos, el grupo entero está de pie a las siete de la mañana, cuando apenas clarea, para un segundo avistaje tempranero. A nuestro alrededor, por doquier, las huellas frescas de los ciervos revelan que para ellos no hubo mayor descanso. Esta vez tomamos otro sendero: dejamos atrás el sector habitual de camping –donde no está permitido acampar en esta época de brama– y avanzamos hacia el antiguo tambo que Pedro Luro compró en una feria en París en 1905... aunque nunca pudo ser puesto en funcionamiento. Comentan los conocedores –Marcos, que encabezó el grupo el día anterior, y Horacio, el guía de naturaleza especialista en avistaje de aves– que por aquí suele haber siempre un par de ciervos en las primeras horas de la mañana. No se equivocan: apenas ponemos un pie que ya divisamos entre las ramas la cornamenta de un macho rodeado de dos hembras. Se quedan un buen rato y después, tal vez cansados del avistaje mutuo, dan media vuelta y se pierden en el monte.
El salitral poblado de flamencos. Un buen lugar para avistar ciervos.
Seguimos luego hacia el sector del salitral, una lagunita poblada de flamencos a la que se llega por un senderito de 300 metros de fácil tránsito y acceso. El día anterior la habíamos visto, a la distancia, desde los ventanales del Castillo: se dice que esta era la vista preferida de Luro y de Antonio Maura. Caminamos, minimizando los ruidos con la esperanza de ver más ciervos, y nos topamos enseguida con algunas hembras a pocos pasos: pero la mayor sorpresa nos la da un chancho salvaje que, rápido como un rayo, apenas nos permite adivinar su presencia cuando ya desapareció entre los matorrales. Repuestos del susto, porque al fin y al cabo no sabríamos qué hacer frente a frente con un jabalí, avanzamos un poco más hasta el mirador de la laguna y nos quedamos un buen rato disfrutando de la vista de los flamencos artísticamente posados sobre las brillantes aguas de la laguna. Y aunque ya está llegando la hora de dejar el Parque Luro, todavía hay tiempo para entrenar el ojo y sacar las últimas fotos de las incontables aves que merodean en la zona del camping y los alrededores del castillo: pájaros carpinteros de vistosa nuca colorada, ensordecedores loros de los palos, cachalotes de penacho castaño y numerosos teros que forman parte de las 160 especies de la reserva, un pequeño paraíso pampeano de fauna y caldén
Página 12, 10 de abril de 2011
Graciela Cutuli
El imprevisible otoño pampeano depara este año, a principios de abril, un par de días de sol glorioso y cielo perfecto. En el corazón de la Reserva Provincial Parque Luro, a solo 35 kilómetros de Santa Rosa, la fachada blanca del famoso Castillo –la residencia señorial de sus antiguos propietarios– resplandece impecable, y los bosquecitos de caldén ofrecen refugio a miles de aves que se ofrecen sin pudores a los binoculares o al ojo desnudo de los casuales observadores. Pero esta escena tiene, además, una banda sonora única: apenas arranca el crepúsculo cuando una serie de rugidos sordos se hacen oír cada vez más cerca, con un curioso efecto envolvente, revelando la presencia de los reyes de esta reserva: los majestuosos ciervos colorados, que un día llegaron como extranjeros y hoy son pampeanos de pura cepa.
Durante marzo y abril, la especie atraviesa el período de celo, esa “brama” durante la cual los machos exhiben lo más poderoso de sus voces y la altivez de sus cornamentas para atraer a las hembras. Son los únicos meses del año en que se los podrá ver a simple vista con una cercanía increíble, a pasos solamente de las cabañas que la Reserva ofrece para alojarse, escuchando a los ciervos bramar durante toda la noche. A las siete de la tarde, mientras el último sol de la tarde dora los pastizales que rodean el Castillo, la función de la naturaleza está a punto de comenzar.
Vista del “Castillo”, el antiguo casco de estancia que perteneció a Pedro Olegario Luro.
RUMBO AL MIRADOR Marcos es “guía de brama”, un intérprete del paisaje y de la fauna que ayudará al grupo a descifrar esos códigos secretos que ofrecen aquí la tierra, los árboles y la fauna. El trayecto no es largo –unos 1500 metros hasta un mirador que da hacia un claro en el bosque– pero sí revelador. Lo primero que se encarga de aclarar nuestro guía es que la biología reproductiva y el comportamiento del ciervo colorado, aquí en Parque Luro, son muy diferentes respecto de otras regiones, o incluso de los cotos de caza que proliferaron en la provincia tras la introducción de la especie. Lo segundo es una recomendación apremiante para mantener la prudencia de movimientos y el tono de la voz: “Somos ajenos al olor que está en el ambiente, y aunque por solo estar aquí ya causamos un impacto, tenemos que tratar de minimizarlo y no interferir demasiado”, recordará más de una vez en el camino al mirador.
A medida que avanzamos, Marcos va indicando en el paisaje los indicios de los ciervos: en principio las visibles huellas de pisadas (los machos son muy caminadores en época de formación de su harén, y pueden andar hasta 20 kilómetros diarios), pero también los rastros de pelea y los “peladeros”, esas plantas espinosas que los machos eligen para quitarse la felpa de las cornamentas nuevas, y cuyas ramas solitarias entre los matorrales revelan enseguida al ojo atento la presencia del ciervo. De pronto, un rozamiento de ramas y algunos crujidos hacen detenerse al grupo: es que a pocos metros, asomando la majestuosa cabeza entre la vegetación, un magnífico ejemplar espera inmóvil el paso de los intrusos. Apenas hay tiempo de enfocar las cámaras que ya parece haberse esfumado, escondiéndose en una fracción de segundo entre los caldenes y chañares que le sirven de refugio seguro.
El momento de la brama. El macho ruge, atrae a las hembras y al mismo tiempo marca su territorio.
Un poco más adelante, cuando las primeras sombras de la noche ya caen sobre la pampa –la hora de mayor actividad para la brama– llegamos al mirador y allí nos quedamos, escuchando explicaciones en voz baja y observando el comportamiento de los ciervos a la distancia. Los machos, jefes del harén, miran a su alrededor en busca de posibles depredadores y se acercan a las hembras para comprobar si son receptivas. Al mismo tiempo van marcando su territorio al restregarse en las plantas y dejarlas impregnadas de su olor, gracias a las hormonas liberadas por las glándulas situadas bajo los ojos: ese olor, inconfundible, llega hasta nosotros y será para los demás machos una señal de freno. Lo mismo que ese bramido poderoso con el que defienden su terreno y advierten implícitamente a sus rivales: “Este harén es mío”. Si el freno no funciona –hay también jóvenes machos audaces, cuyo bramido más irregular distinguen enseguida los oídos entrenados– lo que seguirá será una pelea a cuerno partido que también se escucha a la distancia. Todo el proceso significa una agotadora descarga energética: el macho que pesaba 180 kilos puede quedar reducido incluso a 100 al final de la brama. Pero es la hembra -–aclara Marcos, mientras pasa sus binoculares de mano en mano– la que dispara todo el proceso, lo que se conoce como “fotoperíodo”: es decir que activa su sistema hormonal reproductivo a medida que se acortan los días. Tiene cuatro ciclos –precisa nuestro guía– pero los puede regular también según la alimentación disponible. Un proceso tan natural como el manejo de la población de ciervos dentro de la Reserva, donde no hay intervención ni depredación humana.
Mientras miramos a los ciervos y sus hembras, en uno de esos espectáculos que nunca cansan porque la naturaleza siempre los renueva, el sol termina de ponerse tiñendo el monte de un naranja opaco. Es la hora de emprender el regreso hacia las cabañas, a la luz de las linternas que nos permiten adivinar el sendero oculto entre las sombras, y bajo el resplandor de millones de estrellas que dibujan un cielo profundo y único, solitario testigo de las andanzas amorosas de los ciervos.
Atardecer otoñal entre los caldenes, los árboles nativos que antaño cubrían esta zona.
VISITA AL CASTILLO El monte de caldén de Parque Luro es lo que hoy queda de un extenso bosque que alguna vez cubrió buena parte de esta región. Apenas el uno por ciento, que al menos permite imaginar lo que fueron alguna vez estas inmensidades de bosquecitos espinosos y pastizales hoy reemplazados en gran parte por áreas de cultivo y ganadería. En el corazón de la Reserva, el Castillo levantado por Pedro Olegario Luro –hijo del pionero que promovió el desarrollo de Mar del Plata– es el símbolo de aquella generación de principios del siglo XX que vivió en la pampa como si estuviera en Europa, los tiempos en que en París se hablaba de ser “rico como un argentino”.
Pedro Olegario Luro irrumpió en lo más granado de la sociedad argentina cuando se casó con Arminda Roca, sobrina de Julio Argentino Roca e hija de Ataliva, quien le legaría grandes extensiones de tierras habidas como premio para los participantes la “Conquista del Desierto”. Sobre estas mismas tierras, en los primeros años del siglo XX Luro creó la Estancia San Huberto –una referencia al patrono de los cazadores– y el primer coto de caza de la Argentina. También ordenó la construcción del Castillo, el antiguo casco de la estancia, luego ampliado por Antonio Maura, el español que compró las tierras en los años de crisis previos a la Segunda Guerra Mundial. Maura, vale para la anécdota, se casó con Sara Escalante –viuda de Jorge Newbery– y fundó en Buenos Aires el Tortugas Country Club. La historia siguió con su hija Inés, que vendió parte de la propiedad al gobierno pampeano: este, a su vez, creó la Reserva Provincial Parque Luro, donde se conserva la fauna exótica introducida por el fundador de la estancia.
Cotorras parlanchinas junto al nido. Una de las 160 especies de aves que habitan Parque Luro.
