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martes 28 de junio de 2011
Zanjón de Granados: pasajes subterráneos de Buenos Aires
Cuatro siglos de historia en un museo surgido bajo la tierra
Cuando Jorge Eckstein compró el edificio de Defensa 755, en San Telmo, no imaginó que también adquiría una parte de la historia de la Ciudad de Buenos Aires . Es que debajo de una típica casa chorizo construida en 1830 aparecieron cuatro siglos de historia que habían quedado sepultados cuando se entubó el arroyo conocido como el Zanjón de Granados. El lugar se convirtió en un espacio en el que se puede recorrer, a través de los túneles y las reliquias que se exhiben, la historia de la Buenos Aires colonial.
Fue a partir de un derrumbe que aparecieron túneles, construcciones de distintas épocas y otros elementos que se exponen hoy en el barrio de San Telmo –en un espacio destacado por la Unesco– que lleva el nombre del que alguna vez fue uno de los arroyos más importantes de la Buenos Aires de la primera y la segunda fundación.
El complejo actual se encuentra en la que era la última manzana de la ciudad fundada en 1580 por Juan de Garay como una cuadrícula perfecta. Juan González se registra en esa época como el primer titular de la manzana en donde hoy funciona El Zanjón de Granados. Los túneles hallados fueron construidos hacia el 1780 por familias adineradas que pudieron entubar por cuenta propia el arroyo que pasaba por el lugar, conocido con el nombre “El Tercero del Sur”. Es que además de provocar inundaciones cuando llovía, el arroyo traía los restos de los animales que se faenaban en las afueras de la Ciudad. Los túneles que se descubrieron formaban la desembocadura, ya que el Río de la Plata, en aquel momento, estaba sólo a 150 metros: la ribera era lo que hoy es la avenida Paseo Colón. De hecho, en otras excavaciones, se encontraron restos de un paseo antiguo en la zona del Correo Central; y en diciembre de 2008, mientras trabajaban en la construcción de cocheras en Puerto Madero, se descubrió un galeón español que naufragó antes de llegar a la costa, para mediados del 1700.
En 1983, cuando Eckstein compró la casona, descubrieron en los cimientos una cisterna de 18.000 litros, restos de una casa de 1732 y una construcción abovedada: “La excavación siguió y llegó el mayor descubrimiento, era el techo del túnel. Con los años se lograron recuperar 2 km de túneles”, contó Enrique Salmoiraghi, guía del museo, en el que se pueden ver todas estas obras.
Pero antes de que llegaran al barrio las familias ricas hubo otras, que construían casas muy modestas con ladrillones de barro. Algunos de esos muros se conservan y conviven con otras construcciones. Es que poco a poco la Ciudad crecía y las casas se asentaban sobre las ruinas de otras. Así nació la casa de estilo pompeyano –con tres patios, uno de recepción, otro para la familia y el último para la servidumbre– que domina hoy El Zanjón de Granados. Los arqueólogos que trabajaron en el lugar –un equipo liderado por Daniel Schávelzon– estimaron que la casa, con 20 habitaciones, es de 1830 y fue abandonada en 1860 por la epidemia de fiebre amarilla. Después de 1900 funcionó un conventillo, hasta que el lugar fue abandonado.
La historia de casi cuatro siglos está expuesta para turistas y visitantes. Matilde Pascual, también guía del Zanjón, cuenta que oficialmente fue Andrés Cajaraville el primer vecino en pedir permiso al municipio para el entubamiento del arroyo; los documentos datan de 1787. Pero un hecho curioso ocurrió varios años después que Don Jorge comprara el solar de Defensa 755. Fue cuando un vecino de la calle Chile, al enterarse del descubrimiento de los túneles, les dijo “¡por fin los encontraron!”. Anastasio contó que solía jugar en los túneles cuando era chico.
Silvia Gómez
Clarín, 28 de junio de 2011
Cuando Jorge Eckstein compró el edificio de Defensa 755, en San Telmo, no imaginó que también adquiría una parte de la historia de la Ciudad de Buenos Aires . Es que debajo de una típica casa chorizo construida en 1830 aparecieron cuatro siglos de historia que habían quedado sepultados cuando se entubó el arroyo conocido como el Zanjón de Granados. El lugar se convirtió en un espacio en el que se puede recorrer, a través de los túneles y las reliquias que se exhiben, la historia de la Buenos Aires colonial.
Fue a partir de un derrumbe que aparecieron túneles, construcciones de distintas épocas y otros elementos que se exponen hoy en el barrio de San Telmo –en un espacio destacado por la Unesco– que lleva el nombre del que alguna vez fue uno de los arroyos más importantes de la Buenos Aires de la primera y la segunda fundación.
El complejo actual se encuentra en la que era la última manzana de la ciudad fundada en 1580 por Juan de Garay como una cuadrícula perfecta. Juan González se registra en esa época como el primer titular de la manzana en donde hoy funciona El Zanjón de Granados. Los túneles hallados fueron construidos hacia el 1780 por familias adineradas que pudieron entubar por cuenta propia el arroyo que pasaba por el lugar, conocido con el nombre “El Tercero del Sur”. Es que además de provocar inundaciones cuando llovía, el arroyo traía los restos de los animales que se faenaban en las afueras de la Ciudad. Los túneles que se descubrieron formaban la desembocadura, ya que el Río de la Plata, en aquel momento, estaba sólo a 150 metros: la ribera era lo que hoy es la avenida Paseo Colón. De hecho, en otras excavaciones, se encontraron restos de un paseo antiguo en la zona del Correo Central; y en diciembre de 2008, mientras trabajaban en la construcción de cocheras en Puerto Madero, se descubrió un galeón español que naufragó antes de llegar a la costa, para mediados del 1700.
En 1983, cuando Eckstein compró la casona, descubrieron en los cimientos una cisterna de 18.000 litros, restos de una casa de 1732 y una construcción abovedada: “La excavación siguió y llegó el mayor descubrimiento, era el techo del túnel. Con los años se lograron recuperar 2 km de túneles”, contó Enrique Salmoiraghi, guía del museo, en el que se pueden ver todas estas obras.
Pero antes de que llegaran al barrio las familias ricas hubo otras, que construían casas muy modestas con ladrillones de barro. Algunos de esos muros se conservan y conviven con otras construcciones. Es que poco a poco la Ciudad crecía y las casas se asentaban sobre las ruinas de otras. Así nació la casa de estilo pompeyano –con tres patios, uno de recepción, otro para la familia y el último para la servidumbre– que domina hoy El Zanjón de Granados. Los arqueólogos que trabajaron en el lugar –un equipo liderado por Daniel Schávelzon– estimaron que la casa, con 20 habitaciones, es de 1830 y fue abandonada en 1860 por la epidemia de fiebre amarilla. Después de 1900 funcionó un conventillo, hasta que el lugar fue abandonado.
La historia de casi cuatro siglos está expuesta para turistas y visitantes. Matilde Pascual, también guía del Zanjón, cuenta que oficialmente fue Andrés Cajaraville el primer vecino en pedir permiso al municipio para el entubamiento del arroyo; los documentos datan de 1787. Pero un hecho curioso ocurrió varios años después que Don Jorge comprara el solar de Defensa 755. Fue cuando un vecino de la calle Chile, al enterarse del descubrimiento de los túneles, les dijo “¡por fin los encontraron!”. Anastasio contó que solía jugar en los túneles cuando era chico.
Silvia Gómez
Clarín, 28 de junio de 2011
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Arqueología,
Barrio de San Telmo,
Historia de Buenos Aires
Palacio veneciano en Buenos Aires
Inaugurado hace 83 años en Rivadavia al 1700, es sede de la Auditoría General de la Nación.
Frente al edificio no hay canales ni pasa ningún vaporetto, pero igual que en los barcos colectivos de Venecia, varias líneas de micros llevan pasajeros en forma permanente. También, como en la Piazza San Marco, hay muchas palomas. La construcción tiene diez pisos y podría integrar la rica imagen del paisaje de esa ciudad italiana, pero está en la avenida Rivadavia, frente a la Plaza del Congreso, y es porteña como el Obelisco.
Inaugurado en agosto de 1927, el edificio fue construido como sede del Instituto Biológico Argentino, una institución creada por idea del prestigioso médico bacteriológico Silvio Dessy y que funcionaba desde 1911. El terreno se compró en 1923 y costó un millón y medio de pesos. Al año siguiente, empezaron las obras.
Declarado Monumento Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, fue diseñado por el arquitecto italiano Atilio Locatti, del que casi no hay datos biográficos. Desde fines de la década de 1940 el edificio pertenece al Estado (en 1949 empezó a funcionar allí el Instituto Nacional de Previsión Social) y en 1997, tras servir para otras dependencias, fue adjudicado como sede a la Auditoría General de la Nación. Hoy está en restauración.
Con una fachada de estilo neoveneciano, la construcción se hizo a la usanza de los grandes palacios renacentistas vénetos: cimientos; planta baja y primer nivel; desarrollo y coronamiento. La idea era darle un uso mixto: desde el subsuelo hasta el segundo nivel, para desarrollar la actividad científica; en los siete pisos restantes, departamentos para alquilar.
Por eso en el subsuelo estaban las calderas, depósitos, tanques y cámaras refrigeradoras. En la planta baja se destacaban tres portones con paredes y pisos de mármol y cielorrasos decorados. Toda la carpintería es de hierro y revestida con láminas de bronce. Un detalle: el ascensor es una cabina de hierro forjado, forrada en madera de roble previamente tallada. En el primer piso estaba la dirección y administración y en el segundo, todo lo relacionado con los gabinetes y laboratorios científicos.
Pero lo que más llama la atención del edificio y lo hace especial es su coronamiento: el monumental reloj que integra un conjunto escultórico de más de cuatro toneladas, instalado allí en 1926. Es un reloj diseñado especialmente por la histórica empresa Fratelli Miroglio, de Turín.
El grupo tiene dos grandes figuras en bronce y fundición de hierro (cada de tres metros y medio) en actitud de golpear una campana. El cuadrante del reloj tiene dos metros y medio de diámetro y la campana de bronce y plata pesa dos toneladas. Marcaba cada hora con campanadas y su mecanismo tiene un contrapeso de 500 kilos que, por un pozo de aire, atraviesa el edificio hasta el sótano. Se dice que el conjunto está inspirado en el Reloj de los Moros, instalado en 1496 en Venecia y que un amigo veneciano de Locatti fue quien le sugirió hacer algo similar cuando proyectaba el edificio porteño. La prueba de su funcionamiento fue realizada en Torino, ante el Duque de Aosta. Lo concreto es que ya lleva 85 años mirando hacia la avenida Rivadavia. Claro que no es el único reloj de estas características que hay en Buenos Aires. El otro está desde 1992 en el edificio que la empresa Siemens tiene en Bolívar y Diagonal Sur. Antes había coronado la sede que esa firma alemana tenía en la Avenida de Mayo 869. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarín, 27 de junio de 2011
Frente al edificio no hay canales ni pasa ningún vaporetto, pero igual que en los barcos colectivos de Venecia, varias líneas de micros llevan pasajeros en forma permanente. También, como en la Piazza San Marco, hay muchas palomas. La construcción tiene diez pisos y podría integrar la rica imagen del paisaje de esa ciudad italiana, pero está en la avenida Rivadavia, frente a la Plaza del Congreso, y es porteña como el Obelisco.
Inaugurado en agosto de 1927, el edificio fue construido como sede del Instituto Biológico Argentino, una institución creada por idea del prestigioso médico bacteriológico Silvio Dessy y que funcionaba desde 1911. El terreno se compró en 1923 y costó un millón y medio de pesos. Al año siguiente, empezaron las obras.
Declarado Monumento Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, fue diseñado por el arquitecto italiano Atilio Locatti, del que casi no hay datos biográficos. Desde fines de la década de 1940 el edificio pertenece al Estado (en 1949 empezó a funcionar allí el Instituto Nacional de Previsión Social) y en 1997, tras servir para otras dependencias, fue adjudicado como sede a la Auditoría General de la Nación. Hoy está en restauración.
Con una fachada de estilo neoveneciano, la construcción se hizo a la usanza de los grandes palacios renacentistas vénetos: cimientos; planta baja y primer nivel; desarrollo y coronamiento. La idea era darle un uso mixto: desde el subsuelo hasta el segundo nivel, para desarrollar la actividad científica; en los siete pisos restantes, departamentos para alquilar.
Por eso en el subsuelo estaban las calderas, depósitos, tanques y cámaras refrigeradoras. En la planta baja se destacaban tres portones con paredes y pisos de mármol y cielorrasos decorados. Toda la carpintería es de hierro y revestida con láminas de bronce. Un detalle: el ascensor es una cabina de hierro forjado, forrada en madera de roble previamente tallada. En el primer piso estaba la dirección y administración y en el segundo, todo lo relacionado con los gabinetes y laboratorios científicos.
Pero lo que más llama la atención del edificio y lo hace especial es su coronamiento: el monumental reloj que integra un conjunto escultórico de más de cuatro toneladas, instalado allí en 1926. Es un reloj diseñado especialmente por la histórica empresa Fratelli Miroglio, de Turín.
El grupo tiene dos grandes figuras en bronce y fundición de hierro (cada de tres metros y medio) en actitud de golpear una campana. El cuadrante del reloj tiene dos metros y medio de diámetro y la campana de bronce y plata pesa dos toneladas. Marcaba cada hora con campanadas y su mecanismo tiene un contrapeso de 500 kilos que, por un pozo de aire, atraviesa el edificio hasta el sótano. Se dice que el conjunto está inspirado en el Reloj de los Moros, instalado en 1496 en Venecia y que un amigo veneciano de Locatti fue quien le sugirió hacer algo similar cuando proyectaba el edificio porteño. La prueba de su funcionamiento fue realizada en Torino, ante el Duque de Aosta. Lo concreto es que ya lleva 85 años mirando hacia la avenida Rivadavia. Claro que no es el único reloj de estas características que hay en Buenos Aires. El otro está desde 1992 en el edificio que la empresa Siemens tiene en Bolívar y Diagonal Sur. Antes había coronado la sede que esa firma alemana tenía en la Avenida de Mayo 869. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarín, 27 de junio de 2011
Puente Pacífico
El Gobierno porteño instaló el nuevo tramo del Puente Pacífico, obra que forma parte del ensanche de la avenida Santa Fe a la altura de Juan B. Justo.
Con esta obra, la avenida sumará cuatro carriles y pasará a tener diez por cada sentido de circulación. También construirán una isleta de desvío del tránsito, y renovarán la pavimentación y la señalización de la calzada.
Además, los trabajos prevén la modificación de las veredas. Tanto la del Oeste como la del Este pasarán a tener 6 metros de ancho, para lo cual se correrá una de las bocas de la estación del subte D.
Se trata de una de las zonas con más movimiento de la Ciudad. Por Pacífico circulan 22 líneas de colectivos , incluidas las que funcionan en el tendido del Metrobús por Juan B. Justo, más todo el público que mueven la estación de subte y el ferrocarril San Martín.
La colocación del nuevo tramo del puente se realizó en la madrugada de ayer. Hubo que desmontar las vías, poner los tramos del puente, rearmar las vías y hacer una prueba de carga.
Para completar el nuevo diseño vial de la zona, la Ciudad tuvo que tomar parte de un estacionamiento que pertenecía al Gobierno nacional, con el que llegaron a un acuerdo . También ocuparon un terreno propio en el que funcionaba una feria tipo Saladita, que había sido desalojada el año pasado.
La obra, que comenzó a mediados de mayo, está a cargo de AUSA, la empresa estatal porteña que administra las autopistas.
Clarín, 27 de junio de 2011
Con esta obra, la avenida sumará cuatro carriles y pasará a tener diez por cada sentido de circulación. También construirán una isleta de desvío del tránsito, y renovarán la pavimentación y la señalización de la calzada.
Además, los trabajos prevén la modificación de las veredas. Tanto la del Oeste como la del Este pasarán a tener 6 metros de ancho, para lo cual se correrá una de las bocas de la estación del subte D.
Se trata de una de las zonas con más movimiento de la Ciudad. Por Pacífico circulan 22 líneas de colectivos , incluidas las que funcionan en el tendido del Metrobús por Juan B. Justo, más todo el público que mueven la estación de subte y el ferrocarril San Martín.
La colocación del nuevo tramo del puente se realizó en la madrugada de ayer. Hubo que desmontar las vías, poner los tramos del puente, rearmar las vías y hacer una prueba de carga.
Para completar el nuevo diseño vial de la zona, la Ciudad tuvo que tomar parte de un estacionamiento que pertenecía al Gobierno nacional, con el que llegaron a un acuerdo . También ocuparon un terreno propio en el que funcionaba una feria tipo Saladita, que había sido desalojada el año pasado.
La obra, que comenzó a mediados de mayo, está a cargo de AUSA, la empresa estatal porteña que administra las autopistas.
Clarín, 27 de junio de 2011
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Barrio de Palermo,
Transporte
Columna del Foro Romano en Plaza Italia
Una reliquia del Imperio Romano volvió recuperada a Plaza Italia
Una columna de alrededor de 2.000 años de antigüedad extraída del Foro Romano volvió a brillar ayer en Plaza Italia. La pieza, de 1,9 metro de alto y 55 centímetros de diámetro, fue restaurada y colocada otra vez junto al monumento a Garibaldi en una ceremonia en la que hasta hubo dos hombres vestidos como los guardias romanos .
Hecha en mármol, la columna es una de las reliquias más antiguas que hay en Buenos Aires y se fue deteriorando con el paso del tiempo. Estaba cubierta de hollín y hasta se quedó, luego de un robo, sin la placa de bronce que la identificaba. Pero ayer volvió a mostrarse en todo su esplendor gracias a una iniciativa de la Asociación Romana y de Lazio en Argentina, que contó con el apoyo del Gobierno de la Ciudad.
“Vimos que la columna estaba arruinada y presentamos una nota en el Ministerio de Ambiente y Espacio Público en febrero. Ellos nos pusieron en contacto con el Departamento de Monumentos y Obras de Arte y en menos de lo que canta un gallo conseguimos que la restauren”, contó con una mezcla de orgullo y emoción Luigi Provenzani, Presidente de la Asociación.
Invitados por el Cónsul de Italia en Buenos Aires, gente de colectividad italiana que reside aquí participó de la ceremonia en la que se presentó la restauración, que también sirve para conmemorar los 150 años de la unificación de Italia en 1861.
“Yo siempre pasaba a ver la columna con mi marido porque ver algo nuestro en Argentina, que nos pertenece, nos hacía recordar a nuestro país”, contó María Natalia D’Agostini mientras recordaba los 63 años que hace que vive acá.
“Es un orgullo tener un pedazo de Roma en Buenos Aires, que es una de las ciudades más lindas del mundo y de donde la mayoría de los argentinos venimos”, reflexionó el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri.
La columna de Plaza Italia es uno de los tesoros del Imperio Romano que se conservan y fue extraída durante excavaciones que se hicieron en el área del Foro, donde se concentraba la mayor parte de las actividades, como el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de Justicia.
Fundada como una aldea, Roma se convirtió en uno de los imperio más grandes de la historia de la humanidad. Durante varios siglos practicó una política de expansión territorial que llevó al Imperio hasta una extensión máxima estimada en unos 6,5 millones de kilómetros. Y ocupó gran parte de Europa, Asía y Africa. Luego fue divido en dos: Oriente y Occidente. Y el legado cultural, religioso e histórico que dejó para la humanidad fue notable. Tanto es así, que la caída de Occidente, hacia el año 500 después de Cristo, marca el final de la Edad Antigua y el inicio de la Edad Media.
La columna que está en Plaza Italia había sido donada en 1955 por la Alcaldía de Roma y primero fue emplazada en Libertador y Luis María Campos, hasta que en 1984 fue trasladada a su actual ubicación.
Y para celebrar el 150° aniversario de la unificación de Italia, los romanos residentes en Argentina seguirán restaurando otros monumentos italianos en la Ciudad. Por ejemplo, también se ocuparán de mejorar en poco tiempo más la “Loba romana” que está en Parque Lezama, a la que le habían robado en 2007 a los mellizos Rómulo y Remo. El conjunto representa la leyenda de los hermanos gemelos que fundaron Roma y fueron amamantados por una loba.
Una columna de alrededor de 2.000 años de antigüedad extraída del Foro Romano volvió a brillar ayer en Plaza Italia. La pieza, de 1,9 metro de alto y 55 centímetros de diámetro, fue restaurada y colocada otra vez junto al monumento a Garibaldi en una ceremonia en la que hasta hubo dos hombres vestidos como los guardias romanos .
Hecha en mármol, la columna es una de las reliquias más antiguas que hay en Buenos Aires y se fue deteriorando con el paso del tiempo. Estaba cubierta de hollín y hasta se quedó, luego de un robo, sin la placa de bronce que la identificaba. Pero ayer volvió a mostrarse en todo su esplendor gracias a una iniciativa de la Asociación Romana y de Lazio en Argentina, que contó con el apoyo del Gobierno de la Ciudad.
“Vimos que la columna estaba arruinada y presentamos una nota en el Ministerio de Ambiente y Espacio Público en febrero. Ellos nos pusieron en contacto con el Departamento de Monumentos y Obras de Arte y en menos de lo que canta un gallo conseguimos que la restauren”, contó con una mezcla de orgullo y emoción Luigi Provenzani, Presidente de la Asociación.
Invitados por el Cónsul de Italia en Buenos Aires, gente de colectividad italiana que reside aquí participó de la ceremonia en la que se presentó la restauración, que también sirve para conmemorar los 150 años de la unificación de Italia en 1861.
“Yo siempre pasaba a ver la columna con mi marido porque ver algo nuestro en Argentina, que nos pertenece, nos hacía recordar a nuestro país”, contó María Natalia D’Agostini mientras recordaba los 63 años que hace que vive acá.
“Es un orgullo tener un pedazo de Roma en Buenos Aires, que es una de las ciudades más lindas del mundo y de donde la mayoría de los argentinos venimos”, reflexionó el Jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri.
La columna de Plaza Italia es uno de los tesoros del Imperio Romano que se conservan y fue extraída durante excavaciones que se hicieron en el área del Foro, donde se concentraba la mayor parte de las actividades, como el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de Justicia.
Fundada como una aldea, Roma se convirtió en uno de los imperio más grandes de la historia de la humanidad. Durante varios siglos practicó una política de expansión territorial que llevó al Imperio hasta una extensión máxima estimada en unos 6,5 millones de kilómetros. Y ocupó gran parte de Europa, Asía y Africa. Luego fue divido en dos: Oriente y Occidente. Y el legado cultural, religioso e histórico que dejó para la humanidad fue notable. Tanto es así, que la caída de Occidente, hacia el año 500 después de Cristo, marca el final de la Edad Antigua y el inicio de la Edad Media.
La columna que está en Plaza Italia había sido donada en 1955 por la Alcaldía de Roma y primero fue emplazada en Libertador y Luis María Campos, hasta que en 1984 fue trasladada a su actual ubicación.
Y para celebrar el 150° aniversario de la unificación de Italia, los romanos residentes en Argentina seguirán restaurando otros monumentos italianos en la Ciudad. Por ejemplo, también se ocuparán de mejorar en poco tiempo más la “Loba romana” que está en Parque Lezama, a la que le habían robado en 2007 a los mellizos Rómulo y Remo. El conjunto representa la leyenda de los hermanos gemelos que fundaron Roma y fueron amamantados por una loba.
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Plaza Italia
Fangio: centenario de su nacimiento
Vivió en la esquina que limita los sacrificios chacareros con las costumbres parisinas. Provino de esos pagos que Dios bendijo con la tierra fértil, aunque forjó sus costumbres en las altas esferas europeas. Mixturó esa extraña sabiduría campesina por conformar mucho con poco y se distinguió ante monarquías y excelsos personajes.
Demostró la sabiduría de aquellos que no la buscan porque saben que se adquiere en otro lugar, con otras actitudes; desde la humilde postura de escuchar, la paciencia para esperar, la tranquilidad para ver y la serenidad para transitar. Y eso no es exclusivo ni de las tranqueras pampeanas, ni de las trabajadas y elegantes puertas monegascas.
Sereno, paciente, observador, medido. Sí, aquel que se ganó la fama mundial por saber andar más rápido entre los más veloces y adueñarse de cinco títulos mundiales de Fórmula 1 esculpió prestigio cuando el frágil casco, compañero de estupendas hazañas, quedó a un costado y mostró al hombre, que, como afirma su libro, superó al mito.
Los mortales suelen manejarse con cifras, con números. Cuando se cumplen 100 años de su natalicio. A un siglo del nacimiento de Juan Manuel Fangio, el hombre que, tras su fallecimiento, el 17 de julio de 1995, mantiene la leyenda, su legado, sus enseñanzas.
Esa sabiduría buscaba más allá. Contrastaba la frialdad de un voraz campeón de las pistas, que veía a través de las antiparras mucho más allá de la trompa de su coche para planear la mejor estrategia, y el calor de la mano extendida para quien buscara su ayuda, con la palabra justa y la paternal voz acompañada por la palmada protectora.
En esa zona fértil sembró un legado que hoy cosechan familiares y amigos, que intentan, con suma precisión, transitar ese espíritu de sabiduría, encaminado por el ejemplo del campeón.
El Museo, su museo, un verdadero orgullo nacional, por perseverancia, minuciosidad, no sólo muestra objetos históricos. No es exclusivo del automovilismo. Allí se percibe el desarrollo de un país que supo organizarse para diversas causas y que logró el éxito absoluto. Y también se transmite la inconmensurable emoción y cariño de un grupo de emprendedores que no hacen más que expresar los valores que, en estos tiempos de incomprensibles vértigos y descuidos, se muestran vapuleados.
Su figura se engrandeció sobre el barro, donde desafió a la velocidad y con grasa en las manos condujo volantes de madera dividiendo al país en una rivalidad con los Gálvez, sus amigos; juntó el fervor de todos en su aventura internacional, escaló a la cima de la fama mundial con sus logros y sus hazañas, y originó la admiración de Jorge Luis Borges y de Luis Leloir compartiendo el podio del prestigio.
Y hasta del mismo Ernesto Sabato, con quien compartía el mismo día de nacimiento: 24 de junio de 1911. El gran escritor lo recibió en su casa de Santos Lugares. Sabato, asombrado por el gran campeón, destacó: "Ha visto la vida, y sobre todo la muerte, demasiado cerca". Y destacó: "Modelo de hombre. Quiero decir: arquetipo de valores espirituales como fe, tenacidad, valentía, inteligencia, aguante y espíritu de observación. ¿O hay todavía quien cree que un campeón así se obtiene apretando el acelerador?"
Las distinciones fueron múltiples. Fue Ciudadano Ilustre, recibió medallas y hasta el segundo hombre en llegar a la luna, ferviente admirador del Quíntuple, le dedicó una foto autografiada: "A Juan Manuel Fangio, con mis mejores deseos, Edwin Aldrin" . Firmó autógrafos a sus secuestradores en Cuba, en 1958, y La Nacion reflejó la escuela de La Rioja que lleva el nombre de Juan Manuel Fangio por elección de sus alumnos. "Se buscó una celebridad que sea motivo de orgullo de nuestro país. Y allí surgió el nombre de Fangio. Luchador, perseverante, capaz de lograr sus metas sin dejar de lado su humildad y respeto y, fundamentalmente, sembrando en la conciencia de muchos el amor hacia el deporte y la vida sana", argumentan en la escuela municipal.
Paradigma de la responsabilidad, la seriedad, el sacrificio y la honestidad, demostró que, desde la humildad, se puede cargar la realidad a la cima de los sueños. Si hoy estuviese aquí, achicaría sus ojos azules, mostraría lentamente las palmas de las manos al cielo, las mismas que con fuerza y coraje condujeron el empuje de la pasión de un país y, al igual que aquella vez que Ayrton Senna le levantó el brazo izquierdo en Australia, en el reconocimiento absoluto, se preguntaría en voz baja: "¿Qué habré hecho para merecer tanto?"
Títulos mundiales de F.1. En 1951 y de 1954 A 1957 (Alfa Romeo, Mercedes-Benz -2-, Ferrari y Maserati)
51
Carreras en la F.1. Logró 24 triunfos y 28 pole positions.
Roberto Berasategui
La Nación, 24 de junio de 2011
Demostró la sabiduría de aquellos que no la buscan porque saben que se adquiere en otro lugar, con otras actitudes; desde la humilde postura de escuchar, la paciencia para esperar, la tranquilidad para ver y la serenidad para transitar. Y eso no es exclusivo ni de las tranqueras pampeanas, ni de las trabajadas y elegantes puertas monegascas.
Sereno, paciente, observador, medido. Sí, aquel que se ganó la fama mundial por saber andar más rápido entre los más veloces y adueñarse de cinco títulos mundiales de Fórmula 1 esculpió prestigio cuando el frágil casco, compañero de estupendas hazañas, quedó a un costado y mostró al hombre, que, como afirma su libro, superó al mito.
Los mortales suelen manejarse con cifras, con números. Cuando se cumplen 100 años de su natalicio. A un siglo del nacimiento de Juan Manuel Fangio, el hombre que, tras su fallecimiento, el 17 de julio de 1995, mantiene la leyenda, su legado, sus enseñanzas.
Esa sabiduría buscaba más allá. Contrastaba la frialdad de un voraz campeón de las pistas, que veía a través de las antiparras mucho más allá de la trompa de su coche para planear la mejor estrategia, y el calor de la mano extendida para quien buscara su ayuda, con la palabra justa y la paternal voz acompañada por la palmada protectora.
En esa zona fértil sembró un legado que hoy cosechan familiares y amigos, que intentan, con suma precisión, transitar ese espíritu de sabiduría, encaminado por el ejemplo del campeón.
El Museo, su museo, un verdadero orgullo nacional, por perseverancia, minuciosidad, no sólo muestra objetos históricos. No es exclusivo del automovilismo. Allí se percibe el desarrollo de un país que supo organizarse para diversas causas y que logró el éxito absoluto. Y también se transmite la inconmensurable emoción y cariño de un grupo de emprendedores que no hacen más que expresar los valores que, en estos tiempos de incomprensibles vértigos y descuidos, se muestran vapuleados.
Su figura se engrandeció sobre el barro, donde desafió a la velocidad y con grasa en las manos condujo volantes de madera dividiendo al país en una rivalidad con los Gálvez, sus amigos; juntó el fervor de todos en su aventura internacional, escaló a la cima de la fama mundial con sus logros y sus hazañas, y originó la admiración de Jorge Luis Borges y de Luis Leloir compartiendo el podio del prestigio.
Y hasta del mismo Ernesto Sabato, con quien compartía el mismo día de nacimiento: 24 de junio de 1911. El gran escritor lo recibió en su casa de Santos Lugares. Sabato, asombrado por el gran campeón, destacó: "Ha visto la vida, y sobre todo la muerte, demasiado cerca". Y destacó: "Modelo de hombre. Quiero decir: arquetipo de valores espirituales como fe, tenacidad, valentía, inteligencia, aguante y espíritu de observación. ¿O hay todavía quien cree que un campeón así se obtiene apretando el acelerador?"
Las distinciones fueron múltiples. Fue Ciudadano Ilustre, recibió medallas y hasta el segundo hombre en llegar a la luna, ferviente admirador del Quíntuple, le dedicó una foto autografiada: "A Juan Manuel Fangio, con mis mejores deseos, Edwin Aldrin" . Firmó autógrafos a sus secuestradores en Cuba, en 1958, y La Nacion reflejó la escuela de La Rioja que lleva el nombre de Juan Manuel Fangio por elección de sus alumnos. "Se buscó una celebridad que sea motivo de orgullo de nuestro país. Y allí surgió el nombre de Fangio. Luchador, perseverante, capaz de lograr sus metas sin dejar de lado su humildad y respeto y, fundamentalmente, sembrando en la conciencia de muchos el amor hacia el deporte y la vida sana", argumentan en la escuela municipal.
Paradigma de la responsabilidad, la seriedad, el sacrificio y la honestidad, demostró que, desde la humildad, se puede cargar la realidad a la cima de los sueños. Si hoy estuviese aquí, achicaría sus ojos azules, mostraría lentamente las palmas de las manos al cielo, las mismas que con fuerza y coraje condujeron el empuje de la pasión de un país y, al igual que aquella vez que Ayrton Senna le levantó el brazo izquierdo en Australia, en el reconocimiento absoluto, se preguntaría en voz baja: "¿Qué habré hecho para merecer tanto?"
Títulos mundiales de F.1. En 1951 y de 1954 A 1957 (Alfa Romeo, Mercedes-Benz -2-, Ferrari y Maserati)
51
Carreras en la F.1. Logró 24 triunfos y 28 pole positions.
Roberto Berasategui
La Nación, 24 de junio de 2011
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Biografias,
Deportes y Recreacion
Teatros argentinos son declarados Monumentos Históricos Nacionales
Por medio de un decreto publicado en el Boletín oficial, 21 salas de Capital, Buenos Aires, Santa Fe, Mendoza y Tucumán fueron distinguidas por su aporte histórico y cultural.
Algunos son gigantes y fastuosos. Otros, más pequeños, tuvieron su época dorada y hoy viven un presente más austero, aunque no por ello menos digno. Unos se levantan en pleno centro porteño y, otros, en el Interior. Sus diferencias son enormes, pero -más allá de ellas- todos tienen algo en común: son parte fundamental del patrimonio cultural argentino. Es por esa razón que una veintena de salas de teatro –repartidas entre la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Tucumán, Santa Fe y Mendoza- acaban de ser declaradas por el Gobierno como “Monumento histórico nacional” y “Bien de interés histórico-artístico”.
La medida fue formalizada por el decreto 837/2011, que se publica hoy en el boletín oficial. En sus fundamentos, la norma destaca la influencia que tuvieron los inmigrantes europeos –principalmente provenientes de Italia y España- en la contrucción de los teatros argentinos. “Aunque existían algunos ejemplos anteriores”, se explica, fue “durante el período de la Independencia que comenzaron a construirse los primeros teatros en la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires, producto de las necesidades planteadas por las numerosas visitas de las compañías líricas italianas”. Por eso, las salas teatrales edificadas en esta época reprodujeron el “formato de herradura” propio de los teatros italianos de entonces.
Por su parte, continúa, “el formato de planta rectangular que se ve en muchas de las salas del interior bonaerense” obedece “a la tradición española, heredada de las representaciones teatrales realizadas en los patios e posadas y tarbernas, propias del Renacimiento español”.
En total, los teatros reconocidos son 21 (porteños, bonaerenses, tucumanos, santafesinos y mendocinos). Entre los porteños declarados como “Monumento Histórico Nacional” se encuentran El Teatro Liceo, que tuvo su origen en una barraca de madera inaugurada en 1876; el Teatro General San Martín; el Gran Rex; el Cine Teatro Opera (hoy conocido como Opera Citi) y el Maipo (inaugurado en 1922). De Santa Fe fueron distinguidos el teatro El Círculo (de Rosario), el teatro Municipal y el San Martín.
En el interior bonaerense fueron distinguidos el teatro municipal Rafael Aguiar, de San Nicolás; el Teatro Municipal de Bahía Blanca y el Colisea Podestá, de La Plata.
Por su parte, los edificios declarados como bien de interés histórico-artístico son: el Centro Cultural General San Martín; el Cine Teatro Regio, el Teatro San Martín, el Teatro Alberdi (Tucumán), Teatro Fundación Astengo (Rosario), Teatro Independiente (Mendoza), Teatro Opera (Mar del Plata), Teatro Colón y Club Español (Mar del Plata), Teatro Español (Azul), el Teatro Español de Magdalena y el Teatro Coliseo de Zárate.
Clarín, 24 de junio de 2011
Algunos son gigantes y fastuosos. Otros, más pequeños, tuvieron su época dorada y hoy viven un presente más austero, aunque no por ello menos digno. Unos se levantan en pleno centro porteño y, otros, en el Interior. Sus diferencias son enormes, pero -más allá de ellas- todos tienen algo en común: son parte fundamental del patrimonio cultural argentino. Es por esa razón que una veintena de salas de teatro –repartidas entre la Capital Federal y las provincias de Buenos Aires, Tucumán, Santa Fe y Mendoza- acaban de ser declaradas por el Gobierno como “Monumento histórico nacional” y “Bien de interés histórico-artístico”.
La medida fue formalizada por el decreto 837/2011, que se publica hoy en el boletín oficial. En sus fundamentos, la norma destaca la influencia que tuvieron los inmigrantes europeos –principalmente provenientes de Italia y España- en la contrucción de los teatros argentinos. “Aunque existían algunos ejemplos anteriores”, se explica, fue “durante el período de la Independencia que comenzaron a construirse los primeros teatros en la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires, producto de las necesidades planteadas por las numerosas visitas de las compañías líricas italianas”. Por eso, las salas teatrales edificadas en esta época reprodujeron el “formato de herradura” propio de los teatros italianos de entonces.
Por su parte, continúa, “el formato de planta rectangular que se ve en muchas de las salas del interior bonaerense” obedece “a la tradición española, heredada de las representaciones teatrales realizadas en los patios e posadas y tarbernas, propias del Renacimiento español”.
En total, los teatros reconocidos son 21 (porteños, bonaerenses, tucumanos, santafesinos y mendocinos). Entre los porteños declarados como “Monumento Histórico Nacional” se encuentran El Teatro Liceo, que tuvo su origen en una barraca de madera inaugurada en 1876; el Teatro General San Martín; el Gran Rex; el Cine Teatro Opera (hoy conocido como Opera Citi) y el Maipo (inaugurado en 1922). De Santa Fe fueron distinguidos el teatro El Círculo (de Rosario), el teatro Municipal y el San Martín.
En el interior bonaerense fueron distinguidos el teatro municipal Rafael Aguiar, de San Nicolás; el Teatro Municipal de Bahía Blanca y el Colisea Podestá, de La Plata.
Por su parte, los edificios declarados como bien de interés histórico-artístico son: el Centro Cultural General San Martín; el Cine Teatro Regio, el Teatro San Martín, el Teatro Alberdi (Tucumán), Teatro Fundación Astengo (Rosario), Teatro Independiente (Mendoza), Teatro Opera (Mar del Plata), Teatro Colón y Club Español (Mar del Plata), Teatro Español (Azul), el Teatro Español de Magdalena y el Teatro Coliseo de Zárate.
Clarín, 24 de junio de 2011
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Museos y Lugares Historicos
El primer supermercado de Puerto Madero
De a poco, el barrio más nuevo, joven y seguro está empezando a parecerse a otros barrios de Buenos Aires y ya no tanto a uno cerrado, donde todo es serenidad y no hay consumo. Ayer, a veinte años de haber nacido, Puerto Madero inauguró su primer supermercado y cumplió así una de las demandas más antiguas de los vecinos, que todavía esperan por escuelas y hospitales. El local está en Lola Mora al 400, Dique 1, pertenece a la cadena Jumbo y tiene formato “híper premium” al que tanto apuntan en esas manzanas (pero con precios razonables). Y es una novedad porque hasta ahora Puerto Madero sólo tenía pequeños almacenes y drugstores para resolver modestas compras y ningún gran mercado.
La apertura del local ya había generado mucha expectativa durante los meses en que tardó en levantarse. Y eso se notó ayer desde temprano, cuando incluso hubo un movimiento de gente que antes no se veía en la zona. El revuelo fue tal, que el corte de cinta del local quedó en manos de una vecina que esperaba poder entrar para calmar la curiosidad y llenar el changuito. El resto de la mañana se vio algo parecido, y al mediodía ya había muchos haciendo lo mismo, mientras una banda de jazz amenizaba los recorridos entre las góndolas gourmet .
Lejos de parecer extraño, el nuevo supermercado toma la estética cuidada e impecable que ya es marca registrada en otros locales del barrio pero le suma masividad y espacio (ocupa 1.336 m2 dentro del complejo Madero Harbour). Y también incorpora detalles “únicos”. Entre sus góndolas hay, por ejemplo, vinos que suelen ser exclusivos de vinerías (como el Amalaya, de la bodega salteña Colomé, o el Angélica Zapata), todo tipo de quesos finos, carnes de calidad (incluso con cortes kosher), una pescadería bien surtida, rotisería (donde sirven desde bondiola grillada con croûte o wok de salmón hasta bavaroise de manzana y canela), panes recién horneados, y una verdulería impecable, con bandejas de zanahorias baby, flores de caléndula comestibles, y mandarinas y naranjas orgánicas. El exhibidor de lechugas es un punto aparte, lleno de racimos de distintos tipos de hoja armados como si fuera una florería palermitana .
El primer supermercado del barrio más nuevo costó $ 14.623.000 y la elección del lugar no fue casual. Según sus creadores, es el primer local de un complejo que, si todo avanza como está previsto, muy pronto también tendrá un shopping exclusivo con 120 locales, dos tiendas, un gimnasio, restaurantes, 3 mil cocheras y un centro de medicina, otra de las demandas de los vecinos del barrio, que quieren los mismos servicios que el resto de la Ciudad. La idea es avanzar hacia ese objetivo. Y el plan mayor incluye que el Dique 1 llegue a junio de 2012 (fecha en que el mantenimiento de Puerto Madero pasará a depender del Gobierno porteño) convertido en el corazón comercial del barrio.
Romina Smith
Clarín, 24 de junio de 2011
La apertura del local ya había generado mucha expectativa durante los meses en que tardó en levantarse. Y eso se notó ayer desde temprano, cuando incluso hubo un movimiento de gente que antes no se veía en la zona. El revuelo fue tal, que el corte de cinta del local quedó en manos de una vecina que esperaba poder entrar para calmar la curiosidad y llenar el changuito. El resto de la mañana se vio algo parecido, y al mediodía ya había muchos haciendo lo mismo, mientras una banda de jazz amenizaba los recorridos entre las góndolas gourmet .
Lejos de parecer extraño, el nuevo supermercado toma la estética cuidada e impecable que ya es marca registrada en otros locales del barrio pero le suma masividad y espacio (ocupa 1.336 m2 dentro del complejo Madero Harbour). Y también incorpora detalles “únicos”. Entre sus góndolas hay, por ejemplo, vinos que suelen ser exclusivos de vinerías (como el Amalaya, de la bodega salteña Colomé, o el Angélica Zapata), todo tipo de quesos finos, carnes de calidad (incluso con cortes kosher), una pescadería bien surtida, rotisería (donde sirven desde bondiola grillada con croûte o wok de salmón hasta bavaroise de manzana y canela), panes recién horneados, y una verdulería impecable, con bandejas de zanahorias baby, flores de caléndula comestibles, y mandarinas y naranjas orgánicas. El exhibidor de lechugas es un punto aparte, lleno de racimos de distintos tipos de hoja armados como si fuera una florería palermitana .
El primer supermercado del barrio más nuevo costó $ 14.623.000 y la elección del lugar no fue casual. Según sus creadores, es el primer local de un complejo que, si todo avanza como está previsto, muy pronto también tendrá un shopping exclusivo con 120 locales, dos tiendas, un gimnasio, restaurantes, 3 mil cocheras y un centro de medicina, otra de las demandas de los vecinos del barrio, que quieren los mismos servicios que el resto de la Ciudad. La idea es avanzar hacia ese objetivo. Y el plan mayor incluye que el Dique 1 llegue a junio de 2012 (fecha en que el mantenimiento de Puerto Madero pasará a depender del Gobierno porteño) convertido en el corazón comercial del barrio.
Romina Smith
Clarín, 24 de junio de 2011
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Barrio de Puerto Madero
Las joyas de Evita
La elegante y rica ciudad de Milán ha tenido una extraña relación con Eva Perón. No con ella, personalmente, porque probablemente Evita nunca conoció esta ciudad del norte de Italia, pese a que visitó Roma en 1947 y tuvo una audiencia con el papa Pío XII. Después de muerta, en cambio, por decisión de los militares golpistas de la llamada “Revolución Libertadora” en 1957, su cuerpo embalsamado terminó clandestinamente en el Cementerio Maggiore de Milán, bajo el nombre falso de María Maggi de Magistris. Ahora, algunas de sus joyas, robadas a una joyería de la ciudad española de Valencia en 2009, fueron encontradas en un hotel de Milán.
Los carabineros italianos encontraron las joyas por valor de seis millones de euros en la caja fuerte de una habitación del hotel de cuatro estrellas Silver, ubicado en las afueras de la ciudad, cerca de la Feria de Milán, un importante centro de negocios. Según los investigadores, el robo sufrido por el local Joyas Sofía, de Valencia, el 17 de diciembre de 2009, fue originariamente por un monto de 10 millones de euros, por lo cual, aclararon, se desconoce la suerte de lo que falta. Los responsables del robo fueron diez gitanos de etnia rom ya identificados, siete fueron arrestados en España y uno, Nikolic Nenad, milanés de origen serbio de 40 años, en Italia, en mayo de 2010. Tres miembros de la banda no han podido todavía ser apresados. Los carabineros italianos se pusieron en movimiento después de recibir el mandato de arresto de Interpol, que poco después fue acompañado de una copia del video del momento del asalto a la joyería. Así pudieron reconocer al sospechoso, que había reservado la habitación bajo un nombre falso. Los carabineros entraron a la pieza en el momento en que el sospechoso había salido, “quizá para acudir a una cita relacionada con la compraventa de los bienes robados”, explicaron.
En Valencia, los ladrones se habían presentado a los joyeros como jeques árabes y hombres de negocios y así comenzaron las tratativas para adquirir las joyas luego de que las piezas habían sido expuestas en la Feria del Lujo de esta ciudad mediterránea. Usaron una técnica conocida entre los expertos como maggior rip-deal, una operación de cambio fraudulento que sustituye billetes verdaderos por falsos, explicaron los carabineros, y que generalmente comienza a través de un contacto por Internet. “Luego de varios encuentros consiguieron ganarse la confianza de los joyeros”, dijeron los carabineros italianos, que trabajaron en colaboración con la policía española. En diciembre de 2009, cuando se produjo el robo, los presuntos autores del delito se dirigieron a la joyería, donde contaron los billetes originales bajo la mirada de los propietarios, pero un cómplice, escondido, cambió el maletín por otro con dinero falso. La joyera de Valencia se dio cuenta del intercambio, pero los hombres la golpearon y escaparon con el botín.
Entre las piezas encontradas apareció una tiara que le habían regalado a Evita los reyes de Holanda en la década del 50, cuando ya era la esposa del presidente Juan Perón, y valuada en cerca de cuatro millones de euros, varios anillos y unos aros, todos de diamantes. Se dice que Evita, que murió en 1952, habría pedido que sus joyas no fueran separadas y al parecer por eso los joyeros de Sofía habrían comprado numerosas piezas. Nada se sabe por ahora, sin embargo, sobre quién, por qué o cuándo ordenó vender esas alhajas a los joyeros.
En 1998 y en 2003, la empresa de subastas Chirstie’s de Nueva York remató varias joyas pertenecientes a Eva Perón. En 2003, Christie’s de Roma realizó un remate particular: una serie de pertenencias de la casa de Puerta de Hierro, el barrio de las afueras de Madrid donde vivieron Perón y su tercera mujer, María Estela Martínez. Se remataron alfombras, muebles y la biblioteca del general Perón, con los libros comentados al margen por el tres veces presidente, una joya de la historia argentina. Junto a esos objetos estaba también para ser subastada la mortaja celeste y blanca que había envuelto el cadáver de Evita desde que fue llevado del cementerio de Milán a Puerta de Hierro, en 1971, y hasta que fue trasladado a la Argentina en 1974. Esos objetos habrían sido regalados por Isabelita, cuando vendió la casa de Puerta de Hierro, a un argentino que tenía una fundación para ayudar a otros argentinos afectados por la crisis del 2001.