Los interiores de la mansión –cuya parte central fue levantada por Luro, mientras las alas laterales fueron completadas por Maura– tienen todo el encanto de la vida aristocrática de antaño. Una gran chimenea, supuestamente traída de París, domina la sala de estar, contigua a una biblioteca que conserva algunos muebles originales. El gran comedor, las dependencias de servicio, las habitaciones de la familia con vista a la laguna de flamencos: todo está ambientado como era entonces, impecablemente detenido en el tiempo. Por eso hoy la visita al Castillo y su colección de carruajes (un sector actualmente cerrado por trabajos de restauración) es uno de los atractivos ineludibles de un paseo por La Pampa y la Reserva. Lo era sin duda también para los invitados de Pedro Luro, que llegaban hasta aquí en el ferrocarril procedente de Bahía Blanca, y luego seguían en un trencito de trocha angosta expresamente construido para arribar al coto de caza.
EL SALITRAL Después de una noche acunada por los bramidos, el grupo entero está de pie a las siete de la mañana, cuando apenas clarea, para un segundo avistaje tempranero. A nuestro alrededor, por doquier, las huellas frescas de los ciervos revelan que para ellos no hubo mayor descanso. Esta vez tomamos otro sendero: dejamos atrás el sector habitual de camping –donde no está permitido acampar en esta época de brama– y avanzamos hacia el antiguo tambo que Pedro Luro compró en una feria en París en 1905... aunque nunca pudo ser puesto en funcionamiento. Comentan los conocedores –Marcos, que encabezó el grupo el día anterior, y Horacio, el guía de naturaleza especialista en avistaje de aves– que por aquí suele haber siempre un par de ciervos en las primeras horas de la mañana. No se equivocan: apenas ponemos un pie que ya divisamos entre las ramas la cornamenta de un macho rodeado de dos hembras. Se quedan un buen rato y después, tal vez cansados del avistaje mutuo, dan media vuelta y se pierden en el monte.
El salitral poblado de flamencos. Un buen lugar para avistar ciervos.
Seguimos luego hacia el sector del salitral, una lagunita poblada de flamencos a la que se llega por un senderito de 300 metros de fácil tránsito y acceso. El día anterior la habíamos visto, a la distancia, desde los ventanales del Castillo: se dice que esta era la vista preferida de Luro y de Antonio Maura. Caminamos, minimizando los ruidos con la esperanza de ver más ciervos, y nos topamos enseguida con algunas hembras a pocos pasos: pero la mayor sorpresa nos la da un chancho salvaje que, rápido como un rayo, apenas nos permite adivinar su presencia cuando ya desapareció entre los matorrales. Repuestos del susto, porque al fin y al cabo no sabríamos qué hacer frente a frente con un jabalí, avanzamos un poco más hasta el mirador de la laguna y nos quedamos un buen rato disfrutando de la vista de los flamencos artísticamente posados sobre las brillantes aguas de la laguna. Y aunque ya está llegando la hora de dejar el Parque Luro, todavía hay tiempo para entrenar el ojo y sacar las últimas fotos de las incontables aves que merodean en la zona del camping y los alrededores del castillo: pájaros carpinteros de vistosa nuca colorada, ensordecedores loros de los palos, cachalotes de penacho castaño y numerosos teros que forman parte de las 160 especies de la reserva, un pequeño paraíso pampeano de fauna y caldén
Página 12, 10 de abril de 2011
Graciela Cutuli
Etiquetas:
Ecologia,
Provincia de La Pampa
lunes 11 de abril de 2011
Tráfico de fauna en peligro de extinción
Fue durante un operativo en Santa Fe. Encontraron 147 tortugas de tierra, 14 lagartos colorados, 27 boas, 38 culebras, 14 corales y 1 tatu piche.
Unos 241 animales en peligro de extinción fueron rescatados por efectivos de la Gendarmería Nacional cuando eran transportados escondidos en el sector de equipajes de un ómnibus, en la provincia de Santa Fe.
Fuentes de la fuerza de seguridad informaron a la agencia de noticias DyN que durante el operativo fueron rescatados 147 tortugas de tierra, 14 lagartos colorados, 27 boas, 38 culebras, 14 corales y 1 tatu piche.
Personal del Escuadrón de Seguridad Vial "Rafaela" frustró el contrabando de animales durante un operativo que realizó anoche en la ruta nacional 34, cerca de la localidad santafesina de Ceres.
El ómnibus, que transportaba los animales desde la zona norte del país, se dirigía a una terminal del conurbano bonaerense, dijeron las fuentes.
"Los animales fueron entregados a los guardaparques de la provincia para que los liberen en su hábitat natural", precisaron los informantes.
Los animales fueron rescatados en cumplimiento de la Ley 22.421 que protege la fauna silvestre y combate la caza ilegal, depredación, confección y venta clandestina de animales autóctonos en peligro de extinción.
La normativa vigente prevé sanciones de dos meses hasta tres años de prisión a quien practique la caza de animales de la fauna silvestre cuya captura o comercialización estén prohibidas o vedadas por la autoridad jurisdiccional de aplicación. Estas penas también alcanzan a aquellos que transporten, almacenen, compren, vendan, industrialicen o comercialicen piezas, productos o subproductos provenientes de la caza furtiva o de la depredación.
En los últimos meses, autoridades nacionales y provinciales realizaron operativos tendientes a rescatar especies animales que iban a ser vendidas en el mercado ilegal.
Uno de los procedimientos se produjo hace un mes en Mendoza, donde la policía rural secuestró más de un centenar de aves que iban a ser llevadas a Chile y comercializadas en un valor superior a los 250.000 pesos.
Entre las especies incautadas había un tucán, además de siete cuchillos, reina mora, zorzales negros y jilgueros, entre otros animales, como un quirquincho, y la piel de una vizcacha.
Según la Fundación Vida Silvestre, unas 529 especies de animales están en peligro de extinción en Argentina, entre aves, mamíferos, reptiles, anfibios y peces.
Clarín, 8 de abril de 2011
Unos 241 animales en peligro de extinción fueron rescatados por efectivos de la Gendarmería Nacional cuando eran transportados escondidos en el sector de equipajes de un ómnibus, en la provincia de Santa Fe.
Fuentes de la fuerza de seguridad informaron a la agencia de noticias DyN que durante el operativo fueron rescatados 147 tortugas de tierra, 14 lagartos colorados, 27 boas, 38 culebras, 14 corales y 1 tatu piche.
Personal del Escuadrón de Seguridad Vial "Rafaela" frustró el contrabando de animales durante un operativo que realizó anoche en la ruta nacional 34, cerca de la localidad santafesina de Ceres.
El ómnibus, que transportaba los animales desde la zona norte del país, se dirigía a una terminal del conurbano bonaerense, dijeron las fuentes.
"Los animales fueron entregados a los guardaparques de la provincia para que los liberen en su hábitat natural", precisaron los informantes.
Los animales fueron rescatados en cumplimiento de la Ley 22.421 que protege la fauna silvestre y combate la caza ilegal, depredación, confección y venta clandestina de animales autóctonos en peligro de extinción.
La normativa vigente prevé sanciones de dos meses hasta tres años de prisión a quien practique la caza de animales de la fauna silvestre cuya captura o comercialización estén prohibidas o vedadas por la autoridad jurisdiccional de aplicación. Estas penas también alcanzan a aquellos que transporten, almacenen, compren, vendan, industrialicen o comercialicen piezas, productos o subproductos provenientes de la caza furtiva o de la depredación.
En los últimos meses, autoridades nacionales y provinciales realizaron operativos tendientes a rescatar especies animales que iban a ser vendidas en el mercado ilegal.
Uno de los procedimientos se produjo hace un mes en Mendoza, donde la policía rural secuestró más de un centenar de aves que iban a ser llevadas a Chile y comercializadas en un valor superior a los 250.000 pesos.
Entre las especies incautadas había un tucán, además de siete cuchillos, reina mora, zorzales negros y jilgueros, entre otros animales, como un quirquincho, y la piel de una vizcacha.
Según la Fundación Vida Silvestre, unas 529 especies de animales están en peligro de extinción en Argentina, entre aves, mamíferos, reptiles, anfibios y peces.
Clarín, 8 de abril de 2011
Etiquetas:
Ecologia
Extensión de la Línea A
Con el riesgo latente de equivocarse, se podría afirmar que al urbanita no le es fácil admirar su ciudad. Lo cotidiano muchas veces se torna vulgar y sin gracia. En el caso del subte, la forma en la que se viaja (apretados, acalorados, apurados y más) tapa cualquier posibilidad de mirar en ello algo bueno, más allá del esquive de tránsito.
Sin embargo, hay cosas para admirar. Por ejemplo, la ingeniería de una megaconstrucción a 30 metros bajo tierra ya merece, por lo menos, un poco de respeto. Quizás todo este palabrerío no le cabe a muchos, pero al porteño común le calza perfectamente, reiteramos, con el riesgo de equivocarse.
Clarín.com pudo acceder a la construcción de la obra bajo tierra de la extensión de la línea A, en la estación Nazca y comprobó que acceder a un lugar tan extraño y común a la vez -cotidiano y distante-, genera cierta fascinación.
Abajo, en la construcción del túnel, vacío, enorme, el paisaje devuelve una visión distinta del subterráneo. El calor es más pegajoso, el ruido de las máquinas molesta y la poca luz cansa la vista. En realidad, no tan distinto a una estación de subte de las que se conoce, pero es probable que para el ciudadano de a pie pueda resultar una experiencia rara. Para el obrero, en cambio, sólo un día más en la oficina.
“La metodología constructiva tiene distintas etapas. Por un lado la excavación propiamente dicha. Sobre ella se hace un revestimiento de hormigón proyectado, que tiene alta resistencia inicial y da una seguridad estructural al frente de trabajo para proteger a los operarios y a las máquinas”, explicó Marcelo Canedo Peró, ingeniero y director de obra de la prolongación de la línea A.
Y siguió: “Sobre ese revestimiento primario se proyecta una membrana, la cual crea una aislación para que cuando liberemos la napa, que hoy está deprimida, el agua prácticamente no entre”.
En diálogo con Clarín.com, las palabras del ingeniero develaron otra sorpresa: “La tierra que tiene Buenos Aires es excelente, muy dura, un suelo que se sostiene prácticamente por sí solo”. “Muchos europeos o canadienses que vienen no pueden creer el tipo de suelo que tenemos, es ideal para construir subterráneos. Es una tosca muy resistente y bastante homogénea, lo permite trabajar con bastante seguridad”, explicó Canedo Peró.
Por lo que se ve, hombres y máquinas se complementan a la perfección para que el túnel crezca. Deben hacerlo así, con cuidado, es un trabajo peligroso. “Son obras de una exposición pública enorme, cualquier error que podamos tener nosotros en el frente de trabajo se entera toda la ciudad”, dijo en ese sentido el director.
Según el ingeniero, el mayor desafío es “tratar de que los vecinos y automovilistas se enteren lo menos posible, pero siempre termina impactando”. Según contó, desde el inicio de las obras en el 2004 no encontraron nada desde el punto de vista arqueológico ni paleontológico. “En caso de encontrar algo la contratista y nosotros tenemos la obligación de dar aviso a las autoridades competentes”, explicó.
En este tipo de obras se podría imaginar un encuentro con animales en la excavación, pero esto no existe. “Lo que puede haber es intrusión de ratas y demás. Pero yo tengo muchos años en este tipo de obras y no se ven: hay mucho ruido, mucho movimiento. Seguramente después, en el futuro, va a haber”, explicó.
Según el gobierno porteño, para este año tienen previsto inaugurar cinco estaciones: dos de la línea A, dos de la línea B y una de la línea H. En tanto, el ministro de Desarrollo Urbano de la ciudad, Daniel Chain, declaró que tienen trazado el mapa para una línea G que “va a ser la paralela a la D, cruzándose en Córdoba y Santa Fe con ésta, pero que luego irá por Estado de Israel hacia el Cid Campeador”. El funcionario indicó que también está pensada la línea F.
Argentina es pionera en cuanto a construcción de redes subterráneas (la línea A fue la primera de toda Latinoamérica), pero la cantidad de estaciones y construcciones disminuyó con el tiempo, dejando una ciudad muy grande para pocas estaciones ‘amontonadas’. “Da pena cruzar la Cordillera y ver el desarrollo que hay en el metro de Santiago. Un trabajo que empezaron mucho tiempo después que nosotros y hoy ya nos superan ampliamente en kilómetros”, disparó Canedo Peró.
Fabricio Soza
Clarín, 8 de abril de 2011
Sin embargo, hay cosas para admirar. Por ejemplo, la ingeniería de una megaconstrucción a 30 metros bajo tierra ya merece, por lo menos, un poco de respeto. Quizás todo este palabrerío no le cabe a muchos, pero al porteño común le calza perfectamente, reiteramos, con el riesgo de equivocarse.
Clarín.com pudo acceder a la construcción de la obra bajo tierra de la extensión de la línea A, en la estación Nazca y comprobó que acceder a un lugar tan extraño y común a la vez -cotidiano y distante-, genera cierta fascinación.
Abajo, en la construcción del túnel, vacío, enorme, el paisaje devuelve una visión distinta del subterráneo. El calor es más pegajoso, el ruido de las máquinas molesta y la poca luz cansa la vista. En realidad, no tan distinto a una estación de subte de las que se conoce, pero es probable que para el ciudadano de a pie pueda resultar una experiencia rara. Para el obrero, en cambio, sólo un día más en la oficina.
“La metodología constructiva tiene distintas etapas. Por un lado la excavación propiamente dicha. Sobre ella se hace un revestimiento de hormigón proyectado, que tiene alta resistencia inicial y da una seguridad estructural al frente de trabajo para proteger a los operarios y a las máquinas”, explicó Marcelo Canedo Peró, ingeniero y director de obra de la prolongación de la línea A.
Y siguió: “Sobre ese revestimiento primario se proyecta una membrana, la cual crea una aislación para que cuando liberemos la napa, que hoy está deprimida, el agua prácticamente no entre”.
En diálogo con Clarín.com, las palabras del ingeniero develaron otra sorpresa: “La tierra que tiene Buenos Aires es excelente, muy dura, un suelo que se sostiene prácticamente por sí solo”. “Muchos europeos o canadienses que vienen no pueden creer el tipo de suelo que tenemos, es ideal para construir subterráneos. Es una tosca muy resistente y bastante homogénea, lo permite trabajar con bastante seguridad”, explicó Canedo Peró.
Por lo que se ve, hombres y máquinas se complementan a la perfección para que el túnel crezca. Deben hacerlo así, con cuidado, es un trabajo peligroso. “Son obras de una exposición pública enorme, cualquier error que podamos tener nosotros en el frente de trabajo se entera toda la ciudad”, dijo en ese sentido el director.
Según el ingeniero, el mayor desafío es “tratar de que los vecinos y automovilistas se enteren lo menos posible, pero siempre termina impactando”. Según contó, desde el inicio de las obras en el 2004 no encontraron nada desde el punto de vista arqueológico ni paleontológico. “En caso de encontrar algo la contratista y nosotros tenemos la obligación de dar aviso a las autoridades competentes”, explicó.
En este tipo de obras se podría imaginar un encuentro con animales en la excavación, pero esto no existe. “Lo que puede haber es intrusión de ratas y demás. Pero yo tengo muchos años en este tipo de obras y no se ven: hay mucho ruido, mucho movimiento. Seguramente después, en el futuro, va a haber”, explicó.
Según el gobierno porteño, para este año tienen previsto inaugurar cinco estaciones: dos de la línea A, dos de la línea B y una de la línea H. En tanto, el ministro de Desarrollo Urbano de la ciudad, Daniel Chain, declaró que tienen trazado el mapa para una línea G que “va a ser la paralela a la D, cruzándose en Córdoba y Santa Fe con ésta, pero que luego irá por Estado de Israel hacia el Cid Campeador”. El funcionario indicó que también está pensada la línea F.
Argentina es pionera en cuanto a construcción de redes subterráneas (la línea A fue la primera de toda Latinoamérica), pero la cantidad de estaciones y construcciones disminuyó con el tiempo, dejando una ciudad muy grande para pocas estaciones ‘amontonadas’. “Da pena cruzar la Cordillera y ver el desarrollo que hay en el metro de Santiago. Un trabajo que empezaron mucho tiempo después que nosotros y hoy ya nos superan ampliamente en kilómetros”, disparó Canedo Peró.
Fabricio Soza
Clarín, 8 de abril de 2011
Etiquetas:
Historia de Buenos Aires,
Transporte
Iglesias clonadas en Buenos Aires
Salgo a recorrer las iglesias clonadas de Buenos Aires, un descubrimiento del profesor Juan Antonio Lázara. Lo paso a buscar por la Universidad de la Empresa, donde da clases. Me ve y me dice: “Necesito encontrar a los parientes del arquitecto Carlos Massa, me faltan datos, es un desconocido que merece reconocimiento”. Lázara es un estudioso de la arquitectura eclesiástica y descubrió 36 iglesias proyectadas y construidas por Massa en sólo 8 años. El 85% de los templos levantados durante la tormenta constructora que desató el Cardenal Copello, entre 1944 y 1959 (www.juanlazara.com.ar).
Llegamos a avenida La Plata y Venezuela, la esquina en la que se levanta la gran torre de la iglesia de Santa María. “Este es un ejemplo típico del sistema que inventó Massa”, aclara el profesor y pasa a describir los cinco elementos que el arquitecto usaba en cada una de sus obras: torre, frente con galería, bautisterio, módulo de logística y dependencias parroquiales. “Massa combinaba cada pieza de forma diferente de acuerdo al terreno que tenía”, me explica Lázara y aclara que las iglesias son tan parecidas que producen el efecto de ya haberlas visto, un deja vu arquitectónico.
Vamos hasta Presidente Perón al 3300 y nos quedamos mirando el frente de la iglesia Tránsito de la Santísima Virgen. Es como Santa María pero más chica y ya no en esquina. El método de Massa parece perfecto, el revival medieval que utilizó le permite sumar partes como si se tratara de un juego de chicos. No creo que hubiera podido inventar otro sistema para diseñar tantos edificios en tan poco tiempo.
En Virrey Liniers al 400 nos paramos frente a Santa Amelia: es una iglesia más chica y más sintética que sus predecesoras, se ve que ya no había plata para construirla. Lázara señala de nuevo las partes que componen el edificio. Una vecina nos mira con curiosidad, sonríe y asiente cuando el profesor explica cada parte.
Caballito, Almagro, Palermo y 19 barrios más de Buenos Aires tienen una iglesia de Massa, y casi siempre se repite el mismo patrón con algunas variaciones estilísticas. “Massa usó el estilo neorrománico porque al Cardenal Copello, el gótico le parecía decadente”, señala el investigador con algo de sorna. Está claro que el primer Cardenal latinoaméricano en Roma prefería las iglesias del medioevo europeo porque eran austeras y sólidas, dos mensajes que consideraba óptimos para la expansión de la Iglesia argentina. Para Copello, la apariencia sólida del muro románico simbolizaba la fortaleza de la Iglesia. El cardenal quería una grey militante y disciplinada para resistir la amenaza de secularización que, en los treinta, representaban el comunismo y el socialismo europeos.
Los templos de Massa se desparramaron por barrios con poca población y fueron, durante décadas, la única referencia monumental en un mar de casas bajas. “Las torres de esos templos fueron campanarios mudos que modificaron el paisaje barrial y cumplieron en su rol simbólico de ser la avanzada evangelizadora en una zona considerada de frontera”, arriesga el profesor.
Según me explica Lázara, Massa no se limitó a la repetición automática de un estilo, reinventó varios en base a modificaciones de los ejemplos históricos. En la iglesia de Cristo Obrero y San Blas (Lafuente al 3200, Pompeya), usó un neorrománico económico que carece de toda ornamentación y resulta bastante surrealista. En Nuestra Señora de Luján (Emilio Castro al 7100, Liniers), desarrolló un estilo neorrománico que Lázara bautizó calchaquí porque copia a las iglesias del Noroeste argentino. En Santa Adela (Luis María Campos al 200, Belgrano), empleó un estilo neocolonial. Y en San Nicolás de Bari (Santa Fe 1352) y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (Parque Chacabuco), Massa se dio el gusto y le puso un poco de arquitectura del renacimiento europeo. Nadie explica cómo se le pasó al Cardenal Copello ese detalle. Eran tiempos en los que los estilos eran una cosa seria.