Elena Llorente
Página 12, 23 de junio de 2011
Los carabineros italianos encontraron las joyas por valor de seis millones de euros en la caja fuerte de una habitación del hotel de cuatro estrellas Silver, ubicado en las afueras de la ciudad, cerca de la Feria de Milán, un importante centro de negocios. Según los investigadores, el robo sufrido por el local Joyas Sofía, de Valencia, el 17 de diciembre de 2009, fue originariamente por un monto de 10 millones de euros, por lo cual, aclararon, se desconoce la suerte de lo que falta. Los responsables del robo fueron diez gitanos de etnia rom ya identificados, siete fueron arrestados en España y uno, Nikolic Nenad, milanés de origen serbio de 40 años, en Italia, en mayo de 2010. Tres miembros de la banda no han podido todavía ser apresados. Los carabineros italianos se pusieron en movimiento después de recibir el mandato de arresto de Interpol, que poco después fue acompañado de una copia del video del momento del asalto a la joyería. Así pudieron reconocer al sospechoso, que había reservado la habitación bajo un nombre falso. Los carabineros entraron a la pieza en el momento en que el sospechoso había salido, “quizá para acudir a una cita relacionada con la compraventa de los bienes robados”, explicaron.
En Valencia, los ladrones se habían presentado a los joyeros como jeques árabes y hombres de negocios y así comenzaron las tratativas para adquirir las joyas luego de que las piezas habían sido expuestas en la Feria del Lujo de esta ciudad mediterránea. Usaron una técnica conocida entre los expertos como maggior rip-deal, una operación de cambio fraudulento que sustituye billetes verdaderos por falsos, explicaron los carabineros, y que generalmente comienza a través de un contacto por Internet. “Luego de varios encuentros consiguieron ganarse la confianza de los joyeros”, dijeron los carabineros italianos, que trabajaron en colaboración con la policía española. En diciembre de 2009, cuando se produjo el robo, los presuntos autores del delito se dirigieron a la joyería, donde contaron los billetes originales bajo la mirada de los propietarios, pero un cómplice, escondido, cambió el maletín por otro con dinero falso. La joyera de Valencia se dio cuenta del intercambio, pero los hombres la golpearon y escaparon con el botín.
Entre las piezas encontradas apareció una tiara que le habían regalado a Evita los reyes de Holanda en la década del 50, cuando ya era la esposa del presidente Juan Perón, y valuada en cerca de cuatro millones de euros, varios anillos y unos aros, todos de diamantes. Se dice que Evita, que murió en 1952, habría pedido que sus joyas no fueran separadas y al parecer por eso los joyeros de Sofía habrían comprado numerosas piezas. Nada se sabe por ahora, sin embargo, sobre quién, por qué o cuándo ordenó vender esas alhajas a los joyeros.
En 1998 y en 2003, la empresa de subastas Chirstie’s de Nueva York remató varias joyas pertenecientes a Eva Perón. En 2003, Christie’s de Roma realizó un remate particular: una serie de pertenencias de la casa de Puerta de Hierro, el barrio de las afueras de Madrid donde vivieron Perón y su tercera mujer, María Estela Martínez. Se remataron alfombras, muebles y la biblioteca del general Perón, con los libros comentados al margen por el tres veces presidente, una joya de la historia argentina. Junto a esos objetos estaba también para ser subastada la mortaja celeste y blanca que había envuelto el cadáver de Evita desde que fue llevado del cementerio de Milán a Puerta de Hierro, en 1971, y hasta que fue trasladado a la Argentina en 1974. Esos objetos habrían sido regalados por Isabelita, cuando vendió la casa de Puerta de Hierro, a un argentino que tenía una fundación para ayudar a otros argentinos afectados por la crisis del 2001.
Elena Llorente
Página 12, 23 de junio de 2011
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Biografias
Teatro Colón: telón de estreno
El Teatro Colón estrena hoy un nuevo telón , diseñado por el artista plástico Guillermo Kuitca y la escenógrafa y vestuarista Julieta Ascar. Es el tercero en la historia del Teatro: los anteriores habían sido estrenados en 1908, con la inauguración de la sala, y en 1931. Ambos forman parte del patrimonio de la centenaria sala lírica que fue reinaugurada en mayo de 2010, tras la restauración.
Con métodos artesanales y también con nuevas tecnologías, la confección del nuevo telón demandó 18 meses . Hoy por la tarde quedará inaugurado en un acto del que participarán Kuitca y Ascar –los ganadores del concurso público para el telón– y funcionarios de la Ciudad. El público tendrá su oportunidad de disfrutarlo en las próximas funciones de ópera, ballet y conciertos del Teatro.
Para diseñar la estética del friso inferior del manto, Kuitca tomó como referencia una lira , presente también en el manto anterior. Sobre la forma en herradura del instrumento reprodujo la planta de la sala, y así logró vincular ambos elementos. Pero la inspiración le llegó desde su propia experiencia en el Colón. Ayer le contó a Clarín que conoció la sala con 6 o 7 años, de la mano de sus padres, y durante su adolescencia, aprovechando los precios de Paraíso, volvió una y otra vez para disfrutar de los conciertos. Con los años sumó el gusto por la ópera: “Para elaborar el diseño me remití a ese sonido previo a una función, que son los instrumentos afinando . Si bien los escuchamos, no estamos alerta a ellos. Creo que el telón forma parte de la misma historia. Me interesaba darle cierta imagen de sonido fugaz y transitorio”, explicó.
Para llevar a cabo el telón, trabajaron con artesanos y también con las últimas tecnologías textiles. “Pero una de las consignas fue hacerlo con industria y mano de obra nacional . En la pasamanería trabajamos con los artesanos del Teatro Colón”, contó Julieta Ascar, que estuvo a cargo de la realización del telón. Por ejemplo, solo durante dos meses enteros se dedicaron a realizar mezclas de tintas para llegar a los colores que querían usar en los hilados. Y para la confección del telón trabajaron con Adesal, una empresa que hace telas Jacquard – de tapicería – a nivel industrial. “La tarea más ardua fue llevarlos desde nuestra búsqueda de un trabajo muy específico, hacia caminos que nunca antes habían recorrido. Porque ¿cuántas veces tiene uno la posibilidad de hacer el telón del teatro Colón?”, se preguntaba ayer Ascar.
Pedro Pablo García Caffi, el director del Teatro, fue uno de los máximos impulsores de la renovación total del telón. Estaba en contra de que se haga una réplica –“por lo anacrónico”, explicó – y porque el de 1931 estaba muy deteriorado. Es que los telones son más que un manto: son ignífugos y poseen una estructura interna en forma de malla que actúa como sostén a su vez de un género muy grande. La boca del escenario del Colón es de 18 metros por 19.
Además tienen un sistema interno de sujeciones y ruedas que permiten izarlos, moverlos y desplazarlos.
Se calcula que los telones de este tipo de teatros pueden pesar entre media tonelada y una tonelada y media.
El Teatro había llamado a concurso de ideas en septiembre de 2009. El jurado –que evaluó 35 proyectos– estuvo integrado por el director del Colón, el ex director del Museo Nacional de Bellas Artes, Alberto Bellucci; los ministros de Cultura y Desarrollo Urbano porteños, Hernán Lombardi y Daniel Chaín; Ruth Corcuera, Teresa De Anchorena, Julio Galván, Matteo Goretti, Roberto Oswald, Alejandro Puente, Sergio Renán e Inés Urdapilleta, entre otros.
Silvia Gómez
Revista Ñ, 23 de junio de 2011
Con métodos artesanales y también con nuevas tecnologías, la confección del nuevo telón demandó 18 meses . Hoy por la tarde quedará inaugurado en un acto del que participarán Kuitca y Ascar –los ganadores del concurso público para el telón– y funcionarios de la Ciudad. El público tendrá su oportunidad de disfrutarlo en las próximas funciones de ópera, ballet y conciertos del Teatro.
Para diseñar la estética del friso inferior del manto, Kuitca tomó como referencia una lira , presente también en el manto anterior. Sobre la forma en herradura del instrumento reprodujo la planta de la sala, y así logró vincular ambos elementos. Pero la inspiración le llegó desde su propia experiencia en el Colón. Ayer le contó a Clarín que conoció la sala con 6 o 7 años, de la mano de sus padres, y durante su adolescencia, aprovechando los precios de Paraíso, volvió una y otra vez para disfrutar de los conciertos. Con los años sumó el gusto por la ópera: “Para elaborar el diseño me remití a ese sonido previo a una función, que son los instrumentos afinando . Si bien los escuchamos, no estamos alerta a ellos. Creo que el telón forma parte de la misma historia. Me interesaba darle cierta imagen de sonido fugaz y transitorio”, explicó.
Para llevar a cabo el telón, trabajaron con artesanos y también con las últimas tecnologías textiles. “Pero una de las consignas fue hacerlo con industria y mano de obra nacional . En la pasamanería trabajamos con los artesanos del Teatro Colón”, contó Julieta Ascar, que estuvo a cargo de la realización del telón. Por ejemplo, solo durante dos meses enteros se dedicaron a realizar mezclas de tintas para llegar a los colores que querían usar en los hilados. Y para la confección del telón trabajaron con Adesal, una empresa que hace telas Jacquard – de tapicería – a nivel industrial. “La tarea más ardua fue llevarlos desde nuestra búsqueda de un trabajo muy específico, hacia caminos que nunca antes habían recorrido. Porque ¿cuántas veces tiene uno la posibilidad de hacer el telón del teatro Colón?”, se preguntaba ayer Ascar.
Pedro Pablo García Caffi, el director del Teatro, fue uno de los máximos impulsores de la renovación total del telón. Estaba en contra de que se haga una réplica –“por lo anacrónico”, explicó – y porque el de 1931 estaba muy deteriorado. Es que los telones son más que un manto: son ignífugos y poseen una estructura interna en forma de malla que actúa como sostén a su vez de un género muy grande. La boca del escenario del Colón es de 18 metros por 19.
Además tienen un sistema interno de sujeciones y ruedas que permiten izarlos, moverlos y desplazarlos.
Se calcula que los telones de este tipo de teatros pueden pesar entre media tonelada y una tonelada y media.
El Teatro había llamado a concurso de ideas en septiembre de 2009. El jurado –que evaluó 35 proyectos– estuvo integrado por el director del Colón, el ex director del Museo Nacional de Bellas Artes, Alberto Bellucci; los ministros de Cultura y Desarrollo Urbano porteños, Hernán Lombardi y Daniel Chaín; Ruth Corcuera, Teresa De Anchorena, Julio Galván, Matteo Goretti, Roberto Oswald, Alejandro Puente, Sergio Renán e Inés Urdapilleta, entre otros.
Silvia Gómez
Revista Ñ, 23 de junio de 2011
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Arte,
Plaza Lavalle
Beneficios de las cenizas volcánicas
Tras más de dos semanas de erupción, los vientos en dirección al oeste permitieron que en los últimos días las cenizas del volcán chileno Puyehue viajaran hacia el Pacífico, dando un poco de respiro a las poblaciones de la Patagonia que han sido las más afectadas por el fenómeno.
Ahora que el polvo y la arena volcánica dejaron de caer -aunque aún no se sabe por cuánto tiempo- llegó la hora de la limpieza.
Pero, ¿qué hacer con toneladas y toneladas de material volcánico?
La municipalidad de Villa La Angostura -ubicada a menos de 40 kilómetros del volcán- estima que tiene unos 4,5 millones de metros cúbicos de arena volcánica.
El secretario general de Gobierno de Villa La Angostura, Ariel Domínguez, dijo a BBC Mundo que se necesitarán al menos 900.000 traslados de camión para retirar la piedra pómez, arena y ceniza que han cubierto al pequeño poblado.
La municipalidad ya comenzó con las tareas para limpiar los 30 centímetros de material volcánico que se acumularon sobre calles, techos y espacios verdes, y que -gracias a la lluvia que cayó en los últimas días- se "compactó" a la mitad de ese espesor.
Pero, ¿qué harán con lo acumulado?
Según Domínguez, lo usarán como material de construcción.
El cambio de viento lleva las cenizas a Chile, mientras tanto el volcán empezo a expulsar lava los expertos dicen que podría cristalizarse y terminar así la erupción
Ladrillos volcánicos
En efecto, tanto Villa La Angostura como la cercana Bariloche -el mayor centro de turismo invernal de Argentina, que también recibió unos 10 centímetros de arena volcánica- planean aprovechar el material caído del cielo para hacer algo útil.
"En esta zona es muy común utilizar la arena volcánica para hacer bloques de cemento y para rellenar las calles, así que lo destinaremos a ese fin", señaló a este medio Ariel Salemme, subsecretario de Obras Públicas de Bariloche.
La municipalidad planea utilizar la empresa de fabricación de bloques estatal para ese fin.
"Con ayuda de los vecinos, ya logramos llevar el equivalente de más de 4.000 camiones de material volcánico a la cantera municipal y a depósitos a cielo abierto donde podrán servir como insumo por los próximos 50 años", afirmó el funcionario.
Salemme aclaró que ese uso no compensará el enorme costo económico que significó recolectar y trasladar el material, ni tampoco ayudará a recomponer los daños al turismo que ha significado el impacto del volcán, pero lo consideró una solución pragmática al problema de qué hacer con tanto polvo y arena.
Por su parte, Domínguez señaló que la municipalidad de Villa La Angostura está negociando con una serie de cooperativas para que utilicen el material que arrojó el Puyehue para la construcción.
Domínguez admitió que la arena volcánica "no es muy requerida comercialmente" para la construcción, por lo que no se ofrecerá a empresas privadas, pero el funcionario expresó su deseo de poder crear un "círculo virtuoso" por el cual se genere mano de obra aprovechando los residuos del volcán para hacer viviendas sociales.
No es peligroso
Según la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina (CNEA), los materiales volcánicos que cayeron en la región patagónica no tienen sustancias que afectan la salud, como el azufre o el arsénico.
Sí, en cambio, contienen minerales como el hierro, que de acuerdo con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), podrían beneficiar a la tierra en el mediano plazo, sirviendo como un nutriente para las plantas.
Sin embargo, las autoridades patagónicas descartaron la posibilidad de que las cenizas puedan utilizarse como fertilizante.
Más allá de sus usos prácticos, lo cierto es que los desechos del Puyehue ya han empezado a adquirir un valor propio, como reliquia.
En sitios de venta online ya pueden adquirirse frascos de cenizas por valores de entre US$2 y US$13.
Karina Araqué, de la municipalidad de Esquel, en la provincia de Chubut -que en 2008 fue el centro turístico argentino más afectado por las cenizas del volcán chileno Chaitén- dijo a BBC Mundo que en la temporada posterior a ese evento afloraron los recuerdos turísticos del volcán, y es muy probable que ahora ocurra lo mismo con el Puyehue.
Veronica Smink
La Nación, 22 de junio de 2011
Ahora que el polvo y la arena volcánica dejaron de caer -aunque aún no se sabe por cuánto tiempo- llegó la hora de la limpieza.
Pero, ¿qué hacer con toneladas y toneladas de material volcánico?
La municipalidad de Villa La Angostura -ubicada a menos de 40 kilómetros del volcán- estima que tiene unos 4,5 millones de metros cúbicos de arena volcánica.
El secretario general de Gobierno de Villa La Angostura, Ariel Domínguez, dijo a BBC Mundo que se necesitarán al menos 900.000 traslados de camión para retirar la piedra pómez, arena y ceniza que han cubierto al pequeño poblado.
La municipalidad ya comenzó con las tareas para limpiar los 30 centímetros de material volcánico que se acumularon sobre calles, techos y espacios verdes, y que -gracias a la lluvia que cayó en los últimas días- se "compactó" a la mitad de ese espesor.
Pero, ¿qué harán con lo acumulado?
Según Domínguez, lo usarán como material de construcción.
El cambio de viento lleva las cenizas a Chile, mientras tanto el volcán empezo a expulsar lava los expertos dicen que podría cristalizarse y terminar así la erupción
Ladrillos volcánicos
En efecto, tanto Villa La Angostura como la cercana Bariloche -el mayor centro de turismo invernal de Argentina, que también recibió unos 10 centímetros de arena volcánica- planean aprovechar el material caído del cielo para hacer algo útil.
"En esta zona es muy común utilizar la arena volcánica para hacer bloques de cemento y para rellenar las calles, así que lo destinaremos a ese fin", señaló a este medio Ariel Salemme, subsecretario de Obras Públicas de Bariloche.
La municipalidad planea utilizar la empresa de fabricación de bloques estatal para ese fin.
"Con ayuda de los vecinos, ya logramos llevar el equivalente de más de 4.000 camiones de material volcánico a la cantera municipal y a depósitos a cielo abierto donde podrán servir como insumo por los próximos 50 años", afirmó el funcionario.
Salemme aclaró que ese uso no compensará el enorme costo económico que significó recolectar y trasladar el material, ni tampoco ayudará a recomponer los daños al turismo que ha significado el impacto del volcán, pero lo consideró una solución pragmática al problema de qué hacer con tanto polvo y arena.
Por su parte, Domínguez señaló que la municipalidad de Villa La Angostura está negociando con una serie de cooperativas para que utilicen el material que arrojó el Puyehue para la construcción.
Domínguez admitió que la arena volcánica "no es muy requerida comercialmente" para la construcción, por lo que no se ofrecerá a empresas privadas, pero el funcionario expresó su deseo de poder crear un "círculo virtuoso" por el cual se genere mano de obra aprovechando los residuos del volcán para hacer viviendas sociales.
No es peligroso
Según la Comisión Nacional de Energía Atómica de Argentina (CNEA), los materiales volcánicos que cayeron en la región patagónica no tienen sustancias que afectan la salud, como el azufre o el arsénico.
Sí, en cambio, contienen minerales como el hierro, que de acuerdo con el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), podrían beneficiar a la tierra en el mediano plazo, sirviendo como un nutriente para las plantas.
Sin embargo, las autoridades patagónicas descartaron la posibilidad de que las cenizas puedan utilizarse como fertilizante.
Más allá de sus usos prácticos, lo cierto es que los desechos del Puyehue ya han empezado a adquirir un valor propio, como reliquia.
En sitios de venta online ya pueden adquirirse frascos de cenizas por valores de entre US$2 y US$13.
Karina Araqué, de la municipalidad de Esquel, en la provincia de Chubut -que en 2008 fue el centro turístico argentino más afectado por las cenizas del volcán chileno Chaitén- dijo a BBC Mundo que en la temporada posterior a ese evento afloraron los recuerdos turísticos del volcán, y es muy probable que ahora ocurra lo mismo con el Puyehue.
Veronica Smink
La Nación, 22 de junio de 2011
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Ciencia y Técnica,
Provincia de Neuquen
Primeros paneles de energía solar en un edificio público
Este mediodía el Gobierno porteño inaugurará los primeros paneles solares fotovoltaicos que funcionarán en un edificio público y servirán para convertir la radiación solar en electricidad , de forma limpia. Están en el Centro de Información y Formación Ambiental, en avenida Escalada al 2900, en el Parque Indoamericano de Villa Lugano.
Se trata de un sistema de generación de energía fotovoltaica con conexión a la red eléctrica. En invierno los paneles pueden producir como mínimo 24 Kw (kilowatt) por día, lo que servirá para cubrir el 75% del consumo de la iluminación exterior del edificio. En verano, los 40 Kw mínimos por día que producirán, cubrirán el consumo equivalente al total de la iluminación externa. Eso representa entre un 8,5% (en verano) y un 6,4% (en invierno) de la electricidad que consume cada día el edificio de dos plantas.
En diálogo con Clarín , el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, explicó que “próximamente este sistema de paneles será ampliado y se instalarán más calefactores solares para reducir la dependencia del gas”.
Y también recordó que la producción de energías limpias contribuye a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero que emiten las centrales termoeléctricas abastecidas por combustibles fósiles, y depender menos de las energías llamadas sucias.
Clarín, 22 de junio de 2011
Se trata de un sistema de generación de energía fotovoltaica con conexión a la red eléctrica. En invierno los paneles pueden producir como mínimo 24 Kw (kilowatt) por día, lo que servirá para cubrir el 75% del consumo de la iluminación exterior del edificio. En verano, los 40 Kw mínimos por día que producirán, cubrirán el consumo equivalente al total de la iluminación externa. Eso representa entre un 8,5% (en verano) y un 6,4% (en invierno) de la electricidad que consume cada día el edificio de dos plantas.
En diálogo con Clarín , el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, explicó que “próximamente este sistema de paneles será ampliado y se instalarán más calefactores solares para reducir la dependencia del gas”.
Y también recordó que la producción de energías limpias contribuye a disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero que emiten las centrales termoeléctricas abastecidas por combustibles fósiles, y depender menos de las energías llamadas sucias.
Clarín, 22 de junio de 2011
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Barrio de Lugano,
Ecologia
Beijing: La Gran Muralla y la Ciudad Prohibida
“Dejad a China dormir, que el día en que despierte el mundo temblará.”
Napoleón
En la arquitectura y el plano urbano de una ciudad se puede a veces leer, mejor que en cualquier otra expresión simbólica, las relaciones de poder y las aspiraciones políticas de los gobiernos. Y por mucho que se esfuercen los urbanistas y arquitectos por ser modernos y originales, la influencia del pasado se cuela por todos lados. Es el caso de la capital china, cuyos modeladores actuales buscan traducir en lenguaje arquitectónico el gran salto del dragón rojo en busca del olimpo tecnológico, industrializándose a toda costa con garra y paciencia chinas.
El resultado es una nueva arquitectura de rascacielos vidriados con acero a la vista como los de Nueva York, pero todos con un toque oriental propio, generalmente en los remates del último piso. La mayoría de estas originales obras está coronada ya sea con alguna “punta de aguja” que remite a las stupas budistas, o con la deconstrucción de los techos a cuatro aguas curvadas tan clásicos en la arquitectura china. Son pocos los edificios modernos que no tienen un toque oriental –aunque sea una “pincelada” con cuatro ideogramas chinos gigantes cerca del último piso– para darles un aura de pagoda posmoderna. Y la fuente original de ese milenarismo en la arquitectura extendido por toda China está precisamente en Beijing, a veces a metros de los rascacielos, corporizada en monumentales obras dinásticas como la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla.
Un reloj de sol en un prodigioso rincón de la Ciudad Prohibida.
PARA SIEMPRE Y A LO GRANDE Se trata de construcciones megalómanas con una arquitectura infranqueable y avasallante en el plano simbólico. A la Ciudad Prohibida no podía entrar nadie –salvo el emperador y su corte– y sus grandes muros rojos lo dejan muy en claro. Pero a China tampoco debía ingresar nadie que no fuese bienvenido. Y para prevenirlo cercaron el reino entero con una muralla que, en los hechos, era imposible de abarcar ni siquiera para sus propios defensores.
Los edificios sugieren un poder incuestionable, superior a todo, y como tales eran los más altos de su época. Hoy, acaso más que nunca, Beijing es una megalópolis donde todo sugiere grandeza. Los espacios públicos y privados –edificios, plazas, parques, avenidas– son vastos y anchurosos. Las proporciones espaciales las impone también la necesidad de albergar a los habitantes del país más poblado de la tierra (en general, en China la muchedumbre camina cómoda). Aunque claramente a los urbanistas chinos, los de hoy y los de hace milenios, los mueve el objetivo de impresionar al forastero en su pequeñez individual.