Miguel Jurado
EDITOR ADJUNTO ARQ
Clarín, 6 de abril de 2011
Llegamos a avenida La Plata y Venezuela, la esquina en la que se levanta la gran torre de la iglesia de Santa María. “Este es un ejemplo típico del sistema que inventó Massa”, aclara el profesor y pasa a describir los cinco elementos que el arquitecto usaba en cada una de sus obras: torre, frente con galería, bautisterio, módulo de logística y dependencias parroquiales. “Massa combinaba cada pieza de forma diferente de acuerdo al terreno que tenía”, me explica Lázara y aclara que las iglesias son tan parecidas que producen el efecto de ya haberlas visto, un deja vu arquitectónico.
Vamos hasta Presidente Perón al 3300 y nos quedamos mirando el frente de la iglesia Tránsito de la Santísima Virgen. Es como Santa María pero más chica y ya no en esquina. El método de Massa parece perfecto, el revival medieval que utilizó le permite sumar partes como si se tratara de un juego de chicos. No creo que hubiera podido inventar otro sistema para diseñar tantos edificios en tan poco tiempo.
En Virrey Liniers al 400 nos paramos frente a Santa Amelia: es una iglesia más chica y más sintética que sus predecesoras, se ve que ya no había plata para construirla. Lázara señala de nuevo las partes que componen el edificio. Una vecina nos mira con curiosidad, sonríe y asiente cuando el profesor explica cada parte.
Caballito, Almagro, Palermo y 19 barrios más de Buenos Aires tienen una iglesia de Massa, y casi siempre se repite el mismo patrón con algunas variaciones estilísticas. “Massa usó el estilo neorrománico porque al Cardenal Copello, el gótico le parecía decadente”, señala el investigador con algo de sorna. Está claro que el primer Cardenal latinoaméricano en Roma prefería las iglesias del medioevo europeo porque eran austeras y sólidas, dos mensajes que consideraba óptimos para la expansión de la Iglesia argentina. Para Copello, la apariencia sólida del muro románico simbolizaba la fortaleza de la Iglesia. El cardenal quería una grey militante y disciplinada para resistir la amenaza de secularización que, en los treinta, representaban el comunismo y el socialismo europeos.
Los templos de Massa se desparramaron por barrios con poca población y fueron, durante décadas, la única referencia monumental en un mar de casas bajas. “Las torres de esos templos fueron campanarios mudos que modificaron el paisaje barrial y cumplieron en su rol simbólico de ser la avanzada evangelizadora en una zona considerada de frontera”, arriesga el profesor.
Según me explica Lázara, Massa no se limitó a la repetición automática de un estilo, reinventó varios en base a modificaciones de los ejemplos históricos. En la iglesia de Cristo Obrero y San Blas (Lafuente al 3200, Pompeya), usó un neorrománico económico que carece de toda ornamentación y resulta bastante surrealista. En Nuestra Señora de Luján (Emilio Castro al 7100, Liniers), desarrolló un estilo neorrománico que Lázara bautizó calchaquí porque copia a las iglesias del Noroeste argentino. En Santa Adela (Luis María Campos al 200, Belgrano), empleó un estilo neocolonial. Y en San Nicolás de Bari (Santa Fe 1352) y Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa (Parque Chacabuco), Massa se dio el gusto y le puso un poco de arquitectura del renacimiento europeo. Nadie explica cómo se le pasó al Cardenal Copello ese detalle. Eran tiempos en los que los estilos eran una cosa seria.
Miguel Jurado
EDITOR ADJUNTO ARQ
Clarín, 6 de abril de 2011
Etiquetas:
Arquitectura de Buenos Aires
Tabaco y diabetes tipo II
Ya nadie discute que fumar produce cáncer; tampoco que el cigarrillo es causa directa de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y de la enfermedad cardiovascular. Pero lo que ahora queda fuera de discusión es que también conduce a la diabetes tipo II.
Esto último acaba de ser demostrado por un amplio estudio conducido por investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard, Estados Unidos. El estudio arroja además un dato nuevo, de gran implicancia para la salud pública: el humo del tabaco no sólo es un factor de riesgo de diabetes para quienes fuman, sino también para quienes inhalan el humo en forma pasiva.
"En nuestro estudio prospectivo que siguió a 100.526 mujeres durante 24 años, hallamos que la exposición pasiva al humo de tabaco y el tabaquismo activo están independientemente asociados con el riesgo de desarrollar diabetes tipo II", puede leerse en las conclusiones del estudio publicado en Diabetes Care , la revista de la Asociación Americana de Diabetes, de Estados Unidos.
"Este estudio corrobora que el tabaquismo es un factor de riesgo de diabetes independiente; es decir que puede causar la enfermedad sin que medie un aumento de peso, del colesterol o de otros factores que se asocian a la diabetes. El tabaquismo tiene la capacidad de generar por sí mismo el riesgo de diabetes", explicó a La Nacion la doctora Verónica Schoj, directora ejecutiva de la Fundación Interamericana del Corazón-Argentina.
"Este estudio confirma la importancia de sancionar leyes que protejan a toda la población de la exposición al humo del tabaco en los lugares públicos y de trabajo."
Un combo letal
Aunque todavía faltan elementos para comprender cómo es que el humo del tabaco conduce a la diabetes tipo II, existen hipótesis que cuentan ya con evidencias a su favor. La diabetes se caracteriza por la resistencia a la insulina, fenómeno por el cual la insulina producida por el páncreas no puede cumplir su tarea, que es permitir que la glucosa ingrese en las células.
"Fumar tabaco ha sido relacionado con varios efectos sistémicos, que incluyen el estrés oxidativo, la inflamación sistémica y la disfunción endotelial -resume el citado artículo-. Todos estos efectos han sido fuertemente asociados con la resistencia a la insulina y el riesgo de diabetes."
Schoj agregó: "Hay evidencias que tabaquismo y diabetes es un combo letal: las personas con diabetes tienen 3 veces más riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, pero si además fuman ese riesgo es 11 veces mayor. El tabaquismo no sólo aumenta el riesgo de diabetes, sino que luego multiplica exponencialmente sus complicaciones y su mortalidad".
6 millones de personas mueren en forma prematura en todo el mundo por enfermedades asociadas al cigarrillo cada año. 1,7% creció el cáncer de pulmón entre las mujeres argentinas en cada año entre 1980 y 2008. En los varones, se redujo un 2 por ciento.
28,6% de las mujeres argentinas de entre 18 y 64 años fuma, según estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación.
Sebastián A. Rios
La Nación, 4 de abril de 2011
Esto último acaba de ser demostrado por un amplio estudio conducido por investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard, Estados Unidos. El estudio arroja además un dato nuevo, de gran implicancia para la salud pública: el humo del tabaco no sólo es un factor de riesgo de diabetes para quienes fuman, sino también para quienes inhalan el humo en forma pasiva.
"En nuestro estudio prospectivo que siguió a 100.526 mujeres durante 24 años, hallamos que la exposición pasiva al humo de tabaco y el tabaquismo activo están independientemente asociados con el riesgo de desarrollar diabetes tipo II", puede leerse en las conclusiones del estudio publicado en Diabetes Care , la revista de la Asociación Americana de Diabetes, de Estados Unidos.
"Este estudio corrobora que el tabaquismo es un factor de riesgo de diabetes independiente; es decir que puede causar la enfermedad sin que medie un aumento de peso, del colesterol o de otros factores que se asocian a la diabetes. El tabaquismo tiene la capacidad de generar por sí mismo el riesgo de diabetes", explicó a La Nacion la doctora Verónica Schoj, directora ejecutiva de la Fundación Interamericana del Corazón-Argentina.
"Este estudio confirma la importancia de sancionar leyes que protejan a toda la población de la exposición al humo del tabaco en los lugares públicos y de trabajo."
Un combo letal
Aunque todavía faltan elementos para comprender cómo es que el humo del tabaco conduce a la diabetes tipo II, existen hipótesis que cuentan ya con evidencias a su favor. La diabetes se caracteriza por la resistencia a la insulina, fenómeno por el cual la insulina producida por el páncreas no puede cumplir su tarea, que es permitir que la glucosa ingrese en las células.
"Fumar tabaco ha sido relacionado con varios efectos sistémicos, que incluyen el estrés oxidativo, la inflamación sistémica y la disfunción endotelial -resume el citado artículo-. Todos estos efectos han sido fuertemente asociados con la resistencia a la insulina y el riesgo de diabetes."
Schoj agregó: "Hay evidencias que tabaquismo y diabetes es un combo letal: las personas con diabetes tienen 3 veces más riesgo de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular, pero si además fuman ese riesgo es 11 veces mayor. El tabaquismo no sólo aumenta el riesgo de diabetes, sino que luego multiplica exponencialmente sus complicaciones y su mortalidad".
6 millones de personas mueren en forma prematura en todo el mundo por enfermedades asociadas al cigarrillo cada año. 1,7% creció el cáncer de pulmón entre las mujeres argentinas en cada año entre 1980 y 2008. En los varones, se redujo un 2 por ciento.
28,6% de las mujeres argentinas de entre 18 y 64 años fuma, según estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación.
Sebastián A. Rios
La Nación, 4 de abril de 2011
Etiquetas:
Salud y Primeros Auxilios,
Seguridad e Higiene
Hallazgo arqueológico en Santa Fe
ROSARIO (DyN).- Luego de varios años de investigación, un equipo de arqueólogos y antropólogos santafecinos confirmó la ubicación del fuerte de Sancti Spiritu en la localidad santafecina de Gaboto.
Este asentamiento europeo fue, según los expertos, el primero establecido en 1527 por Sebastián Gaboto en el Río de la Plata y su base de operaciones para explorar la región en el período de colonización temprana en América.