La arquitectura china actual es entonces una proyección de la arquitectura imperial: puede haber cambiado la forma pero no el fondo, reflejo de un país que pretende convertirse en la primera potencia mundial. Y para leer en la arquitectura las relaciones de poder en la China de hoy, hay que empezar por ir a la fuente, observando con sumo detalle las delicadas y contundentes formas que se le dio a la piedra en el palacio real más fascinante construido jamás sobre la tierra, la Ciudad Prohibida, y en la obra ingenieril más osada y extrema edificada en toda la historia, la Gran Muralla.
El dragón de acero, uno de los tantos seres mitológicos que pueblan la Ciudad Prohibida.
LA GRAN MURALLA Aunque la Gran Muralla haya sido el mayor delirio terrenal del primer emperador chino, Qin Shi Huan, el soberano tuvo otro deseo no menos sorprendente: luego de decapitar a medio centenar de oficiales que fracasaron en la búsqueda del elixir de la inmortalidad, decidió llevarse al inframundo un ejército de 7000 soldados moldeados en terracota, a quienes conduciría en sus batallas subterráneas por toda la eternidad.
En “La Muralla y los libros”, Jorge Luis Borges plantea una relación nada fortuita entre la orden del emperador de quemar todos los libros anteriores a él (o anteriores al “comienzo del tiempo”, que era lo mismo) y la condena impuesta para todo aquel que osara guardar uno de esos libros, que consistía en trabajar a perpetuidad en la construcción de la muralla. “¿Acaso Qin Shi Huan condenó a quienes adoraban el pasado a una obra tan vasta como el pasado, tan torpe y tan inútil?”, se preguntaba Borges.
La utopía de cercar un reino para impedir las invasiones nunca fue concretada, ya que su propia longitud no le permitía garantizar invulnerabilidad. Lo que hizo Qin Shi Huan fue ordenar que se unieran una serie de murallas preexistentes, pero a pesar de sus 7200 kilómetros la obra nunca llegó a tener conectados todos sus fragmentos: a lo largo de sus casi 2000 años de construcción, mientras un segmento se levantaba otro era tumbado por el enemigo, e incluso otros caían de viejos. Sin embargo, ningún emperador de las 23 dinastías que rigieron el imperio pudo renunciar a la fantasía de amurallar su dominio, que se convirtió casi en una obsesiva tradición.
Uno de los hechos que más impresionan de la Gran Muralla es la cantidad de personas que participaron en su construcción. Sólo en los diez años iniciales de la Dinastía Qin (214 al 204 a.C.), 300 mil soldados al mando del general Meng Tian se dedicaron a poner ladrillo sobre ladrillo, inaugurando quizá la idea de la famosa “paciencia china”. Más tarde, en el 555 d.C., se realizó una sección de 450 kilómetros en la que 1,8 millones de personas fueron forzadas a edificar el muro, cuyos fines fueron en verdad más de ostentación que de carácter defensivo real. Una estructura de esta magnitud era porosa por naturaleza, pero las dinastías se aseguraron de convencer a las sucesivas generaciones de la conveniencia de continuar la empresa. En “La edificación de la muralla china”, Franz Kafka desentraña la razón de esa obra descomunal cuando escribe que el objetivo único y absoluto de construirla era comprometer a los súbditos y esclavos en el círculo vicioso de aquella obsesión. La muralla era para el personaje de Kafka el motor del imperio, un fin en sí mismo alrededor de cuya edificación se organizaban las jerarquías sociales y el funcionamiento de la sociedad dinástica. Además, los constructores morían por decenas de miles durante los trabajos y eran enterrados debajo mismo de la muralla, fundiéndose directamente con la herramienta de su condena.
Por los 10 metros de ancho de la Gran Muralla podían desplazarse multitudinarias tropas.
AMBOS MUNDOS Desde el punto de vista geopolítico, la muralla puede verse como un intento fallido de separar dos mundos contrapuestos: la cultura nómada y esteparia de Manchuria y Mongolia por el lado norte, frente a un Estado chino sedentario y organizado en el sur. Los tártaros de Gengis Khan, los hunos, los turcos, y los mongoles –englobados bajo el término de bárbaros– vivían en un mundo agropastoril. La civilización china, por su parte, giraba en torno de la cultura del arroz en tierras fértiles. En el desierto, la población tártara se multiplicaba pero la naturaleza carecía de sustento para todos; por lo tanto, tenían que ir a buscarlo en las tierras fértiles.
El descubrimiento por parte de los mongoles de esa formidable tecnología de guerra que fueron las armadas de caballería con arqueros tuvo en jaque a los emperadores chinos durante siglos. Incluso los conquistaron, y los invasores esteparios establecieron dos dinastías en China: la Yuan y la Qing. Pero fueron regímenes efímeros: los mongoles codiciaban las riquezas chinas como la seda, la porcelana, el bronce y los perfumes, pero una vez establecidos en el poder sedentario no sabían cómo administrarlo. Entonces volvían derrotados, cabalgando por la estepa, donde en última instancia volvían a sentirse libres de ese encierro al que los condenaba la muralla. Los chinos, por su parte, se encerraban de nuevo sobre sí mismos. Le tenían pavor a la libertad absoluta de la estepa, ese “gran vacío”, hacia donde ni se les ocurría extender sus dominios. Los otros, en cambio, soñaban con cruzar el horizonte en busca de riquezas y pastos verdes. Y el horizonte era una línea remota remarcada por la muralla, como un desafío a la aventura.
Por eso aquellos dos mundos eran inconciliables: estaban condenados a guerrear sin imponerse nunca el uno sobre el otro, más allá de las victorias y derrotas mutuas siempre parciales. Del lado de adentro de la muralla todo estaba estrictamente regulado; había un orden absoluto derivado de la filosofía confuciana que era el sustento ideológico del Estado, con estrictas jerarquías, un sistema impositivo y unidades de medida comunes, resultado de 2000 años de continuidad histórica organizada alrededor de un poder central. En cambio, aquellos a los que había que mantener a raya con el trazado serpenteante representaban el caos sin ley y una inestabilidad permanente que no encajaba en las rígidas estructuras chinas. Los bárbaros acampaban y levantaban un campamento en horas, como una plaga de langostas.
En ciertas ocasiones los chinos intentaron llegar a la raíz del problema adentrándose en tierras enemigas para crear un Estado que controlara a los bárbaros en su guarida. Pero fracasaron, igual que los bárbaros cuando los conquistaron a ellos.
Una pagodita de oro, casi un tesoro menor en la imponencia de la Ciudad Prohibida.
LA VIDA INTRAMUROS De acuerdo con el diagrama de la antigua cosmogonía china, el emperador era el hijo del cielo y por lo tanto debía vivir en el centro del universo. Es así que un emperador de la dinastía Ming llamado Yung-Le ordenó levantar en 1406 el palacio “más maravilloso que hubiera existido y existiría jamás sobre la tierra”, el más vasto y suntuoso que fuese posible concebir. Su decreto se cumplió al pie de la letra. Y 500 años después no se ha construido todavía, ni en ese continente ni en otro, un palacio equiparable a la Ciudad Prohibida de Pekín.
Desde el trono de la Ciudad Prohibida se decidía sobre el destino de 800 millones de súbditos que tenían prohibido, por los siglos de los siglos y bajo amenaza de ser atravesados por un flechazo, poner un pie dentro del sagrado recinto. El emperador vivía allí rodeado de una trama shakespeariana de intrigas y codiciosa lujuria, apenas enterado de las vicisitudes del mundo exterior. En esa ciudad cortesana habitaban unas 9000 personas entre guardias, eunucos, concubinas y toda clase de funcionarios. Desde allí, las órdenes imperiales salían en manos de un mensajero, redactadas en un papiro estampado con un sello real, rumbo a los confines de la Gran Muralla.
La Ciudad Prohibida mide 720.000 metros cuadrados –casi el doble que el Vaticano– y está rodeada por un foso de agua de 52 metros de ancho. Detrás del foso se levanta un grueso muro rojo diseñado para cortar toda visión desde mundo exterior. Catorce emperadores de la dinastía Ming y diez de la dinastía Qing manejaron el imperio desde ese suntuoso encierro con gran éxito político, hasta que en 1924 el último emperador fue desalojado.
El aislamiento de la Ciudad Prohibida crea hoy la condición necesaria para el viaje perfecto a través del tiempo. Unos pocos pasos sobre el adoquinado conducen al corazón del imperio con sus inmensos pabellones, quemadores de incienso con forma de tortuga y cabeza de dragón, leones de bronce, jardines laberínticos, relojes de sol, enormes gongs, campanas y puentecitos de mármol.
La Ciudad Prohibida fue estructurada a partir de un eje central en el que se suceden seis grandes pabellones o palacios. Se ingresa por la Puerta de la Suprema Armonía, donde nace una calzada de mármol que conduce triunfal al Palacio de la Suprema Armonía (Taihedian), sede del trono del emperador. El edificio es de madera y está sobre una gran terraza. Mide 37 metros de alto y era por derecho propio el más alto del imperio. Desde su dorado trono de sándalo, rodeado por seis pilares de madera recubiertos de oro, el emperador enviaba a sus mejores generales a la guerra y presidía los matrimonios imperiales.
El recorrido por el eje central desemboca en el Zhonghedian o Palacio de la Perfecta Armonía que, como la mayoría de los edificios, se terminó de construir en 1420. Aquí el emperador preparaba los complejos rituales que llevaría a cabo en el Palacio de la Suprema Armonía en compañía de sacerdotes y ministros. En el Palacio de la Perfecta Armonía hay un trono secundario custodiado a cada lado por un unicornio de oro. Según la mitología china estos fantásticos “luduan” eran “de buen agüero”, podían viajar 9000 kilómetros en un día y hablaban muchos idiomas.
Según un arquetipo moralista de Confucio –basado en una mítica “edad de oro” en la que reinaba la virtud–, el equilibrio social de un reino reposa en el culto a la ley divina del emperador. El orden cósmico era la herencia de un pasado que imponía repetir siempre un ceremonial prefijado, cuyos escrupulosos rituales determinaban cada acto de la vida cotidiana del emperador. Y también definían la arquitectura de los palacios, tan pródiga en simetrías.
La realización concreta de aquella cosmogonía, gestada a lo largo de milenios repitiendo las tradiciones de los “Seis libros clásicos”, fue la amurallada Ciudad Prohibida de Pekín, ese laberíntico conjunto palaciego donde absolutamente todo tiene su razón de ser y las paredes nos están diciendo algo sobre la milenaria cultura china: que sus emperadores siempre necesitaron amurallarse, primero en sus palacios y luego en su reino mismo. Al fin y al cabo, tanta muestra de poder tal vez no era otra cosa que una gran inseguridad
Página 12, 19 de junio de 2011
Julián Varsavsky
Napoleón
En la arquitectura y el plano urbano de una ciudad se puede a veces leer, mejor que en cualquier otra expresión simbólica, las relaciones de poder y las aspiraciones políticas de los gobiernos. Y por mucho que se esfuercen los urbanistas y arquitectos por ser modernos y originales, la influencia del pasado se cuela por todos lados. Es el caso de la capital china, cuyos modeladores actuales buscan traducir en lenguaje arquitectónico el gran salto del dragón rojo en busca del olimpo tecnológico, industrializándose a toda costa con garra y paciencia chinas.
El resultado es una nueva arquitectura de rascacielos vidriados con acero a la vista como los de Nueva York, pero todos con un toque oriental propio, generalmente en los remates del último piso. La mayoría de estas originales obras está coronada ya sea con alguna “punta de aguja” que remite a las stupas budistas, o con la deconstrucción de los techos a cuatro aguas curvadas tan clásicos en la arquitectura china. Son pocos los edificios modernos que no tienen un toque oriental –aunque sea una “pincelada” con cuatro ideogramas chinos gigantes cerca del último piso– para darles un aura de pagoda posmoderna. Y la fuente original de ese milenarismo en la arquitectura extendido por toda China está precisamente en Beijing, a veces a metros de los rascacielos, corporizada en monumentales obras dinásticas como la Ciudad Prohibida y la Gran Muralla.
Un reloj de sol en un prodigioso rincón de la Ciudad Prohibida.
PARA SIEMPRE Y A LO GRANDE Se trata de construcciones megalómanas con una arquitectura infranqueable y avasallante en el plano simbólico. A la Ciudad Prohibida no podía entrar nadie –salvo el emperador y su corte– y sus grandes muros rojos lo dejan muy en claro. Pero a China tampoco debía ingresar nadie que no fuese bienvenido. Y para prevenirlo cercaron el reino entero con una muralla que, en los hechos, era imposible de abarcar ni siquiera para sus propios defensores.
Los edificios sugieren un poder incuestionable, superior a todo, y como tales eran los más altos de su época. Hoy, acaso más que nunca, Beijing es una megalópolis donde todo sugiere grandeza. Los espacios públicos y privados –edificios, plazas, parques, avenidas– son vastos y anchurosos. Las proporciones espaciales las impone también la necesidad de albergar a los habitantes del país más poblado de la tierra (en general, en China la muchedumbre camina cómoda). Aunque claramente a los urbanistas chinos, los de hoy y los de hace milenios, los mueve el objetivo de impresionar al forastero en su pequeñez individual.
La arquitectura china actual es entonces una proyección de la arquitectura imperial: puede haber cambiado la forma pero no el fondo, reflejo de un país que pretende convertirse en la primera potencia mundial. Y para leer en la arquitectura las relaciones de poder en la China de hoy, hay que empezar por ir a la fuente, observando con sumo detalle las delicadas y contundentes formas que se le dio a la piedra en el palacio real más fascinante construido jamás sobre la tierra, la Ciudad Prohibida, y en la obra ingenieril más osada y extrema edificada en toda la historia, la Gran Muralla.
El dragón de acero, uno de los tantos seres mitológicos que pueblan la Ciudad Prohibida.
LA GRAN MURALLA Aunque la Gran Muralla haya sido el mayor delirio terrenal del primer emperador chino, Qin Shi Huan, el soberano tuvo otro deseo no menos sorprendente: luego de decapitar a medio centenar de oficiales que fracasaron en la búsqueda del elixir de la inmortalidad, decidió llevarse al inframundo un ejército de 7000 soldados moldeados en terracota, a quienes conduciría en sus batallas subterráneas por toda la eternidad.
En “La Muralla y los libros”, Jorge Luis Borges plantea una relación nada fortuita entre la orden del emperador de quemar todos los libros anteriores a él (o anteriores al “comienzo del tiempo”, que era lo mismo) y la condena impuesta para todo aquel que osara guardar uno de esos libros, que consistía en trabajar a perpetuidad en la construcción de la muralla. “¿Acaso Qin Shi Huan condenó a quienes adoraban el pasado a una obra tan vasta como el pasado, tan torpe y tan inútil?”, se preguntaba Borges.
La utopía de cercar un reino para impedir las invasiones nunca fue concretada, ya que su propia longitud no le permitía garantizar invulnerabilidad. Lo que hizo Qin Shi Huan fue ordenar que se unieran una serie de murallas preexistentes, pero a pesar de sus 7200 kilómetros la obra nunca llegó a tener conectados todos sus fragmentos: a lo largo de sus casi 2000 años de construcción, mientras un segmento se levantaba otro era tumbado por el enemigo, e incluso otros caían de viejos. Sin embargo, ningún emperador de las 23 dinastías que rigieron el imperio pudo renunciar a la fantasía de amurallar su dominio, que se convirtió casi en una obsesiva tradición.
Uno de los hechos que más impresionan de la Gran Muralla es la cantidad de personas que participaron en su construcción. Sólo en los diez años iniciales de la Dinastía Qin (214 al 204 a.C.), 300 mil soldados al mando del general Meng Tian se dedicaron a poner ladrillo sobre ladrillo, inaugurando quizá la idea de la famosa “paciencia china”. Más tarde, en el 555 d.C., se realizó una sección de 450 kilómetros en la que 1,8 millones de personas fueron forzadas a edificar el muro, cuyos fines fueron en verdad más de ostentación que de carácter defensivo real. Una estructura de esta magnitud era porosa por naturaleza, pero las dinastías se aseguraron de convencer a las sucesivas generaciones de la conveniencia de continuar la empresa. En “La edificación de la muralla china”, Franz Kafka desentraña la razón de esa obra descomunal cuando escribe que el objetivo único y absoluto de construirla era comprometer a los súbditos y esclavos en el círculo vicioso de aquella obsesión. La muralla era para el personaje de Kafka el motor del imperio, un fin en sí mismo alrededor de cuya edificación se organizaban las jerarquías sociales y el funcionamiento de la sociedad dinástica. Además, los constructores morían por decenas de miles durante los trabajos y eran enterrados debajo mismo de la muralla, fundiéndose directamente con la herramienta de su condena.
Por los 10 metros de ancho de la Gran Muralla podían desplazarse multitudinarias tropas.
AMBOS MUNDOS Desde el punto de vista geopolítico, la muralla puede verse como un intento fallido de separar dos mundos contrapuestos: la cultura nómada y esteparia de Manchuria y Mongolia por el lado norte, frente a un Estado chino sedentario y organizado en el sur. Los tártaros de Gengis Khan, los hunos, los turcos, y los mongoles –englobados bajo el término de bárbaros– vivían en un mundo agropastoril. La civilización china, por su parte, giraba en torno de la cultura del arroz en tierras fértiles. En el desierto, la población tártara se multiplicaba pero la naturaleza carecía de sustento para todos; por lo tanto, tenían que ir a buscarlo en las tierras fértiles.
El descubrimiento por parte de los mongoles de esa formidable tecnología de guerra que fueron las armadas de caballería con arqueros tuvo en jaque a los emperadores chinos durante siglos. Incluso los conquistaron, y los invasores esteparios establecieron dos dinastías en China: la Yuan y la Qing. Pero fueron regímenes efímeros: los mongoles codiciaban las riquezas chinas como la seda, la porcelana, el bronce y los perfumes, pero una vez establecidos en el poder sedentario no sabían cómo administrarlo. Entonces volvían derrotados, cabalgando por la estepa, donde en última instancia volvían a sentirse libres de ese encierro al que los condenaba la muralla. Los chinos, por su parte, se encerraban de nuevo sobre sí mismos. Le tenían pavor a la libertad absoluta de la estepa, ese “gran vacío”, hacia donde ni se les ocurría extender sus dominios. Los otros, en cambio, soñaban con cruzar el horizonte en busca de riquezas y pastos verdes. Y el horizonte era una línea remota remarcada por la muralla, como un desafío a la aventura.
Por eso aquellos dos mundos eran inconciliables: estaban condenados a guerrear sin imponerse nunca el uno sobre el otro, más allá de las victorias y derrotas mutuas siempre parciales. Del lado de adentro de la muralla todo estaba estrictamente regulado; había un orden absoluto derivado de la filosofía confuciana que era el sustento ideológico del Estado, con estrictas jerarquías, un sistema impositivo y unidades de medida comunes, resultado de 2000 años de continuidad histórica organizada alrededor de un poder central. En cambio, aquellos a los que había que mantener a raya con el trazado serpenteante representaban el caos sin ley y una inestabilidad permanente que no encajaba en las rígidas estructuras chinas. Los bárbaros acampaban y levantaban un campamento en horas, como una plaga de langostas.
En ciertas ocasiones los chinos intentaron llegar a la raíz del problema adentrándose en tierras enemigas para crear un Estado que controlara a los bárbaros en su guarida. Pero fracasaron, igual que los bárbaros cuando los conquistaron a ellos.
Una pagodita de oro, casi un tesoro menor en la imponencia de la Ciudad Prohibida.
LA VIDA INTRAMUROS De acuerdo con el diagrama de la antigua cosmogonía china, el emperador era el hijo del cielo y por lo tanto debía vivir en el centro del universo. Es así que un emperador de la dinastía Ming llamado Yung-Le ordenó levantar en 1406 el palacio “más maravilloso que hubiera existido y existiría jamás sobre la tierra”, el más vasto y suntuoso que fuese posible concebir. Su decreto se cumplió al pie de la letra. Y 500 años después no se ha construido todavía, ni en ese continente ni en otro, un palacio equiparable a la Ciudad Prohibida de Pekín.
Desde el trono de la Ciudad Prohibida se decidía sobre el destino de 800 millones de súbditos que tenían prohibido, por los siglos de los siglos y bajo amenaza de ser atravesados por un flechazo, poner un pie dentro del sagrado recinto. El emperador vivía allí rodeado de una trama shakespeariana de intrigas y codiciosa lujuria, apenas enterado de las vicisitudes del mundo exterior. En esa ciudad cortesana habitaban unas 9000 personas entre guardias, eunucos, concubinas y toda clase de funcionarios. Desde allí, las órdenes imperiales salían en manos de un mensajero, redactadas en un papiro estampado con un sello real, rumbo a los confines de la Gran Muralla.
La Ciudad Prohibida mide 720.000 metros cuadrados –casi el doble que el Vaticano– y está rodeada por un foso de agua de 52 metros de ancho. Detrás del foso se levanta un grueso muro rojo diseñado para cortar toda visión desde mundo exterior. Catorce emperadores de la dinastía Ming y diez de la dinastía Qing manejaron el imperio desde ese suntuoso encierro con gran éxito político, hasta que en 1924 el último emperador fue desalojado.
El aislamiento de la Ciudad Prohibida crea hoy la condición necesaria para el viaje perfecto a través del tiempo. Unos pocos pasos sobre el adoquinado conducen al corazón del imperio con sus inmensos pabellones, quemadores de incienso con forma de tortuga y cabeza de dragón, leones de bronce, jardines laberínticos, relojes de sol, enormes gongs, campanas y puentecitos de mármol.
La Ciudad Prohibida fue estructurada a partir de un eje central en el que se suceden seis grandes pabellones o palacios. Se ingresa por la Puerta de la Suprema Armonía, donde nace una calzada de mármol que conduce triunfal al Palacio de la Suprema Armonía (Taihedian), sede del trono del emperador. El edificio es de madera y está sobre una gran terraza. Mide 37 metros de alto y era por derecho propio el más alto del imperio. Desde su dorado trono de sándalo, rodeado por seis pilares de madera recubiertos de oro, el emperador enviaba a sus mejores generales a la guerra y presidía los matrimonios imperiales.
El recorrido por el eje central desemboca en el Zhonghedian o Palacio de la Perfecta Armonía que, como la mayoría de los edificios, se terminó de construir en 1420. Aquí el emperador preparaba los complejos rituales que llevaría a cabo en el Palacio de la Suprema Armonía en compañía de sacerdotes y ministros. En el Palacio de la Perfecta Armonía hay un trono secundario custodiado a cada lado por un unicornio de oro. Según la mitología china estos fantásticos “luduan” eran “de buen agüero”, podían viajar 9000 kilómetros en un día y hablaban muchos idiomas.
Según un arquetipo moralista de Confucio –basado en una mítica “edad de oro” en la que reinaba la virtud–, el equilibrio social de un reino reposa en el culto a la ley divina del emperador. El orden cósmico era la herencia de un pasado que imponía repetir siempre un ceremonial prefijado, cuyos escrupulosos rituales determinaban cada acto de la vida cotidiana del emperador. Y también definían la arquitectura de los palacios, tan pródiga en simetrías.
La realización concreta de aquella cosmogonía, gestada a lo largo de milenios repitiendo las tradiciones de los “Seis libros clásicos”, fue la amurallada Ciudad Prohibida de Pekín, ese laberíntico conjunto palaciego donde absolutamente todo tiene su razón de ser y las paredes nos están diciendo algo sobre la milenaria cultura china: que sus emperadores siempre necesitaron amurallarse, primero en sus palacios y luego en su reino mismo. Al fin y al cabo, tanta muestra de poder tal vez no era otra cosa que una gran inseguridad
Página 12, 19 de junio de 2011
Julián Varsavsky
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Arquitectura General,
Geografía Turística Universal
Turismo salud: termas de Entre Ríos
El invierno está a pocas horas de ser oficial, pero el frío ya está bien instalado de punta a punta del país. Se diría que sonó la hora de un descanso al abrigo de las aguas calientes que brotan, con aires de milagro, a orillas de los ríos Paraná y Uruguay en el litoral argentino. Desde muy cerca hasta bastante lejos, teniendo siempre a Buenos Aires como punto de partida, el abanico de opciones de la provincia de Entre Ríos no dejó de ampliarse en los últimos años, sumando complejos termales cada vez más cercanos a Buenos Aires, que van desde lo agreste a lo lujoso pero siempre inspirados en los beneficios del agua. A continuación, propuestas para entibiar la agenda en el comienzo de la larga temporada fría.
Piscinas exteriores en las Termas de Villa Elisa, conocidas por su pileta con olas.
CORREDOR DEL PARANA ¿Izquierda o derecha? O, más cartográficamente, ¿este u oeste? Hablando en rutas, ¿la 12 o la 14? Este es el único dilema después de haber tomado rumbo hacia el norte para darse un baño termal. Quien elija el este estará tomando la tradicional ruta que recorre las fuentes termales a lo largo del río Uruguay; quien en cambio se incline por el oeste irá primero hasta Victoria y luego hasta La Paz, pasando por las Termas de María Grande cercanas a la capital entrerriana.
Victoria, a un paso de Rosario cruzando el puente que une ambas ciudades y permite cambiarse de provincia, es la hermana tranquila de la gran ciudad santafesina, situada allí donde nace el Delta del Paraná, en una zona de humedales donde todavía se conserva el aire de pueblo. Vieja conocida de los pescadores y los amantes del turismo rural, a partir del año pasado se sumó al circuito termal provincial y lo hizo a lo grande, inaugurando el Parque Acuático y Termal Victoria del Agua. Y aquí sin exageraciones el agua reina, desde la Vertiente Curiyú que da la bienvenida a los visitantes deslizándose desde el pórtico de acceso, hasta la pileta no climatizada Ará Ipé, pasando por la Plaza del Agua, el Remanso del Irupé, los Ojos de Agua y los toboganes de los Saltos del Aratá. La consigna es clara: los centros termales modernos ya no apuntan a curar una enfermedad o recuperar la salud; tampoco exclusivamente a hacer turismo. Su objetivo es mejorar la calidad de vida en general, y para eso se conjugan el entretenimiento con el bienestar. Por su apertura reciente, Victoria del Agua no tiene todavía piletas termales cubiertas ni alojamiento dentro del complejo, pero sí cuenta con restaurante, dos paradores con servicio de cafetería, heladería, vestuario y wi-fi gratuito en todo el complejo.
Hay que irse un poquito más al norte para llegar a las termas más cercanas a Paraná, la capital provincial. Son las Termas de María Grande, un complejo que ofrece aguas saladas mineralizadas, con once piletas a temperaturas diferentes, entre ellas algunas cubiertas y con hidromasaje. Aquí funciona un spa con especialistas en cosmiatría y kinesiología, pero quienes quieran otras opciones pueden elegir caminatas por un sendero en el monte y actividades recreativas en la zona de parque. A metros de las piletas, hay también más de sesenta cabañas donde los pasajeros pueden alojarse con todas las comodidades. Y si no se quiere salir ni para comer, las Termas de María Grande también tienen proveeduría, restaurante y negocio de recuerdos.
El corredor del Paraná tiene otro complejo más al norte, en las Termas de La Paz, la ciudad que generaciones de pescadores asocian con los mejores dorados y surubíes. Después de realizar el interesante circuito histórico o animarse a las remadas por los arroyos de la zona, que prometen buenas dosis de aventura y una naturaleza virgen, hay que sumergirse en alguna de las once piletas termales de agua salada, cuyas temperaturas varían entre los 35 y 42 grados. Tres son cubiertas, y dos con hidrojet, pero más allá de las instalaciones –que recientemente fueron renovadas y puestas a punto para la nueva temporada invernal– hay que destacar la ubicación del complejo, sobre las barrancas del río Paraná. Al atardecer, la puesta de sol que se puede observar sin moverse de las piletas es inolvidable y completa un día de descanso y silencio para recargar las pilas a pocos metros del río, las islas y el denso monte de la zona.
La calma del lago interior del complejo termal de Villa Elisa, pensado para el descanso.
CORREDOR DEL URUGUAY Quien haya elegido poner rumbo hacia la RN 14, que bordea el río Uruguay, irá recorriendo un verdadero rosario de termas que llegan hasta el norte de Entre Ríos. La tendencia se está corriendo incluso más todavía, ya que el año pasado se abrió también una primera pileta termal en Monte Caseros, Corrientes.
Quien llegue desde Buenos Aires se encontrará primero con Gualeguaychú y sus dos complejos termales. Uno de ellos es Termas del Gualeguaychú, con piscinas de aguas mesotermales que oscilan entre los 27 y los 42 grados. Aquí hay bungalows para cuatro o seis personas, y posibilidad de acampar. El otro es Termas del Guaychú, a ocho kilómetros de la ciudad, sobre la RN 14 y a solo cien metros del arroyo Gualeyán, donde se pueden realizar safaris, paseos náuticos y salidas de pesca. Gran parte de la superficie total del complejo está cubierta por la vegetación propia de los montes en galerías del sur entrerriano.
Unos kilómetros más adelante, sin desviarse siquiera de la ruta porque están al borde mismo de la RN 14, se llega al complejo Termas de Concepción, cuyas piletas cubiertas y descubiertas invitan a la recreación familiar, al descanso pasivo o los masajes con chorros de agua. También se ofrecen actividades coordinadas por profesores de educación física, fuera y dentro del agua, que oscila entre los 32 y 41 grados. El complejo ofrece bungalows y cabañas para quienes quedarse dentro mismo de las termas, y un excelente restaurante-confitería, además de proveeduría y otros servicios.
Saliendo de las termas, Concepción es una ciudad interesante por su historia y ofrece paseos al pasado que empiezan por el ineludible Palacio San José, a solo 20 kilómetros. La residencia de Justo José de Urquiza, declarada Monumento Histórico Nacional en 1935, cuenta una buena parte de la herencia europea afincada en la ciudad y su visita se puede completar por el paseo por otra residencia de Urquiza, el Palacio Santa Cándida.
Recorriendo unos cincuenta kilómetros más se habrá llegado a Colón, uno de los más tradicionales destinos termales de la provincia y también una de las ciudades con mayor propuesta de actividades: cabalgatas, paseos náuticos hasta las islas del río Uruguay, safaris en busca de piedras semipreciosas, avistaje de aves, visitas al único viñedo entrerriano y paseos históricos por las huellas de la colonización suiza, como se pueden apreciar sobre todo en la vecina San José (que tiene un interesante museo de la colonización) y el Molino Forclaz. El complejo termal de Colón cuenta con diez piletas (cuatro techadas) a distintas temperaturas pero siempre en torno de los 36 grados: al aire libre hay una con chorros a presión y duchas, dos de 1,20 metro de profundidad, dos de 1,60 metro, dos para chicos (0,60 y 0,40). Cubiertas, dos piletas de 1,60 metro de profundidad, una pileta de 1,60 metro. El complejo tiene también comedor y kiosco. La otra opción cercana para quien se aloje en Colón son las Termas de San José, a solo cinco kilómetros, un complejo pequeño pero nuevo y con la ventaja adicional de contar con un sector –al aire libre– de toboganes acuáticos para chicos.
El conjunto de termas de esta zona se completa con las de Villa Elisa, un complejo que tiene varias piletas cubiertas, semicubiertas y al aire libre, sobre todo la famosa pileta con olas que los visitantes disfrutan particularmente en la buena temporada (por el sistema de olas se utiliza agua no termal, y en temporada fría abre de viernes a domingo). En las 41 hectáreas de parque hay también piscinas puramente recreativas y otras con hidrojet. Se ofrecen masajes, cosmetología y reiki dentro de las instalaciones del spa. Villa Elisa tiene agua termal salada que surge a 1036 metros de profundidad, con una fuerte mineralización. Dentro mismo del complejo es posible alojarse en un hotel o en cabañas, un buen punto de partida para conocer el principal atractivo de la región: el Parque Nacional El Palmar y, enfrente, la Aurora del Palmar, un sitio recreativo abundante en palmeras que ofrece cabalgatas y paseos en kayak.
Para conocer los últimos dos complejos termales entrerrianos, los dos más al norte de la provincia, hay que viajar hasta Federación (165 kilómetros al norte de Villa Elisa) o Chajarí (185 kilómetros al norte). Federación es una ciudad muy nueva, levantada a fines de los años ’70 para mudar a los habitantes de la Vieja Federación, hundida bajo las aguas del lago artificial Salto Grande. Con muchos espacios verdes y muy querida por los visitantes por la amabilidad de los lugareños, propone durante todo el año pesca, playas y deportes náuticos, pero la estrella de invierno es el centro termal, ubicado dentro del propio trazado urbano. Aquí hay piscinas con agua de 37 a 41 grados, divididas en un sector pasivo (con hidromasajes, una pileta cubierta, sector para niños) y sector recreativo, con profundidad suficiente para natación o “clavados”. Asimismo, hay una pileta exclusiva para personas con movilidad reducida. Finalmente, las Termas de Chajarí no se quedan atrás: sobre un predio de 42 hectáreas, a dos kilómetros del centro y sobre la RN 14, se pueden visitar siete piscinas (también adaptadas a personas con movilidad reducida) con agua entre 36 y 41 grados. Hay un sector pasivo, con iluminación subacuática e hidrojets, y jacuzzi de distintas profundidades. En el sector recreativo, entretanto, se puede nadar en una piscina semiolímpica cubierta, además de una pileta para niños donde hay permiso para tirarse al agua y salpicar sin problemas. El complejo también cuenta con bungalows, restaurante, parrillas, local de comidas rápidas, casilla de masajes y centro de artesanos
Página 12, 19 de junio de 2011
Graciela Cutuli
Piscinas exteriores en las Termas de Villa Elisa, conocidas por su pileta con olas.
CORREDOR DEL PARANA ¿Izquierda o derecha? O, más cartográficamente, ¿este u oeste? Hablando en rutas, ¿la 12 o la 14? Este es el único dilema después de haber tomado rumbo hacia el norte para darse un baño termal. Quien elija el este estará tomando la tradicional ruta que recorre las fuentes termales a lo largo del río Uruguay; quien en cambio se incline por el oeste irá primero hasta Victoria y luego hasta La Paz, pasando por las Termas de María Grande cercanas a la capital entrerriana.
Victoria, a un paso de Rosario cruzando el puente que une ambas ciudades y permite cambiarse de provincia, es la hermana tranquila de la gran ciudad santafesina, situada allí donde nace el Delta del Paraná, en una zona de humedales donde todavía se conserva el aire de pueblo. Vieja conocida de los pescadores y los amantes del turismo rural, a partir del año pasado se sumó al circuito termal provincial y lo hizo a lo grande, inaugurando el Parque Acuático y Termal Victoria del Agua. Y aquí sin exageraciones el agua reina, desde la Vertiente Curiyú que da la bienvenida a los visitantes deslizándose desde el pórtico de acceso, hasta la pileta no climatizada Ará Ipé, pasando por la Plaza del Agua, el Remanso del Irupé, los Ojos de Agua y los toboganes de los Saltos del Aratá. La consigna es clara: los centros termales modernos ya no apuntan a curar una enfermedad o recuperar la salud; tampoco exclusivamente a hacer turismo. Su objetivo es mejorar la calidad de vida en general, y para eso se conjugan el entretenimiento con el bienestar. Por su apertura reciente, Victoria del Agua no tiene todavía piletas termales cubiertas ni alojamiento dentro del complejo, pero sí cuenta con restaurante, dos paradores con servicio de cafetería, heladería, vestuario y wi-fi gratuito en todo el complejo.
Hay que irse un poquito más al norte para llegar a las termas más cercanas a Paraná, la capital provincial. Son las Termas de María Grande, un complejo que ofrece aguas saladas mineralizadas, con once piletas a temperaturas diferentes, entre ellas algunas cubiertas y con hidromasaje. Aquí funciona un spa con especialistas en cosmiatría y kinesiología, pero quienes quieran otras opciones pueden elegir caminatas por un sendero en el monte y actividades recreativas en la zona de parque. A metros de las piletas, hay también más de sesenta cabañas donde los pasajeros pueden alojarse con todas las comodidades. Y si no se quiere salir ni para comer, las Termas de María Grande también tienen proveeduría, restaurante y negocio de recuerdos.
El corredor del Paraná tiene otro complejo más al norte, en las Termas de La Paz, la ciudad que generaciones de pescadores asocian con los mejores dorados y surubíes. Después de realizar el interesante circuito histórico o animarse a las remadas por los arroyos de la zona, que prometen buenas dosis de aventura y una naturaleza virgen, hay que sumergirse en alguna de las once piletas termales de agua salada, cuyas temperaturas varían entre los 35 y 42 grados. Tres son cubiertas, y dos con hidrojet, pero más allá de las instalaciones –que recientemente fueron renovadas y puestas a punto para la nueva temporada invernal– hay que destacar la ubicación del complejo, sobre las barrancas del río Paraná. Al atardecer, la puesta de sol que se puede observar sin moverse de las piletas es inolvidable y completa un día de descanso y silencio para recargar las pilas a pocos metros del río, las islas y el denso monte de la zona.
La calma del lago interior del complejo termal de Villa Elisa, pensado para el descanso.
CORREDOR DEL URUGUAY Quien haya elegido poner rumbo hacia la RN 14, que bordea el río Uruguay, irá recorriendo un verdadero rosario de termas que llegan hasta el norte de Entre Ríos. La tendencia se está corriendo incluso más todavía, ya que el año pasado se abrió también una primera pileta termal en Monte Caseros, Corrientes.
Quien llegue desde Buenos Aires se encontrará primero con Gualeguaychú y sus dos complejos termales. Uno de ellos es Termas del Gualeguaychú, con piscinas de aguas mesotermales que oscilan entre los 27 y los 42 grados. Aquí hay bungalows para cuatro o seis personas, y posibilidad de acampar. El otro es Termas del Guaychú, a ocho kilómetros de la ciudad, sobre la RN 14 y a solo cien metros del arroyo Gualeyán, donde se pueden realizar safaris, paseos náuticos y salidas de pesca. Gran parte de la superficie total del complejo está cubierta por la vegetación propia de los montes en galerías del sur entrerriano.
Unos kilómetros más adelante, sin desviarse siquiera de la ruta porque están al borde mismo de la RN 14, se llega al complejo Termas de Concepción, cuyas piletas cubiertas y descubiertas invitan a la recreación familiar, al descanso pasivo o los masajes con chorros de agua. También se ofrecen actividades coordinadas por profesores de educación física, fuera y dentro del agua, que oscila entre los 32 y 41 grados. El complejo ofrece bungalows y cabañas para quienes quedarse dentro mismo de las termas, y un excelente restaurante-confitería, además de proveeduría y otros servicios.
Saliendo de las termas, Concepción es una ciudad interesante por su historia y ofrece paseos al pasado que empiezan por el ineludible Palacio San José, a solo 20 kilómetros. La residencia de Justo José de Urquiza, declarada Monumento Histórico Nacional en 1935, cuenta una buena parte de la herencia europea afincada en la ciudad y su visita se puede completar por el paseo por otra residencia de Urquiza, el Palacio Santa Cándida.
Recorriendo unos cincuenta kilómetros más se habrá llegado a Colón, uno de los más tradicionales destinos termales de la provincia y también una de las ciudades con mayor propuesta de actividades: cabalgatas, paseos náuticos hasta las islas del río Uruguay, safaris en busca de piedras semipreciosas, avistaje de aves, visitas al único viñedo entrerriano y paseos históricos por las huellas de la colonización suiza, como se pueden apreciar sobre todo en la vecina San José (que tiene un interesante museo de la colonización) y el Molino Forclaz. El complejo termal de Colón cuenta con diez piletas (cuatro techadas) a distintas temperaturas pero siempre en torno de los 36 grados: al aire libre hay una con chorros a presión y duchas, dos de 1,20 metro de profundidad, dos de 1,60 metro, dos para chicos (0,60 y 0,40). Cubiertas, dos piletas de 1,60 metro de profundidad, una pileta de 1,60 metro. El complejo tiene también comedor y kiosco. La otra opción cercana para quien se aloje en Colón son las Termas de San José, a solo cinco kilómetros, un complejo pequeño pero nuevo y con la ventaja adicional de contar con un sector –al aire libre– de toboganes acuáticos para chicos.
El conjunto de termas de esta zona se completa con las de Villa Elisa, un complejo que tiene varias piletas cubiertas, semicubiertas y al aire libre, sobre todo la famosa pileta con olas que los visitantes disfrutan particularmente en la buena temporada (por el sistema de olas se utiliza agua no termal, y en temporada fría abre de viernes a domingo). En las 41 hectáreas de parque hay también piscinas puramente recreativas y otras con hidrojet. Se ofrecen masajes, cosmetología y reiki dentro de las instalaciones del spa. Villa Elisa tiene agua termal salada que surge a 1036 metros de profundidad, con una fuerte mineralización. Dentro mismo del complejo es posible alojarse en un hotel o en cabañas, un buen punto de partida para conocer el principal atractivo de la región: el Parque Nacional El Palmar y, enfrente, la Aurora del Palmar, un sitio recreativo abundante en palmeras que ofrece cabalgatas y paseos en kayak.
Para conocer los últimos dos complejos termales entrerrianos, los dos más al norte de la provincia, hay que viajar hasta Federación (165 kilómetros al norte de Villa Elisa) o Chajarí (185 kilómetros al norte). Federación es una ciudad muy nueva, levantada a fines de los años ’70 para mudar a los habitantes de la Vieja Federación, hundida bajo las aguas del lago artificial Salto Grande. Con muchos espacios verdes y muy querida por los visitantes por la amabilidad de los lugareños, propone durante todo el año pesca, playas y deportes náuticos, pero la estrella de invierno es el centro termal, ubicado dentro del propio trazado urbano. Aquí hay piscinas con agua de 37 a 41 grados, divididas en un sector pasivo (con hidromasajes, una pileta cubierta, sector para niños) y sector recreativo, con profundidad suficiente para natación o “clavados”. Asimismo, hay una pileta exclusiva para personas con movilidad reducida. Finalmente, las Termas de Chajarí no se quedan atrás: sobre un predio de 42 hectáreas, a dos kilómetros del centro y sobre la RN 14, se pueden visitar siete piscinas (también adaptadas a personas con movilidad reducida) con agua entre 36 y 41 grados. Hay un sector pasivo, con iluminación subacuática e hidrojets, y jacuzzi de distintas profundidades. En el sector recreativo, entretanto, se puede nadar en una piscina semiolímpica cubierta, además de una pileta para niños donde hay permiso para tirarse al agua y salpicar sin problemas. El complejo también cuenta con bungalows, restaurante, parrillas, local de comidas rápidas, casilla de masajes y centro de artesanos
Página 12, 19 de junio de 2011
Graciela Cutuli
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Provincia de Entre Rios,
Salud y Primeros Auxilios
Volcanes en la cordillera patagónica: el ejemplo del Puyehue y las cenizas
Ellos están ahí. Desde las grandes profundidades del tiempo ocupan un lugar destacado en el paisaje andino y con cierta frecuencia nos recuerdan que su impactante belleza nace de una potencia arrasadora que no hace más que hablarnos de un planeta vivo, de una Tierra en movimiento. La semana pasada varias ciudades ubicadas cientos de kilómetros al este de la Cordillera de los Andes amanecieron cubiertas de una capa de cenizas eyectadas a la atmósfera a través de la chimenea del volcán Puyehue. La nube volcánica se posó sobre ellas y los habitantes de la llanura fueron testigos de los alcances de fenómenos que suelen irrumpir de manera abrupta sobre las poblaciones cordilleranas.
A lo largo de la Cordillera de los Andes existen miles de volcanes que incluyen desde conos de dimensiones pequeñas hasta enormes edificios volcánicos de decenas de kilómetros de diámetro. Su distribución no es azarosa, sino que obedece a un proceso dinámico global conocido como “tectónica de placas”, una teoría integradora que logra explicar buena parte de los procesos geológicos de los que ha sido testigo la Tierra a lo largo de su historia. De acuerdo con este modelo, la porción más superficial de nuestro planeta está conformada por un conjunto de piezas rígidas que se encuentran en constante movimiento, las denominadas placas tectónicas. Estas se desplazan lentamente como unidades coherentes sobre una superficie débil, dando lugar a un complejo juego de interacciones que incluyen colisiones, hundimientos, desplazamientos y expansiones en sus límites o bordes. Y es justamente este mecanismo el responsable tanto de la distribución y erupción de los volcanes, como también de la formación y crecimiento de las montañas y la ocurrencia de terremotos en nuestra Tierra móvil. El gran número de volcanes distribuidos a lo largo del borde occidental de Sudamérica es, de esta manera, el resultado del ascenso de los fundidos generados por el encuentro de dos de estas placas: la de Nazca y la Sudamericana, y del hundimiento de la primera por debajo de la segunda.
EL DESPERTAR DE LOS GIGANTES
Existen a lo largo de los Andes argentino-chilenos cientos de volcanes considerados potencialmente activos, unos 500 en Chile, y cerca de 40 del lado argentino. De todos ellos, unos 60 estuvieron en actividad en tiempos históricos, es decir, registrados por seres humanos.
Clasificar a los volcanes en “extintos” y “activos” desde la perspectiva de su actividad histórica puede resultar sin embargo problemático si lo que se busca es evaluar los potenciales destrozos que pueden producir. Es que existen numerosos ejemplos de volcanes considerados extintos (o simplemente no listados como activos), que al despertar luego de un sueño de cientos o miles de años lo han hecho de manera abrupta y con resultados a menudo desastrosos para las poblaciones vecinas. Es por eso que en ocasiones resulta más conveniente denominar a aquellos volcanes que hayan mostrado actividad en las últimas decenas de miles de años como volcanes potencialmente activos o latentes. Desde las ciencias de la Tierra, existen diferentes metodologías que permiten reconstruir la historia eruptiva de los distintos volcanes en una escala de tiempo profunda, es decir en el orden de los cientos de miles o incluso millones de años, muchísimo tiempo antes de la llegada de registros que documenten una actividad reciente. Estas se basan esencialmente en el estudio de las rocas formadas como consecuencia de erupciones volcánicas prehistóricas, que comúnmente se preservan a lo largo de las laderas y adyacencias de los edificios volcánicos.
CON LA MIRADA AL SUR
Si bien la mayor parte de los volcanes considerados potencialmente activos sobre el lado argentino de la Cordillera de los Andes se encuentran mayormente en la puna catamarqueña y en la provincia de Mendoza, es en los Andes del sur de nuestro país y de Chile donde la actividad volcánica es y ha sido más frecuente, con una recurrencia media de tres erupciones cada dos años a lo largo del siglo XIX. Más específicamente, el segmento localizado a la latitud de la provincia de Neuquén es el más activo.