El arqueólogo Guillermo Frittegotto explicó: "Un muro de tapia de más de un metro de espesor asociado con un foso junto a materiales de origen europeo fueron los elementos determinantes de la ubicación del sitio (...) Además, coincidieron con los documentos históricos".
El proyecto despertó el interés de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que depende de la Cancillería de España. El equipo de trabajo está formado por los arqueólogos Guillermo Frittegotto, Fabián Letieri y Gabriel Cocco, la historiadora María Eugenia Astiz, la licenciada Cristina Pasquali, la museóloga Nancy Genovés y la antropóloga Marina Benzi, más expertos españoles y vascos.
El sitio está ubicado en el extremo sur de la planta urbana de Puerto Gaboto, próximo a la desembocadura del río Carcarañá, 60 km al norte de esta ciudad.
En la primera etapa de trabajo, se relevaron ambas márgenes del río y se determinaron las características de sus sitios arqueológicos. Tras hallar el sitio Eucaliptus, comenzó la primera excavación y se descubrieron materiales de origen europeo. En los últimos dos años se aceleró el trabajo, luego de recuperar cuentas de vidrio (algunas quemadas por el incendio), que en Europa se utilizaban para el intercambio de bienes con los grupos indígenas.
Además, se hallaron 48 dados de hueso pequeños, numerosos restos de cerámica europea, una llave, clavos forjados de cabeza cuadrada, cascabeles utilizados como adornos en la vestimenta de los españoles, y mercurio de uso medicinal para tratar las enfermedades venéreas.
Los documentos históricos indican que Gaboto desembarcó el 9 de junio de 1527 en la unión del Carcarañá con el Coronda. El fuerte fue la estructura arquitectónica más relevante del primer asentamiento español rioplatense.
La Nación, 4 de abril de 2011
Este asentamiento europeo fue, según los expertos, el primero establecido en 1527 por Sebastián Gaboto en el Río de la Plata y su base de operaciones para explorar la región en el período de colonización temprana en América.
El arqueólogo Guillermo Frittegotto explicó: "Un muro de tapia de más de un metro de espesor asociado con un foso junto a materiales de origen europeo fueron los elementos determinantes de la ubicación del sitio (...) Además, coincidieron con los documentos históricos".
El proyecto despertó el interés de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, que depende de la Cancillería de España. El equipo de trabajo está formado por los arqueólogos Guillermo Frittegotto, Fabián Letieri y Gabriel Cocco, la historiadora María Eugenia Astiz, la licenciada Cristina Pasquali, la museóloga Nancy Genovés y la antropóloga Marina Benzi, más expertos españoles y vascos.
El sitio está ubicado en el extremo sur de la planta urbana de Puerto Gaboto, próximo a la desembocadura del río Carcarañá, 60 km al norte de esta ciudad.
En la primera etapa de trabajo, se relevaron ambas márgenes del río y se determinaron las características de sus sitios arqueológicos. Tras hallar el sitio Eucaliptus, comenzó la primera excavación y se descubrieron materiales de origen europeo. En los últimos dos años se aceleró el trabajo, luego de recuperar cuentas de vidrio (algunas quemadas por el incendio), que en Europa se utilizaban para el intercambio de bienes con los grupos indígenas.
Además, se hallaron 48 dados de hueso pequeños, numerosos restos de cerámica europea, una llave, clavos forjados de cabeza cuadrada, cascabeles utilizados como adornos en la vestimenta de los españoles, y mercurio de uso medicinal para tratar las enfermedades venéreas.
Los documentos históricos indican que Gaboto desembarcó el 9 de junio de 1527 en la unión del Carcarañá con el Coronda. El fuerte fue la estructura arquitectónica más relevante del primer asentamiento español rioplatense.
La Nación, 4 de abril de 2011
Etiquetas:
Historia Argentina,
Provincia de Santa Fe
San Fernado del Valle de Catamarca y alrededores
“Lo que más me impresionó cuando llegamos fue el verde. La gente tiene muchos prejuicios antes de venir a Catamarca, y nosotros también. Creíamos que era todo un gran desierto, pero quedamos deslumbrados por los ríos llenos de truchas, los espejos de agua y la gran cantidad de lugares hermosos que hay para conocer”, cuenta Juan Martín Antoniassi, un joven chef porteño que llegó a la provincia junto con su familia hace dos años, para armar el restaurante Sabores de Nuestra Tierra en el Hotel Casino Catamarca. Juan Martín y su mujer, Gabriela, que también trabaja en hotelería, vivieron en sitios tan disímiles como Calafate, Bariloche, Pinamar, Francia y Cincinnati hasta recalar en Catamarca, por pedido expreso de los responsables del hotel, que los convocaron con el objetivo de llevar a la ciudad “una buena categoría gastronómica y de hotelería”. Siguiendo sus consejos, una recorrida por los principales encantos de este valle que sorprende gratamente a quienes lo visitan.
LA MORENITA Los alrededores ofrecen varias opciones para entretenerse durante una estadía en la capital catamarqueña, protegida por el halo místico de la Virgen del Valle, “La Morenita”, como le dicen por aquí. La Virgen, patrona nacional del Turismo, aguarda a los visitantes en “La Gruta”, a siete kilómetros de la capital, sobre la sierra de Fariñango, en el faldeo del Ambato. Y fue aquí mismo donde nació la curiosa historia de su devoción, alrededor de 1620.
Cuenta la leyenda que don Manuel de Zalazar, administrador español del Valle, se enteró de que en las cercanías del pueblito de Choya, dentro de un nicho de piedra en la montaña, los indígenas honraban la imagen de una virgen morena. El hombre acudió a verificar de qué se trataba y, al ver que no era una imagen pagana, decidió llevarla a su hogar, en la ciudad de los españoles. Pero el icono habría regresado misteriosamente a la gruta una y otra vez, por diversas razones, hasta que finalmente los españoles desistieron y le construyeron un altar allí mismo.
El santuario es sitio de peregrinación constante, donde sobran las muestras de devoción. Pañuelos, flores, colgantes, remeras con su imagen, casitas de cartón que rezan “gracias madre”. Todos los años, luego de la Pascua y para el 8 de diciembre, se realiza una gran peregrinación hasta la Catedral Basílica Nuestra Señora del Valle, construida hacia 1870 en su honor y hoy declarada Monumento Nacional.
Vista del dique Jumeal, un pequeño embalse del río Tala, desde el mirador Balcón de la Ciudad.
UN BALCON A SAN FERNANDO Sin alejarse mucho, bien vale la pena una vuelta por el Balcón de la Ciudad, un mirador panorámico desde donde se aprecia San Fernando del Valle a un lado, y el dique Jumeal hacia el otro, un pequeño embalse alimentado por el río Tala que provee al norte de la provincia y a la capital en épocas de sequía. Hasta aquí se escapan a disfrutar los amantes de los deportes náuticos y pescadores en busca de pejerreyes o carpas. Por la prolija y serpenteante ruta, mientras tanto, se pasean los ciclistas, corren los aerobistas y hacen las mil y una piruetas intrépidos jóvenes en mountain bike, que se divierten a puro salto acrobático en algunos parajes del circuito.
La ciudad capital es pequeña y apacible, y caminarla es una buena opción para conocerla. La Basílica situada frente a la frondosa plaza 25 de Mayo y el convento de San Francisco en el centro son los edificios más interesantes de este lugar, donde abunda la piedra nacional, la brillante rodocrosita. Un tanto más alejada, la Plaza del Aborigen, con su Intiwatana (“piedra que ata al sol”), su fuente central en honor a la Yacu Mana (diosa del agua) y un sinfín de bellísimos palos borrachos, resulta un agradable paseo al atardecer.
Volviendo a la zona céntrica visitamos la famosa Fábrica de Alfombras, en el Mercado de Artesanías. La fábrica es única en la Argentina, y se dice que hay sólo cuatro de su tipo en todo el mundo. Fundada hace 50 años, pertenecía a un descendiente de sirio-libaneses que no pudo sostenerla y la vendió a la provincia. Aquí trabaja una decena de mujeres a quienes les llevó unos tres meses aprender el oficio. Ellas tejen pacientemente alfombras persas, punto mirna específicamente, o tapices: todos diseños a pedido, que van a parar a los lugares más recónditos del planeta. Como el que confeccionó Claudia, quien lleva 16 laboriosos años en el lugar: “El año pasado trabajé todo enero en un tapiz para el escudo papal, y en junio vino el obispo a mi casa con dos cuadros enormes del Papa recibiéndolo”, relata emocionada la joven tejedora.
LA CUESTA DEL PORTEZUELO “Desde la Cuesta del Portezuelo / mirando abajo, parece un sueño; / un pueblito acá, otro más allá, / y un camino largo que baja y se pierde.” La popular zamba de Polo Jiménez resuena en todas y cada una de las curvas del camino zigzagueante mientras trepamos la famosa cuesta inmortalizada en estas estrofas. Este bellísimo camino de cornisa, que comunica el valle con los departamentos de Ancasti y El Alto, nace a 18 kilómetros de la capital y no se detiene hasta los 1870 msnm, donde se encuentra la encantadora hostería que hace honor al nombre del letrista.
Pero antes de llegar a lo más alto, nos detenemos varias veces, boquiabiertos, frente a cada nueva panorámica. Silencio y mil tonos de verde. El río Paclin, como un hilito de agua a través del valle. El cordón del Ambato, imponente, al otro lado del cerro. San Fernando del Valle, bien abajo, como un manchón gris que se pierde en una alfombra vegetal.
A los 1070 metros nos estacionamos, una vez más, en un impactante mirador, el “oficial”, donde todo el mundo se detiene, baja del auto, hace la foto de rigor y de paso se lleva un dulce de cayote, un vino patero o unas nueces bien catamarqueñas de las que vende Rubén, que aguarda manso y tranquilo la llegada de los turistas. Mientras estiramos las piernas y contemplamos, ensimismados, las bondades de la naturaleza, unos metros más abajo –en medio del monte–, un grupo de trabajadores aprovecha el recreo del mediodía para arrancar unas tunas y llevarlas a casa, donde serán transformadas en jalea casera.
Poco después seguimos zigzagueando por esta ruta que trepa y trepa, regada de jarillas, algarrobos, mistoles, chañares, palos borrachos, pichanilla y tunas, hasta alcanzar la cumbre, el final del camino, coronado por la acogedora hostería Polo Jiménez. Desde su generoso balcón –donde sopla el viento que aprovechan los cóndores para planear– se obtiene una vez más una hermosísima vista de este valle color esperanza.
EL RODEO Y LA CHICHA Al día siguiente arrancamos tarde, luego del mediodía. Martín Mondonio, de Filoaventura, operadora local orientada al turismo aventura, nos pasa a buscar para guiarnos en una nueva incursión hacia los cerros vecinos. Vamos hacia El Rodeo, una apacible y prolija villa al pie del Ambato y a la vera del río Tala, que muchos capitalinos eligen como escapada de fin de semana y es un sitio ideal para ir en busca de truchas.
La villa está custodiada por un Cristo Redentor en lo alto del cerro. Y hasta allí vamos, en un trekking relativamente sencillo aunque un tanto cansador, en el que se demoran unos 20 minutos en subir por un sendero demarcado en medio de la tupida vegetación. La vista desde allí es fabulosa. Una vez más, los tonos de verde estallan en mil pedazos y gratifican al viajero esforzado. Para los más osados, la caminata depara una sorpresa más: es posible hacer un descenso en rappel. Martín lleva todo el equipamiento necesario, sólo hace falta requerirlo con anticipación.
El recorrido sigue serpenteando entre los cerros y pintorescos pueblitos como Las Juntas, Los Varela, La Puerta y Las Pirquitas, famosa por su enorme dique. Antes de regresar a la ciudad, Martín propone pasar por La Casa de Chicha, una antigua hostería reciclada donde se puede disfrutar de una potente merienda con pan de campo y diversas tortas caseras. El lugar, a orillas del río, está repleto de coloridas hortensias y nogales, manzaneros, perales y durazneros que la propia Chicha juntaba, cosechaba y vendía, y que hoy cuidan sus familiares.
LA AGUADA Y LA CABALGATA MISTERIOSA El sol catamarqueño, que tan bien nos acogió durante las primeras jornadas, esta vez nos abandona, justo el día que planificamos la cabalgata de montaña por la zona de Nueva Coneta, un pequeño poblado a 12 kilómetros de la ciudad. De todas maneras vamos hacia la finca La Inesita, punto de partida de esta travesía a caballo por la sierra que Mario Guardo, su mentor, bautizó como “Misterios del Ambato”. Mario, porteño de nacimiento y catamarqueño por adopción, nos recibe mate en mano bajo el techado de la galería de su cálido hogar, a resguardo del diluvio que amaga con aguar nuestros planes. Pero entre amargos y larga conversación, la lluvia amaina y deja paso a un tímido sol, renovando la ilusión de conocer los misterios prometidos.
Montamos y partimos a paso lento entre los limoneros de La Inesita, siguiendo la huella de Mario a través de los callejones del pueblo, para internarnos en un sendero arbolado hasta ver la luz junto a la Virgen Blanca, patrona de Coneta. Luego seguimos por el faldeo del cerro hasta la quebrada del río Los Angeles, donde se pueden ver unos terraplenes antiguamente utilizados por los aborígenes. Y poco después bajamos por un extenso bosque de cactus que se elevan y multiplican uno al lado del otro como soldaditos de plomo alistados para el juego de la guerra.
De vuelta, el hambre apremia. Y allí está, presto a llevarnos al Hotel de Montaña La Aguada, Hugo, otro porteño más que se enamoró de los verdes paisajes de Catamarca. El lleva adelante este emprendimiento junto a Inés, su mujer, una salteña que nos recibe atentamente con unas exquisitas empanadas propias de sus pagos para amainar el apetito, y enseguida deleitarnos con unos sabrosísimos sorrentinos de calabacín.
Hugo es músico e Inés, contadora; pero ambos se dedican de lleno a esta acogedora casona de cinco habitaciones que reciclaron con mucho amor y paciencia. La casa está rodeada de una laguna artificial y un precioso bosquecillo de árboles nativos repleto de restos arqueológicos, como los que abundan por toda la provincia. Caminando por allí se pueden ver las antiguas pircas que pugnan por asomar de las entrañas de la tierra que tanto tiempo las ha mantenido ocultas. Y así aparecen vasijas, jarrones y otros elementos que ellos quieren preservar. Con ese fin decidieron construir un pequeño centro de interpretación, allí mismo, que esperan terminar pronto y así enseñar que Catamarca, además de ser verde por donde se la mire, es como un fruto bien maduro, y tiene mucha historia por revelar
Guido Piotrkowski
Página 12, 3 de abril de 2011
LA MORENITA Los alrededores ofrecen varias opciones para entretenerse durante una estadía en la capital catamarqueña, protegida por el halo místico de la Virgen del Valle, “La Morenita”, como le dicen por aquí. La Virgen, patrona nacional del Turismo, aguarda a los visitantes en “La Gruta”, a siete kilómetros de la capital, sobre la sierra de Fariñango, en el faldeo del Ambato. Y fue aquí mismo donde nació la curiosa historia de su devoción, alrededor de 1620.
Cuenta la leyenda que don Manuel de Zalazar, administrador español del Valle, se enteró de que en las cercanías del pueblito de Choya, dentro de un nicho de piedra en la montaña, los indígenas honraban la imagen de una virgen morena. El hombre acudió a verificar de qué se trataba y, al ver que no era una imagen pagana, decidió llevarla a su hogar, en la ciudad de los españoles. Pero el icono habría regresado misteriosamente a la gruta una y otra vez, por diversas razones, hasta que finalmente los españoles desistieron y le construyeron un altar allí mismo.
El santuario es sitio de peregrinación constante, donde sobran las muestras de devoción. Pañuelos, flores, colgantes, remeras con su imagen, casitas de cartón que rezan “gracias madre”. Todos los años, luego de la Pascua y para el 8 de diciembre, se realiza una gran peregrinación hasta la Catedral Basílica Nuestra Señora del Valle, construida hacia 1870 en su honor y hoy declarada Monumento Nacional.
Vista del dique Jumeal, un pequeño embalse del río Tala, desde el mirador Balcón de la Ciudad.
UN BALCON A SAN FERNANDO Sin alejarse mucho, bien vale la pena una vuelta por el Balcón de la Ciudad, un mirador panorámico desde donde se aprecia San Fernando del Valle a un lado, y el dique Jumeal hacia el otro, un pequeño embalse alimentado por el río Tala que provee al norte de la provincia y a la capital en épocas de sequía. Hasta aquí se escapan a disfrutar los amantes de los deportes náuticos y pescadores en busca de pejerreyes o carpas. Por la prolija y serpenteante ruta, mientras tanto, se pasean los ciclistas, corren los aerobistas y hacen las mil y una piruetas intrépidos jóvenes en mountain bike, que se divierten a puro salto acrobático en algunos parajes del circuito.
La ciudad capital es pequeña y apacible, y caminarla es una buena opción para conocerla. La Basílica situada frente a la frondosa plaza 25 de Mayo y el convento de San Francisco en el centro son los edificios más interesantes de este lugar, donde abunda la piedra nacional, la brillante rodocrosita. Un tanto más alejada, la Plaza del Aborigen, con su Intiwatana (“piedra que ata al sol”), su fuente central en honor a la Yacu Mana (diosa del agua) y un sinfín de bellísimos palos borrachos, resulta un agradable paseo al atardecer.
Volviendo a la zona céntrica visitamos la famosa Fábrica de Alfombras, en el Mercado de Artesanías. La fábrica es única en la Argentina, y se dice que hay sólo cuatro de su tipo en todo el mundo. Fundada hace 50 años, pertenecía a un descendiente de sirio-libaneses que no pudo sostenerla y la vendió a la provincia. Aquí trabaja una decena de mujeres a quienes les llevó unos tres meses aprender el oficio. Ellas tejen pacientemente alfombras persas, punto mirna específicamente, o tapices: todos diseños a pedido, que van a parar a los lugares más recónditos del planeta. Como el que confeccionó Claudia, quien lleva 16 laboriosos años en el lugar: “El año pasado trabajé todo enero en un tapiz para el escudo papal, y en junio vino el obispo a mi casa con dos cuadros enormes del Papa recibiéndolo”, relata emocionada la joven tejedora.
LA CUESTA DEL PORTEZUELO “Desde la Cuesta del Portezuelo / mirando abajo, parece un sueño; / un pueblito acá, otro más allá, / y un camino largo que baja y se pierde.” La popular zamba de Polo Jiménez resuena en todas y cada una de las curvas del camino zigzagueante mientras trepamos la famosa cuesta inmortalizada en estas estrofas. Este bellísimo camino de cornisa, que comunica el valle con los departamentos de Ancasti y El Alto, nace a 18 kilómetros de la capital y no se detiene hasta los 1870 msnm, donde se encuentra la encantadora hostería que hace honor al nombre del letrista.
Pero antes de llegar a lo más alto, nos detenemos varias veces, boquiabiertos, frente a cada nueva panorámica. Silencio y mil tonos de verde. El río Paclin, como un hilito de agua a través del valle. El cordón del Ambato, imponente, al otro lado del cerro. San Fernando del Valle, bien abajo, como un manchón gris que se pierde en una alfombra vegetal.
A los 1070 metros nos estacionamos, una vez más, en un impactante mirador, el “oficial”, donde todo el mundo se detiene, baja del auto, hace la foto de rigor y de paso se lleva un dulce de cayote, un vino patero o unas nueces bien catamarqueñas de las que vende Rubén, que aguarda manso y tranquilo la llegada de los turistas. Mientras estiramos las piernas y contemplamos, ensimismados, las bondades de la naturaleza, unos metros más abajo –en medio del monte–, un grupo de trabajadores aprovecha el recreo del mediodía para arrancar unas tunas y llevarlas a casa, donde serán transformadas en jalea casera.