La erupción reciente del volcán Puyehue es, de esta manera, tan sólo un ejemplo entre muchos otros en la historia reciente de la región. El Puyehue, junto con el Cordón Caulle y Nevada, forman un conjunto de aparatos volcánicos conocido como Complejo Volcánico Puyehue - Cordón Caulle, que tiene un largo historial de actividad en los últimos cientos de miles de años, con un último episodio eruptivo durante el gran terremoto de Valdivia de 1960. El 4 de junio último comenzó un nuevo proceso de erupción que fue precedido por una gran cantidad de pequeños sismos como resultado del movimiento y ascenso de la roca fundida o magma abriéndose paso a través de la corteza. Esto permitió la evacuación de los habitantes de la zona en forma previa a la erupción y al desarrollo de la gran nube de cenizas, que alcanzó los 10.000 metros de altura, cruzando la cordillera y precipitándose sobre las ciudades de Villa La Angostura y Bariloche pocas horas después.
Este complejo forma en realidad parte de un amplio conjunto de conos volcánicos gigantes cubiertos de nieve y hielo, que descuellan en medio del espeso bosque andino. Todos ellos se asientan sobre las raíces de antiguos arcos volcánicos extintos millones de años atrás, y se disponen armónicamente a lo largo de una extensa fractura conocida como el sistema de fallas de Liquiñe-Ofqui, que recorre buena parte del sur de Chile como un profundo entramado de tajos que diseccionan el corazón mismo de la cordillera patagónica, favoreciendo el ascenso de los fundidos a la superficie. El Puyehue, específicamente, se ubica en una intersección de este sistema con una fisura menor de orientación noroeste-sureste que lo corta transversalmente. Entre sus vecinos se destacan el Llaima y el Villarrica, y unos kilómetros más hacia el norte, el Lonquimay y el Antuco, todos ellos con múltiples episodios eruptivos en su haber durante los últimos 100 años.
DEMONIOS DE NIEVE
Durante mucho tiempo se consideró que la ausencia de erupciones en tiempos históricos permitía asignar un volcán a la categoría de los extintos. El tiempo histórico es sin embargo algo relativo, y está sujeto no sólo a la geografía sino también a las propias arbitrariedades del ser humano. Para América, se ha considerado a menudo una erupción histórica como aquella ocurrida durante los últimos 500 años, y documentada a través de las crónicas occidentales. En el norte de la Patagonia los primeros registros corresponden a las crónicas del siglo XVI, aunque comienzan a ser más frecuentes recién hacia fines del siglo XIX, con la ocupación de la Araucanía por parte de los conquistadores españoles.
Las irrupciones de los volcanes de la región pueden rastrearse sin embargo en el tiempo previo a la aparición de los primeros registros escritos, mucho tiempo antes de que Darwin describiera los vómitos de torrentes de humo en su paso por el volcán Osorno a comienzos del siglo XIX y, por supuesto, muchísimo tiempo antes de que la tectónica de placas se convirtiera en el paradigma actual desde el cual abordar estos fenómenos. Los volcanes del norte patagónico ocuparon un lugar central en la vida y cosmovisión de sus habitantes originales, manifestándose con mucha fuerza en la tradición oral del pueblo mapuche. Sus nombres mismos provienen en su mayoría de la lengua mapuche o mapudungun, y se refieren frecuentemente a cerros que “tiemblan y rezongan” (Domuyo), a “venas de sangre” (Llaima), grietas y “ramas quemadas” (Peteroa), e incluso a “diablos bramadores” (Quetrupillán) y a “demonios de nieve” (Pire Pillan). En el imaginario de los antiguos pobladores de la región norte de la Patagonia, las entrañas y picos de los volcanes eran habitados por entidades poderosas, una suerte de espíritus protectores (pillan) que a menudo expresaban su ira “con un odio que ardía como un fuego que no se extingue”. Abundan en estos relatos las referencias a cielos negros, noches que se prolongan durante el día, piedras que arden y cruzan los valles, y cuevas que arrojan polvo negro.
La historia de los dos Lanín es probablemente una de las más ilustrativas y ha sobrevivido en la oralidad de las comunidades cercanas de Auca Pan y Quila Quina. El “otro” Lanín era más grande y peleador del que conocemos, tiraba piedras, sacaba humo y chispa, y hacía temblar la tierra. Ese volcán no existe más porque, de acuerdo con estos relatos, fue castigado y murió, por lo que lo llamaron Lanün, que significa que está muerto. Actualmente sabemos que se trata del Quetrupillan, mucho más bajo actualmente que sus vecinos el Villarrica y el Lanín, y anormalmente plano en su techo, lo que no ha sido más que el resultado de su colapso asociado al vaciamiento de sus entrañas tras una agitada historia.
La totalidad de estos relatos nos habla de eventos que vienen produciéndose desde la profundidad del tiempo, y que recurrentemente han irrumpido –y seguirán haciéndolo– en la cotidianidad de las poblaciones cordilleranas, desde sus primeros pobladores hasta nuestros contemporáneos.
EN EL PAIS DEL VIENTO
Las consecuencias derivadas de las erupciones volcánicas suelen ser esencialmente adversas en lo inmediato, como bien pudimos observar en las distintas coberturas mediáticas sobre el Puyehue por estos días. La escala temporal de los seres humanos es el resultado de una vida corta, lo que a menudo dificulta sopesar ciertos fenómenos más allá de sus consecuencias en el corto plazo. El paso a una escala temporal más profunda es a menudo esencial para la comprensión de algunos de los procesos que forman parte integral del ciclo y evolución natural del planeta. Al hacerlo, la percepción de los eventos volcánicos como catástrofes naturales pierde dimensión frente a su rol en la dinámica de la corteza terrestre como grandes modeladores del relieve, y en su aporte de nutrientes esenciales para el desarrollo y supervivencia de las distintas formas de vida.
Son los mismos materiales que hoy provocan serios inconvenientes los que, eyectados a la atmósfera en erupciones pasadas, y acarreados por los fuertes vientos, incidieron de manera clave en el lento desarrollo de los suelos que hoy conforman la Pampa Húmeda. Sobre este mismo sustrato se han desarrollado asimismo la mayoría de los suelos de la región andino-patagónica. Es que la ceniza, al estar constituida por una gran variedad de minerales del grupo de los silicatos con proporciones variables de diferentes elementos químicos, termina constituyéndose en una suerte de depósito de nutrientes que se van liberando de manera lenta y progresiva para pasar a formar parte integral del suelo en un proceso que puede durar cientos de años. La ceniza actúa además en ciertas ocasiones mejorando la condición física de los suelos a través de un incremento en su permeabilidad y en su capacidad para retener la humedad.
Resta por verse si la conjugación armónica de estos mecanismos por medio de los cuales el planeta pareciera “autorregularse” será suficiente para contrarrestar el acelerado empobrecimiento de los suelos producto de su sobreexplotación sostenida.
Contextualizar la erupción reciente del Puyehue en una región marcada por numerosos episodios de características similares a lo largo de toda su historia reciente y no tanto permite comprender que no se ha tratado de una particularidad o un capricho de la naturaleza, sino de un acontecimiento más entre otros que han moldeado el paisaje andino de la región.
El estado actual del conocimiento es en parte el resultado del estudio y análisis de estas sucesivas erupciones ocurridas en el pasado. Ellas nos han enseñado que existe un conjunto de fenómenos que en ciertas ocasiones permite anticipar una erupción con cierto margen de tiempo, lo que ha derivado en el monitoreo sistemático de muchos volcanes, y en que la pérdida de vidas humanas no sea tan trágica como en los casos de terremotos y tsunamis, de más difícil predicción.
Ezequiel Garcia Morabito y Carla Terrizzano
Página 12, 18 de junio de 2011
A lo largo de la Cordillera de los Andes existen miles de volcanes que incluyen desde conos de dimensiones pequeñas hasta enormes edificios volcánicos de decenas de kilómetros de diámetro. Su distribución no es azarosa, sino que obedece a un proceso dinámico global conocido como “tectónica de placas”, una teoría integradora que logra explicar buena parte de los procesos geológicos de los que ha sido testigo la Tierra a lo largo de su historia. De acuerdo con este modelo, la porción más superficial de nuestro planeta está conformada por un conjunto de piezas rígidas que se encuentran en constante movimiento, las denominadas placas tectónicas. Estas se desplazan lentamente como unidades coherentes sobre una superficie débil, dando lugar a un complejo juego de interacciones que incluyen colisiones, hundimientos, desplazamientos y expansiones en sus límites o bordes. Y es justamente este mecanismo el responsable tanto de la distribución y erupción de los volcanes, como también de la formación y crecimiento de las montañas y la ocurrencia de terremotos en nuestra Tierra móvil. El gran número de volcanes distribuidos a lo largo del borde occidental de Sudamérica es, de esta manera, el resultado del ascenso de los fundidos generados por el encuentro de dos de estas placas: la de Nazca y la Sudamericana, y del hundimiento de la primera por debajo de la segunda.
EL DESPERTAR DE LOS GIGANTES
Existen a lo largo de los Andes argentino-chilenos cientos de volcanes considerados potencialmente activos, unos 500 en Chile, y cerca de 40 del lado argentino. De todos ellos, unos 60 estuvieron en actividad en tiempos históricos, es decir, registrados por seres humanos.
Clasificar a los volcanes en “extintos” y “activos” desde la perspectiva de su actividad histórica puede resultar sin embargo problemático si lo que se busca es evaluar los potenciales destrozos que pueden producir. Es que existen numerosos ejemplos de volcanes considerados extintos (o simplemente no listados como activos), que al despertar luego de un sueño de cientos o miles de años lo han hecho de manera abrupta y con resultados a menudo desastrosos para las poblaciones vecinas. Es por eso que en ocasiones resulta más conveniente denominar a aquellos volcanes que hayan mostrado actividad en las últimas decenas de miles de años como volcanes potencialmente activos o latentes. Desde las ciencias de la Tierra, existen diferentes metodologías que permiten reconstruir la historia eruptiva de los distintos volcanes en una escala de tiempo profunda, es decir en el orden de los cientos de miles o incluso millones de años, muchísimo tiempo antes de la llegada de registros que documenten una actividad reciente. Estas se basan esencialmente en el estudio de las rocas formadas como consecuencia de erupciones volcánicas prehistóricas, que comúnmente se preservan a lo largo de las laderas y adyacencias de los edificios volcánicos.
CON LA MIRADA AL SUR
Si bien la mayor parte de los volcanes considerados potencialmente activos sobre el lado argentino de la Cordillera de los Andes se encuentran mayormente en la puna catamarqueña y en la provincia de Mendoza, es en los Andes del sur de nuestro país y de Chile donde la actividad volcánica es y ha sido más frecuente, con una recurrencia media de tres erupciones cada dos años a lo largo del siglo XIX. Más específicamente, el segmento localizado a la latitud de la provincia de Neuquén es el más activo.
La erupción reciente del volcán Puyehue es, de esta manera, tan sólo un ejemplo entre muchos otros en la historia reciente de la región. El Puyehue, junto con el Cordón Caulle y Nevada, forman un conjunto de aparatos volcánicos conocido como Complejo Volcánico Puyehue - Cordón Caulle, que tiene un largo historial de actividad en los últimos cientos de miles de años, con un último episodio eruptivo durante el gran terremoto de Valdivia de 1960. El 4 de junio último comenzó un nuevo proceso de erupción que fue precedido por una gran cantidad de pequeños sismos como resultado del movimiento y ascenso de la roca fundida o magma abriéndose paso a través de la corteza. Esto permitió la evacuación de los habitantes de la zona en forma previa a la erupción y al desarrollo de la gran nube de cenizas, que alcanzó los 10.000 metros de altura, cruzando la cordillera y precipitándose sobre las ciudades de Villa La Angostura y Bariloche pocas horas después.
Este complejo forma en realidad parte de un amplio conjunto de conos volcánicos gigantes cubiertos de nieve y hielo, que descuellan en medio del espeso bosque andino. Todos ellos se asientan sobre las raíces de antiguos arcos volcánicos extintos millones de años atrás, y se disponen armónicamente a lo largo de una extensa fractura conocida como el sistema de fallas de Liquiñe-Ofqui, que recorre buena parte del sur de Chile como un profundo entramado de tajos que diseccionan el corazón mismo de la cordillera patagónica, favoreciendo el ascenso de los fundidos a la superficie. El Puyehue, específicamente, se ubica en una intersección de este sistema con una fisura menor de orientación noroeste-sureste que lo corta transversalmente. Entre sus vecinos se destacan el Llaima y el Villarrica, y unos kilómetros más hacia el norte, el Lonquimay y el Antuco, todos ellos con múltiples episodios eruptivos en su haber durante los últimos 100 años.
DEMONIOS DE NIEVE
Durante mucho tiempo se consideró que la ausencia de erupciones en tiempos históricos permitía asignar un volcán a la categoría de los extintos. El tiempo histórico es sin embargo algo relativo, y está sujeto no sólo a la geografía sino también a las propias arbitrariedades del ser humano. Para América, se ha considerado a menudo una erupción histórica como aquella ocurrida durante los últimos 500 años, y documentada a través de las crónicas occidentales. En el norte de la Patagonia los primeros registros corresponden a las crónicas del siglo XVI, aunque comienzan a ser más frecuentes recién hacia fines del siglo XIX, con la ocupación de la Araucanía por parte de los conquistadores españoles.
Las irrupciones de los volcanes de la región pueden rastrearse sin embargo en el tiempo previo a la aparición de los primeros registros escritos, mucho tiempo antes de que Darwin describiera los vómitos de torrentes de humo en su paso por el volcán Osorno a comienzos del siglo XIX y, por supuesto, muchísimo tiempo antes de que la tectónica de placas se convirtiera en el paradigma actual desde el cual abordar estos fenómenos. Los volcanes del norte patagónico ocuparon un lugar central en la vida y cosmovisión de sus habitantes originales, manifestándose con mucha fuerza en la tradición oral del pueblo mapuche. Sus nombres mismos provienen en su mayoría de la lengua mapuche o mapudungun, y se refieren frecuentemente a cerros que “tiemblan y rezongan” (Domuyo), a “venas de sangre” (Llaima), grietas y “ramas quemadas” (Peteroa), e incluso a “diablos bramadores” (Quetrupillán) y a “demonios de nieve” (Pire Pillan). En el imaginario de los antiguos pobladores de la región norte de la Patagonia, las entrañas y picos de los volcanes eran habitados por entidades poderosas, una suerte de espíritus protectores (pillan) que a menudo expresaban su ira “con un odio que ardía como un fuego que no se extingue”. Abundan en estos relatos las referencias a cielos negros, noches que se prolongan durante el día, piedras que arden y cruzan los valles, y cuevas que arrojan polvo negro.
La historia de los dos Lanín es probablemente una de las más ilustrativas y ha sobrevivido en la oralidad de las comunidades cercanas de Auca Pan y Quila Quina. El “otro” Lanín era más grande y peleador del que conocemos, tiraba piedras, sacaba humo y chispa, y hacía temblar la tierra. Ese volcán no existe más porque, de acuerdo con estos relatos, fue castigado y murió, por lo que lo llamaron Lanün, que significa que está muerto. Actualmente sabemos que se trata del Quetrupillan, mucho más bajo actualmente que sus vecinos el Villarrica y el Lanín, y anormalmente plano en su techo, lo que no ha sido más que el resultado de su colapso asociado al vaciamiento de sus entrañas tras una agitada historia.
La totalidad de estos relatos nos habla de eventos que vienen produciéndose desde la profundidad del tiempo, y que recurrentemente han irrumpido –y seguirán haciéndolo– en la cotidianidad de las poblaciones cordilleranas, desde sus primeros pobladores hasta nuestros contemporáneos.
EN EL PAIS DEL VIENTO
Las consecuencias derivadas de las erupciones volcánicas suelen ser esencialmente adversas en lo inmediato, como bien pudimos observar en las distintas coberturas mediáticas sobre el Puyehue por estos días. La escala temporal de los seres humanos es el resultado de una vida corta, lo que a menudo dificulta sopesar ciertos fenómenos más allá de sus consecuencias en el corto plazo. El paso a una escala temporal más profunda es a menudo esencial para la comprensión de algunos de los procesos que forman parte integral del ciclo y evolución natural del planeta. Al hacerlo, la percepción de los eventos volcánicos como catástrofes naturales pierde dimensión frente a su rol en la dinámica de la corteza terrestre como grandes modeladores del relieve, y en su aporte de nutrientes esenciales para el desarrollo y supervivencia de las distintas formas de vida.
Son los mismos materiales que hoy provocan serios inconvenientes los que, eyectados a la atmósfera en erupciones pasadas, y acarreados por los fuertes vientos, incidieron de manera clave en el lento desarrollo de los suelos que hoy conforman la Pampa Húmeda. Sobre este mismo sustrato se han desarrollado asimismo la mayoría de los suelos de la región andino-patagónica. Es que la ceniza, al estar constituida por una gran variedad de minerales del grupo de los silicatos con proporciones variables de diferentes elementos químicos, termina constituyéndose en una suerte de depósito de nutrientes que se van liberando de manera lenta y progresiva para pasar a formar parte integral del suelo en un proceso que puede durar cientos de años. La ceniza actúa además en ciertas ocasiones mejorando la condición física de los suelos a través de un incremento en su permeabilidad y en su capacidad para retener la humedad.
Resta por verse si la conjugación armónica de estos mecanismos por medio de los cuales el planeta pareciera “autorregularse” será suficiente para contrarrestar el acelerado empobrecimiento de los suelos producto de su sobreexplotación sostenida.
Contextualizar la erupción reciente del Puyehue en una región marcada por numerosos episodios de características similares a lo largo de toda su historia reciente y no tanto permite comprender que no se ha tratado de una particularidad o un capricho de la naturaleza, sino de un acontecimiento más entre otros que han moldeado el paisaje andino de la región.
El estado actual del conocimiento es en parte el resultado del estudio y análisis de estas sucesivas erupciones ocurridas en el pasado. Ellas nos han enseñado que existe un conjunto de fenómenos que en ciertas ocasiones permite anticipar una erupción con cierto margen de tiempo, lo que ha derivado en el monitoreo sistemático de muchos volcanes, y en que la pérdida de vidas humanas no sea tan trágica como en los casos de terremotos y tsunamis, de más difícil predicción.
Ezequiel Garcia Morabito y Carla Terrizzano
Página 12, 18 de junio de 2011
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Ciencia y Técnica
Nuevo aporte científico argentino: cómo crecen las células vegetales
Científicos del Laboratorio de Fisiología y Biología Molecular (LFBM, IFIBYNE-CONICET) de la Universidad de Buenos Aires descubrieron un nuevo mecanismo mediante el cual los pelos radiculares de las raíces de las plantas se expanden para poder absorber nutrientes y agua. El hallazgo, que se publica esta semana en la prestigiosa revista Science , también explica cuáles son los componentes moleculares que controlan el crecimiento de esos pelos en las raíces.
El líder de la investigación es José M. Estévez, investigador del CONICET, quien explicó a Clarín que “encontramos el rol biológico de un grupo de proteínas que regulan la expansión celular en células vegetales.
Se trata de unas células especiales de la raíz, que se denominan pelos radiculares, las cuales están en la raíz y se encargan de absorber nutrientes y el agua del suelo ”.
Los pelos radiculares de las plantas exploran el suelo de una manera similar a lo que lo haría una persona si está en la oscuridad. Si encuentra un obstáculo, lo esquiva para seguir su camino hasta encontrar lo que busca.
Estas células de la raíz crecen sólo en una dirección a la vez y en ese sentido se parecen mucho a otras células como por ejemplo los tubos polínicos en las flores o como en el caso de las neuronas. “Por eso creemos que este descubrimiento es importante para entender la naturaleza de la expansión celular en general más allá del sistema biológico que se esté usando como modelo” comentó el científico Estévez.
Esta investigación demandó 4 años de trabajo con científicos de diferentes especialidades. Desde la química orgánica, la bioquímica, la biología molecular y el modelado molecular. De los 19 miembros del equipo, 8 son argentinos y el resto de laboratorios de Dinamarca, Brasil, los Estados Unidos y Australia.
Se descubrieron tres grupos de genes que están muy vinculados entre sí y que son responsables del crecimiento de los pelos radiculares en las raíces. “Inclusive, cuando incentivamos la expresión mediante ingeniería genética de algunos de estos genes, las plantas eran capaces de formar pelos radiculares dos veces más largos que lo normal. Por el contrario, cuando mutamos estos genes, las raíces formaban pelos muy cortos” agregó Melina Velásquez, primera autora del trabajo.
Esto último podría tener potencial aplicación en biotecnología de plantas, aquellas especies que crecen en suelos áridos pobres en nutrientes y carentes de agua deben optimizar al máximo la captación de los mismos. En ese sentido tener pelos radiculares más largos podría ser potencialmente muy beneficioso para las plantas. “Recién ahora estamos empezando a explorar las implicancias aplicadas de esta investigación” comentó Norberto Iusem, investigador integrante de la investigación.
Las próximas investigaciones
Y si bien este proceso se puede aplicar a cualquier planta, es preciso encontrar las que tengan las mismas proteínas, ya que, como explica el científico Estévez, “en aquellas que no se conoce el genoma es mucho más difícil de lograr”. La intención del equipo es entender el mecanismo básico de expansión que es común con otros tipos. “Nuestro objetivo es seguir investigando para verificar si es común a otros tipos celulares”, apunta Estévez.
Clarín, 17 de junio de 2011
El líder de la investigación es José M. Estévez, investigador del CONICET, quien explicó a Clarín que “encontramos el rol biológico de un grupo de proteínas que regulan la expansión celular en células vegetales.
Se trata de unas células especiales de la raíz, que se denominan pelos radiculares, las cuales están en la raíz y se encargan de absorber nutrientes y el agua del suelo ”.
Los pelos radiculares de las plantas exploran el suelo de una manera similar a lo que lo haría una persona si está en la oscuridad. Si encuentra un obstáculo, lo esquiva para seguir su camino hasta encontrar lo que busca.
Estas células de la raíz crecen sólo en una dirección a la vez y en ese sentido se parecen mucho a otras células como por ejemplo los tubos polínicos en las flores o como en el caso de las neuronas. “Por eso creemos que este descubrimiento es importante para entender la naturaleza de la expansión celular en general más allá del sistema biológico que se esté usando como modelo” comentó el científico Estévez.
Esta investigación demandó 4 años de trabajo con científicos de diferentes especialidades. Desde la química orgánica, la bioquímica, la biología molecular y el modelado molecular. De los 19 miembros del equipo, 8 son argentinos y el resto de laboratorios de Dinamarca, Brasil, los Estados Unidos y Australia.
Se descubrieron tres grupos de genes que están muy vinculados entre sí y que son responsables del crecimiento de los pelos radiculares en las raíces. “Inclusive, cuando incentivamos la expresión mediante ingeniería genética de algunos de estos genes, las plantas eran capaces de formar pelos radiculares dos veces más largos que lo normal. Por el contrario, cuando mutamos estos genes, las raíces formaban pelos muy cortos” agregó Melina Velásquez, primera autora del trabajo.
Esto último podría tener potencial aplicación en biotecnología de plantas, aquellas especies que crecen en suelos áridos pobres en nutrientes y carentes de agua deben optimizar al máximo la captación de los mismos. En ese sentido tener pelos radiculares más largos podría ser potencialmente muy beneficioso para las plantas. “Recién ahora estamos empezando a explorar las implicancias aplicadas de esta investigación” comentó Norberto Iusem, investigador integrante de la investigación.
Las próximas investigaciones
Y si bien este proceso se puede aplicar a cualquier planta, es preciso encontrar las que tengan las mismas proteínas, ya que, como explica el científico Estévez, “en aquellas que no se conoce el genoma es mucho más difícil de lograr”. La intención del equipo es entender el mecanismo básico de expansión que es común con otros tipos. “Nuestro objetivo es seguir investigando para verificar si es común a otros tipos celulares”, apunta Estévez.