Poco después seguimos zigzagueando por esta ruta que trepa y trepa, regada de jarillas, algarrobos, mistoles, chañares, palos borrachos, pichanilla y tunas, hasta alcanzar la cumbre, el final del camino, coronado por la acogedora hostería Polo Jiménez. Desde su generoso balcón –donde sopla el viento que aprovechan los cóndores para planear– se obtiene una vez más una hermosísima vista de este valle color esperanza.
EL RODEO Y LA CHICHA Al día siguiente arrancamos tarde, luego del mediodía. Martín Mondonio, de Filoaventura, operadora local orientada al turismo aventura, nos pasa a buscar para guiarnos en una nueva incursión hacia los cerros vecinos. Vamos hacia El Rodeo, una apacible y prolija villa al pie del Ambato y a la vera del río Tala, que muchos capitalinos eligen como escapada de fin de semana y es un sitio ideal para ir en busca de truchas.
La villa está custodiada por un Cristo Redentor en lo alto del cerro. Y hasta allí vamos, en un trekking relativamente sencillo aunque un tanto cansador, en el que se demoran unos 20 minutos en subir por un sendero demarcado en medio de la tupida vegetación. La vista desde allí es fabulosa. Una vez más, los tonos de verde estallan en mil pedazos y gratifican al viajero esforzado. Para los más osados, la caminata depara una sorpresa más: es posible hacer un descenso en rappel. Martín lleva todo el equipamiento necesario, sólo hace falta requerirlo con anticipación.
El recorrido sigue serpenteando entre los cerros y pintorescos pueblitos como Las Juntas, Los Varela, La Puerta y Las Pirquitas, famosa por su enorme dique. Antes de regresar a la ciudad, Martín propone pasar por La Casa de Chicha, una antigua hostería reciclada donde se puede disfrutar de una potente merienda con pan de campo y diversas tortas caseras. El lugar, a orillas del río, está repleto de coloridas hortensias y nogales, manzaneros, perales y durazneros que la propia Chicha juntaba, cosechaba y vendía, y que hoy cuidan sus familiares.
LA AGUADA Y LA CABALGATA MISTERIOSA El sol catamarqueño, que tan bien nos acogió durante las primeras jornadas, esta vez nos abandona, justo el día que planificamos la cabalgata de montaña por la zona de Nueva Coneta, un pequeño poblado a 12 kilómetros de la ciudad. De todas maneras vamos hacia la finca La Inesita, punto de partida de esta travesía a caballo por la sierra que Mario Guardo, su mentor, bautizó como “Misterios del Ambato”. Mario, porteño de nacimiento y catamarqueño por adopción, nos recibe mate en mano bajo el techado de la galería de su cálido hogar, a resguardo del diluvio que amaga con aguar nuestros planes. Pero entre amargos y larga conversación, la lluvia amaina y deja paso a un tímido sol, renovando la ilusión de conocer los misterios prometidos.
Montamos y partimos a paso lento entre los limoneros de La Inesita, siguiendo la huella de Mario a través de los callejones del pueblo, para internarnos en un sendero arbolado hasta ver la luz junto a la Virgen Blanca, patrona de Coneta. Luego seguimos por el faldeo del cerro hasta la quebrada del río Los Angeles, donde se pueden ver unos terraplenes antiguamente utilizados por los aborígenes. Y poco después bajamos por un extenso bosque de cactus que se elevan y multiplican uno al lado del otro como soldaditos de plomo alistados para el juego de la guerra.
De vuelta, el hambre apremia. Y allí está, presto a llevarnos al Hotel de Montaña La Aguada, Hugo, otro porteño más que se enamoró de los verdes paisajes de Catamarca. El lleva adelante este emprendimiento junto a Inés, su mujer, una salteña que nos recibe atentamente con unas exquisitas empanadas propias de sus pagos para amainar el apetito, y enseguida deleitarnos con unos sabrosísimos sorrentinos de calabacín.
Hugo es músico e Inés, contadora; pero ambos se dedican de lleno a esta acogedora casona de cinco habitaciones que reciclaron con mucho amor y paciencia. La casa está rodeada de una laguna artificial y un precioso bosquecillo de árboles nativos repleto de restos arqueológicos, como los que abundan por toda la provincia. Caminando por allí se pueden ver las antiguas pircas que pugnan por asomar de las entrañas de la tierra que tanto tiempo las ha mantenido ocultas. Y así aparecen vasijas, jarrones y otros elementos que ellos quieren preservar. Con ese fin decidieron construir un pequeño centro de interpretación, allí mismo, que esperan terminar pronto y así enseñar que Catamarca, además de ser verde por donde se la mire, es como un fruto bien maduro, y tiene mucha historia por revelar
Guido Piotrkowski
Página 12, 3 de abril de 2011
Etiquetas:
Provincia de Catamarca
lunes 4 de abril de 2011
El Museo de Bellas Artes de La Boca es Monumento Histórico Nacional
Un edificio símbolo de La Boca fue declarado Monumento Histórico Nacional . Es el de Pedro de Mendoza 1835, donde funcionan el Museo de Bellas Artes de La Boca y dos escuelas. Todo se construyó en 1936: el predio había sido donado por el artista Benito Quinquela Martín quien vivió allí y pidió que, entre otras cosas, se hicieran escuelas.
La declaración de Monumento Histórico “es muy importante porque aumenta el grado de protección al símbolo de su obra y todo lo que dio al barrio”, explicó Víctor Fernández, el curador del museo.
El terreno que donó Quinquela se destinó por expresa voluntad suya para que se construyera el museo, un lactario, un hospital odontológico, una escuela primaria, una escuela técnica de artes gráficas y un teatro, el hoy Teatro de La Ribera.
Donde ahora funciona el edificio protegido, había una fonda del puerto donde la madre de Quinquela trabajaba como empleada doméstica. Cuando el artista empezó a tener éxito con su obra y logró cierto bienestar económico, decidió comprarlo.
Al poco tiempo lo donó como forma de presionar al gobierno para que hicieran las obras que él quería para transformar a La Boca, un barrio de inmigrantes llegados de Europa, sacrificados y amenazados por las enfermedades que dejaba el río cada vez que inundaba sus calles. Llevó 50 años para que terminaran de construir todo el complejo, pero hoy, gracias a su intervención, cambió el perfil del barrio.
“El eje de su obra es la convicción de que el arte es cuestión de todos. Lo primero que pensó fue en devolverle a La Boca todo lo que lo que el barrio le había dado a él”, contó Fernández.
Con su paso por la historia, Benito Quinquela Martín convirtió estos 100 metros de La Boca en un centro cultural, educativo y de asistencia a la salud. El edificio conserva su estilo original “Art-Deco”, muy de moda en los años 30.
El trámite para convertir al museo y las escuelas en patrimonio histórico empezó en 2008, con la intervención del Ministerio de Educación de la Ciudad y, posteriormente, de la Comisión Nacional de Monumentos. Finalmente, ayer fue declarado, por decreto publicado en el Boletín Oficial, Monumento Histórico Nacional.
Perfil
Quinquela Martín
Nació: 1890
Murió: 1977
Fue abandonado en la Casa Cuna.
A la edad de 6 años lo adoptó la familia Chinchella.
Se hizo famoso por sus pinturas de puertos que retratan la vida en La Boca.
Marina Wertheimer
Clarín, 1 de abril de 2011
La declaración de Monumento Histórico “es muy importante porque aumenta el grado de protección al símbolo de su obra y todo lo que dio al barrio”, explicó Víctor Fernández, el curador del museo.
El terreno que donó Quinquela se destinó por expresa voluntad suya para que se construyera el museo, un lactario, un hospital odontológico, una escuela primaria, una escuela técnica de artes gráficas y un teatro, el hoy Teatro de La Ribera.
Donde ahora funciona el edificio protegido, había una fonda del puerto donde la madre de Quinquela trabajaba como empleada doméstica. Cuando el artista empezó a tener éxito con su obra y logró cierto bienestar económico, decidió comprarlo.
Al poco tiempo lo donó como forma de presionar al gobierno para que hicieran las obras que él quería para transformar a La Boca, un barrio de inmigrantes llegados de Europa, sacrificados y amenazados por las enfermedades que dejaba el río cada vez que inundaba sus calles. Llevó 50 años para que terminaran de construir todo el complejo, pero hoy, gracias a su intervención, cambió el perfil del barrio.
“El eje de su obra es la convicción de que el arte es cuestión de todos. Lo primero que pensó fue en devolverle a La Boca todo lo que lo que el barrio le había dado a él”, contó Fernández.
Con su paso por la historia, Benito Quinquela Martín convirtió estos 100 metros de La Boca en un centro cultural, educativo y de asistencia a la salud. El edificio conserva su estilo original “Art-Deco”, muy de moda en los años 30.
El trámite para convertir al museo y las escuelas en patrimonio histórico empezó en 2008, con la intervención del Ministerio de Educación de la Ciudad y, posteriormente, de la Comisión Nacional de Monumentos. Finalmente, ayer fue declarado, por decreto publicado en el Boletín Oficial, Monumento Histórico Nacional.
Perfil
Quinquela Martín
Nació: 1890
Murió: 1977
Fue abandonado en la Casa Cuna.
A la edad de 6 años lo adoptó la familia Chinchella.
Se hizo famoso por sus pinturas de puertos que retratan la vida en La Boca.
Marina Wertheimer
Clarín, 1 de abril de 2011
Etiquetas:
Barrio de La Boca,
Museos y Lugares Historicos
Reunión de la comunidad afro en la Argentina
Los representantes de afrodescendientes y africanos en Argentina se reunieron en la ex ESMA para preparar el primer congreso nacional de su comunidad. “Es el inicio de una serie de acciones para darnos visibilidad como comunidad y como parte de la historia.”