Clarín, 17 de junio de 2011
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Ciencia y Técnica
jueves 23 de junio de 2011
Gastronomía y hotelería en el barrio de Recoleta
Restaurantes en hoteles boutique, lujo, cocina de autor y técnicas de cocción modernas. Esas son las nuevas claves del polo gastronómico de Recoleta, que en los últimos años recobró su brillo y trascendió el eje de la calle Junín para conectarse con Retiro. Ahora conforma un corredor que se extiende hasta la Recova de la calle Posadas, y que ofrece más de 40 opciones gourmet de alta gama .
La renovada zona está delimitada por Ayacucho, Libertador, la 9 de Julio, Arenales, Montevideo y Las Heras. “Entre el 88 y el 94 en Recoleta había una gastronomía de excelencia, con restaurantes de primer nivel como el del Gato Dumas –recuerda el chef Martín Baquero–. Con la llegada de Puerto Madero, las grandes casas se fueron y el área cercana al cementerio fue cayendo. Pero desde 2003 hubo un cambio en la zona de Callao hacia la 9 de Julio, donde se armó un polo interesante con buena hotelería, restaurantes y cafés”.
Baquero está al frente de la cocina de El Almacén de los Milagros, un antiguo almacén de barrio convertido en “café bistró”, en Quintana y Montevideo. “Al mediodía ofrecemos tartas, sandwiches y empanadas tucumanas y, a la noche, comida ítalo francesa de autor –cuenta–. La carta está pensada para el comensal más que para el chef, con comidas livianas que incluyen pescado y hasta un guiso de lentejas muy ligero. Nuestro secreto es usar buena materia prima. El público de Recoleta es muy exigente . Si lo que le cobrás no se refleja en el plato, no vuelve”.
Gran parte de los restaurantes están en hoteles. Uno de los pioneros en atraer gente de afuera fue el Four Seasons, con Le Mistral y La Mansión. “Cuando los restaurantes empezaron a ser más gourmet, los hoteles tuvieron que ponerse a la par y abrirlos al público –cuenta Gabriel Oliveri, director de Marketing del Four Seasons–. Hoy, el 80% de los clientes de Le Mistral es externo . Son personas de más de 35 años y gustos gourmet, o famosos que buscan la privacidad y seguridad que da un hotel. Además, los cinco estrellas tenemos exigencias internacionales , que garantizan que ofrecemos lo mejor de lo mejor”. La propuesta del chef del Four Seasons, Juan Gaffuri, incluye platos clásicos como carnes y pastas, cocinados con técnicas modernas, como el sous-vide o cocción al vacío (ver Qué es...).
Muchos hoteles ya nacen con un restaurante que no se les subordina, sino que los complementa. Como Mansión Algodón, un hotel boutique de diez habitaciones con restaurante de 50 cubiertos: Chez Nous. Ubicado en Montevideo al 1600, fue creado por el empresario estadounidense Scott Mathis, enamorado de Argentina durante un viaje de placer.
“En Recoleta tenés un turismo que se sale de la hotelería de cadena y paga un poco más por mucho más servicio. Esto permite balancear el hotel con el restaurante y que ambos se retroalimenten”, explica Antonio Soriano, el chef de Chez Nous. El sello del restaurante, con paredes tapizadas en seda italiana, es el lujo . Su cocina tiene raíces francesas, pero con productos locales y ofrece desde mollejas de chivo hasta carrillera o rabo. También, platos hechos con técnicas modernas, como un salmón cocinado al vacío durante 14 minutos a 55 grados. “Nuestra clientela va desde treintañeros que empiezan a tomarle gustito a la buena vida hasta gente mayor, que busca una experiencia gastronómica en un muy lindo marco, pero sin la formalidad de los restaurantes tradicionales”, dice Soriano.
Con su restaurante To ya consolidado en Palermo, hace dos meses Toufic Rueda abrió una sucursal en el hotel MIO Buenos Aires, en Quintana 405. “Este barrio ofrece un sentimiento de alto nivel que no se ve en otros –sostiene–. El concepto de este To es idéntico al de Palermo: cocina francesa y japonesa, pero el público es distinto. A Palermo va una clientela joven y trendy. Y a Recoleta, comensales más grandes que han viajado y saben lo que quieren”.
Próximamente, habrá desembarcos. Entre julio y agosto el chef Dante Liporace planea abrir Tarquine donde funcionaba La Cabaña, en Rodríguez Peña y Posadas. Luego, al restaurante le sumará el hotel boutique Hub, con 11 habitaciones. “Con mis socios queremos abrir un restaurante lujoso y Recoleta es el lugar que mejor se adapta a nuestra propuesta –dice Liporace–. Vamos a hacer cocina argentina con técnicas modernas. No gastronomía molecular, como hice en Moreno, pero sí, por ejemplo, un pastel de papas con un guiso de carne picada hecho al vacío y espuma de papas”.
“Buenos Aires muta muy rápidamente –observa Soriano–. Los que se fueron en los 90 y volvieron en 2000 se encontraron con Puerto Madero. Y los que se fueron en 2000 y volvieron en 2010, con Palermo. Después de esos booms, Recoleta está volviendo a recuperar el espacio natural que siempre tuvo en la Ciudad, por ser un barrio céntrico, seguro, con mucho verde y, sobre todo, asociado con la buena vida ”.
Nora Sánchez
Clarín, 21 de junio de 2011
La renovada zona está delimitada por Ayacucho, Libertador, la 9 de Julio, Arenales, Montevideo y Las Heras. “Entre el 88 y el 94 en Recoleta había una gastronomía de excelencia, con restaurantes de primer nivel como el del Gato Dumas –recuerda el chef Martín Baquero–. Con la llegada de Puerto Madero, las grandes casas se fueron y el área cercana al cementerio fue cayendo. Pero desde 2003 hubo un cambio en la zona de Callao hacia la 9 de Julio, donde se armó un polo interesante con buena hotelería, restaurantes y cafés”.
Baquero está al frente de la cocina de El Almacén de los Milagros, un antiguo almacén de barrio convertido en “café bistró”, en Quintana y Montevideo. “Al mediodía ofrecemos tartas, sandwiches y empanadas tucumanas y, a la noche, comida ítalo francesa de autor –cuenta–. La carta está pensada para el comensal más que para el chef, con comidas livianas que incluyen pescado y hasta un guiso de lentejas muy ligero. Nuestro secreto es usar buena materia prima. El público de Recoleta es muy exigente . Si lo que le cobrás no se refleja en el plato, no vuelve”.
Gran parte de los restaurantes están en hoteles. Uno de los pioneros en atraer gente de afuera fue el Four Seasons, con Le Mistral y La Mansión. “Cuando los restaurantes empezaron a ser más gourmet, los hoteles tuvieron que ponerse a la par y abrirlos al público –cuenta Gabriel Oliveri, director de Marketing del Four Seasons–. Hoy, el 80% de los clientes de Le Mistral es externo . Son personas de más de 35 años y gustos gourmet, o famosos que buscan la privacidad y seguridad que da un hotel. Además, los cinco estrellas tenemos exigencias internacionales , que garantizan que ofrecemos lo mejor de lo mejor”. La propuesta del chef del Four Seasons, Juan Gaffuri, incluye platos clásicos como carnes y pastas, cocinados con técnicas modernas, como el sous-vide o cocción al vacío (ver Qué es...).
Muchos hoteles ya nacen con un restaurante que no se les subordina, sino que los complementa. Como Mansión Algodón, un hotel boutique de diez habitaciones con restaurante de 50 cubiertos: Chez Nous. Ubicado en Montevideo al 1600, fue creado por el empresario estadounidense Scott Mathis, enamorado de Argentina durante un viaje de placer.
“En Recoleta tenés un turismo que se sale de la hotelería de cadena y paga un poco más por mucho más servicio. Esto permite balancear el hotel con el restaurante y que ambos se retroalimenten”, explica Antonio Soriano, el chef de Chez Nous. El sello del restaurante, con paredes tapizadas en seda italiana, es el lujo . Su cocina tiene raíces francesas, pero con productos locales y ofrece desde mollejas de chivo hasta carrillera o rabo. También, platos hechos con técnicas modernas, como un salmón cocinado al vacío durante 14 minutos a 55 grados. “Nuestra clientela va desde treintañeros que empiezan a tomarle gustito a la buena vida hasta gente mayor, que busca una experiencia gastronómica en un muy lindo marco, pero sin la formalidad de los restaurantes tradicionales”, dice Soriano.
Con su restaurante To ya consolidado en Palermo, hace dos meses Toufic Rueda abrió una sucursal en el hotel MIO Buenos Aires, en Quintana 405. “Este barrio ofrece un sentimiento de alto nivel que no se ve en otros –sostiene–. El concepto de este To es idéntico al de Palermo: cocina francesa y japonesa, pero el público es distinto. A Palermo va una clientela joven y trendy. Y a Recoleta, comensales más grandes que han viajado y saben lo que quieren”.
Próximamente, habrá desembarcos. Entre julio y agosto el chef Dante Liporace planea abrir Tarquine donde funcionaba La Cabaña, en Rodríguez Peña y Posadas. Luego, al restaurante le sumará el hotel boutique Hub, con 11 habitaciones. “Con mis socios queremos abrir un restaurante lujoso y Recoleta es el lugar que mejor se adapta a nuestra propuesta –dice Liporace–. Vamos a hacer cocina argentina con técnicas modernas. No gastronomía molecular, como hice en Moreno, pero sí, por ejemplo, un pastel de papas con un guiso de carne picada hecho al vacío y espuma de papas”.
“Buenos Aires muta muy rápidamente –observa Soriano–. Los que se fueron en los 90 y volvieron en 2000 se encontraron con Puerto Madero. Y los que se fueron en 2000 y volvieron en 2010, con Palermo. Después de esos booms, Recoleta está volviendo a recuperar el espacio natural que siempre tuvo en la Ciudad, por ser un barrio céntrico, seguro, con mucho verde y, sobre todo, asociado con la buena vida ”.
Nora Sánchez
Clarín, 21 de junio de 2011
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Hoteleria
Buenos Aires suma nuevos hoteles
La consolidación de Buenos Aires como un destino predilecto del turismo internacional en América latina alienta una importante inversión que pretende aumentar en los próximos meses la oferta de plazas para pernoctar en la ciudad: de aquí al 2013, se inaugurarán en la Capital 36 hoteles, entre ellos uno considerado de seis estrellas, para lo cual se invertirán unos 490 millones de dólares.
Estos megaemprendimientos se concentrarán en los barrios de Palermo, Puerto Madero, Recoleta y en el centro, principalmente. De los 36 hoteles, 20 de ellos se inaugurarán antes de fin de año, mientras que los 16 restantes se estrenarán entre principios de 2012 y 2013, lo que confirma la tendencia de crecimiento que el sector turístico ha tenido en los últimos años en la capital del país.
Según el Ente de Turismo de la ciudad de Buenos Aires, hay en la Capital 460 establecimientos hoteleros con un total de 25.939 habitaciones. Los 36 nuevos establecimientos aportarán a la ciudad unas 2500 nuevas habitaciones y más de 5000 plazas a la planta hotelera porteña. Según se prevé, la planta de alojamientos aumentará el 8 por ciento para 2013, y el 10 por ciento la cantidad de habitaciones.
"Hoy, la ciudad es un foco cultural de indiscutible atracción, lo que explica, en gran parte, el crecimiento de los turistas alojados en la Capital. En 2010, el incremento de los turistas nacionales alojados en la ciudad representó el 17,2%, de acuerdo con el registro del Observatorio Turístico del Ente. Los inversores miran a Buenos Aires como una ciudad madura y sólida respecto del turismo", dijo a LA NACION Hernán Lombardi, ministro de Cultura porteño y presidente del Ente de Turismo. El funcionario agregó: "Hablar de 4.677.302 de turistas -nacionales e internacionales- alojados en hoteles de la ciudad no es un dato menor: Barcelona y Madrid registraron 6.476.033 y 7.193.179, respectivamente, en el mismo período".
El perfil de las nuevas inversiones hoteleras en la ciudad incluye desde emprendimientos de cuatro y cinco estrellas -habrá cinco de este tipo- hasta el recientemente anunciado seis estrellas Mayan Resort, en las inmediaciones del Dique 1 de Puerto Madero. Este hotel pertenece a la cadena Mansions of the Word y será el primer hotel considerado seis estrellas -categoría que, oficialmente, no existe- del continente americano, con 120 habitaciones y una inversión total de 75 millones de dólares. Proyecta abrir sus puertas en julio del 2013.
Tendrá un nivel equivalente al de sus pares de Medio Oriente -zona en la que se levantaron los primeros hoteles de superlujo del mundo, como el Buró Al Arab, de Dubai- y la superficie estimada donde se construirá el emprendimiento ocupará 29.000 metros cuadrados. Dispondrá de 129 habitaciones, la más pequeña de las cuales será de 300 m2 y la mayor de 500 m2; dos restaurantes; un bar; una sala de usos múltiples para congresos y eventos; una piscina cubierta climatizada; sauna, y canchas de tenis, entre otros servicios y amenities exclusivos.
El diseño edilicio incluye la distinción de lo moderno al servicio del lujo y la tecnología. Los inversores estiman que el hotel en funcionamiento demandará 500 personas para operar y brindar una atención personalizada a sus huéspedes. Incluso se prevé la atención de un mayordomo en cada piso durante las 24 horas.
Los boutique
También se consolidará en los próximos meses un fenómeno bien porteño: el explosivo crecimiento de los hoteles boutique. Se calcula que un tercio de los 36 hoteles que se estrenen pertenecerán a esta categoría.
Los hoteles boutique tienen la particularidad de contar con un fuerte énfasis en el diseño, el servicio y la atención personalizada, aspectos que, de acuerdo con los especialistas, han tenido un importante desarrollo en Buenos Aires en los últimos años. Se estima que para fin de año el número de hoteles boutique en la ciudad superará el centenar.
En tanto, entre el resto de las inversiones proyectadas predominan los hoteles cuatro y cinco estrellas, entre los que se destacan la construcción del Alvear Art Hotel, en Suipacha 1036; el St. Regis, en Cecilia Grierson al 200; el Alvear Hotel & Residences, en Aimé Painé 1100, y el mencionado Mayan Resort. Todos estos hoteles representan para la ciudad una inversión total de 250 millones de dólares.
El Alvear Art Hotel, con el que el tradicional hotel porteño pasará, a partir de 2012 a convertirse por primera vez en cadena, tendrá 150 habitaciones, todas en suites, además de un business center, salas de reuniones y un salón de convenciones y fiestas para 300 personas. La inversión calculada es de 30 millones de dólares.
Mientras que otra "sucursal" del prestigioso hotel, el Alvear Hotel y Residence, que se levantará en Puerto Madero, tendrá 150 habitaciones, dos restaurantes, business center, parque con pileta, bar, solárium y dos pisos de health club con piscina climatizada. La inversión estimada es de 75 millones de dólares y abrirá en 2013.
Por otra parte, la firma Design Suites abrirá en 2012 el Hotel Boca Juniors en la callé Tacuarí, en San Telmo. Será el primer hotel temático de fútbol construido en el mundo y, además, de recibir a fanáticos del país y del exterior, acogerá al equipo xeneise como lugar de concentración. El edificio, ultramoderno, fue diseñado por el prestigioso arquitecto Carlos Ott.
"Buenos Aires es el destino argentino que mejor ha desestacionalizado su demanda, y esto, a partir de un minucioso trabajo de calendarizar su oferta de eventos y actividad cultural del año", dijo Lombardi. El funcionario agregó: "Esto es un elemento estratégico en la atracción de inversiones en el turismo y en la decisión de los inversores de elegir la ciudad de Buenos Aires".
Según el Ente de Turismo de la ciudad, la inversión en turismo desde 2008 hasta el año pasado tuvo un crecimiento del 133 por ciento, al haberse sumado unos 1124 millones de dólares en construcción de hoteles.
EN NÚMEROS
Ranking de extranjeros
De acuerdo con un relevamiento oficial de viajeros provenientes del exterior que visitaron la ciudad de Buenos Aires durante el año pasado, los brasileños estuvieron al tope, con 874.747 visitantes. Los siguen los norteamericanos, con 248.248, y los procedentes de Chile (220.477), España (134.565), Italia (99.096), Uruguay (79.600), Perú (84.548), Colombia (83.271), Francia (74.357) y Alemania (62.858).
Compras y paseos
Mientras la mayoría de los viajeros extranjeros (el 26,6 por ciento) eligieron las compras como su actividad principal a la hora de visitar Buenos Aires, la mayor parte de los turistas argentinos (el 27,9%) se inclinaron por los paseos por la ciudad como primera opción.
US$ 3500 millones
Según el informe del Ente de Turismo de la ciudad, los 3 millones de turistas extranjeros que arribaron a la Capital el año pasado gastaron en total unos 2500 millones de dólares, mientras que los viajeros del interior del país desembolsaron 1000 millones de dólares en comercios, restaurantes y hoteles porteños, lo que convierte al turismo en una de las principales industrias porteñas.
Pablo Tomino
La Nación, 20 de junio de 2011
Estos megaemprendimientos se concentrarán en los barrios de Palermo, Puerto Madero, Recoleta y en el centro, principalmente. De los 36 hoteles, 20 de ellos se inaugurarán antes de fin de año, mientras que los 16 restantes se estrenarán entre principios de 2012 y 2013, lo que confirma la tendencia de crecimiento que el sector turístico ha tenido en los últimos años en la capital del país.
Según el Ente de Turismo de la ciudad de Buenos Aires, hay en la Capital 460 establecimientos hoteleros con un total de 25.939 habitaciones. Los 36 nuevos establecimientos aportarán a la ciudad unas 2500 nuevas habitaciones y más de 5000 plazas a la planta hotelera porteña. Según se prevé, la planta de alojamientos aumentará el 8 por ciento para 2013, y el 10 por ciento la cantidad de habitaciones.
"Hoy, la ciudad es un foco cultural de indiscutible atracción, lo que explica, en gran parte, el crecimiento de los turistas alojados en la Capital. En 2010, el incremento de los turistas nacionales alojados en la ciudad representó el 17,2%, de acuerdo con el registro del Observatorio Turístico del Ente. Los inversores miran a Buenos Aires como una ciudad madura y sólida respecto del turismo", dijo a LA NACION Hernán Lombardi, ministro de Cultura porteño y presidente del Ente de Turismo. El funcionario agregó: "Hablar de 4.677.302 de turistas -nacionales e internacionales- alojados en hoteles de la ciudad no es un dato menor: Barcelona y Madrid registraron 6.476.033 y 7.193.179, respectivamente, en el mismo período".
El perfil de las nuevas inversiones hoteleras en la ciudad incluye desde emprendimientos de cuatro y cinco estrellas -habrá cinco de este tipo- hasta el recientemente anunciado seis estrellas Mayan Resort, en las inmediaciones del Dique 1 de Puerto Madero. Este hotel pertenece a la cadena Mansions of the Word y será el primer hotel considerado seis estrellas -categoría que, oficialmente, no existe- del continente americano, con 120 habitaciones y una inversión total de 75 millones de dólares. Proyecta abrir sus puertas en julio del 2013.
Tendrá un nivel equivalente al de sus pares de Medio Oriente -zona en la que se levantaron los primeros hoteles de superlujo del mundo, como el Buró Al Arab, de Dubai- y la superficie estimada donde se construirá el emprendimiento ocupará 29.000 metros cuadrados. Dispondrá de 129 habitaciones, la más pequeña de las cuales será de 300 m2 y la mayor de 500 m2; dos restaurantes; un bar; una sala de usos múltiples para congresos y eventos; una piscina cubierta climatizada; sauna, y canchas de tenis, entre otros servicios y amenities exclusivos.
El diseño edilicio incluye la distinción de lo moderno al servicio del lujo y la tecnología. Los inversores estiman que el hotel en funcionamiento demandará 500 personas para operar y brindar una atención personalizada a sus huéspedes. Incluso se prevé la atención de un mayordomo en cada piso durante las 24 horas.
Los boutique
También se consolidará en los próximos meses un fenómeno bien porteño: el explosivo crecimiento de los hoteles boutique. Se calcula que un tercio de los 36 hoteles que se estrenen pertenecerán a esta categoría.
Los hoteles boutique tienen la particularidad de contar con un fuerte énfasis en el diseño, el servicio y la atención personalizada, aspectos que, de acuerdo con los especialistas, han tenido un importante desarrollo en Buenos Aires en los últimos años. Se estima que para fin de año el número de hoteles boutique en la ciudad superará el centenar.
En tanto, entre el resto de las inversiones proyectadas predominan los hoteles cuatro y cinco estrellas, entre los que se destacan la construcción del Alvear Art Hotel, en Suipacha 1036; el St. Regis, en Cecilia Grierson al 200; el Alvear Hotel & Residences, en Aimé Painé 1100, y el mencionado Mayan Resort. Todos estos hoteles representan para la ciudad una inversión total de 250 millones de dólares.
El Alvear Art Hotel, con el que el tradicional hotel porteño pasará, a partir de 2012 a convertirse por primera vez en cadena, tendrá 150 habitaciones, todas en suites, además de un business center, salas de reuniones y un salón de convenciones y fiestas para 300 personas. La inversión calculada es de 30 millones de dólares.
Mientras que otra "sucursal" del prestigioso hotel, el Alvear Hotel y Residence, que se levantará en Puerto Madero, tendrá 150 habitaciones, dos restaurantes, business center, parque con pileta, bar, solárium y dos pisos de health club con piscina climatizada. La inversión estimada es de 75 millones de dólares y abrirá en 2013.
Por otra parte, la firma Design Suites abrirá en 2012 el Hotel Boca Juniors en la callé Tacuarí, en San Telmo. Será el primer hotel temático de fútbol construido en el mundo y, además, de recibir a fanáticos del país y del exterior, acogerá al equipo xeneise como lugar de concentración. El edificio, ultramoderno, fue diseñado por el prestigioso arquitecto Carlos Ott.
"Buenos Aires es el destino argentino que mejor ha desestacionalizado su demanda, y esto, a partir de un minucioso trabajo de calendarizar su oferta de eventos y actividad cultural del año", dijo Lombardi. El funcionario agregó: "Esto es un elemento estratégico en la atracción de inversiones en el turismo y en la decisión de los inversores de elegir la ciudad de Buenos Aires".
Según el Ente de Turismo de la ciudad, la inversión en turismo desde 2008 hasta el año pasado tuvo un crecimiento del 133 por ciento, al haberse sumado unos 1124 millones de dólares en construcción de hoteles.
EN NÚMEROS
Ranking de extranjeros
De acuerdo con un relevamiento oficial de viajeros provenientes del exterior que visitaron la ciudad de Buenos Aires durante el año pasado, los brasileños estuvieron al tope, con 874.747 visitantes. Los siguen los norteamericanos, con 248.248, y los procedentes de Chile (220.477), España (134.565), Italia (99.096), Uruguay (79.600), Perú (84.548), Colombia (83.271), Francia (74.357) y Alemania (62.858).
Compras y paseos
Mientras la mayoría de los viajeros extranjeros (el 26,6 por ciento) eligieron las compras como su actividad principal a la hora de visitar Buenos Aires, la mayor parte de los turistas argentinos (el 27,9%) se inclinaron por los paseos por la ciudad como primera opción.
US$ 3500 millones
Según el informe del Ente de Turismo de la ciudad, los 3 millones de turistas extranjeros que arribaron a la Capital el año pasado gastaron en total unos 2500 millones de dólares, mientras que los viajeros del interior del país desembolsaron 1000 millones de dólares en comercios, restaurantes y hoteles porteños, lo que convierte al turismo en una de las principales industrias porteñas.