La comunidad afrodescendiente en Argentina está encaminada hacia un evento histórico: su primer congreso nacional, uno en el que, al amparo del Estado, pueda comenzar a visibilizarse y debatir agenda propia. En ocasión del Día Internacional contra el Racismo, representantes de las ONG de afrodescendientes y africanos en Argentina celebraron una jornada preparatoria que comenzó en Cancillería y finalizó en el Centro Cultural Haroldo Conti, que funciona en las instalaciones de lo que fue la ESMA. “Fue importante y es importante que suceda este año, que es especial para nosotros” porque la ONU lo declaró el Año Internacional de los Afrodescendientes, señaló a este diario el activista Carlos Alvarez, coordinador de la Comisión de Afrodescendientes del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil de Cancillería.
En la primera parte del encuentro, celebrado a puertas cerradas para facilitar el debate entre activistas llegados de distintas provincias y funcionarios nacionales, expusieron el canciller Héctor Timerman; el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde; el embajador Oscar Laborde (a cargo del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil); el presidente de la Asociación Africa y su Diáspora, Balthazart Ackhast, y su par de la ONG Diáspora Africana de la Argentina, Federico Pita. Participaron el embajador angoleño en Argentina, Erminio Joaquín Escorcio, y representantes diplomáticos de Sudáfrica, Nigeria y Congo.
“Este es el inicio de una serie de acciones para darnos visibilidad como comunidad y como participantes de la historia argentina”, explicó Alvarez. Y es que durante esa jornada se sentaron las bases para ir delineando los ejes que sustentarán el primer Congreso Nacional de Afrodescendientes y Africanos en Argentina. El año pasado, con la inclusión en el Censo Nacional de la pregunta sobre ascendencia y “variable étnica”, dijo el activista, comenzó a dibujarse un panorama con posibilidades “más inclusivas e igualitarias” para los afro.
La evaluación de los datos recogidos durante octubre recién estará a fines de 2011, pero aun cuando “resultan fundamentales para saber realmente cuántos somos y en qué condiciones vivimos”, en la espera también, creen los activistas, es posible comenzar a trabajar sobre sus posibles demandas y necesidades. Además, “hace dos semanas, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, organizó una jornada de cultura afro y trabajo en la Facultad de Filosofía y Letras”, con lo que “queda claro que hay un compromiso oficial de empezar a visibilizar a la comunidad afro” y de “garantizar que va a ser posible tener acciones que impacten en las condiciones de vida cotidianas”.
“Creemos que está claro que se quieren hacer acciones concretas para transformar situaciones de exclusión o que visibilicen nuestras exigencias. En la última jornada, Timerman y Duhalde coincidieron en que hay que trabajar por el reconocimento histórico, empezando por el aporte de la comunidad afro en las luchas de la Independencia.” Alvarez agregó que resultó “estratégico” que el cierre del encuentro se realizara en el Centro Cultural de la Memoria. “Nos interesa trabajar con la perspectiva de la memoria. Lo que queremos es trabajar en memoria y justicia social. La idea es que parte del rescate de la identidad nacional tiene que ver con la memoria y que ahí la comunidad afro tiene para aportar.”
La fecha del congreso nacional aún está pendiente. Quedó establecido, sí, que se realizará durante la segunda mitad del año, aunque no se ha designado todavía el lugar porque “la comunidad afro está diseminada por todo el país” y es una ardua tarea consensuar dónde, cuándo. En cambio, contó Alvarez, sí hay acuerdos iniciales en torno de los “grandes ejes”: la necesidad de impulsar, como comunidad, la “participación política, para pedir políticas públicas y tener incidencia en lo educativo”. “Los programas de estudio tienen que empezar a incorporar una mirada más diversa de la identidad nacional y reconocer la incidencia de la cultura afro. Vamos a tener que hacer hincapié en las mujeres y los jóvenes, porque hay cuestiones diferenciales. Las mujeres afro siempre tuvieron una suerte de doble subordinación: respecto del hombre, fuera blanco o negro, pero también respecto de la mujer blanca. Los estudios de otros países revelan esa brecha, de manera que es una cuestión de discriminación importante a trabajar. Y con los jóvenes, porque queremos que se empiecen a politizar, a discutir estas cuestiones”, concluyó Alvarez.
Página 12, 1 de abril de 2011
La comunidad afrodescendiente en Argentina está encaminada hacia un evento histórico: su primer congreso nacional, uno en el que, al amparo del Estado, pueda comenzar a visibilizarse y debatir agenda propia. En ocasión del Día Internacional contra el Racismo, representantes de las ONG de afrodescendientes y africanos en Argentina celebraron una jornada preparatoria que comenzó en Cancillería y finalizó en el Centro Cultural Haroldo Conti, que funciona en las instalaciones de lo que fue la ESMA. “Fue importante y es importante que suceda este año, que es especial para nosotros” porque la ONU lo declaró el Año Internacional de los Afrodescendientes, señaló a este diario el activista Carlos Alvarez, coordinador de la Comisión de Afrodescendientes del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil de Cancillería.
En la primera parte del encuentro, celebrado a puertas cerradas para facilitar el debate entre activistas llegados de distintas provincias y funcionarios nacionales, expusieron el canciller Héctor Timerman; el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde; el embajador Oscar Laborde (a cargo del Consejo Consultivo de la Sociedad Civil); el presidente de la Asociación Africa y su Diáspora, Balthazart Ackhast, y su par de la ONG Diáspora Africana de la Argentina, Federico Pita. Participaron el embajador angoleño en Argentina, Erminio Joaquín Escorcio, y representantes diplomáticos de Sudáfrica, Nigeria y Congo.
“Este es el inicio de una serie de acciones para darnos visibilidad como comunidad y como participantes de la historia argentina”, explicó Alvarez. Y es que durante esa jornada se sentaron las bases para ir delineando los ejes que sustentarán el primer Congreso Nacional de Afrodescendientes y Africanos en Argentina. El año pasado, con la inclusión en el Censo Nacional de la pregunta sobre ascendencia y “variable étnica”, dijo el activista, comenzó a dibujarse un panorama con posibilidades “más inclusivas e igualitarias” para los afro.
La evaluación de los datos recogidos durante octubre recién estará a fines de 2011, pero aun cuando “resultan fundamentales para saber realmente cuántos somos y en qué condiciones vivimos”, en la espera también, creen los activistas, es posible comenzar a trabajar sobre sus posibles demandas y necesidades. Además, “hace dos semanas, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, organizó una jornada de cultura afro y trabajo en la Facultad de Filosofía y Letras”, con lo que “queda claro que hay un compromiso oficial de empezar a visibilizar a la comunidad afro” y de “garantizar que va a ser posible tener acciones que impacten en las condiciones de vida cotidianas”.
“Creemos que está claro que se quieren hacer acciones concretas para transformar situaciones de exclusión o que visibilicen nuestras exigencias. En la última jornada, Timerman y Duhalde coincidieron en que hay que trabajar por el reconocimento histórico, empezando por el aporte de la comunidad afro en las luchas de la Independencia.” Alvarez agregó que resultó “estratégico” que el cierre del encuentro se realizara en el Centro Cultural de la Memoria. “Nos interesa trabajar con la perspectiva de la memoria. Lo que queremos es trabajar en memoria y justicia social. La idea es que parte del rescate de la identidad nacional tiene que ver con la memoria y que ahí la comunidad afro tiene para aportar.”
La fecha del congreso nacional aún está pendiente. Quedó establecido, sí, que se realizará durante la segunda mitad del año, aunque no se ha designado todavía el lugar porque “la comunidad afro está diseminada por todo el país” y es una ardua tarea consensuar dónde, cuándo. En cambio, contó Alvarez, sí hay acuerdos iniciales en torno de los “grandes ejes”: la necesidad de impulsar, como comunidad, la “participación política, para pedir políticas públicas y tener incidencia en lo educativo”. “Los programas de estudio tienen que empezar a incorporar una mirada más diversa de la identidad nacional y reconocer la incidencia de la cultura afro. Vamos a tener que hacer hincapié en las mujeres y los jóvenes, porque hay cuestiones diferenciales. Las mujeres afro siempre tuvieron una suerte de doble subordinación: respecto del hombre, fuera blanco o negro, pero también respecto de la mujer blanca. Los estudios de otros países revelan esa brecha, de manera que es una cuestión de discriminación importante a trabajar. Y con los jóvenes, porque queremos que se empiecen a politizar, a discutir estas cuestiones”, concluyó Alvarez.
Página 12, 1 de abril de 2011
Etiquetas:
Historia Argentina,
Historia de Buenos Aires,
Inmigracion
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Enlaces/Links
Los enlaces o links que te sugerimos te permiten acceder a información confiable. En cada trabajo de investigación es obligatorio citar la fuente utilizada.
En algunos enlaces el acceso no es directo sino que requiere prestar atención para visualizar libros, artículos de revistas especializadas, documentos pdf o html.
Tres ejemplos de ello son el Google Académico, la página de SISBI UBA y la del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el primer caso deben escribir en el Google la palabra "académico". Allí aparece la opción "scholar.google.com.ar". Una vez en el Google Académico basta con manejarse como en cualquir buscador.
Para SISBI UBA deberán cliquear sucesivamente las siguientes opciones: Navegando, Redes, Red Española de Seguridad y Salud en el Trabajo, Publicaciones.
En cuanto a la página web del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cliquear en los siguientes enlaces: Cultura, Comisíon para la Preservación del Patrimonio, Publicaciones.
Cualquier duda escribir a biblioteca@ispm.edu.ar
Paula Iglesias
En algunos enlaces el acceso no es directo sino que requiere prestar atención para visualizar libros, artículos de revistas especializadas, documentos pdf o html.
Tres ejemplos de ello son el Google Académico, la página de SISBI UBA y la del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. En el primer caso deben escribir en el Google la palabra "académico". Allí aparece la opción "scholar.google.com.ar". Una vez en el Google Académico basta con manejarse como en cualquir buscador.
Para SISBI UBA deberán cliquear sucesivamente las siguientes opciones: Navegando, Redes, Red Española de Seguridad y Salud en el Trabajo, Publicaciones.
En cuanto a la página web del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, cliquear en los siguientes enlaces: Cultura, Comisíon para la Preservación del Patrimonio, Publicaciones.
Cualquier duda escribir a biblioteca@ispm.edu.ar
Paula Iglesias
Bibliotecaria