Pablo Tomino
La Nación, 20 de junio de 2011
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Hoteleria
Centenario de la cripta del Santísimo Sacramento
La basílica del Santísimo Sacramento, del barrio de Retiro, brillará pasado mañana como lo hace para las fiestas más elegantes, pero la ceremonia no se hará en el templo de San Martín 1039, sino en el que está en su subsuelo. A las 19, el vicario general del arzobispado de Buenos Aires, monseñor Joaquín Sucunza, celebrará una misa por el primer centenario de la cripta, que fue inaugurada en 1911, cuatro años antes que la basílica del nivel superior.
Ambos templos son del mismo tamaño -en cada uno caben unas 800 personas- construidos por un mismo arquitecto, el sacerdote salesiano Ernesto Vespiniani, y financiados por una única persona, Mercedes Castellano de Anchorena.
Levantados sobre el terreno desnivelado que bajaba al río, las dos iglesias fueron diseñadas con la intención de favorecer la adoración permanente del Santísimo Sacramento. Para esto, "traídos por la señora de Anchorena, vinieron en 1903 los sacerdotes de la Congregación del Santísimo que había fundado, en 1856, san Pedro Julián Eymard en París. La cripta va a llevar ese nombre", dijo a LA NACION el padre Leopoldo Jiménez Montenegro, párroco de la basílica.
Curiosa arquitectura
Con un estilo románico más sencillo que el templo principal, la cripta está hecha con materiales de la calidad más alta que se encontraba en Europa a principios del siglo XX: piso granítico de Alemania; mármoles y luminarias de Italia; columnas de piedra de una sola pieza, y bancos de maderas de Brujas, Bélgica.
El altar, revestido de piedra ónix conserva una "joya que pasa inadvertida", según el párroco, que es el baldaquino, donde se coloca la custodia con el Santísimo para su adoración. "Esa cúpula es una sola pieza de ónix muy difícil de conseguir", dijo el padre Jiménez.
Al construir la cripta, Vespiniani quitó del proyecto inicial dos hileras de columnas, con las que Mercedes Anchorena mandó construir otra iglesia: Nuestra Señora de las Mercedes, hecha en su honor, en Echeverría al 1300, en Belgrano.
Jiménez Montenegro destaca que la cripta se construyó en sólo tres años y que siempre funcionó y funciona como iglesia. Está abierta al público los viernes, de 8 a 16.30, que es el horario de limpieza del templo principal, y los sábados, en los que se celebran casamientos en el templo "de arriba".
El sacerdote también ofreció guiar a personas o grupos que quieran conocer en detalle la historia de la cripta en la que descansan los restos de la benefactora y los del cardenal Santiago Luis Copello, que fue muy amigo de los sacerdotes sacramentinos.
Silvina Premat
La Nación, 21 de junio de 2011
Ambos templos son del mismo tamaño -en cada uno caben unas 800 personas- construidos por un mismo arquitecto, el sacerdote salesiano Ernesto Vespiniani, y financiados por una única persona, Mercedes Castellano de Anchorena.
Levantados sobre el terreno desnivelado que bajaba al río, las dos iglesias fueron diseñadas con la intención de favorecer la adoración permanente del Santísimo Sacramento. Para esto, "traídos por la señora de Anchorena, vinieron en 1903 los sacerdotes de la Congregación del Santísimo que había fundado, en 1856, san Pedro Julián Eymard en París. La cripta va a llevar ese nombre", dijo a LA NACION el padre Leopoldo Jiménez Montenegro, párroco de la basílica.
Curiosa arquitectura
Con un estilo románico más sencillo que el templo principal, la cripta está hecha con materiales de la calidad más alta que se encontraba en Europa a principios del siglo XX: piso granítico de Alemania; mármoles y luminarias de Italia; columnas de piedra de una sola pieza, y bancos de maderas de Brujas, Bélgica.
El altar, revestido de piedra ónix conserva una "joya que pasa inadvertida", según el párroco, que es el baldaquino, donde se coloca la custodia con el Santísimo para su adoración. "Esa cúpula es una sola pieza de ónix muy difícil de conseguir", dijo el padre Jiménez.
Al construir la cripta, Vespiniani quitó del proyecto inicial dos hileras de columnas, con las que Mercedes Anchorena mandó construir otra iglesia: Nuestra Señora de las Mercedes, hecha en su honor, en Echeverría al 1300, en Belgrano.
Jiménez Montenegro destaca que la cripta se construyó en sólo tres años y que siempre funcionó y funciona como iglesia. Está abierta al público los viernes, de 8 a 16.30, que es el horario de limpieza del templo principal, y los sábados, en los que se celebran casamientos en el templo "de arriba".
El sacerdote también ofreció guiar a personas o grupos que quieran conocer en detalle la historia de la cripta en la que descansan los restos de la benefactora y los del cardenal Santiago Luis Copello, que fue muy amigo de los sacerdotes sacramentinos.
Silvina Premat
La Nación, 21 de junio de 2011
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Barrio de Retiro
José Lata Liste, Mau Mau y la noche porteña
Nadie se funde en una boite bebiendo, pero se funde al otro día porque no puede resolver las cosas”. Aún cuando en el imaginario popular, la figura de José Lata Liste, que murió ayer en Buenos Aires, evocaba a la de un Gran Gatsby criollo –un bon vivant que consumía botellas y mujeres hasta el agotamiento–, en verdad se trataba de un formidable hombre de negocios que atisbó,a ntes que muchos, aquello que la oligarquía de esta ciudad tenía para consagrar: su intensa noche .
Creador, junto a su mellizo Alberto, de la mítica Mau Mau, Lata Liste fue el alquimista que dio con la fórmula adecuada: despojó al hedonismo de su culpa y convirtió a la dicha en movimiento, en tendencia. Con la fe de los advenedizos, se inspiró en lo que hacían las discos de la Costa Azul: atrapar al jet set , hacerles creer a sus integrantes que debían ir con él. Ese aire de exclusividad desató lo mejor que puede provocar una imagen: deseo, puro deseo, en una época en la que el placer era vivido a escondidas. Eligió la calle –Arroyo– y la estética adecuadas. Y le acercó al patriciado local un dulce irresistible: el poder de la belleza femenina. A la inauguración, el 10 de abril de 1964, asistieron 400 personas. Entre ellas, despanpanante y fatal, una Susana Giménez no muy conocida aún, pero con un escote tan consistente como sus ambiciones.
Esa noche comenzó la leyenda.
“Mau Mau fue una necesidad en Buenos Aires”, diría el empresario tiempo después. Mientras la boite –“un nombre que impusimos nosotros”–se convertía en el lugar en el que los ricos y famosos jugaban a la transgresión, Lata Liste seguía sofisticando su criatura. Contrató como disc-jockey (un neologismo de la época) a Exequiel Lanús, cuya antena sintonizaba los sonidos del futuro. Para redondear la obra y convertir el ingreso en Mau Mau en epopeya social, Lata Liste le entregó la facultad de seleccionar la clientela a su portero, Julio Fraga, quien con sus parámetros determinó lo adecuado de aquel tiempo, y con sus decisiones prestigió o destrozó reputaciones. Ingresar a Mau Mau era atravesar un proceso de selección a la que su público se sometía poniendo en juego su narcisismo. Liste sabía lo que buscaba: “A los argentinos les gusta que el maître los llame por su nombre y que el portero los reconozca. Una vez paramos a un tipo en la puerta porque estaba mal vestido y reaccionó poniéndome una pistola en la cabeza. ‘Si quiere tirar, tire, ¡pero usted no entra!’ le dije”. Es legendaria la anécdota en la que un inabordable Fraga le negó la entrada a Guillermo Vilas –cuando Vilas era un héroe moderno que fatigaba las capitales del mundo– porque el tenista había ido en zapatillas. “No era discriminación, se elegía por el estilo”, diría el empresario tiempo después.
Cultor del dandismo, Lata Liste dotó a Mau Mau de un “dress code” inapelable: los hombres de saco y corbata y las mujeres elegantes. Ellas podían permitirse la inventiva o la audacia, cualidades que se fueron instalando con más insistencia a fines de los 60 y los 70, cuando la moda, al igual que la moral, comenzó a permitirse la transgresión. Que tenía sus costos: el gobierno de Onganía clausuró el local en 1968, días después de que se filmara allí una publicidad de cigarrilos cuyo slogan era “Sea infiel”.
Esa ética era la que venía a romper Lata Liste con su negocio: la magia de Mau Mau residía en su agitada mezcla de moral y de prosapias. Negocios, amistades, conspiraciones y algunos romances gloriosos se urdían al calor de sus velas, entre botellas de champán francés traidas especialmente y volutas de cigarrillos king size.
Para terminar de moldear el espíritu internacional y cosmopolita de su boite –acaso la mayor fantasía de Mau Mau: que Retiro podía convertirse durante un rato en Saint Tropez–, Lata Lista se encargó de importar celebridades “high class”: desde Alain Delon al príncipe Bertil de Suecia, pasando por Charles Aznavour, Vinicius de Moraes, Omar Shariff, Ellis Regina o Antonio Gadés, buena parte de la nobleza y de la aristocracia artística de Occidente de los 60 y 70 se acercó a estas raras orillas y quedó maravillada con las caricias de su diversión.
Mau Mau sentaba en su living a los Blaquier o los Menditeguy con Carlos Monzón, a un militar y a Hugo Gatti con un Peralta Ramos y con Mora Furtado. Parte del establishment solía concurrir los fines de semana. De esa época datan también los contactos de Lata Liste con militares y políticos.
A fines de los 70, con Mau Mau consolidado, Lata Liste voló a Europa para concluir el sueño argento: importó su club a Marbella. Eso lo alejó de Buenos Aires y, en algún sentido, también del pulso de la época, que empezaba a cambiar. La dictadura lo encontró trabajando en Europa y afianzando contactos en España, donde organizó fiestas en la embajada argentina, que le granjearon críticas. Fue acusado de ser prodictadura. “Sí, hice esa fiesta, pero la hice porque soy argentino. Si me lo pedía un gobierno peronista también lo hacía”, se defendió.
Los años 80 trajeron cambios definitivos, que mitigaron la magia de Mau Mau. “A mí me mató la moda Supersport”, dijo en la revista Noticias. Hacía referencia a un cambio notorio: la claudicación definitiva del saco y la corbata como vestuario de la noche.
Amigo de Carlos Menem, a comienzos de los 90 trabajó junto a Jorge Telerman en la confección del stand argentino en la Expo Sevilla 92. Muchos calificaron aquella experiencia de decepcionante. Llegaron tiempos menos felices. Al tiempo que Mau Mau cerraba sus puertas para siempre en 1994, era acusado de integrar una organización ligada al narcotráfico. Denunció a sus acusadores, que debieron retractarse.
Ya en el crepúsculo de su vida, reflexionaba en un reportaje; “Miedo tengo, a la muerte”. Maceraba la idea del adiós.
Se consumó ayer, a los 78 años .
Pablo Perantuono
Clarín, 20 de junio de 2011
Creador, junto a su mellizo Alberto, de la mítica Mau Mau, Lata Liste fue el alquimista que dio con la fórmula adecuada: despojó al hedonismo de su culpa y convirtió a la dicha en movimiento, en tendencia. Con la fe de los advenedizos, se inspiró en lo que hacían las discos de la Costa Azul: atrapar al jet set , hacerles creer a sus integrantes que debían ir con él. Ese aire de exclusividad desató lo mejor que puede provocar una imagen: deseo, puro deseo, en una época en la que el placer era vivido a escondidas. Eligió la calle –Arroyo– y la estética adecuadas. Y le acercó al patriciado local un dulce irresistible: el poder de la belleza femenina. A la inauguración, el 10 de abril de 1964, asistieron 400 personas. Entre ellas, despanpanante y fatal, una Susana Giménez no muy conocida aún, pero con un escote tan consistente como sus ambiciones.
Esa noche comenzó la leyenda.
“Mau Mau fue una necesidad en Buenos Aires”, diría el empresario tiempo después. Mientras la boite –“un nombre que impusimos nosotros”–se convertía en el lugar en el que los ricos y famosos jugaban a la transgresión, Lata Liste seguía sofisticando su criatura. Contrató como disc-jockey (un neologismo de la época) a Exequiel Lanús, cuya antena sintonizaba los sonidos del futuro. Para redondear la obra y convertir el ingreso en Mau Mau en epopeya social, Lata Liste le entregó la facultad de seleccionar la clientela a su portero, Julio Fraga, quien con sus parámetros determinó lo adecuado de aquel tiempo, y con sus decisiones prestigió o destrozó reputaciones. Ingresar a Mau Mau era atravesar un proceso de selección a la que su público se sometía poniendo en juego su narcisismo. Liste sabía lo que buscaba: “A los argentinos les gusta que el maître los llame por su nombre y que el portero los reconozca. Una vez paramos a un tipo en la puerta porque estaba mal vestido y reaccionó poniéndome una pistola en la cabeza. ‘Si quiere tirar, tire, ¡pero usted no entra!’ le dije”. Es legendaria la anécdota en la que un inabordable Fraga le negó la entrada a Guillermo Vilas –cuando Vilas era un héroe moderno que fatigaba las capitales del mundo– porque el tenista había ido en zapatillas. “No era discriminación, se elegía por el estilo”, diría el empresario tiempo después.
Cultor del dandismo, Lata Liste dotó a Mau Mau de un “dress code” inapelable: los hombres de saco y corbata y las mujeres elegantes. Ellas podían permitirse la inventiva o la audacia, cualidades que se fueron instalando con más insistencia a fines de los 60 y los 70, cuando la moda, al igual que la moral, comenzó a permitirse la transgresión. Que tenía sus costos: el gobierno de Onganía clausuró el local en 1968, días después de que se filmara allí una publicidad de cigarrilos cuyo slogan era “Sea infiel”.
Esa ética era la que venía a romper Lata Liste con su negocio: la magia de Mau Mau residía en su agitada mezcla de moral y de prosapias. Negocios, amistades, conspiraciones y algunos romances gloriosos se urdían al calor de sus velas, entre botellas de champán francés traidas especialmente y volutas de cigarrillos king size.
Para terminar de moldear el espíritu internacional y cosmopolita de su boite –acaso la mayor fantasía de Mau Mau: que Retiro podía convertirse durante un rato en Saint Tropez–, Lata Lista se encargó de importar celebridades “high class”: desde Alain Delon al príncipe Bertil de Suecia, pasando por Charles Aznavour, Vinicius de Moraes, Omar Shariff, Ellis Regina o Antonio Gadés, buena parte de la nobleza y de la aristocracia artística de Occidente de los 60 y 70 se acercó a estas raras orillas y quedó maravillada con las caricias de su diversión.
Mau Mau sentaba en su living a los Blaquier o los Menditeguy con Carlos Monzón, a un militar y a Hugo Gatti con un Peralta Ramos y con Mora Furtado. Parte del establishment solía concurrir los fines de semana. De esa época datan también los contactos de Lata Liste con militares y políticos.
A fines de los 70, con Mau Mau consolidado, Lata Liste voló a Europa para concluir el sueño argento: importó su club a Marbella. Eso lo alejó de Buenos Aires y, en algún sentido, también del pulso de la época, que empezaba a cambiar. La dictadura lo encontró trabajando en Europa y afianzando contactos en España, donde organizó fiestas en la embajada argentina, que le granjearon críticas. Fue acusado de ser prodictadura. “Sí, hice esa fiesta, pero la hice porque soy argentino. Si me lo pedía un gobierno peronista también lo hacía”, se defendió.
Los años 80 trajeron cambios definitivos, que mitigaron la magia de Mau Mau. “A mí me mató la moda Supersport”, dijo en la revista Noticias. Hacía referencia a un cambio notorio: la claudicación definitiva del saco y la corbata como vestuario de la noche.
Amigo de Carlos Menem, a comienzos de los 90 trabajó junto a Jorge Telerman en la confección del stand argentino en la Expo Sevilla 92. Muchos calificaron aquella experiencia de decepcionante. Llegaron tiempos menos felices. Al tiempo que Mau Mau cerraba sus puertas para siempre en 1994, era acusado de integrar una organización ligada al narcotráfico. Denunció a sus acusadores, que debieron retractarse.
Ya en el crepúsculo de su vida, reflexionaba en un reportaje; “Miedo tengo, a la muerte”. Maceraba la idea del adiós.
Se consumó ayer, a los 78 años .
Pablo Perantuono
Clarín, 20 de junio de 2011
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Barrio de Retiro
Curiosidades del barrio de Palermo
Con la cuestión de su retiro en primera plana, en los últimos días el apellido de Martín Palermo apareció en todas las conversaciones, incluso aquellas que están más allá del fútbol. Claro que este Palermo no es el único que genera evocaciones por la cantidad de goles y de anécdotas que produjo. Es más: en Buenos Aires se escribió la historia de otro señor con ese apellido que le puso sello al barrio más extenso de la ciudad (supera los 17 kilómetros cuadrados) y que tiene al 25 de junio de cada año como su día.
Según cuentan las crónicas, el hombre se llamaba Juan Domínguez Palermo y había nacido en Sicilia, un sitio que, en tiempos de su venida al mundo, dependía del Reino de Aragón. Es por eso que pudo ser parte de la elite española afincada con Don Juan de Garay. Lo concreto es que allá por 1590, el siciliano se casó con Isabel, hija de Miguel Gomes de la Puerta y Saravia, un español a quien Garay le había adjudicado tierras que ahora integran el barrio. Así, las chacras que en la zona ya tenía Juan Domínguez Palermo se sumaron a las que luego heredaría Isabel de su padre.
Por supuesto, existe otra historia referida a una mujer que denominaba “Palermo” a un arroyo de la zona que, según decía, le hacía evocar a aquella ciudad italiana. Y que por eso los campos llevaban ese nombre. Pero la primera es la que más crédito acumula entre los historiadores.
Después, en 1836, vendría la cuestión de Juan Manuel de Rosas y su residencia de San Benito de Palermo, nombre determinado por cómo se denominaba la zona por el antecesor y por una capilla que, de ese santo negro, había en la quinta de los Unzué. La residencia de Rosas estaba en lo que ahora es el cruce de Avenida Del Libertador y avenida Sarmiento. Y fue dinamitada en 1899.
Eran los tiempos en los que en la avenida Chavango (hoy Las Heras) había boliches de mala fama (uno de los más nombrados era el llamado La Primera Luz) en los que no sólo corría la ginebra: también lo hacía la sangre después de algún duelo a cuchillo, esos que estaban hechos con cortas hojas de acero, signo de buen peleador orillero. Los de hoja larga, decían, eran para los cobardes.
Aquella fama de zona marginal, en cercanías de la actual avenida Coronel Díaz, hizo que al lugar se lo conociera como “la Tierra del Fuego”, por ser tan inhóspito. Y es lo que dio origen a la advertencia que alguna vez dejó algún guapo frente a un potencial adversario: “Apártese, se lo ruego, que soy de la Tierra del Fuego”. Esos hechos ocurrían a la sombra que proyectaban los altos muros de la Penitenciaría Nacional (ocupaba lo que hoy es el Parque Las Heras), inaugurada en mayo de 1877. La demolieron en 1962, pero aún se recuerda que allí fusilaron al tipógrafo anarquista Severino Di Giovanni (1° de febrero de 1931) y al general Juan José Valle, líder de un levantamiento en favor del peronismo (12 de junio de 1956).
Y también sobre la avenida Chavango fue donde por primera vez un tranvía impulsado por electricidad circuló por Buenos Aires. El ensayo ocurrió el 22 de abril de 1897 en el tramo que va desde Scalabrini Ortiz hasta la zona de Los Portones (actual Plaza Italia), otro lugar de ambiente difícil, como bien recuerda el tango Tres amigos , obra de Enrique Cadícamo: “Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte;/ nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte”. Veinte años después, la red porteña de tranvías tendría unos 900 kilómetros de vías, 3.000 vehículos y unos 100 recorridos.
Aquellos tiempos de cuchilleros, bailes y milongas con atmósfera de vida poco santa, iban a quedar reflejados en los escritos de un tal Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, “Georgie” para sus íntimos. Igual que la mala fama que rodeaba al Maldonado, un arroyo que debe su nombre a la leyenda de una mujer que había llegado con la expedición de Pedro de Mendoza y que fue castigada y abandonada para que la mataran los pumas, algo que no ocurrió porque los mismos animales la protegieron. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarín, 20 de junio de 2011
Según cuentan las crónicas, el hombre se llamaba Juan Domínguez Palermo y había nacido en Sicilia, un sitio que, en tiempos de su venida al mundo, dependía del Reino de Aragón. Es por eso que pudo ser parte de la elite española afincada con Don Juan de Garay. Lo concreto es que allá por 1590, el siciliano se casó con Isabel, hija de Miguel Gomes de la Puerta y Saravia, un español a quien Garay le había adjudicado tierras que ahora integran el barrio. Así, las chacras que en la zona ya tenía Juan Domínguez Palermo se sumaron a las que luego heredaría Isabel de su padre.
Por supuesto, existe otra historia referida a una mujer que denominaba “Palermo” a un arroyo de la zona que, según decía, le hacía evocar a aquella ciudad italiana. Y que por eso los campos llevaban ese nombre. Pero la primera es la que más crédito acumula entre los historiadores.
Después, en 1836, vendría la cuestión de Juan Manuel de Rosas y su residencia de San Benito de Palermo, nombre determinado por cómo se denominaba la zona por el antecesor y por una capilla que, de ese santo negro, había en la quinta de los Unzué. La residencia de Rosas estaba en lo que ahora es el cruce de Avenida Del Libertador y avenida Sarmiento. Y fue dinamitada en 1899.
Eran los tiempos en los que en la avenida Chavango (hoy Las Heras) había boliches de mala fama (uno de los más nombrados era el llamado La Primera Luz) en los que no sólo corría la ginebra: también lo hacía la sangre después de algún duelo a cuchillo, esos que estaban hechos con cortas hojas de acero, signo de buen peleador orillero. Los de hoja larga, decían, eran para los cobardes.
Aquella fama de zona marginal, en cercanías de la actual avenida Coronel Díaz, hizo que al lugar se lo conociera como “la Tierra del Fuego”, por ser tan inhóspito. Y es lo que dio origen a la advertencia que alguna vez dejó algún guapo frente a un potencial adversario: “Apártese, se lo ruego, que soy de la Tierra del Fuego”. Esos hechos ocurrían a la sombra que proyectaban los altos muros de la Penitenciaría Nacional (ocupaba lo que hoy es el Parque Las Heras), inaugurada en mayo de 1877. La demolieron en 1962, pero aún se recuerda que allí fusilaron al tipógrafo anarquista Severino Di Giovanni (1° de febrero de 1931) y al general Juan José Valle, líder de un levantamiento en favor del peronismo (12 de junio de 1956).
Y también sobre la avenida Chavango fue donde por primera vez un tranvía impulsado por electricidad circuló por Buenos Aires. El ensayo ocurrió el 22 de abril de 1897 en el tramo que va desde Scalabrini Ortiz hasta la zona de Los Portones (actual Plaza Italia), otro lugar de ambiente difícil, como bien recuerda el tango Tres amigos , obra de Enrique Cadícamo: “Una vez, allá en Portones, me salvaron de la muerte;/ nunca faltan encontrones cuando un pobre se divierte”. Veinte años después, la red porteña de tranvías tendría unos 900 kilómetros de vías, 3.000 vehículos y unos 100 recorridos.
Aquellos tiempos de cuchilleros, bailes y milongas con atmósfera de vida poco santa, iban a quedar reflejados en los escritos de un tal Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, “Georgie” para sus íntimos. Igual que la mala fama que rodeaba al Maldonado, un arroyo que debe su nombre a la leyenda de una mujer que había llegado con la expedición de Pedro de Mendoza y que fue castigada y abandonada para que la mataran los pumas, algo que no ocurrió porque los mismos animales la protegieron. Pero esa es otra historia.
Eduardo Parise
Clarín, 20 de junio de 2011
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Barrio de Palermo
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